Posts etiquetados ‘Iconoclasta’
Ganchos, de Iconoclasta
Publicado: 30 septiembre, 2015 en Lecturas, LibrosEtiquetas:"ciencia ficción", Ganchos, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, relato, Ultrajant
Semen Cristus, de Iconoclasta
Publicado: 30 septiembre, 2015 en Lecturas, LibrosEtiquetas:Iconoclasta, novela, Pablo López Albadalejo, Semen Cristus, sexo, Suspense, Ultrajant
Una sórdida imaginación
Publicado: 2 septiembre, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
Tan difícil que es encontrar el amor y amar, y tan fácil dejar de hacerlo.
Ante esto uno se cuestiona: si desamar es tan fácil, seguramente no había amor.
No importa, amas y luego vienen las náuseas. No tengo ganas de discutir lo que es obvio.
Hay gente que ama sin ser correspondida. Se me ponen los vellos de punta con solo imaginar que yo pudiera ser así: capaz de amar a cambio de nada acunando entre los brazos el feto de un amor. Muy triste, muy intenso, transcendencia pura y todo eso.
Sea como sea, no quisiera encontrarme entre los incondicionales del amor; aunque eso signifique sufrir menos y por tanto tener menos importancia vital.
Bastan los sueños, las pesadillas y un paseo entre la gente para que la vida sea intensa y llena de horrores y dolores. Si se tiene una sórdida imaginación, tu vida será una mierda sin necesidad de desamores.
Banco mirando al oeste
Publicado: 15 agosto, 2015 en Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:foto, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Realidades truncadas, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
El pabellón de los enamorados
Publicado: 14 agosto, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:amor, Amor cabrón, deseo, fantasía, Iconoclasta, locura, Pablo López Albadalejo, psicosis, sueño, Terror, Ultrajant
Hay un ala especial en el manicomio: el pabellón de los enamorados.
Somos los enfermos más ridículos del mundo.
Dicen que amar no es locura, es virtud, es necesidad; pero somos la práctica demostración de que el amor tiene sus leyendas.
La enfermedad comienza al convertir el amor en sueño o fantasía, en esforzarse en otorgarle toda esa importancia que lo constituye como un elemento necesario en la atmósfera para poder respirar.
Ahí radica el problema, porque hacer sueño del amor es despertar y sufrir la paranoia de que es una pompa de jabón estallando en el aire.
El amor es demasiado volátil, voluble…
Te despiertas aterrorizado ante la posibilidad que el amor sea el sueño que muere al despertar. Requiere convencerse de que es táctil y suplicas palabras de amor a quien amas.
Y quien amas, se asusta de toda esa paranoia.
Dime que no me faltarás nunca, mi bella diosa de la locura…
El amor requiere no despertar jamás, estar en ese limbo de romanticismo y sexo. Porque si un día faltara, faltaría el aire.
Si un día no está ocurre esto: la cordura es la que estalla en el aire.
En el pabellón de los enamorados los locos observamos inmóviles durante horas el aire a través de las ventanas enrejadas, buscando el amor en forma de amebas translúcidas, que es el ideal de espejismo para algo tan sutil y tan efímero como es el amor.
El amor no se entiende sin lo carnal y el sexo se convierte en devoto, sagrado, puro, pornógrafo, cruel, humillante, sucio, sangriento… Según la paranoia de cada cual.
Demasiado sexo, demasiado complejo, el amor lo complica todo.
O tal vez sea que complicamos el amor. No podría asegurar nada, al fin y al cabo estoy loco.
Al sexo le basta con ser brutal en su pasión.
Ojalá lo pudiera decir siempre y no solo bajo el efecto de los medicamentos.
No debí convertir el amor en una representación teatral; pero mi vida, mi rostro es el ejemplo que figura en las enciclopedias como mediocridad tipo.
Soy aquello que nadie jamás debe ser.
Tuve la ilusión de que el amor me haría especial.
Me dosifican drogas para no soñar con el amor. Y sueño que soy lo que veo en el espejo, algo anodino, algo banal que no importa.
Me despierto con la certeza de ser un mierda y todo está perfectamente controlado para no desangrar toda esa miseria que soy con una cuchilla, o colgarla por el cuello de un cinturón, o de una sábana en una tubería. No me dejan intimidad ni libertad para salir de aquí en una camilla con ruedas hacia la morgue.
Los sueños son efímeros, ergo el amor lo es.
Y por ende la cordura.
Todas estas consecuencias, hacen la vida desesperadamente larga.
¿Cómo no estar loco? Es una condena, un filo constante en el cuello ante la posibilidad de morir asfixiado porque faltas en el aire.
No puede ser… Fue un sueño. No te corté la cabeza, para tenerte siempre cerca de mí y besarte al despertar. Fue una pesadilla, no fue real.
Yo no follé tu cuerpo sin cabeza. ¿Cómo pueden pensarlo?
Toda aquella sangre que inundó mi boca al besar la tuya…
Aquella erección brutal…
El sueño a veces se hace pesadilla.
Es la pesadilla de ellos, los que no tienen amor.
Los enfermos del pabellón de los psicópatas asesinos son los seres más patéticos del mundo cuando no pueden bañarse en sangre.
Los celadores del pabellón de los enamorados no nos dejan suicidarnos, pero nos lastiman los genitales con cigarrillos y nos dicen que no es real, que es un sueño.
Y ríen, y ríen, y ríen, y ríen…
Y sueño que beso tu lengua púrpura sin sangre sosteniendo tu cabeza entre mis manos, cuando la brasa del cigarrillo crepita en la piel de mi glande y ellos ríen.
Pero no duele porque te sueño, porque te amo.
Humanos solitarios
Publicado: 4 agosto, 2015 en Absurdo, Conclusiones, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
Hola humanos solitarios.
Me caéis bien, aunque algunos seáis malos.
Entre nosotros: ya no me sorprenden las condiciones climatológicas o las artrosis o problemas financieros de nadie.
Estoy dispuesto a soportar el mal si eso me aleja de esta uniformidad, de este monótono pensamiento colectivo.
Escucharé vuestros funestos pensamientos y perversiones con atención. Incluso sonreiré impunemente si se da la situación.
Y si sois solitarios porque el amor en el planeta no es como soñamos, nos reiremos tristemente y solos volveremos a nuestras celdas de aislamiento.
Es un placer saber que existís, extraños amigos y enemigos.
Sois tan pocos…
Vale la pena romper la soledad un tiempo para escucharos.
Tullido y humor negro
Publicado: 29 julio, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
-No quiero que te corten la pierna -llora la esposa.
-Ni yo -responde el esposo tullido.
-No sé si lo aguantaría -dice ella desconsolada.
-No te la cortarían a ti.
-No estoy para bromas.
-Y la pierna tampoco está de humor y se jode.
Tullido divorciado.
-Aún aguanta pegada a mí -dice yo cojeando por la pista forestal.
-Sí, la muy negra se hace notar -se responde yo.
– ¿Hay hielo en la cantimplora? ¿Está fría el agua? -le pregunta yo a yo.
-Sí -responde yo.
-Menos mal. Caliente no sé si la aguantaría. Me divorciaría de mí mismo -responde con alivio yo.
Yo escupe el agua con una risa repentina.
-Calla, no me hagas reír, cabronazo -se grita yo aún riendo.
Silencio.
-Hay que matar a ese viejo, va más rápido que yo -dice yo mirando a un anciano que camina brioso cuesta arriba.
-Calla de una vez o me lobotomizo.
-Te quedarías solo con esta pata -replica yo.
Silencio.
– ¿Compramos el dvd pirata de Carros de fuego?
-No sé si lo aguantaría.
– ¡Jajajajaja…!
Silencio.
-Vamos a fumar, que es más serio.
-Eso sí.
-Mira que si ahora nos sale otro bulto en el pulmón…
-No sé si lo aguantaría -responde yo con aburrimiento mirando el cigarro.
– ¡Jajajaja…!
Artistas y amor
Publicado: 13 julio, 2015 en Absurdo, Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:absurdo, Citas, Humor, Iconoclasta, lecturas, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Hacen del amor un ejercicio de vanidades que exponen como diamantes en aparadores de oropel. Baldas que no soportan el peso egocéntrico de la vanidad y se rompen diamantes huecos y huecos amores de Fridas y Riveras, de Shelleys y Byrons, de Galas y Dalís.
Y dicen sufrir y dicen estar solos entre nuevos amantes y amigos.
Y vuelven a modelar los diamantes fofos y los amores fatuos remendando lo viejo y lo nuevo.
Y yo en el otro lado, en la silenciosa ignominia, creando mísera intrascendencia entre árboles y un sol abrasador. Sintiendo una indecible, una cancerígena pena por el polluelo aún sin plumas, que yace muerto entre la hierba con el pico abierto, llamando ahora silenciosa e inútilmente a sus padres: «llevadme al nido el viento me ha tirado». Y anoto la tristeza en una pequeña libreta para mini muertes.
Y me muerdo los dedos porque no entiendo estas ganas de llorar.
No sé… Quisiera se artista y sufrir amores y trascendencias que se rompen aparatosamente con grandes consuelos de compañeros y brindis sobre brindis.
Pero caminas bajo el sol pensando que un día se dormirán los dedos de los pies como se durmió el polluelo llamandó a papá y a mamá.
Se amputan cosas en un silencio etéreo y blanco. Y caen al suelo sin hacer ruido.
No soy artista, solo soy libre y oculto, sin miedos, como si no fuera humano; pero ser valiente no inmuniza contra la pena.
Así que quisiera tener arte y habilidad para hacer oropel de los seres que morimos solos, como los ostentosos amores de los artistas y genios.
Cubrir con dorados la vergüenza de nuestra insignificancia.
Ser artistas, aunque sea de la muerte de polluelos y dedos, algo de banalidad, no tan íntima y solitariamente triste; porque de vanidad… La vanidad se ha evaporado con este sol inmisericorde.
Palabras
Publicado: 10 julio, 2015 en ReflexionesEtiquetas:certeza, cuentos, gestos, Iconoclasta, lenguaje, miradas, palabras, Reflexiones
Por mucho que ames las palabras, el pensamiento final ha de ser lúcido. Hay que ser sincero con uno mismo, o se corre el riesgo de ser solo eso: palabras.
Hay que ser consciente de que las palabras solo sirven para saber el precio de la cosas y contar cuentos, mentiras e intrascendencias.
Hubo una carencia en el cerebro de un homínido que empujó a la humanidad hacia el lenguaje. Las palabras son el producto de una tara antiquísima.
Me muevo bien entre mentiras, las mías y las de otros.
Pero si quiero conocer la realidad, a lo último que recurriría es a leer u oír las palabras.
Solo necesito un ademán o una mirada para saber lo que miles de palabras mienten, no saben decir o se empeñan en engañarse a sí mismas.
Por definición, escribir debería ser lo mismo que mentir. En muchas ocasiones son mentiras sin más complicación o implicación que una distracción, mentiras bien construidas con musicalidad en las palabras, sin malicia. Son un regalo.
Pero miles de miles de páginas y buenas palabras sucumbirán con toda probabilidad a una mirada o un gesto.
No ocurre nada si no se ama, solo hay sufrimiento cuando no hay certeza.
Y en la naturaleza del ser humano, la caza, la recolección, el refugio y la reproducción son las habilidades imprescindibles; el amor ocupa el espacio del ocio. De tiempos en los que ya no hay miedo a que las bestias nos devoren.
Cuando hay certeza llega la urgencia por resolver el problema, por romper con cuentos y amabilidades.
Y cuando han pasado unas horas para asimilar la realidad y sus consecuencias futuras, llega la calma.
La calma es saber a si debes amar a alguien o no. Y ejecutar lo que se debe en cualquiera de los casos.
Con la palabra no habrá calma jamás. Porque no hablamos o escribimos a quien queremos, si no lo que queremos. Lo que queremos engañarnos consciente o inconscientemente.
La palabra no es mala, no es algo a erradicar, está ahí como una de las características del ser humano hay que aceptarla y asumir lo que de ella se pueda tras la observación de quien la escribe si es de nuestro interés sentimental.
Si no tiene interés sentimental, no hay problema, la palabra no importa que sea real o sincera, es arte o basura.







