Archivos para diciembre, 2014

Qué hermosa intimidad
con la madre noche
cuando el planeta duerme
y yo fumo.
Cuando el planeta despierta
y cierro los ojos a la luz,
negándola.
Soy oscuro, soy noche,
mi propio sueño tangible
milenario y ancestral.
Una erección lunar
una sangre maldita
una piel oscura y doliente.
Después de tanto tiempo,
de tanta lucha,
tantos años…
Oscuro y oculto
la más grande y discreta
íntima libertad.
A salvo de envidias
de dioses y gusanos.
Oscuro y oculto…

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Iconoclasta

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

Tarjetita de mi sabiduría. Como una galleta de la suerte, pero con inteligencia e ingenio.
La alegría de todos. En Manuscritos de Iconoclasta.

«Es un caos íntimo» dice ella.
¿Qué es un caos íntimo? El de una mujer que lo expresa con la naturalidad con que da los buenos días…
Es un montón de objetos entre las sábanas y encima de ellas, son mil emociones y sentimientos y recuerdos y sueños y experiencias. Amalgamado todo por una sensualidad traviesa, innata e incontenible. Un lujo, que se permite a sí misma.
«Un caos íntimo» no es una expresión mía, soy demasiado lerdo para escribir esas cosas.
Es la expresión distraída, relajada y serena de una mujer a quien admirar. Por decir poco, por decir lo mínimo.
Tal vez sea del planeta Tierra, pero hay seres que parecen de otra galaxia cuando exponen su sentir.
Yo tengo un caos en la mente; pero no es íntimo y mucho menos sensual.
Qué mala es la envidia… La mía.

El viento y yo.

Los actos de fe son actos de cobardía o de simple pereza, falta de inquietudes.
Son esfuerzos por creer lo que no existe; pero conviene y ocultar la triste realidad para millones de seres.
La fe es una mentira millones de veces pronunciada.
De mentira pasa a mito. de mito a creencia. Y la fe la mantiene a lo largo de los siglos, amén.
Se crea en la infancia y se eterniza en la muerte, en las mentes de los que creen estar vivos.
Y no hay escapatoria, no hay arreglo para los actos de fe. Por más que se eduque a la peña, la cobardía gana. Es una cuestión genética.
Estoy abandonado.

La dignidad no tiene precio, es la razón por la que se vende a cambio de una adulación y unas copas en los sectores sociales más mediocres, banales y humildes. Esta prostitución es inconsciente para ellos, es su forma de vida, no conocen otra; de la misma forma que los perros se saludan olisqueándose los culos.
Y está bien, porque de alguna forma se ha de procrear la especie humana, ya que no existe suficiente materia gris para todos.
Está bien, me confieso indigno; pero no lo arregla.

Salgo a fumar a la calle cuando es de noche y el viento sopla fuerte, cuando llega veloz arrastrando la gelidez de la cima del volcán nevado. Al oeste… Aunque poco me importa de donde viene ese viento helado. Del infierno o del paraíso, del mar o de una cloaca.
Ese aire arranca de mi boca el humo en una fracción de segundo, como si me lo robara de los labios. No hay una voluta-ameba flotando ingrávida, haciendo pantalla de mis recuerdos o emociones.
Enfría la piel y el pensamiento.
Veloz, rugiente…
No se desvanecen las emociones lentamente, es una amputación rápida como un escalofrío incontenible.
Los ojos se entornan porque hasta las lágrimas se lleva el viento.
Si las hubiera… Pero el viento no lo sabe.
Se lleva las emociones que la piel retiene.
El corazón palpita rápido y por algún misterio que no me interesa investigar, me la pone dura.
Excepto eso entre mis piernas libre de calzones, no hay presión. Es vacío, es liberación.
El viento me convierte en un guerrero solitario en un páramo de familias, amistades, de sus voces y ruidos de platos en las cocinas.
Quedamos yo, la luna, el viento y alguien que me mira desde su ventana bien cerrada con notoria curiosidad, preguntándose por mi salud mental.
Mi hijo lejos, mi hijo hombre ya. Lo hice bien con él… A salvo del viento helado.
Me tranquiliza.
Tal vez, cuando tenga más edad haga lo mismo que yo, tiene mis genes. No es motivo de gozo para él.
Aspiro otra bocanada de humo, potente y nociva. Ideas y emociones se ralentizan dando prioridad a las defensas térmicas del organismo.
Solo queda una lucha contra el temblor de las extremidades y llevar el cigarrillo certero a los labios. Como luchan las flores cerradas por no ser arrancadas de sus tallos.
Lanzo la colilla y el viento la arrastra creando chispas que mueren apenas las ves.
Y está bien, tristes recuerdos y emociones se van tras ella, dejándome vacío, dejándome en paz.
Al entrar en la casa el calor me acoge con ternura y las intensas pupilas de las gatas, me observan serenas como si fuera de ellas, de su naturaleza. Como si no fuera hombre.
La piel se templa con una calidez de renovación. Solo queda el frío en las fosas nasales, como una melancolía. Un lugar donde abrazarse uno mismo.
Solo queda esperar, una serena espera.
Lo nuevo… Lo desconocido… Buscar, luchar, cazar, amar, doler…
El frío ha arrastrado lo muerto, como un bautismo arrastra una culpa convenientemente inventada.
Bendito frío.
Y bendito el calor que de nuevo me llena.
Bendito el tabaco que me hace épico y loco.
Maldita la realidad que me hace vulgar…


Iconoclasta

Tras una velada nocturna acompañado por mis amigos, mi santa e Iconoclastito, mi hijo que ya tiene trece años. Hemos charlado animadamente sobre las putas, las mujeres de útero alegre y las que gozan de una galopante libertad sexual.
Y es gozoso que existan estas mujeres, porque tienes sexo fácil y cómodo todos los días con la más ligera insinuación.
Pero durante el debate ha salido a discusión la higiene. Cosa que algunas llevan más o menos mal y otras peor.
No es cuestión de mala fe, pero si sois mujeres de útero risueño con frondosa melena larga o tupida, erótica, sensual y llamativa; sea lacia o rizada, tendréis que entender que cuando os laváis esa preciosa cabellera, el jabón se queda en la cabeza y no llega al coño, creándose así un caldo de cultivo coñoniano donde se desarrollan hasta cangrejos carnívoros.
Un consolador envuelto con un buen estropajo, sería una baqueta eficaz para limpiar vuestro útero feliz (como las cajitas del macdonals). Con ello mantendréis una economía más sana en el hogar al evitar gastar en antibióticos cada dos meses con vuestro marido que tiene que tragarse las infecciones de otros y las vuestras.
Y también la industria de los condones saldrá beneficiada, ya que no será necesario fabricar condones del grosor del neumático de un Ferrari Testarrosa.
Así que tercera llamada: más jabón al coño que al cabello. Que últimamente los condones que pruebo salen con pellizcos y siento cosas duras ahí dentro.
Feliz sexo, mis úteros felices.