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Yo no busco presencias, busco los cuerpos tridimensionales, opacos, sólidos, parlantes, sensibles, hermosos, voluptuosos en su feminidad arrolladora.
No puedo permitirme prestar atención a nubes de formas variadas por muy del más allá que sean y desatender a la belleza palpable, la que se toma, se besa y esperas que cada mañana despierte a tu lado, entre otras cosas para hacer el café.
Bueno, siempre hago yo el café; solo pretendía no ser demasiado melifluo y de alguna manera, marcar territorio como macho.
Los instintos van en el pack de oferta.

El amor nace en el pensamiento libre, en el odio a normas y cumplimientos, en la ausencia de necesidad. Nace en la miseria y en la pobreza sorpresivamente. Nace entre la cobardía y valentía. Que ciertos amores puedan causar náuseas es una cuestión de gusto.
El amor no se puede ni debe justificar.
Enamorar o enamorarse para combatir un cansancio, soledad, dolor o miedo es prostitución y deja para siempre un estigma imborrable de indignidad.
El amor brota por razones innumerables, que nada tienen que ver con condiciones o necesidades. No se puede evitar que surja del instinto reproductivo, que sea parte del ritual sexual; pero si es así, el amor morirá pronto para convertirse en condena, en otra de esas cosas menos malas que tiene la vida.
Cuando muere el amor, no se debe honrar su ataúd, es blasfemia cobarde y rompes con la esperanza de que surja otro de nuevo.
Pocos lloran el amor muerto; realmente se llora la soledad y la nueva condición social.
Si no hay amor no lo conjures, no lo fabriques; porque será ponzoña para el alma. Todo aquello que se crea por una necesidad de ambición o vanidad, es una infección.
Y si te enamoras en tiempos y lugares ajenos a ti en esta época de cercanías meramente electrónicas, exprime lo que puedas del amor, porque es inevitable enamorarse de un pensamiento hermoso, de una voz que viaja como un fluido a través de una red de intrincados e indescifrables semiconductores, de una fotografía que supera en belleza aquella que en tu mente era el paradigma del deseo; pero no te engañes, es un amor de corto recorrido condenado a una muerte súbita.
El amor se adapta a todo tiempo y lugar y por ello, a tiempos veloces, el amor nace y muere rápidamente.
Con el paso de los años te esfuerzas en no amar. Al final sale mal la constancia y la perseverancia y te enamoras; y a la soledad la tratas como una mierda enviándola al carajo a sabiendas de que llegará el momento que la busques.
El amor es un accidente habitual; la química humana es impredecible.
Tal vez el error ha sido, desde tiempos inmemoriales llamar amor a la reproducción.
No hay mucho más que decir, salvo que no siempre vale la pena perder la soledad por una calentura.
Cuando veo una majestuosa escultura, me pregunto si la plantaron para que las palomas tuvieran donde cagar y esa pátina de mierda fuera un efecto deseado. El cinismo siempre da una conclusión grosera a las grandes cuestiones filosóficas.

Hacía meses que no veía la televisión española, cualquiera de las cadenas que el nuevo y normal fascismo español ha comprado para instaurar su dictadura plagiada de la china.
Y sentí que se había metido mierda en mi casa al ver el spot doctrinal del coronavirus del fascismo en la televisión. El anuncio es repugnante en cada escena. Apesta a la cobardía de una familia española al uso (o lo que debería ser según el nuevo y normal fascismo español): la madre que se pone con estúpida ilusión (talmente como si nunca hubiera follado y fuera madre por el espíritu santo del fascismo español y no por el coño) el bozal para recibir a alguien que entra en casa, los propios familiares se dan el codo en una perfecta coreografía, abren las ventanas y llaman a la puerta de los abuelos a su casa, a una muy prudente distancia, para que por la calle de por medio, se puedan ver cenando.
O sea, la mezquindad elevada al más alto grado: los viejos desconfiando de sus hijos y nietos, porque “seguro que esos cabrones de mierda están enfermos y nos quieren matar con el coronavirus”. Los menos viejos desconfiando entre ellos en una misma mesa, porque al fin y al cabo son tan hijos de puta y se conocen tan bien a sí mismos que saben que, a sabiendas de que tienen el coronavirus, sus hijos o hermanos los infectarán por pura maldad.
Y a todo esto, el criador de cerdos, el ministro de sanidad; amenazando y advirtiendo a la chusma de los controles aleatorios que ha impuesto: en su paranoia, ha decretado (lo sueña sudando todas las noches con obscenas imágenes) que la bofia asalte e irrumpa en casas elegidas al azar para comprobar que el ganado cumpla las normas dictadas por el Caudillaje español y sus caciques autonómicos. Y que nadie se salte el puto toque de queda de mierda.
No quiero ni deseo un bueno año 2021, deseo una violencia inusitada, algo que me lleve a olvidar que por un desliz, dejé que en la puta nochevieja del 2020, entrara mierda en mi casa a través de la televisión. Y eso sí que es infeccioso; no puedo conseguir, a pesar de abrir las ventanas, que se vaya de la casa el hedor a mierda del fascismo español.
La violencia no tiene por qué llevar necesariamente la desdicha, puede ser edificante, liberadora y divertida. Y sobre todo, aportará una cultura y una dignidad ya muy necesarias a través de la purificación de la muerte.

¡Feliz Año Nuevo de un nuevo, normal y más fuerte franquismo 2021!
Y recordad: vacunaos para que los Caudillos que todo lo saben, aquellos que os salvan la vida cada día; no os jodan trabajo, economía y la poca libertad que no han podido arrasar aún.
Porque ellos y su bofia sabrán con precisión quien sí y quien no lleva cosida la estrella de David amarilla en el abrigo.
Y para celebrar todo lo perdido, aquí una bonita estrofa de canción (de aquellas inteligentes, divertidas y libres que se han ido censurando con paranoico oscurantismo año tras año, gobierno tras gobierno) de aquellos ingeniosos y transgresores Los Toreros Muertos y su Mundo Mágico.

“Es divertido estar aquí,
puedes hacer una canción
con alcalde y gilipollas, por ejemplo:
Alcalde gilipollas
Alcalde gilipollas
Alcalde gilipollas
Alcalde gilipollas.
Es fácil.
Vivimos en un mundo mágico
puedes hacer una canción
con fin y con de las
fin y con de las…
Magic world! Magic world!

Que se metan el puto reguetón y “tú eres mi bebé” en el culo.

Jamás pretendí existir, nunca rogué ser parido.

Soy un accidente, un infortunio.

Mis padres follaron con demasiada alegría y despreocupación.

Y por ello tuvieron que cargar con la consecuencia: yo.

Y yo con ellos.

La vida está sobrevalorada.

Demasiados pseudo literatos de retórica fácil se callan muy cobardes y ansiosos de ventas, que la muerte y el dolor son la canastilla del recién nacido.

Lo peor que te puede pasar es nacer fuerte, porque no sucumbes a ningún dolor.

Si eres fuerte, la vida es asaz larga.

Sinceramente, prefiero que pase el tiempo rápido, en un bip-bip que diría el Correcaminos.

Y si hubiera nacido libre de dolores y tristezas concebidas amén, hubiera encontrado la forma de sentirme asqueado en este tiempo y lugar, una consecuencia más de mi aleatorio nacimiento.

Estaba condenado al fracaso.

Soy la consecuencia de una cópula mediocre.

Y si algo no pides o no quieres, se convierte en condena y el mundo en un vertedero.

Todo lo que contiene un vertedero es basura, a mí me contiene también; ergo…

En familia debes tragar cada año doce uvas que son cristales rotos que destrozan las muelas y a ti por dentro.

Hasta que rompes con casa y familia y la cosa mejora un poco; pero tampoco es que sea para tirar cohetes con explosión multicolor y traca final de alborozo.

Cuando al fin te quedas solo, de ser accidente no te libras.

Así que meto la mano entre tus muslos y accidentalmente, cuando los separas húmeda y viscosamente, juego con los filamentos que desprendes y los extiendo por esos labios que palpitan ante el roce de mis dedos ásperos. Cuando los separo y descubro esa belleza de perla que esconden, dura y resbaladiza; al presionarla tus uñas hieren la piel de mi brazo como si quisieras frenarme y a la vez, meter todo eso más adentro de tu coño.

Esa desesperación tuya no es un accidente; pero me roba la cordura y el decoro si alguna vez lo tuve.

Y chupo tus pezones para beberte, los amenazo con los dientes porque te comería. Me haces voraz.

Un voraz accidente.

Un accidente imprevisible que en medio de una frustración decide follarte.

Follarte sin piedad y cerrar la puerta a todo, incluso al aire y la luz.

Será que el corazón a veces baja al pene, se aloja en el glande y hace lo que debe con todas esas venas y con mi instinto accidental, como un jaco en vena que me arrebata de mi propia accidentalidad.

Y cuando te la meto, sin delicadeza alguna, todo está bien. Tu coño cálido se contrae y expande comprimiendo mi carne dura que hierve de presión, haciendo de mí un animal encelado, sin pensamiento.

Todo tiene sentido cuando revienta mi pene y la leche rebosa entre la cópula de tu coño y mi bálano.

Luego, mientras mi mano descansa en tu monte de Venus, a medida que el semen se enfría, vuelvo a mi accidentalidad y te beso como si tuviera que marchar lejos de nuevo, allá donde no pedí estar.

No follarte me devuelve a aquello…

Es una mierda ser fuerte.

Soy un organismo puramente accidental.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Un pajarito (un pajarito de mierda) me acaba de decir que dios ha muerto.
Y no de coronavirus precisamente.
Por lo visto, algún gracioso se ha ensañado con el sagrado.
Si dios está muerto ¿dónde puedo encontrar a otro para rezarle mis deseos de que mate a mi prójimo, ese que odio profundamente con la intensidad necesaria para que se le seque la sangre en las venas? ¿Qué garantías tengo de que no será un imbécil hablando por un altavoz de profundos graves y con menos cerebro que un excremento seco, haciéndose pasar por deidad?
No me apetece hacer el ridículo lanzando mis plegarias a un deficiente mental.

¿Y si dormimos con y por la esperanza de que al despertar la realidad sea otra?
Necesitamos escapar.
No es solo por descanso.
Tal vez pretendemos que el mundo duerma y mañana amanezca raro.
Sea como sea, cuando dormimos somos incorpóreos y escapamos a las leyes de la física. Viajamos a la absurda e incuantificable velocidad del pensamiento.
Todo es posible.
Y la posibilidad es la dimensión de la esperanza.
El sueño es la libertad infinita. La suprema libertad.
Y dormir la cuántica esperanza de que todo sea diferente al despertar, no mejor o peor; sino otra cosa.
Tal vez al despertar, tu sueño me haya convertido en algo no mediocre. En algo que se diferencie de los otros que duermen solo para descansar, o por narcosis. Esos… los de los sueños vacíos que no reparan nada.
¿Tienes el poder de cambiar la vida, cielo?
Di que sí mientras duermes, porque en los sueños todo es sinceramente extraño, son absurdas realidades, extrañas certezas que duelen o ensalzan las almas.
Eres mi esperanza.
¿Sabes? Muchos de mis despertares son tristes; porque cuando irrumpe la consciencia, tengo la certeza de que no ha cambiado nada, el aire tiene el mismo tacto que ayer.
Y duermo desesperanzado de que pueda cambiar la vida. Escribo lo que me hubiera gustado ser y sentir. Escribo que quiero volver allá donde el sueño es tan absurdo y sus luces tan extrañas, donde el amor se siente en la corriente sanguínea y los miedos son tan grandes, que me hacen héroe.
Te deseo hermosos sueños porque te amo y además son mi esperanza.
Un día despertarás y seré digno. Y quedará una palabra a medio escribir en el papel nocturno. Una palabra que en algún momento de tu sueño, se interrumpió en mi mano porque no era ya necesaria.
Algo cambiaste…
Querré llorar.
Todos los seres tristes quieren dormir.
Lo fascinante del absurdo, es que no precisa ni tiene explicación; es imprevisible y debes abandonarte a lo que ocurre con la serenidad que da lo expectante e ignoto.
Duerme, cielo, eres mi esperanza a la desesperanza.
Tal vez, cuando despiertes mi vida y el mundo merezcan la pena o una sonrisa.
Y entonces no sabremos que ocurrirá y todo estará bien, sin tristezas al despertar.
Pero hoy la vida ha vuelto a despertar triste, que desolación.
Me quiero morir, cielo…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Si es que parece mismamente un alijo de droga.
Y una mala imitación de Narcos.
Por otra parte, mucho hermetismo no hay si cualquier periodicucho, digital o no, ya sabe desde cuándo llegó el alijo y donde se encuentra el veneno.
No jodas…
Es todo tan absurdo como Tenet, película mala donde las haya.
Y claro, los ojillos de los pusilánimes se humedecerán esperanzados por un próximo futuro mejor. Dios protege y escucha al fascismo español y sus caudillos.
Todos los fascismos tienden a la sobreactuación, al histrionismo, proclamando proezas que no son.
Y ahora, a bailar la Macarena.
O Paquito el chocolatero…

A la hora de morir la mascarilla da bonus extra para la entrada al cielo, es lo que se desprende de que tanto pusilánime se la calce en el hocico con una fe inquebrantable.
Deberían relajarse un poco, ya que los hijos de puta tardan mucho (demasiado) en morir, destacan por ejemplo: presidentes, reyes, generalísimos, ministros y policías; así que sin problema se pueden acumular muchos bonus, aunque no se cubran los morros a jornada completa.
Y es que ser hijo de puta, además, te da derecho a todo tipo de subvenciones.
Y paraísos para todo aquel que se lo ha ganado con fanatismo teológico/fascista.

Se puede considerar a cierta edad, en ciertos momentos o circunstancias que morir es un acto de piedad.
Los pésames indiscriminados deberían evitarse para no causar risas inoportunas.