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Otro nuevo día.
Amanece en la república bananera del fascismo español tras una noche de ratas, bofia y basura. Las únicas cosas que pululan en las tiranas calles frías y malolientes
Las tres cosas se llevan fenomenal en la nocturnidad franquista.
El toque de queda no frena el coronavirus, ni los bozales; cosa que no le importa al Caudillo, ni a sus caciques. No es por eso la cárcel nocturna, es algo más mezquino, más criminal.
Y mientras la cosas ocurrían o no, soñaba con un follar cremoso. Su vagina voraz pulsaba exprimiéndome de la polla hasta la última gota de mi humanidad retornándome a la animalidad más salvaje. Era táctil, era húmeda la onírica realidad fascinante.
Después he despertado de nuevo en la pesadilla de siempre con la polla aún dura y el glande agotado y empapado.
Y está bien.
He jugueteado con una navaja sin precisar ideas, solo tabaco y café.
Ha sido una buena noche, definitivamente.
Mi lascivia es solo comparable a mi absoluta indiferencia a quien vive o muere.
Me pregunto si padre y madre podrían imaginar en lo que me convertiría, en una nocturna obscenidad insaciable ajena a todo, cruel con precisión y un vocabulario perfectamente escogido, ni una palabra o idea al azar.
El amanecer hace foco en la mezquindad: en los que se colocan el bozal en el hocico y sonríen invisiblemente a un nuevo día de mierda, a la madre puta cobarde que, tiene miedo a que su hija entre en casa y la contagie de coronavirus. A las embarazadas desarrollando fetos de rata que nacerán vestidas de humanos y roerán libertad y dignidad hasta pudrirse en vida.
Y yo cierro la ventana a la mezquindad. Rezo cosas innombrables cagando y jugando con un videojuego.
Bofia, ratas y basura… Estoy a salvo de toda esa mierda.
Y ahora ya tengo hambre.
Que los jodan a todos a plena luz del día. Que los tigres y los leones los devoren. O las bombas hagan su trabajo, hasta que la cobardía desaparezca de toda estirpe humana; o que desparezca toda estirpe humana, me da igual. No importa, ya he vivido suficiente y no quiero más mierda.
Bon apetit.

Iconoclasta

No es que sea ésta, la de la pandemia de coronavirus, una época peligrosa. No le tengo miedo a un catarro o una gripe; por muy viejo que sea.
Es algo infinitamente peor contra lo que no se puede combatir; es repulsiva e indigna.
Cuando toda la humana cobardía, mezquindad y fe en los seres superiores del imaginario de la chusma (políticos, santones, sacerdotes…) se abren ante tus ojos como una inevitable escena pornográfica casera; se hace imposible digerir tanta basura humana.
Como si la chusma ignorante y supersticiosa de la Baja Edad Media, se hubiera reencarnado en los actuales y obedientes cabestros que forman la masa electoral o población.
No podía haber vivido peor momento que este, en el que me veo salpicado por la más sucias emociones del género humano. Y lo que es peor, no tengo un arma adecuada calibre 357 Magnum para mantener a la indigna plaga llorosa y quejumbrosa a una buena distancia de seguridad.
Los bozales crean un atractivo e irresistible blanco.
Me refiero a una diana, lelos y lelas; no al color del bozal; que por otra parte el más usado por la bofia y otros cobardes al uso es el negro u oscuro que adelgaza de mierda.
Me extraña mucho que no haya habido un subida de ventas de armas de caza y sus correspondientes licencias. Y es que, sin pretenderlo, por medio de la prisión y la pobreza que han creado las democracias fascistas y sus caciques, ministros y caudillos; hay un efecto colateral gracias al cual pueden los tiranos y estafadores, pasear muy tranquilamente su bozal entre la chusma con una buena sensación de seguridad de que no les volarán la cabeza con unas postas del doce. A todos los tontos (los nuevos y normales fascistas españoles en el poder) se les aparece la virgen.
O sea, como hay ruina, no hay dinero para comprar armas que utilizar para la defensa propia contra el fascismo.
Y si a tanta mierda le sumamos los tarados de siempre que, al igual que dicen del cáncer, piensan que el coronavirus es un castigo por un mal rollo psíquico; bien del propio cuerpo y una corrupta psique, o bien directamente de dios; aún es más desesperante vivir aquí y ahora.
Lo del proverbial y cacareado castigo de los ignorantes, bueno… A mí me la pela, sueño y me masturbo con lo muy sucio que he follado y me cago en dios.

No sé porque será; pero desde marzo del año pasado, cada vez que veo un madero siento la acuciante necesidad de partirlo en trozos y echarlo a la chimenea, haga frío o no.
Incluso hacerlo arder entero a un millón de grados centígrados o Celsius. Hasta tal punto llega mi avidez.
Debe tratarse de uno de esos síntomas tan graves del coronavirus o su prima lacovid.
A lo mejor soy de alma pagana dada a sacrificios incontenibles y cruentos, como los aztecas y su canibalismo.
O simplemente, es una consecuencia lógica del odio.

Continúan los caciques de las taifas del territorio español ejerciendo su represión máxima, el encierro, la coacción al ciudadano y el asesinato de los enfermos.
Los caciques o presidentes autonómicos están librando una competición por ser los más represivos, los tiranos más feroces del nuevo y normal fascismo español del coronavirus.
Los bastardos siempre han querido ser más que sus padres y ese complejo de inferioridad los hace venenosos en su cobardía innata.
Tiranos provincianos ávidos de poder, dinero y notoriedad que, si por ellos fuera, montarían campos de concentración tatuando estrellas de David en la ciudadanía.
Lo que se siembra se recoge, justamente lo que está ocurriendo, a un fascismo irracional y cobarde de un gobierno, se suman los de sus sub gobiernos territoriales.
Es de todo punto necesaria una masacre bélica en España que la arruine por completo para volver a crear algo decente de entre las ruinas y los cadáveres.

Las cosas se rompen por enfermedad, malformación, accidente, asesinato o por vejez.
Si una cosa tiene muy mala suerte, morirá de muchas causas.
La muerte es como el follar que, por ser las actividades más realizadas cotidianamente en el planeta por las cosas humanas; siguen teniendo miedo y vergüenza de pronunciarlas a pesar de los miles de años de evolución, de las reproducciones y sus muertes.
Las cosas humanas son como figuritas de barro sucio incapaces de aceptar lo que son, simples y vulgares carnes sin más trascendencia. Incapaces de usar un cerebro sobrevalorado hasta el asco, producto de una injustificada vanidad.
Dicen que el camello no ve su propia giba, las cosas humanas no ven sus genitales ni su cara ajada por la edad en el espejo.
El padre regañará a su hijo por ir con putas, como él hizo a su edad. “Haz lo que digo y no lo que yo hago”, es tradición idiota. No pueden estar sin mal meterla demasiado tiempo, como si lo que les faltara de cerebro lo tuvieran en la polla.
Y los viejos, invariablemente, al morir son siempre aún jóvenes. Unos chavales, claro…
Mierda.

Pues nada, que no hay manera.
Me he sentado en un banco a 0º C de temperatura, a las 19:08 de una tarde que es noche. He comido unos churros y me he chupado los dedos, he fumado un par de cigarrillos con cierta impaciencia, he sacado la mascarilla del invierno pasado del bolsillo y me he limpiado los mocos con ella; y en todo ese rato no ha aparecido el coronavirus.
O soy un super macho, o simplemente tengo mala suerte; porque ni algo gratis como el coronavirus me toca.
Estoy tentado de dejar que me caigan los mocos y entrar en el ambulatorio (antes habré acercado el humo del cigarrillo a mis preciosos ojos para irritarlos) y decir además que me duele la cabeza cosa mala y me cuesta respirar por el culo. Así al menos tendré un certificado de ser un humano tan mediocre como todos, y sentirme un poco menos solo en este mundo de mierda.
Y si de paso me chutaran una vacuna sería precioso.
Si no hay que pagar, me metería lo que fuera. Igual me convierto en un mutante de esos con poderes tan extraordinarios como la teletransportación y la invisibilidad para tener sexo impune y vicioso con total anonimato.
Es que siento que antes de morir, debería experimentar ser uno más del rebaño para intentar imaginar lo que sienten las ovejas.

Confirmado, la nueva dictadura española, se ha constituido en la más represora, cruel y estafadora de toda África, incluso de Europa.
El nuevo y normal fascismo español liderado por Sus Caudillos y sus secuaces (ministros y caciques autonómicos de los distintos taifas que componen el estado español), ha dado ya carácter definitivo a la destrucción de la democracia (o ese conato que era). Recién estrenado el año 2021, han decretado y cometido una batería de medidas represoras y extorsionadoras contra la libertad y la economía de los habitantes españoles; como son los nuevos decretos de prisión para la población, perpetuar el toque de queda, la toma en propiedad de todos los medios informativos y la usura con una batería de subidas de impuestos; esto último, con toda probabilidad se traducirá en que su “la Covid” (la del gobierno fascista español) dejará de tener importancia frente al hambre y la violencia consecuente en muy pocas semanas.
El hambre matará más gente que sus gripes. Ya lo dice el refrán: más puñaladas da el hambre.
Como siempre, los caudillos, ministros y caciques autonómicos del nuevo y normal régimen dictatorial, disfrazan de medidas sanitarias sus abusos y robos de libertades incrementando las estadísticas de las tasas de contagio del coronavirus con los datos de catarros, gripe, fibromialgia, neumonía, hepatitis, diabetes, jaqueca, etc.; y accidentes de tráfico y laborales. Con estas componendas estadísticas, consiguen meter el pánico en el cuerpo a una españolidad vieja, deteriorada, decadente, supersticiosa e ignorante. De esta forma, el robo de la libertad, la prisión a la que se condena al pueblo español y la próxima ruina de obreros y trabajadores autónomos, será vista por la chusma como un mal menor.
Así que estrenamos el año con la feroz bofia del fascismo patrullando traidoramente las noches y de día sancionando sin pudor para que la idea de sometimiento al nuevo régimen dictatorial, forme parte del pensamiento español como ocurrió con el franquismo.
Así se ha instaurado en España una de las dictaduras más lesivas para la salud y la libertad de toda África y Europa; y a sus habitantes como el rebaño de castrados más mansos, temerosos y crédulos a nivel mundial.
Como es ya proverbial: Cuando el cerdo (el nuevo y normal fascismo español) prueba la sangre (la dictadura o el fascismo), ya no quiere otra cosa.

Lo han hecho todo mal, todo se fabrica con y para la mediocridad; y los seres sobresalientes mal vivimos en medio de medidas y calidades despreciables.
Por ejemplo, los inodoros. Cuando cago he de hacerlo con un cubo entre las rodillas, puesto que mi pene no cabe dentro del inodoro; y si me esfuerzo por mantenerlo vertical, rozo la porcelana con la consiguiente inquietud y frío para mi ánimo y bienestar.
¿No podrían medir veinte centímetros más de longitud los cagaderos?
Es difícil, incluso, limpiarse el culo. He de asir el pene en vertical para que no caiga contra en el agua. Le deberían haber dado otros veinte centímetros de profundidad.
Pero lo peor llega cuando aprieto. Lo normal es mear ¿no? Pues por eso el cubo, porque como el pene reposa horizontalmente como una venosa serpiente albina, apoyado en el asiento del minúsculo inodoro, el chorro sale directo contra el armarito de las toallas y condones. Hay instantes de urgencia que ni el cubo sirve para nada.
Por que si vas con prisa o diarrea, no te da tiempo de apretar, mear y a la vez mantener el cubo en la línea del caño de orina. Hay días que salgo estresado y agotado después de cagar.
Cuando era pequeño, recuerdo el momento de soltar los truños como una dulce y relajada intimidad mientras me la pelaba con las guías de televisión y sus anuncios de ropa interior de mujeres: las modelos luciendo braguitas. No se les veía la cara, pero siempre me ha importado el rabo de la vaca el color de ojos de la maciza que lucía la minúscula y tersa prenda, realzando sus tan maravillosos muslos y el vientre liso y deseable con un perfecto ombligo, colocado con precisión en la justa perpendicularidad de la raja de su sexo, Siempre observaba detenidamente si en alguna foto se podía ver un asomo del vello del monte de Venus; pero nunca tuve suerte hasta que encontré una baraja de póker de mi padre con tías en pelotas y las piernas tan separadas que me mareaban. No tenían vello; pero era innecesario para mi trabajo.
Como iba diciendo, en esta sociedad mediocre de medidas y accesorios más mediocres aún, para cagar preciso de una logística comparable a la de Amazon y sus envíos.
Masturbarme, sin embargo, es dulce y suave. Uso el cubo porque ya que está, lo aprovecho; pero no soy melindroso con la leche si me cae en los pies o en los muslos y a veces en mi pecho cuando pierdo el control durante el orgasmo. Vaya donde vaya la lefa, siempre me hidrata graciosamente. Además, es ácidamente dulce, cosa que la orina no.
Insisto, el tamaño de los inodoros es una vergüenza para alguien especial.
Y vamos a ver, el tamaño de la ducha no es como para tirar cohetes; pero si me sitúo en un extremo de la diagonal, puedo mantener una distancia de seguridad, un par de centímetros libres hasta el extremo opuesto y así, no tener que pasar el glande por las baldosas continuamente con la consiguiente irritación que ello conlleva. El problema es que en cuanto meto un pie en la ducha, me sobreviene inevitablemente una erección, cosa que es buena porque facilita la higiene íntima y lo que después será incontenible durante el suave, metódico y jabonoso roce.
Ser sobresaliente en una sociedad mediocre, es incómodo por decir poco; por decir lo mínimo.
Es el drama de la excelencia, qué le vamos a hacer…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Dios vomitó en la tierra justo antes de inventar al hombre.

Y por ello, por ese barro que se formó así es ahora la humanidad.

Nos hizo a su imagen y semejanza, corruptos de un fango innombrable.

Con dios ocurre como con las novelas de terror o de ciencia ficción: es un cuento; pero pasas un rato distraído elucubrando cosas, perdiendo el tiempo generosamente.

Pero que personas adultas se ilusionen con la superstición de los reyes magos a pesar de los malos, mezquinos y peligrosos conocimientos que ignora y a su vez, ha acumulado la humanidad es patético, incluso cómico.

Y tan peligroso como dios vomitando sus miasmas, o Alien.