Es un sábado soleado y la chusma camina en tropel con su bozal calzado firmemente en el hocico, con sus perfiles de perros sin boca y los ojillos fijos en quien no calza el bozal. Si la envidia fuera un rayo láser, unos pocos acabaríamos ardiendo. Mamá cabestra, papá cabestro, hijito cabestro, hijita cabestra, abuelito cabestro, abuelita cabestra e incluso tías y tíos cabestros caminan con su bozal con la naturalidad de haber nacido con eso en la cara. La ciudad es una gran feria de ganado donde las reses lucen sus crías y sus prendas de ropa; haciendo gala de su mezquino miedo y una obediencia descerebrada. Los pastores policías con sus armas colgadas del cinto controlan con rigor que ninguna res se junte con otra más de lo decretado por sus amos penitenciario-fascistas del coronavirus. Yo digo que debería acelerarse el cambio climático a nivel de catástrofe. La práctica totalidad de la humanidad no merece un presente ni un futuro mejores. Que se caliente el planeta hasta que toda esta cobardía y mezquindad (el gesto ajeno de taparse la boca apresuradamente me causa náuseas) sea incinerada de una vez por todas hasta la extinción. La especie humana es una plaga. Una plaga enferma que podría contagiar con sus miserias al resto de especies.
Otra noticia idiota más para la colección. Posiblemente, además de respirar podridamente con el bozal, el chicle podría tener unos efectos secundarios tan malos como las aspirinas que tenemos en casas. Donde esté una buena vacuna y una mascarilla que te haga enfermo, que se quiten los chicles. El fascismo no tiene sutileza alguna predicando y decretando sus dogmas y el periodismo se ha convertido en catecismo.
Aún no es llena; pero transmite con su lechosa luz, la fría y gélida esterilidad que la hace fascinante. Tan muerta… Un cadáver brilla redondamente. Es la única cosa que puede rasgar y conjurar la oscuridad del planeta. La que con su luz alborota y hace aullar a los locos.
No se trata de fetichismo, de violar preñadas; soy biólogo aficionado. Quiero decir que el asesinato no es el fin, ojalá pudiera hacer mi trabajo sin matarlas; pero ya entramos en metafísicas de ciencia ficción. A menos que a las mujeres se les dé la opción de usar en el futuro un útero artificial que puedan tener en sus casas alimentado y atendido; deberé seguir matándolas. No me follo a las embarazadas que degüello. Me gustan los vientres sin demasiada prominencia y las tetas plenas, sin leche, por favor. Y me gusta joder a mujeres vivas que no estén preñadas, la muerte vendrá luego, ni antes, ni durante el acto sexual. No padezco o disfruto de parafilia alguna, este aspecto de mi vida es simple cinegética reproductiva. Puro instinto ¡ea! ¿Y dónde me proveo de embarazadas? Soy taxista, obvio. No voy a ir a una consulta de un obstetra a pillar una preñada como quien va al supermercado. La biología requiere siempre discreción. Además, a lo sumo abro tres preñadas cada seis meses, el futuro de la especie humana está asegurado. Y sobre todo, se debe a la cautela hacia mi propia seguridad, no me apetecería pasar unos años en la cárcel, soy muy celoso de mi libertad. En lugar de llevarlas a la consulta del obstetra, las conduzco a un vertedero a veinte kilómetros de la ciudad, y allí las degüello, destripo y disecciono el feto. Por si quedara alguna duda, dispongo de un inhibidor de frecuencias móviles. Y dosifico un gas que las aturde garantizando mi seguridad con una mampara de metacrilato perfectamente sellada que divide el asiento trasero de los delanteros. Solo mato a preñadas de seis meses en adelante. Hace dos años, me quedé con una que ya estaba con dolores de parto; pero son demasiado voluminosas y pesadas para manejarlas con comodidad. Necesito más cantidad de gas para drogarlas. Se me cayó dos veces entre la basura y pensé que no podría hacer mi trabajo, hay que marcar un tiempo para hacer las cosas o corres el riesgo de encontrarte con gente curiosa. Dicen que cuando matas a una embarazada, matas dos vidas por el precio de una; pero es mentira. No hay tanta humanidad en la gestación como se piensa la peña, ocurren cosas escalofriantes. Siempre sospeché de ello desde que pequeño observaba fascinado las fotos de los fetos en internet. Los fetos humanos se hacen humanos a posteriori, primero es la rata. Llegó el momento en el que sentí la acuciante necesidad de averiguar la verdad, de corroborar mi teoría nacida de una intuición primitiva. Muy adentro de mi cerebro, como los instintos. A los diecisiete años, rajé a la madre de mi amigo y vecino Eduardo Galán. Era una madre ya un poco tardía. Regentaba una mercería, y una tarde a la hora del cierre, entré en la tienda con una navaja haciéndole creer que quería robarle. La obligué a meterse en la trastienda, la amordacé y embridé sus manos pies. Con rapidez y torpemente di un tajo rápido. Era la primera vez y sentí que cortaba varias cosas más duras además de la carne del vientre. Corté el feto en dos mitades y era normal, no había rata. No me desanimé, por ello, estaba seguro de que algo olía a podrido en Dinamarca. He abierto un feto y he visto una rata blanca fundiéndose en él. Así se forman tres de cada diez humanos. Siempre me he sentido fascinado por esos fetos tan jóvenes aún sin extremidades definidas. Podrían ser cualquier cosa en un principio. La primera vez que abrí a una preñada, el feto era normal; pero a la segunda, lo que yo intuía, se demostró. Por eso siento repulsión por roedores: nos parasitan al formarnos. Hay bebés que nacen sin extremidades porque la rata ha muerto antes de que sus huesos y carne se fundieran en uno solo. No sentí miedo, sentí asco. Si la embarazada hubiera sobrevivido a la cesárea, habría dado gracias por haber sido rajada a tiempo. Metí el puño en la barriga le arranqué el feto, lo corté longitudinalmente en dos mitades y allí estaba, una rata que aún agitaba una de sus patas traseras no queriendo morir aún. Alguna consecuencia tangible y razonable debía haber por la milenaria convivencia entre ratas y humanos. Los datos son escalofriantes, de treinta embarazadas que he destripado, diez tenían rata. Repugnante. A veces siento deseos de destriparme yo, para saber si soy un hombre-rata. Día último: La preñada tenía un feto de rata, por alguna razón la rata era enorme sus brazos y piernas eran humanos ¿Es un paso más en su evolución? Cuando la he sacado del vientre de su madre, se ha lanzado a mi cuello y me ha destrozado la carótida. He podido rajarle el vientre y eviscerarla, pero ya es demasiado tarde. Me desangro. Ya no hay nada que frene a las ratas humanas, estoy muerto.
Eso no se lo cree ni la puta de su madre. Lo que ocurre es que la prensa puta del Nuevo y Normal Gobierno Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, tiene miedo a que decaiga el coronavirus y así dejar de vivir fácilmente inventando mentiras y anunciando los decretos del Nuevo y Normal Caudillo Español con titulares hagiográficos para gloria de su amo y sus secuaces que rigen con mano que no tiembla al manso y enmascarillado pueblo español (donde los dictadores son los más longevos y numerosos del mundo).
El cacique autonómico catalán y sus secuaces tienen en común con el camello que, no ven su propia giba fascista de mierda. la Taifa Catalana es de un fascismo asfixiante extorsionando a la población con prácticas de usura en sus impuestos, sin que nada revierta en beneficio de la población. Son fascistas para penalizar los refrescos, para elevar a delito de robo el novísimo impuesto del CO2 (pioneros en España) y para encarcelar a su gente y dictar largos toques de queda. Destruyendo con ello toda economía. No, la taifa catalana no debería tocar el asunto de enaltecimiento al fascismo, porque ellos mismos son fascismo del más puro y rancio. Hay por ahí, un excacique autonómico que cada vez que le dicen algo grita: ¡Bozal en todo momento! ¡Encarcelamiento! ¡Toque de queda! ¡Brazalete nazi (pasaporte covid) para entrar en cualquier lugar público! Porque entre otras lindezas, a la Caciquería Catalana le encanta pasarse por el culo, el nabo y el coño, todo derecho a la intimidad: a cualquier piojoso de mierda se le debe enseñar el brazalete nazi para que vean que eres un vacunado cabestro obediente. ¿Y qué quieren hacer con la mierda de la comisaría? ¿Una ermita para no enaltecer el fascismo piojoso, ese que no ven como abulta en sus chepas?
Es una metáfora el título de este pequeño ensayo, Maquiavelo fue víctima directa de la envidia, de una envidia rabiosa; porque con su existencia dejaba al descubierto la decrepitud mental de sus contemporáneos. Tras la lectura de las primeras tres páginas de El Príncipe, de Maquiavelo; la política y la administración de los reinos o estados pasa a segundo plano en el lector. Lo que destaca con luz propia es el propio autor, su inteligencia incisiva, su inconmensurable conocimiento de la historia y el profundo conocimiento de las variadas raleas humanas. Y eso fue la causa de su tortura, encarcelamiento, ruina, destierro y negación de su obra hasta muchos años de su muerte. Es extraño, sin embargo, que semejante escritor, político, filósofo, historiador y sobre todo, diplomático, no pudiera dominar su vanidad (bien merecida) de sabiduría ante los peligrosos poderosos de su círculo social. La vanidad fue su propia telaraña… Todos aquellos papas, reyes, príncipes, aristócratas y rancios funcionarios de las distintas cortes, se sintieron desoladoramente imbéciles. No podían medir su intelecto y su sabiduría con la de Maquiavelo. Ellos jamás llegarían a escribir ni un párrafo de cinco líneas con precisión sobre política, estrategia militar o historia; como Maquiavelo fue capaz de escribir centenares de páginas sin vacilar. Se dice que Maquiavelo es el padre de la política moderna. Y es porque está muerto. Realmente es una forma de decir que, solo puedes ser un gran pensador y trascender si estás muerto. Porque de nuevo, la envidia no te permitirá vivir para contarlo. La lectura de su libro más famoso por parte de los actuales jerarcas, presidentes, ministros, altos funcionario, etc.; aún les causa repulsión. Incluso en el mundo empresarial o económico, con mayor incidencia en el aspecto laboral. Esa inteligencia y dominio del ser humano, es la que revela la cara más dura y criminal de la envidia. Si existiera alguien como Maquiavelo que no hubiera sido amordazado por las actuales censuras en medios y sobre todo en las grandes editoriales que velan por el actual oscurantismo, la imbecilidad de las manadas humanas; lo habrían ejecutado de un tiro en la nuca. Como hicieron con él en el Renacimiento, otra época de mierda. Lo actualidad es un Renacimiento; pero sin arte, solo con los gobiernos y las administraciones malas, corruptas y fascistas. La premisa es fácil: inteligentes y valientes dejan en evidencia a lerdos y cobardes; y si alguien es más inteligente o decidido que tú: mátalo y se acabarán así las odiosas comparaciones. Y esto sí que es absoluta actualidad que se puede ver en el mundo de la política, en el laboral y en el arte. La envidia nunca es tan mala como estos tres ámbitos. Mala y criminal. De ahí que el brujo de una de aquellas prehistóricas tribus de judíos, se inventara el cuento que aparece en la biblia (en el Génesis) del Árbol de la Vida o el Árbol Prohibido (incluso en algunos textos figura como el Árbol de la Sabiduría) de cuyos frutos comieron Adán y Eva. Para que nadie de su tribu pudiera demostrar que era más inteligente que él; y si así fuera, sin duda alguna habría comido del árbol prohibido y se le debería matar a pedradas. La biblia está llena de parábolas nacidas de la envidia, hacia otros seres de rango inferior que pudieran demostrar ser más inteligentes. Siguiendo esta línea de conducta, es lógico que las grandes y viejas logias secretas o íntimas de políticos, aristócratas y millonarios, tengan una jerarquía basada en la envidia y en evitar la entrada a su selecto círculo a todo individuo con mayor inteligencia que ellos. A menos que pague mucho dinero, porque si algo tiene el envidioso, es que la avaricia lo aplaca. La envidia es más vieja que la biblia, por supuesto. Pero fue en la biblia donde se documentó por escrito y se mostró en todo su esplendor en parábolas didácticas y salmos que se convirtieron más tarde en legislación. La biblia siempre requiere la lectura de un sacerdote a la feligresía para que nadie saque conclusiones obvias. Esto es absolutamente actual, hoy más que nunca, donde la feroz censura prohíbe y borra todo pensamiento individual; no hay mejor censura que decir que hay ciertos libros que no suscitan interés alguno; y los de Harry Potter, Crepúsculo y cosas melifluas de historias de catedrales, sí. De ahí la razón que los grandes pensadores del siglo pasado hayan muerto sin dejar huella, ni otros que pudieran haber seguido sus pasos. El error, de nuevo, en los seres inteligentes es que son simples individuos y no corporaciones o partidos políticos. Y un individuo con un buen razonamiento podría ser peligroso para el proceso de infantilización de los adultos de las sociedades consumistas; también conocido como globalización (analfabetismo funcional para todo el planeta). Las actuales fascismos oscurantistas (falsas democracias) han iniciado su proceso de estabulación de las grandes manadas humanas y ningún individuo por ingenioso que sea, puede elevar su pensamiento por encima de la imbecilidad colectiva. ¿Una persona crítica, con pensamiento propio, lógico y lúcido? Es imposible actualmente. En el inicio del siglo XXI, se inició descarada e impunemente la persecución al libre pensamiento y dos décadas después, es efectiva: ha conseguido hacer de la población mundial, un hato de ovejas lloronas que callan cuando la pantalla de sus teléfonos les habla de las mentiras y los credos que han de seguir y asumir sin rechistar, por el bien de sus vidas, aunque les cueste un poco la ruina. Es increíble; pero cualquier otra consideración sería defender la envidia más venenosa: la de un político y su ambición. A Maquiavelo, lo volverían a matar hoy, en este año del 2021, por pura envidia, por puro temor de los jerarcas a no tener sus conocimientos y libertad mental. Estamos abandonados en un mar de idiotez, banalidad e ignorancia. Los hay que cantan y aplauden al ritmo de las olas de excrementos y los hay que simplemente, no queremos tragar mierda y nos ahogamos. Como pobres maquiavelos que cometieron el crimen de pensar y pensar bien. De saber y saber más. A mí me va más la vanidad que la envidia, sinceramente, en verdad os digo.
No es por el valor o no de meter la mano en la boca de un león muerto o drogado. Es que la sonrisa del andoba es genuinamente la de un deficiente mental que se lo pasa bomba. Es genial.
Hay personas que dan comida a palomas y patos salvajes (si se puede llamar comida a unas mierdosas migas duras de pan enmohecidas) de forma habitual, ritual. Como si tuvieran pendiente alguna expiación. Como un deber moral. O sufren complejo de santos. Los patos no necesitan las migajas miserables de nadie, ellos solitos se bastan para vivir. Que no se crean los lerdos que los patos son tan indignos como sus vidas formadas por migajas de miseria y dejadez. Me causa una profunda antipatía esa ancianidad beatorra alimentando animales salvajes, con total seguridad, pensando que gracias a ellos pueden sobrevivir. Lo que me hace pensar que han sido alimentados igual; tal vez hayan pasado gran parte de su vida pidiendo con lloriqueos, apelando a la caridad de otros descerebrados. Lo que sí tengo claro, es que si a un carcamal de éstos le das pan duro, no le gustará.