Se juntan, reúnen, asocian y compiten. Se solapan bellezas y coloridos unos sobre otros en un caos de hermosa psicodelia. Tanto que me hacen ajeno al planeta. Me pregunto qué cojones hago yo aquí, tan gris, tan incoloro… Tan neutro y anodino. Corporativistas orgullosas… No comprendo mi existencia en el planeta ante la Corporación de la Belleza y el Color.
España va a pasar ya definitiva y nítidamente a convertirse sin disimulo alguno en otra dictadura hispanoamericana, es decir, con las próximas elecciones se consolidará como la China o Venezuela de Europa. Las maneras de gobernar del Partido Nazi Español Penitenciario Homosexual Clima-sanitario con su Caudillo al frente; al igual que Franco, han creado gran dependencia en una clase trabajadora dada a aceptar a dictadores de forma ya cordial y cariñosa. Es por ello el éxito que ha tenido entre las clases más bajas españolas el Estado Decretador Exterminador de Libertades y Necesidades Biológicas. España es ese eterno pudridero de fascismo imposible de sanear. Los políticos, todos, que se venden para ser votados, todos también están sucios por su apoyo incondicional a las medidas genocidas del coronavirus en los geriátricos y enfermos crónicos graves. Apoyaron al Estado del coronavirus cuando decretaba y ejercía humillación, coacción, acoso, segregación, ruina, acoso psicológico y debilitamiento físico en las clases españolas bajas. España no va a renovar nada. En las próximas elecciones sólo va a eternizar y afianzar la dictadura. Sea cual sea el pellejudo elegido.
“Golpe del covid” es falso o un error de risa. El único golpe que hubo fue el del estado español. Y se trató de terrorismo de estado. La anulación de libertades y necesidades biológicas de la casta paria o trabajadora y su humillación en España; amén de las decenas de miles de muertos por abandono y encierro (los viejos en los geriátricos, por ejemplo) no eran sintomatología del coronavirus; fueron los decretos de un nuevo nazismo. La prensa española hace años que cae en el ridículo con esa tóxica manipulación colaboracionista que ejerce para loor y gloria del Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario.
La grisentería me sienta bien, mejor que el color. De una forma natural nací gris. No me parece mal. Soy el hombre cemento por dentro y por fuera. Y mi superpoder es hacer ceniza del mundo con mi visión de rayos anodinos. Porque si mi pellejo es gris, mi pensamiento y su visión, es gris cobalto. Consigo contrastar, incluso, el gris con el gris… Soy un artista de la grisentería y todos sus mediocres matices. Podría decir que soy un mierda también, pero odio la teatralidad y la falsa humildad. Nunca aprenderé a callar a tiempo. Es algo natural, denigrarse uno mismo con desparpajo nace de esa grisentería. Todo yo soy una incongruente rebeldía monocromática a un mundo policromático. Qué anarquía más idiota la mía, coño. Como si le dijera al sepulturero que no se apure, que me entierro yo solo. Pero bueno, en este mundo, follas quieras que no. Con hermosas daltónicas…
Resumiendo, da igual que votes o no al PSOE, porque seguirán los mismos perros y con el mismo collar en el joder (poder se escribe con “j”, de toda la vida). Feijóo no puede olvidar a su Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario que le vendió la patente de corso nazi para gobernar Galicia con mano que no tiembla durante el estado de estafa por coronavirus en España. Por ello llegará a acuerdos con los nazis impulsores del golpe de estado del coronavirus a las libertades y necesidades biológicas de la casta paria española o trabajadora. Perder el tiempo en votar es un gran error; el más humillante que se pueda cometer porque ya tienen pactado cómo y con quién gobernar la misma dictadura de días difíciles, sin libertad, respirando podridamente y arruinándose hasta llegar a comer mierda.
El excacique nazi autonómico gallego, gran impulsor en su taifa gallega de las medidas forzadas de vacunación extraordinarias, acoso, humillación, usura y chantaje al trabajador, de los primeros en instaurar la segregación racial de los no vacunados mediante el brazalete nazi o pasaporte Covid y estricto cumplidor del bozal (mascarilla en jerga en nazi) todo el día, a todas y horas y a cielo abierto. Es natural que conozca bien a su Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario, puesto que de él recibió la patente de corso para extorsionar a los gallegos. Por ello no se presenta en RTVE porque es propiedad de su amo el Caudillo y acudir a semejante antro podría costarle la vida. Normalmente una serpiente no envenena a otra serpiente, pero en España sí.
El Caudillo Nazi uno de los dictadores estrella del Coronavirus e íntimo del Caudillo Español Sánchez, no se siente a gusto con eso de que no haya encarcelamientos y libertad de pasear por la calle y por ello sueña también como el chino Xi, con censurar internet. Los sueños paranoicos de grandeza de los líderes nazis de las pseudo democracias (especialmente europeas) son cada día más peligrosos y criminales. Es lo que pasa con los cerdos, cuando prueban la sangre no quieren otra cosa. Han probado el nazismo y les ha gustado. Les ha fascinado y añoran aquellos tiempos de hace dos años de masturbación grupal, coca y poder infinito.
¿Te han dolido alguna vez los huesos por dentro, como si un tallo espinoso creciera en el tuétano? Es un dolor profundo como la fosa de las Marianas. E irritante como el siseo de un político o religioso en la televisión. Y ahí, dentro del hueso donde habita el mal y su dolor, no llega la medicina y su calmante paz. Tres días atrás, con un taladro intenté hacer un agujero en la tibia para dosificar aspirina directamente en mi podrida médula. Debe de dolerte mucho la vida para combatir un dolor interno con uno externo que te aplicas tú mismo. Quiero decir que no es un acto de valor o locura, es simple desesperación sin complicación psiquiátrica alguna. Todo el mundo lo haría si se encontrara en mi lugar. Si es locura o no carece, de interés; lo único que importa es acabar con el puto dolor de dioses e idiotas místicos que, tantas propiedades beneficiosas le achacan de mierda. Es exactamente lo que ocurre con el amor. Es una excrecencia calcárea, un tumor que envuelve el corazón oprimiéndolo. Una coraza impermeable a la cura y que no hace más que crear ansiedades y melancolías por lo que no puede ser. Y no te lo puedes extirpar, el amor o te pudre la vida o lo asimila el organismo mientras disfrutas de sus poderosas cualidades espirituales y carnales. El dolor de mi hueso no es como el amor, no tiene posibilidad alguna de disfrutarse y si desaparece, será conmigo. Coloqué en el portabrocas del taladro inalámbrico con iluminación de leds (un cacharro de última generación que me costó una pasta), una broca de vidia de seis milímetros. Y la suspendí encima de la tibia, unos diez centímetros por debajo de la rodilla para no tener que adoptar una postura forzada para las posteriores curas. Y apreté el pulsador del taladro. Taladrar la piel y la escasa carne que cubre la tibia fue sorprendentemente rápido incluso ladeé la cabeza con ademán de satisfacción. A la milésima de segundo siguiente ya me había meado y sentí que mi mente se rompía en mil pedazos y cada fragmento quería escapar de mí y así escapar del dolor. Fue tan brutal, que incluso el dolor quería huir de sí mismo. Me dieron ganas de reír insanamente; pero fue imposible, aquello no hizo más que empezar. En efecto, cuando el filo de la broca giró sobre el hueso, me quedé ciego. Lo último que vi fue la batería romperse cuando estrellé el taladro contra la pared. Mientras todo eso ocurría, me precipitaba a velocidad vertiginosa a un abismo. No sé cómo, pero salí de mi carne y me hice vapor frente a mí mismo. Pude ver y oír mi cabeza golpear escalofriantemente el suelo de gres con el rostro épicamente contraído por el dolor, allá donde estaba sentado para practicar mi auto cirugía. Alguien me dio la estatuilla del Óscar y lloré emocionado ante el público. Me di cuenta de mi innata fealdad por la contracción del rostro durante el descenso; pero nada de eso me dolió ni humilló. Sentirme lejos de mi cuerpo fue maravilloso, el dolor desapareció instantáneamente, me sentía libre un millón de veces. Pensé que había muerto y sonreí. Cuando desperté lloré desconsoladamente porque no estaba muerto. No recuerdo haber sentido mayor tristeza en toda mi vida. Y conmigo el dolor también despertó y se hizo poderoso. Y conquistó mi vida toda. La invadió e hizo de mí un prisionero de guerra. Otra vez. Un fragmento ensangrentado de la broca, se encontraba entre mis pies, lejos del valioso y caprichoso taladro. No puedo explicar el terror que me provocó ver la fea herida de la tibia, como si un pequeño volcán fuera, expulsaba un líquido ambarino, un suero tiznado de sangre residual que adquiría un tono escarlata al coagularse. No sabía cómo podría recomponer todo ese daño en apariencia pequeño, pero lucía como un sol poderoso en mi universo doloroso. Me puse en pie y todo el peso de mi cuerpo cargó sobre esa pequeña superficie tumefacta de la herida. Era un dolor aplastándose a sí mismo, era tanta la presión que un reguero ámbar comenzó a bajar por la pierna hasta llegar al tobillo y ramificarse graciosamente como un río en un mapa. Como es natural, me sentía ya muy cansado del dichoso dolor. ¿Y si el infierno existía y ya me estaba pudriendo en él? Me arrepentí en el acto de no haber ido más a misa y aceptar el cuerpo de Cristo y la bofetada del cura como tanto borrego ha hecho a lo largo de la mísera historia humana. Encendí un cigarrillo mordiendo con ira el filtro y ofendido por el olor de mis meados. El hedor de la orina desapareció con el primer chorro de agua fría en la ducha; pero cuando el agua contrajo la herida allá abajo, lejos de mí, el dolor se rebeló contra la profilaxis. Tanto qué, cómo llegué a la cama y me dormí, es ya un clásico del espacio en blanco en mi existencia. Las pulsaciones de la herida era la banda sonora de mi sueño. No era especialmente molesto, pero si un tanto perturbador, parecía que algún tipo de vida se estaba desarrollando en mi pierna. Lo cierto es que el dolor interior del hueso, ya no existía, o si existía estaba enterrado por el nuevo que me había provocado yo solito. Espero que un clavo saque de verdad otro clavo, sinceramente. Temo al ridículo cosa mala. Sea como sea, dormí largo y fructuosamente. Incluso soñé que compraba una batería nueva para el taladro inalámbrico. Parece que no, pero cualquier superficialidad consumista ayuda a ser optimista de mierda. Desperté con fiebre, la herida se había inflamado como si ocultara un albaricoque en la tibia y estaba amoratada como las uñas de los cadáveres. El pus amarillento formaba una cúpula preciosa que por momentos se derramaba ladera abajo. Me incorporé y el trallazo de dolor ya no tenía importancia comparado con la cirugía de la broca, y si no hacía otro experimento conmigo mismo, podía morir tranquilo por la infección y delirando, sin apenas dolor o su percepción. Y ahora, tres días pasados desde el infierno taladrador debería preocuparme por la herida y lo que surge de ella. Ayer fue un pus verdoso que creaba un arroyo espeso hasta el tobillo, pero la inflamación mengua por el drenaje natural aunque un médico haría un gesto de desagrado; de esos que dicen que esto no va a tener un final feliz. Y el dolor es tan soportable como cuando se te pudre una muela. Una minucia sin importancia. Lo que no duele no me preocupa. Bueno, lo que no duele mucho; porque cada paso que doy un vidrio cruje en la tibia y hace eco en el cerebro, como si estuviera a punto de hacer crac. Y ahora está surgiendo un tallo espinoso como una zarza; pero sin moras. Al menos de momento. Podría parecer preocupante, yo lo considero repugnante. Es una metáfora de mi vida: cosas que surgen y que nunca florecen. He intentado tirar de él; pero me rasca el alma del hueso y levanta los dedos del pie como si tirara de las riendas de cinco caballos que levantan molestos la cabeza al tiempo. Nunca he subido en un caballo, me parece injusto para el animal, soy demasiado pesado. Pero he visto películas… En vista de los resultados, me inclino a no extraer este amor que me oprime sólidamente el corazón. Uno de esos amores que nunca se materializan y por tanto se enquistan formando un hueso que encapsula el corazón. Y lo asfixia, si eso fuera posible. Ni por toda la piedad del mundo y la total ausencia de dolor voy a pasar por el mismo trance del taladro. Soy un idiota que se cree muy fuerte y solo soy un mierda. Un mierda que se mea encima. Así que como todo está perdido es una estupidez prolongar la agonía. Dejaré que la infección que provoca el tallo haga su trabajo y moriré en un delirio, sin enterarme apenas. Sin que lo sepa nadie. Me han llamado varias veces desde la empresa para que les explique mi prolongada ausencia. Para lo que me queda en el convento me cago dentro. Tengo veintiocho cajas de cigarrillos en la despensa, me da paz ver el tabaco junto con las latas de atún y berberechos. Tabaco es todo lo que necesito a falta de un buen antibiótico y un antipsicótico. Porque pensar en comer me provoca náuseas. Con las tijeras en la mano he tirado del tallo para cortar cuanto pudiera. Ya medía cuarenta centímetros y me hería la piel con cada movimiento que hacía. Por el corte ha surgido una materia espesa y marfilina, es el tuétano del hueso del que se alimenta la planta. No ha dolido nada; me pasaría la vida cortando la zarza… Las espinas estaban sucias de mi médula ósea. Quieras que no, inquieta. Cuando el dolor es tan ausente, tiendo a pensar que se debe a que hay muerte o necrosis en ese lugar de mi cuerpo. Soy pesimista por sistema, qué le vamos a hacer… Y entre la piel y el tallo, el verde amarillento surge como una lava continuamente, está visto que el tallo y yo nos provocamos rechazos, somos naturalezas distintas peleando continuamente por gobernar el cuerpo y las cosas que contiene. La podredumbre es como la muerte, inevitable también. Son cosas molestas, embarazosas. Porque todos sabemos lo que es la vejez: un marchitarse, un pudrirse. Y ahora, buenas noches, porque he perdido el brillo de la visión. La luz del sol que se filtra por las ventanas es oscura, como cuando observas el mundo a través de la conjuntivitis. Como si la luz fuera filtrada por la negra muerte, como el fin de una película en blanco y negro. Y estoy un poco cansado, el corazón no funciona con alegría. A veces golpeo el pecho y parece que arranca de nuevo. Los dedos del pie están negros y la rodilla se ha deformado; parece el tumor de un árbol. Sinceramente, la amputación no acaba de convencerme. No me gustaría follar y que el muñón se elevara obscenamente al correrme. Debe haber cierta elegancia en todas las cosas. No hay dolor y el sueño es fácil. El cansancio es la mano de mi amor que surge de mi calcáreo corazón, acariciándome el rostro. Susurra “Duerme, duerme, duerme…”. “¿Cortarás el tallo si crece mucho, cielo? Me angustia, tanto…” Y sonríe flotando sobre mí. Es un ángel…
España es un país pobre y no puede regalar a los propietarios trescientos euros al mes. Es otra mentira del Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario. Si a duras penas pueden pagar las pensiones… Ocurrirá que además de subir el iva y el irpf a toda española, español y españolo; decretará una batería de impuestos climáticos que se va a cagar la perra. Y entonces preparará/decretará una cesta de la compra para los pobres con compost barato y unos trozos de excrementos en salazón para que esa casta paria o trabajadora, pueda tener algo que comer después de recibir cada mes los trescientos euros de ayuda.
El Zapatero e íntimo amigo y asesor de dictadores hispanoamericanos como el venezolano Maduro, así como el Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario; ya deben haber enviado sus parabienes y admiraciones a su venezolano amigo y colega. Es algo connatural: culo y mierda siempre van juntos. Y dios cría a los corruptos y ellos hacen corporaciones para masturbarse unos a otros con la nariz empolvada. Estamos ante un hecho perfectamente lógico y corrupto.