Dijéramos que te amo. Dijéramos que me convulsiono con tus labios (los cuatro).
Pongamos que construyamos una vida juntos.
Pongamos que no existe muerte que nos separe.
Supongamos que nuestros despertares en las mañanas serán obscenos actos.
Ahora que está todo supuesto. ¿Te importaría si empezamos ya?
Lo de la muerte no es del todo cierto, me pisa los talones. Es envidiosa porque te quiero más que ella.
Y ahora dame uno de tus convulsivos besos.
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Supongamos
Publicado: 16 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Los accidentes cerebro vasculares
Publicado: 15 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Que parezca un anuncio en una pared de una prisión, es un error, la lona publicitaria se encuentra en un solar vacío, sucio y al que ni las ratas quieren entrar. Es absurda la alambrada.
Solo así. por medio de un accidente cerebro-vascular se puede entender esta exótica forma de anunciar tortillas, porque escribir «arina» en lugar de «harina», es lo mismo de patológico que escribir «uevo» en lugar de «huevo».
Hay una posibilidad, muy remota, pero que podría salvar de la idiocia profunda al redactor del cartel: se refiere a que son tortillas hechas a mano por Arina, su prima rusa que está trabajando por quince pesos al día, «hocho» días a la semana.
Es muy remota la posibilidad de que una rusa se llame Arina y haga tortillas; pero es eso o mejor que lo lobotomicen.
Yo que pensaba que habría cola de gente pagando entrada y expectación para fotografiar tamaño «evento» y no había nadie. Es más, me miraban todos los peatones al fotografiarlo pensando que interés podía tener esa mierda lona.
Una compra absurda
Publicado: 15 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Esto aconteció un día que me decidí ir a comprar un foco a la ferretería, acababa de llegar a México. Pensé que hablando el mismo idioma, español, podría hacerme entender. Pudo ser peor, pude salir con una tapa de inodoro dadas las dificultades semánticas de tan solo dos palabras.
— ¡Hola, buenos días! Quiero un foco de cien vatios, por favor.
—Solo tengo focos de cien vatios, güero —díjome una ferretera desde el fondo de la tienda.
Me asusté, me asusté mucho porque no imaginaba tamaña complicación por una simple bombilla. También pensé que tenía una irritación cerebral o algún problema de dicción.
Repetí prestándome mucha atención y casi silabeando.
— ¿Tiene focos de cien vatios?
La ferretera apareció con la cabeza llena de pelos de cáñamo y arrastraba un trozo de cinta adhesiva de cinco metros que se le había pegado en las chanclas.
—Pues solo tengo de cien vatios —dijo un tanto irritada plantando un foco de cien vatios en el mostrador.
— ¡Ah… Ah…! No se preocupe, me irá bien ese mismo —dije sudando.
Mientras me daba el cambio imaginé que en algún lugar de aquella ferretería, había una mano de hombre con una navaja de afeitar cortando el ojo de una mujer frente a un espejo, pensé en el surrealismo, Dalí y Buñuel, en Un perro andaluz y en la falta de higiene de los canales auditivos.
Salí de aquel reloj derretido de Dalí con mucha prisa.
Llegué a casa intentando descifrar qué fallo en aquel diálogo en el que solo intervenían aquellas dos palabras: cien vatios. ¿Quién puede perderse en dos palabras? ¿Solo me pasa a mí y estoy abandonado en este planeta?
Decidí a partir de entonces comprar los focos en el súper y tener la boca bien cerrada.
Y ha ido bien.
La madre más abnegada del mundo
Publicado: 15 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Consejos y virtudes de la madre más abnegada a su pareja:
– Sal con la bici mientras me hacen un bukake los técnicos güeros de la noria. No quiero malas caras cuando llego a casa. Soy de útero alegre.
– Haz dibujos todo el día, que tengo que ir al motel a que me la meta mi nuevo compañero. No quiero que estés pensando todo el día que soy una puta. Soy de útero alegre.
– No quiero que estés todo el día escribiendo. Sal a hacer un curso de lo que sea, que me he de poner ciega de chelas y mota y luego darle una buena mamada a mi jefe que tiene infección de riñón, luego le ha de clavar unas agujas mi hermana. Soy de útero alegre.
– Espérame de cinco a ocho de la tarde en el centro, que me he gastado la plata y no puedo ir al motel con mi taradito borrachito, me lo voy a coger rico en casa. Y me compras un mixiote.
Y no quiero malas caras, que soy una madre abnegada de útero alegre.
Porque tú no sabes lo que amo a mis hijos. Aunque llegue tarde, borracha, fumada y sucia, los amo. Daría todo por ellos. Hasta mi útero alegre y mi Peugeot de las mamadas felices.
Está visto que la inteligencia nada tiene que ver con ser madre abnegada. De hecho, todas las burras acaban siendo madres abnegadas y felices de serlo. Ninguna burra ve su propio útero alegre.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac…
De nuevo el diario
Publicado: 14 febrero, 2015 en Conclusiones, Lecturas, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
El Día De Los Enamorados
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:"ciencia ficción", amor, Amor cabrón, cobardía, Iconoclasta, miedo, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, relato, sexo, tiranía, traición, Ultrajant
El amor se encuentra alojado en huecos ocultos, casi secretos, donde es difícil acceder. El amor se protege escondiéndose y constituye una prueba de fuego encontrarlo en esos rincones.
Si no fuera así, correría el riesgo de que muchos pudieran encontrarlo y convertirlo en algo vulgar.
Quien ha superado esa prueba, no admite nada más que lo que ama, su deseo se reduce a ellos mismos, crean su universo solos. El amor no son dudas, no provoca celos ni recelos, se limita a ser exclusivo.
Los amantes denodados temen y sufren cuando se aproxima El Día De Los Enamorados. Se esconden en sitios oscuros, se abrazan ocultos. Se juran que sobrevivirán y tiemblan de miedo ante la separación. Hay amantes que sobreviven, otros mueren juntos ante el terror de ese día; pero los más, se enamoran de nuevo, renacen en sus mentes otras esperanzas y el mundo se sigue poblando con las sonrisas idiotas de sus rostros.
Se han encerrado en el sótano de la casa, viven en la planta baja de un edificio de once pisos, ese sótano lo construyeron ellos en secreto, con cuidado. Con amor, paletada a paletada de tierra que sacaban.
Se han colocado una toalla con hielo encima del corazón y hablan en susurros.
—Tengo tanto miedo, mi bella… Este terror de cada año. Un día no lo superaré, soy fuerte; pero es tanto el castigo, mi amor…
— ¡Shhh…! No pienses en ello, mi amor. Eres el hombre más fuerte del mundo. Serénate, no te dejaré, no me separaré de ti jamás.
— ¿Cuánto queda para que pase el día?
—Veinte horas. Respira profundo, lo superaremos, como cada año.
Desde su encierro lleno de respiraciones contenidas y cautas llega el eco de las patrullas del Día De Los Enamorados: «¡Nuevas esperanzas, nueva vida, un amor apasionado! Disponemos de alianzas de oro a veinticuatro meses sin intereses. Desde tan solo seiscientos dólares. Ven a Walmart a celebrar tu nuevo amor en El Día De Los Enamorados». «¡Disponemos de las mejores fragancias a precios de escándalo! Con Sears el amor es un universo de aromas. Compra un pack especial Día De Los Enamorados y te llevas un ramo de rosas irisadas gratis. Recuerda: solo en Sears».
Los amantes se llevan las manos a los oídos, sienten que sus cerebros van a estallar. Se besan en la oscuridad torpemente por el ansia que provoca el miedo.
—Tres años no son nada, mi bella. Yo sueño con morir contigo día a día, hasta que las pieles se agoten. Si me encontraran y me indujeran el amor a otra mujer… Mátame, clávame ese cuchillo en el corazón, justo cuando el láser ilumine el pecho.
—No será necesario, no pienses en ello, cariño. No saldremos de aquí, no nos moveremos hasta que pase el día.
—Dijeron en el telediario que van rastrear las casas de los sospechosos. Los vecinos nos conocen, pueden delatarnos para llevarse un cupón de Hugo Boss. El del quinto piso ayer nos observó con mucha atención ir de la mano y sonrió de una forma rara. Si superamos este día, lo tendremos que asesinar.
—Lo haremos, dentro de un mes, cuando ya nadie se acuerde de este día, tiraremos alcohol bajo su puerta e incendiaremos su casa cuando duerme. Tiene piso laminado, lo he visto.
El hombre se encuentra cada vez más agitado, la mujer mete la mano en la bragueta del pantalón y masajea su pene rítmicamente, lentamente. El hombre se relaja, le abre la blusa con cuidado de no apartar las toalla con hielo y besa sus pechos con fuerza al ritmo que su placer crece.
—Así, mi hombre. Suéltalo, cálmate. Suelta esa carga de leche para tu amada. Soy tu puta, soy tu puta.
—¡Puta, puta, puta…! —susurra el hombre eyaculando.
Ella toma la mano de su hombre y la lleva a su vagina húmeda. Los dedos la penetran, le pellizcan el clítoris tan duro y sensible haciendo que resbale dura y repentinamente. Su orgasmo sube intenso y retiene el gemido mordiendo el cuello de su hombre.
Ahora respiran agitados, con las manos enlazadas.
Alguien toca el timbre del apartamento. Dos, tres y cuatro veces… Luego oyen el sonido de un taladro en la cerradura y la puerta se abre.
—Si hay alguien en la casa, aún están a tiempo de salir a recibir su nuevo código de amor para este año. Walmart, Sears y Hugo Boss, se lo agradecerán con un descuento del cuarenta por ciento en las compras de los regalos de sus nuevos amantes. Si los encontramos a la fuerza, recibirán el código de castración emotiva por un periodo no inferior a diez años. Serán incapaces de tener relaciones sentimentales y se les destinará a las fábricas y almacenes de nuestros patrocinadores durante ese período de tiempo en categoría de esclavitud. Muchos mueren, recapaciten —es la voz de uno de los agentes, sin interés, con frialdad; recita el discurso como una grabación.
De repente el sótano se ilumina y los agentes bajan rápidamente por la escalera de madera con sus codificadores láser iluminando las rústicas paredes hasta dar con la pareja.
La mujer se abraza a su hombre y éste, toma su cuchillo rápidamente del suelo, bajo sus piernas, retira la toalla del pecho de su amada y le destroza el corazón con un certero golpe.
Acto seguido, tira su toalla y ofrece su corazón al agente. Éste codifica su transductor con precisión durante cinco segundos.
—Gracias por su cooperación, Sr. Angelo, aquí tiene sus diez cupones de descuento. Su recompensa. Salga, salga a la calle y disfrute del Día De Los Enamorados. Hace un sol radiante.
El hombre se apresuró a subir las escaleras del sótano, se dirigió al baño, se duchó, se vistió con ropa limpia y salió a la calle con una sonrisa en la boca.
En el cruce de la calle 5 Este, se encontraba esperando que cambiara a verde el semáforo de los peatones y la vio.
— ¡Esther! No sabes lo que te he extrañado durante estos años. ¿Te acuerdas de aquella tarde en el zoo, cuando estábamos aún en la preparatoria? Te amo, siempre te he amado.
— ¡Mi Angelo… ! ¡Cuánto tiempo! Te amo…
Se tomaron de la mano y se dirigieron a Walmart Union para comprar sus alianzas de enamorados.
A la salida del comercio, se pusieron los anillos prometiéndose amor eterno.
Cupido
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Cupido necesita entrenarse o un nefrólogo para cuidar ese temblor de sus manos. Y sobre todo, quitarse esa venda estúpida de sus ojos.
Tiene voluntad y buena fe, es un buen chaval en general; pero dispara como un pelícano hambriento tragando una sardina.
Y clava sus flechitas en el culo en lugar del corazón. Y al final, todo les sale del carajo a sus enamorados.
San Valentín es un día para pasear con las nalgas pegadas a las paredes.
San Valentín o lo banal
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Que no cuenten conmigo.
No voy a celebrar nada. Amar es serio como el filo de una navaja.
Amar requiere tanto esfuerzo, que no puedo darle a un santo el mérito. Es demasiado trascendente amar.
El amor requiere gravedad y una sonrisa que nazca del alma.
Una sonrisa que anule cualquier miedo, cualquier amenaza. Los amantes sonríen tranquilos porque se cuidan. Cuando amas, temes a todo lo que te pueda alejar de ella. Y luchas por mantenerla a tu lado, para que se sienta bien, para follarla salvajemente como el primer día.
Que nadie piense que es algo superficial. Yo no amo con una sonrisa. Sonrío, pero es orgullo de amar. Lo que voy a hacer es abrazarla y decirle que San Valentín, es una banalidad. No le regalo unas rosas de sangre este día porque así lo dicen las costumbres. Se las entrego como un sacrificio de amor y demostrarle al mundo que la amo por encima de lo más sagrado y antiguo.
La voy a besar con fuerza y con la sonrisa de sabernos juntos, no con una alegría ritual.
Que no me jodan, cuesta mucho esfuerzo amar.
El mérito es solo nuestro, nuestra atención, nuestro cuidado, la alegría de cada mañana despertar juntos. Y todo eso en el tumulto de un mundo estúpido plagado de envidias e incomprensiones.
San Valentín es una pantomima, yo amo sin santos con devoción a su alma y a su coño.
El perdón
Publicado: 13 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Desintegración
Publicado: 13 febrero, 2015 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, amor, desintegración, dolor, esperanzas, Iconoclasta, ilusión, integración, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, soledad, Ultrajant
Desaparecer, no ser, no estar… No hablo de morir, aún no hay suficientes células convencidas de que es la hora. Yo quiero otra cosa, quiero desintegrarme; o sea, desaparecer temporalmente con cierta elegancia.
Y me refiero a este aquí, a este ahora y a mi cuerpo.
Nada tiene una solución por partes, ha de ser completo, todo a la vez. Más rápido que un infarto, más que una bala. Ha de ser a la velocidad de la luz.
Es que el tiempo pasa y me muero.
El cuerpo no se puede abandonar, en ese cerebro está todo lo que quiero, lo que espero, lo que imagino.
Y estas manos tan grandes son para tocarte mejor…
El aquí son unos cables anudados en mis testículos y eso no me deja saltar sin sentir un dolor que no puedo dominar. Pienso que mis cojones no son importantes, no acaba de convencerme la paternidad, porque no soy buena persona, no tengo nada que aportar a un hijo. Con el pene me basta; pero el sistema nervioso no acaba de estar convencido y transmite el miedo al dolor testicular que es el tópico de los tópicos. Me siento como un globo con cordel en manos de un niño que se ha bebido el café de mamá y de papá.
El ahora es una esquizofrenia, una sucesión de visiones terroríficamente desoladoras en su claridad, en su estabilidad: el sol sale siempre por el este, siempre quema mi cerebro al mediodía y por fin se va a tomar por culo por el oeste, tan tranquilo después de haberme hecho sudar para absolutamente nada.
No hay saltos en el tiempo a pesar de haber leído de ellos con ilusión.
Queda desintegrarse, disgregarse o diluirse en el aire, sin morir. Con el organismo intacto.
Lo cierto es que todo se desintegra, el amor, la ilusión, el dolor, el desánimo.
Y luego se integra otra vez, como una broma de mal gusto. Y vuelvo a caminar por senderos de gloria y mierda, sin importar cuantos cientos de veces lo hice.
La gloria está bien, la mierda es el problema principal.
Esas desintegraciones tienen el valor de lo cotidiano, más de lo mismo. Eso son repeticiones simplemente, no se debería abusar de metáforas y eufemismos, hace a la gente idiota.
El truco de la desintegración de todo yo, el aquí y el ahora, es que lleva implícita la integración. Y entonces, una simple hipótesis como una conversación entre solitarios que desean encontrarse o que proyectan cosas de vida y amor, se puede hacer realidad gracias a la posterior integración.
Hablando claro, te integras con esa mujer que deseas y amas . Y la tocas, la abrazas, la besas, la ríes, la tienes… Nos tenemos.
No es difícil de entender, estaría bien dejar de ser solo yo mismo y decir: La hostia… Esa cara hermosa ya está integrada en mí y yo en ella. Ya no soy solo yo mismo.
Programas tu desintegrador marca ACME para ser parte de ella, y te encuentras en otro lugar con ella entre los brazos, como deseabas; pero ya de verdad. Ella ya no está angustiosamente sola, y yo por fin estoy solo con ella. No es difícil de entender el concepto de desintegrarse para integrarse.
No soy un suicida facilón. Tengo planes…
Claro, que soy muy zorro yo y eludo la cuestión de que ella no quiera integrarse conmigo, si no con George Clooney. No pienso decepcionarme yo mismo, tengo mis inquietudes y soy orgulloso.
Y hermoso.
La gracia, es que si te desintegras y falla la integración por algún imprevisto, siempre te aguarda una sorpresa y puedes aparecer en brazos de un orangután que te acepte con todo su instinto reproductivo íntegro y activo y acabes sacándole chinches en los ratos de no reproducción, reventándolas con los dientes.
Al menos sería diferente, cualquier cosa antes que perder el tiempo en monotonías.
Porque no me preocupa la soledad, me preocupa no estar integrado y que todo sea un montón de posibilidades que nunca se hacen posibles. De acuerdo, para esas posibilidades imposibles y dolorosas, también hay venas que abrir. Es un campo inexplorado para mí; pero comporta un dolor, los tendones no se cortan gratis. Requieren el sacrificio de un grito y un dolor cuando se retraen carne adentro.
Hay cosas que no es necesario experimentar para saberlas.
Estoy cansado de dolor. Y cortar venas no soluciona el aquí, ni el ahora. Volvemos a la premisa del principio: ha de ser todo a la vez. Todo al mismo tiempo. Es una ley física que me acabo de sacar ahora de los cojones.
La locura nos convierte en físicos cuánticos sin pudor ni rubor.
La desintegración debe ser indolora. Es lógico pensar que si desintegras nervios y sesos, el dolor no llegará cuando sale de las uñas que se doblan o cuando un clavo las raja, las levanta y queda la carne viva expuesta al aire y expandiéndose, como si la carne hubiera esperado toda la vida ansiosamente que la uña se partiera para poder subir de volumen como una magdalena en el horno. Las uñas me han dado los mayores dolores, las tengo demasiado blandas y malditas. Hay médicos que han girado la cara al ver una de mis uñas reventada.
También me he quemado con la sopa, la lengua escaldada jode lo suyo, pero no como las uñas.
Y no hablemos de cuando cae la tapa de un piano que no tengo y me pilla los dedos, entonces sí que… Joder, se me va la olla.
¿Se entiende porque no debe haber dolor? El dolor te aparta del amor, te aparta de la ilusión. Sacrifica conceptos importantes a cambio de la búsqueda de un simple analgésico.
Me impide soñar con la desintegración.
A veces me río del dolor, para que se joda, para que vea que no me vence.
Estoy en ello, guapísima, ya verás como consigo desintegrarme y aparecer frente a ti íntegro e integrado con una mano en tus pechos de una forma accidental, lo juro.
Al final, soy mucho más sencillo que mi divagar loco, no deseo grandes cosas. Me conformaría con no llorar por dentro. Es angustioso sentir que algo dentro de ti se hace agua y te sujetas el vientre para evitar derramarte a ti mismo. Y no puedes contenerte, te escurres de ansias desesperanzadas entre tus propios dedos.
La verdad es que todo se desintegra a mi alrededor, menos yo.
Solo me queda el cinismo para evitar unas lágrimas de derrota.




