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Un niño de ocho años con genitales masculinos sintió curiosidad por ver el mundo que dejaba tras de sí. Observar cómo se alejaba todo cuando caminaba.

Algo maravilloso ocurrió en su cerebro, porque no existían las enfermedades mentales. Se detuvo frente a papá y mamá biológicos, como era ley llamarlos en la escuela; en la asignatura de Catecismo de Familia Inclusiva: madre y padre biológicos o bien madre y padre del amor, lo que correspondiera.

Y dobló la espalda hacia atrás rompiendo con un terrorífico crujido la columna vertebral, hasta que la nuca descansó contra las pantorrillas. Ahora veía del revés a su padre biológico avanzar hacia él y le pareció mágico.

Papá biológico gritaba alarmado su nombre: Julia. Ya no había nombres de niño o niña. Mamá biológica en su niñez fue lesbiana y papá biológico dejó el travestismo cuando la conoció en el instituto.

Papá biológico hablaba por teléfono solicitando con gratas palabras una ambulancia para su hijo biológico con el terminal frente a los labios para que identificaran si estaba infectado de coronavirus. Mamá biológica se había detenido y gritaba afectada, porque estaba prohibida la palabra enloquecida, le enseñaron que se derivaba de loca y no existían locos y locas por decreto.

Julia caminaba alrededor de su padre, que seguía suplicando con todo el respeto que es debido a la Autoridad Sanitaria ayuda médica para su hijo.

El pequeño Julia trotaba feliz con la cabeza colgando entre las piernas, fue algo hediondo de ver cuando se cayó y se rompió los incisivos y los labios se partieron. Se agitaba como una lombriz aplastada por la mitad luchando por recuperar una verticalidad instintiva. Sus intestinos dejaron escapar excrementos que contaminaron el aire. Un policía hombre con genitales masculinos les amenazó con multarles climáticamente.

Una mujer con cabeza de hombre y genitales femeninos que pasaba por allí, aplaudió al agente.

El papá biológico elevó al pequeño Julia por la cintura y le aconsejó con voz serena, para evitar denuncias de maltrato, que apoyara las manos en el suelo para mantenerse en pie. Una joven mujer con genitales de mujer, con el móvil grabó un video hasta que llegó la ambulancia. Y lo colgó en Yutup como Niño Bisagra, al instante se hizo viral (“famoso” estaba en desuso y casi prohibido). Y se convirtió en tres minutos, Dana Ortiz, en influencer millonaria (bustos parlantes de internet que por alguna inexplicable razón captaban la atención de millones de mujeres con genitales masculinos o femeninos y millones de hombres con genitales femeninos o masculinos).

Fue muy comentado por los seguidores el plano del rostro amoratado de Julia, congestionado por la bajada de sangre a la cabeza y las escleróticas de sus ojos teñidas de sangre dándole un aspecto fiero, demoníaco. De sus labios partidos caía una baba semi coagulada, muy espesa y rosada que inundaba las fosas nasales.

A pesar de todo, Julia sonreía divertido como cualquier niño jugando, y se convirtió aún sin saberlo, en el amado fundador de los Caballetes Humanos.

La Excelentísima Doctora que acudió a la llamada de papá biológico, felicitó a Julia por tan feliz y valiente idea, lo plegó bien para que no desestabilizara la camilla y lo trasladaron al hospital.

Por alguna razón que no pudieron explicar los médicos, el niño seguía vivo y con las piernas y brazos operativos tras partirse la columna vertebral; pero su nueva condición, libremente elegida por Julia, tuvo consecuencias: las piernas quedaron rígidas como estacas, es decir sin articulación en las rodillas. Nunca más podría ponerse derecho, los intestinos se vieron afectados neurológica y posturalmente (los excrementos encontraban una gran dificultad para ser evacuados), se le hizo una colostomía permanente. El pene, era funcional, aunque debido a la antinatural morfología, orinar era difícil y antihigiénico, lo sondaron. Pronosticaron su ceguera en no más de tres años. A los seis meses los ojos colapsaron por la presión sanguínea y le trepanaron el cráneo para instalar una válvula de purga de sangre. Nunca más volvió a experimentar como quedaba atrás el mundo cuando caminaba.

Dana la influencer documentó con el permiso de la familia y pagándole un porcentaje de sus ganancias, el día a día del niño Julia que se convirtió en el símbolo de la libertad de cada cual a ser lo que deseara a costa de los demás.

Uno de los momentos más emocionantes que recuerdan millones de seguidores, fue la primera masturbación asistida de Julia, cuando llegó a la adolescencia, un año y medio después de convertirse libremente en aquella cosa. Tenía doce años.

La madre biológica retiró la sonda, tomó en sus manos aquel pene tierno y pálido y escupió en el prepucio. En principio fueron caricias sosegadas, delicadas, hasta que el falo se inflamó y se puso rígido; a partir de ese momento la masturbación fue frenética y el niño lloraba de placer y emoción. Balanceaba con paroxismo la cabeza entre las piernas ante la proximidad de la eyaculación, ante la millonaria audiencia que lo seguía. José Luís, la madre biológica, mostró su mano goteando semen ante la cámara, Julia aún gemía excitado, con los pulmones colapsados por la prolongada y agitada posición en V invertida y el rostro congestionado de sangre. Abrió la válvula instalada en la sien derecha para purgar el exceso de sangre. Sus ojos opacos, saltones y ensangrentados, miraban a un lugar donde no se encontraba la cámara para dar más dramatismo a la escena. La transmisión finalizó con la boca del adolescente en un rictus obsceno, jadeaba con la lengua colgando por encima de la nariz.

Dana contaría en una emisión por Yutup dos días más tarde, que Julia exigió a su madre que le hiciera un par de felaciones cada día.

En las redes sociales había un tráfico demencial. Se pagaban pequeñas fortunas por ver las mamadas en directo por webcam, entre los seguidores se encontraba el Caudillo de la Nación, que manifestó en una entrevista televisiva: “Ha sido lo más hermoso que una madre y un hijo habían llevado a cabo jamás”.

Un consejo de ministros decretó la condecoración a José Luís como madre biológica excepcional de aquel estado democrático de pleno derecho.

A los trece años Julia perdió la capacidad de hablar. Solo salían gruñidos de su boca debido a que órganos como la laringe, cuerdas vocales y úvula, se lesionaron o degradaron. Un transductor implantado en el cuello escribía en la pantalla de un smartphone lo que el pequeño Julia pretendía decir. A esa misma edad sus riñones dejaron de funcionar y no había posibilidad de trasplante debido a que la zona lumbar era inaccesible. Los riñones estaban ocultos en el ángulo interior que formaba su cuerpo, entre las nalgas y la espalda. Romper la columna vertebral de nuevo para dejar su torso erecto, lo mataría.

Cada dos días se conectaba a una costosa máquina de diálisis para depurar la sangre.

En una de las emisiones de Yutup, se pudo ver como la madre de Julia, dejaba en la meseta que formaba el vientre una toalla para secar tras el aseo el rostro de su hijo.

Alguien escribió en los comentarios, que no era un ser humano, sino un caballete.

Y aunque muchos seguidores le afearon e incluso le insultaron por ello, no pudieron evitar referirse a Julia, como el caballete.

Aprovechando el tirón viral, la madre, el padre y la influencer, impulsaron una plataforma social para la protección de los Caballetes Humanos que pronto tuvo una masiva cooperación con fondos y actos de voluntariado. Julia se convirtió en el primer niño caballete activista por los derechos a la libertad de transformar el cuerpo y por una vida digna.

Un día, eyaculó ante la webcam semen ensangrentado, los testículos se habían infectado y lo castraron; pero tarde, la infección se extendió y murió a los catorce años.

En todo el mundo, más de quince mil niños, alentados por sus madres y padres biológicos o bien del amor, hicieron el rito de conversión en caballetes humanos para ver el mundo alejarse cuando caminaban.

Diez mil dieciséis murieron en el acto de quebrar la columna vertebral y sus padres recibieron cuantiosas ayudas económicas a costa de los presupuestos sociales por la trágica pérdida sufrida en nombre de la libertad de elección.

La OMS creó un protocolo de tratamiento para evitar el deterioro físico de los caballetes humanos. Las afecciones del habla y la visión consiguieron ser contenidas con cirugías ortopédicas y medicación para la hipertensión así como licuación de la sangre para hacerla menos densa.

Seiscientos murieron con hemorragias internas entre los ocho y diez años de edad.

Se crearon jardines infantiles de uso exclusivo para estos niños, a los que llevaban sus progenitores biológicos o del amor, con una correa ceñida a la bisagra o vértice (la cintura de los que eligieron libremente no ser caballetes) para guiarlos y evitar las frecuentes caídas que provocaban humillantes y jocosos comentarios entre seguidores y público.

La sociedad parecía perder su capacidad de emotiva tolerancia hacia los monstruosos caballetes humanos.

Se prohibió la práctica del contorsionismo porque podía ser una forma de falsificar el estatus social y se consideraba ofensivo para la dignidad de los caballetes.

Los progenitores de los caballetes humanos que sobrevivieron al rito de transformación exigieron al estado que las pizarras en las escuelas se colocaran al revés, así como semáforos a nivel de suelo y prohibir la presencia de perros en las calles. También se sacrificaron los perros de los hogares para evitar que en algún momento escaparan e invadieran la calle que se haría prioritaria para los caballetes.

Les fueron concedidas semejantes demandas por los corruptos gobernantes del planeta, ávidos de votos fáciles. Pretendían ser gobiernos de la bondad y la piedad. A pesar de ser solo cuatro mil el número de caballetes vivos, los gobiernos pensaron que podrían ser con el tiempo muchos más, y se adaptaron escuelas, semáforos y señales viarias para los caballetes, los hubiera o no en todas las ciudades del mundo.

El papa de Roma beatificó en una gran gala a los pocos más de cuatro mil caballetes humanos de entre siete y trece años de edad.

El primer caballete humano que llegó a la mayoría de edad, fue designado presidenta honoraria de los Caballetes Humanos. Se trataba de una mujer con genitales masculinos llamada Feodor. Su secretario se hacía cargo de su movilidad y saciaba su deseo sexual, a los cuales tenía un derecho innegable.

Recibía a niños en su despacho para informarlos y demostrar con ella (a pesar de sus genitales masculinos, así quiso ser tratada) como ejemplo, la importancia de ser un caballete y los grandes beneficios sociales y económicos que reportaba semejante estatus.

Muy pronto se exigió una cuota de presencia de caballetes humanos en todas las instituciones mundiales. Se prepararon y organizaron espacios en las empresas y la administración del estado para la inclusión de caballetes adultos.

Debido a sus dificultades respiratorias, decretaron los caballetes humanos, como ministros de sanidad, los cierres de las tabacaleras y el consumo de tabaco en todo lugar, incluidos los hogares. Si ellos no podían fumar, nadie debía hacerlo. La sanidad pública celebró a sus nuevos ministros aplaudiéndolos en grandes concentraciones y promocionando con cortometrajes emotivos su gran capacidad para salvar a la humanidad de sí misma.

Consiguieron grandes sueldos y se elevaron a una casta superior a la de los seres humanos que habían elegido ser como nacieron.

Se fabricaron camas verticales con bisagra, se doblaban formando ángulo, bien podían dormir sobre el vértice o dentro del ángulo formado.

A medida que los caballetes llegaban a la mayoría de edad, eran situados exclusivamente en puestos del gobierno. Y exigieron secretarias y funcionarios caballetes, como ellos. Los gobiernos ofrecían grandes cantidades de dinero a funcionarios para que se partieran la columna vertebral mediante cirugía y así trabajar para los mandos caballetes.

Los momentos de actividad sexual estaban incluidos en la jornada laboral de los caballetes con altos cargos en el gobierno. Precisaban de especialistas sanitarios que los alzaran o movieran adecuadamente para realizar el coito, las estimulaciones orales o masturbarlos. Para las actividades anales disponían de largos vibradores articulados y flexibles para acceder al ano. Con el tiempo, en los despachos se colgaron columpios ortopédicos del techo para facilitar las penetraciones; pero siempre necesitaron la ayuda de humanos erectos.

Cuando los caballetes humanos sobrepasaban los veinticinco años de media, sus testículos se secaban y pudrían debido a la malformación del sistema circulatorio, por lo cual debían ser castrados e indemnizados millonariamente.

Un par de ellos se balancearon en las ventanas de sus despachos para precipitarse al vacío gritando que no podían correrse y “mi puta polla está muerta” o “mis cojones se han podrido”.

Gran cantidad de ellos se deprimían o sufrían graves alteraciones psicológicas que los llevaban a la violencia y mal trato de su servicio personal y humanos erectos en general, a los cuales discriminaban desde sus puestos de poder.

Entre la población se puso de moda llamarlos bisagras, cangrejos o rotos de mierda.

Y pronto se pasó de las palabras a la violencia.

El primer brote se dio en un colegio de primaria. Un niño erecto durante la ausencia de un profesor hombre con genitales masculinos, empujó al caballete humano diciéndole: “Me das asco. Tú no eres mejor que yo, cosa mierdosa.”.

El caballete humano se retorcía en el suelo entre una fila de pupitres intentando de algún modo incorporarse a cuatro patas. Los niños erectos del aula hicieron un corro en torno a él riéndose e insultándolo. Le llenaron la boca y la nariz con tizas hasta asfixiarlo.

Los treinta escolares de entre nueve y diez años fueron acusados de crimen contra la humanidad y la decencia. Los condenaron a cadena perpetua.

Un influencer secuestró a un caballete funcionario de baja categoría y en un almacén en ruinas e inidentificable lo decapitó ante la webcam, demostrando que por el tratamiento médico al que eran sometidos para prolongar la vida, sus cabezas cortadas seguían vivas durante diez minutos.

Feodor, la presidenta de los Caballetes Humanos, en un comunicado de prensa dijo haber tramitado un suplicatorio al tribunal para que los treinta escolares fueran condenados a muerte por decapitación. Tres días más tarde el palacio que le había sido asignado como vivienda oficial estalló con sus secretarios y cuidadores dentro. Murieron con ella, cincuenta y seis erectos y diez caballetes auxiliares.

Respecto al influencer que decapitó al funcionario caballete, los medios anunciaron que lo habían capturado, le partieron la columna vertebral con un martillo y luego fue decapitado a los pies de la Torre Eiffel como ejemplo para la humanidad.

Había rumores de que los servicios secretos del estado escogieron un influencer al azar y el verdadero asesino nunca fue descubierto.

Los humanos erectos en grandes multitudes organizaron manifestaciones y huelgas violentas exigiendo igualdad de trato. Era una atrocidad cometida por el estado el someter a los humanos erectos a la dictadura de los bisagras o caballetes que tan solo eran tres mil a esas alturas los que vivían.

Los gobiernos del planeta viendo peligrar sus votos eliminaron los privilegios de los caballetes. A partir de aquel momento fueron cazados sistemáticamente hasta su extinción. Al igual que los progenitores y los hijos adoptados por ellos.

No quedó nadie que hubiera sentido la más mínima simpatía hacia ellos.

En las escuelas anularon los sistemas de giro de las pizarras para los niños caballete y se destruyeron los semáforos y señales viarias para ellos.

Los últimos doscientos caballetes en el poder fueron eliminados en sus despachos en una operación mundial sincronizada por grupos de humanos erectos voluntarios. Los asfixiaban obstruyéndoles las vías respiratorias con colillas de cigarrillos y segundos antes de morir, tomando sus piernas y brazos, los enderezaban con un fuerte tirón. Luego los arrojaban por la ventana al vacío.

Los caballetes humanos cayeron en el olvido gracias a la eficaz revisión de la memoria histórica por parte de los gobiernos del mundo.

La ciencia avanzó. La gente podía cambiar su cabeza por la de sus animales preferidos o mascotas.

Y por ello surgieron miles y miles de cazadores de humanos-bestias.

Debido a aquellos trasplantes terribles y dada la baja calidad higiénica de los hospitales que ofertaban tales servicios, se desarrolló una potente bacteria que extinguió a la humanidad en cuatro meses. No quedó rastro alguno de la genética humana en el planeta, al menos, ninguna viva.

El resto de especies animales, tras milenios de evolución, aprendieron a hablar y elaboraron un lenguaje claro y preciso; pero siguieron viviendo como lo hicieron durante millones de años desde que surgieron en La Tierra.

Ningún meteorito cayó del cielo.

Simplemente, La Tierra se agotó y dejó de girar. Se convirtió en un astro sin vida. Abrasador de día, gélido de noche.

Tanta mierda para nada…

Iconoclasta

Lo de “fuera de la política” está de más. Simplemente no ha trabajado en su tortillera vida.
Para ganar esa pasta debe tener un palacio de burdel…
No sé que polémicas puedan ser, yo solo le veo tetas y sonrisa de parásita satisfecha.
Debe ser una influencer nazi de esas que jalean a su Caudillo como si fuera el puto mesías salvador de mierda.
Por lo demás, es un ejemplar más de la fauna nazi homosexual sanitaria que habita en el Gobierno Penitenciario Fascista Español Homosexual Sanitario.
Y es que este parasitismo le sale carísimo a la casta paria o clase baja trabajadora española; pero como el móvil no se lo dice, ellos ni se enteran.

Esta tipa, como ya ha arrasado con toda libertad en Nueva Zelanda, incluso la de las generaciones venideras, ha dado por finalizada su tarea nazi y ahora se larga para cobrar su millonaria pensión. Que la pobre debe tener jaqueca de tanto trabajar prohibiéndolo todo. Pobre…
Qué suerte han tenido los oprimidos neozelandeses. Aunque tal como están las cosas, que no se fíen, con toda probabilidad llegará otro jerarca nazi mucho peor.
Aquí, en España, al Caudillo Penitenciario Homosexual Sanitario hay que arrancarlo con una cuchilla bien afilada de la poltrona, como a las garrapatas o sanguijuelas. Cómo se agarra el dictador a la vena de la población…

Por fin lo ha logrado España o una de sus taifas: un primer puesto.
Es mejor resaltar, aunque sea en el choriceo, que pasar desapercibido; al menos para los más mediocres. Porque hay a quien le suda la polla ser el primero de nada, no quisiera señalarme. Soy la hostia puta de humilde.
Y huraño.
Vaya ya estoy divagando. A lo que iba: Barcelona no tiene su foco en los carteristas, ni mucho menos. El Mirror no conoce bien la verdadera cloaca española.
En lo que destaca cualquier lugar de la península ibérica, es en el corrupto nazismo penitenciario homosexual sanitario. Una máquina de arrollar libertades, humillar, encarcelar, pudrir la salud y arruinar a la casta paria o clase ínfima trabajadora.
Una dictadura absolutamente paranoica que comenzó su andadura aproximadamente un catorce de marzo del dos mil veinte, y se ha propuesto llegar al medio siglo de vida para batir el récord de la dictadura franquista.
Cualquiera que lleve tres años viviendo y viniendo a España con cierta frecuencia, lo sabe.
Es más ahora mismo, el gobierno ha puesto en marcha una campaña invernal, como siempre, para calzar el bozal y humillar a la población con la estafa del resfriado del coronavirus de nuevo. Es simplemente otra nueva lección de adoctrinamiento a las reses humanas cabestras, mansas y cobardes para que no olviden quien cojones manda en la puta España Nazi Penitenciaria Homosexual Sanitaria.

Esta noticia alentaría a Miguel Delibes a escribir la actualización de su famosa novela adaptada a los tiempos actuales del Nazismo Penitenciario Homosexual Sanitario Español del Coronavirus: Los santos inocentes 2.
Esta es otra de esas noticias que muestra la España más cobarde e ignorante del glorioso Estado Penitenciario Homosexual Sanitario y los cabestros que lo habitan.
Ignorancia, cobardía, mezquindad y comportamiento gallináceo cuando no insectil, campan a sus anchas por cualquier ciudad o pueblo de la endogámica España.
Sería de risa lo de este pueblo, si no fuera porque irán a votar y votarán la misma mierda de nuevo. La cuestión es que dure medio siglo el bozal, como la dictadura de Franco.
Estoy seguro de que ellos mismos se han decretado el uso en todo momento y lugar del símbolo nazi español para combatir a la bestia (que pudieran creer que se trataba del famoso Kraken que acaban de descubrir su existencia gracias al adoctrinamiento del gobierno): el bozal (mascarilla en jerga nazi maricona).
Corto y cierro.

Por otra parte los habitantes de la endogámica Península Ibérica no saben lo que es la ética, incluso les aparece eczemas en la piel con solo pronunciarla.
Es la mezquindad propia de la cobardía y la ignorancia.
Por eso las urgencias médicas están llenas de pacientes que se quejan de que su mierda huele mal. Y quieren avances para combatir sus propios intestinos cobardes.
Y todas ellos votan lo mismo…

Por supuesto que no ha cambiado nada, las dictaduras en España son proverbialmente de una longevidad relativista.
El andoba de la foto no es feliz, se le ve tenso.

Eso les pasa a todos los que deben sufrir la sodomía del Gobierno Penitenciario Fascista Homosexual Español con la imposición de su bozal (mascarilla en jerga nazi), su símbolo de poder y de sumisión del pueblo hacia sus corruptos jerarcas. Para la chusma, cabestra, cobarde y obediente hasta la humillación, parafraseándola como con Franco decía o diría: Pues no se vive tan mal con el bozal.

Sigue prohibida la respiración en la profunda, endogámica, cobarde y provinciana España.

Más que nada para que todos sepan que aún no le tiembla la mano al Caudillo Nazi Homosexual Sanitario.

¿Sueñan los mansos, temerosos y obedientes cabestros con smart-bozales con iluminación led nazi sanitaria?

(¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Novela corta de Philip K. Dick).

Con su coronavirus los gobiernos de todas las naciones del mundo han experimentado la gran facilidad para encarcelar a la chusma, arruinarla y humillarla por un simple resfriado. Y claro, han actuado en consecuencia.
Y la consecuencia es que países como España, Francia, Italia, Grecia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, se han constituido en auténticos estados nazis o absolutistas que pretenden gobernar los aspectos más íntimos y banales de la población.
Se han promulgado leyes para que la corrupción no sea castigada y todo político en el poder sea libre de seguir robando el dinero: España es líder, superando en corrupción a México.
Se ha promulgado que el estado nazi dictará qué debe comer la población: Francia y Grecia están en pleno proceso.
Se han modificado constituciones y leyes para que los actuales líderes nazis de las falsas democracias occidentales sigan en el poder durante decenios, por supuesto, con elecciones corruptas y leyes sucias.
Y todo esto está ocurriendo ante una masa humana eminentemente ignorante cuya libertad se encuentra en la pantalla de su teléfono móvil y en el espacio cerrado de su coche, que al igual que tristes ovejas al matadero, soportan perder tantas horas de vida dentro con un estoicismo digno de un maniquí.
Lo del chino Xi, ya se vio con el ruso Putin que hace unos años se nombró a sí mismo amo vitalicio de Rusia y sus rusos. Morirá siendo un cochino dictador, talmente como Franco.
Y si algo tienen los políticos, es que son tan adocenados como la mediocre chusma que gobiernan con “mano que no tiembla”. Si un líder nazi hace una cosa, otros maricones nazis colegas también quieren el mismo culo.
De un pueblo idiotizado no puede salir un político culto o decente, solo sale la misma mediocridad e imbecilidad aumentadas. Es la genética de la endogamia.

Y eso ocurrió hace ya años, cuando el portarrollos del papel de limpiarse el culo se rompió y, muy zorro yo, pensé que el radiador podría realizar la función de soporte.
Algo que cambió drásticamente mi vida e hizo mi cagar más feliz y estimulante.
Aquel día de invierno tomé el rollo de papel calentito del radiador para cortar cinco metros, que es el grueso que aleja con seguridad mis dedos del culo. Con indiferencia, sin ninguna alegría o esperanza en mi rostro viejo y cansado.
Al limpiarme el culo grité sorprendido y un poco asustado. Me levanté del cagadero con los huevos agitados, escudriñando cada rincón de la taza.
Sentí que algo cálido me había acariciado.
Me despegué el trozo de papel enganchado en el culo y estaba caliente como un ser vivo…
Y decidí en una epifanía, que no compraría o usaría jamás de nuevo un portarrollos.
Hoy día, incluso en verano, antes de ir a cagar enciendo la calefacción para que el papel se caliente y así disfrutar la sensación de ser querido y cuidado por un ángel o cualquier otro ser extraterrenal.
Una experiencia cuasi mística.
A veces me siento tentado de limpiarme sin ser necesario e intento entrar en el cuarto de baño con ansiedad dos o tres veces al día; pero me impongo disciplina, soy de naturaleza obscena y debo controlarme porque es un sinvivir.
Así que espero pacientemente que sean los intestinos los que dicten la hora de la ternura. Y como lleva su tiempo, que se caliente el papel, me siento siempre con un ejemplar de Crimen y castigo, que es un libro muy gordo y que nunca se acaba para dar tiempo a que la temperatura del papel sea la ideal.
Los grandes descubrimientos suelen ser siempre un azar o un accidente.