Los que-ques fritos es la tapa favorita de la idiocia española. Un indispensable en bares, comuniones, bautizos, bodas, esnifadas, mamadas, colegios, universidades, burdeles, presidencias y ministerios. Por ejemplo:
– ¿Dónde vives ahora? – ¿Qué? –Que dónde vives. –En Tirapiedrasaloscerdos. – ¿Qué? – ¿Qué de qué? –Que no te he entendido. –Que en Tirapiedras a los cerdos. – ¿Qué te apetece de tapeo? – ¿Qué? –Que qué quieres picar. – ¡Qué se yo! Lo que sea… Un quebá de pollo mismo.
Por preservar la cultura española nunca se debe cambiar la “q” por la ”k”. Escribir con “k” es una falta de respeto a la tradición patria ibérica. A menos, que la academia española, se degrade de nuevo y acepte la k de kilo para suplantar a la q de qué. Una España sin que-ques, sería tan triste como un México sin chingaos ni chingaderas.
A pesar de los años que llevo rondando por el planeta, me sigue pareciendo fascinante cómo se embrutece la chusma con el Carnaval. Yo porque soy valiente, hermoso y aguerrido; pero si los extraterrestres no llegan a la Tierra, se debe al Carnaval. Sienten terror de los neuróticos terráqueos perdiendo el control de sí mismos y la elegancia en las famosas rúas y orgías correspondientes. Cuando se aproximan estas fechas, cuando ya salen los panfletos anunciando los tres días de las super rebajas del Carnaval, niños y adultos padecen movimientos oculares erráticos, los giran de un lado a otro, en círculos excéntricos y muchas veces se les quedan en blanco como a la niña de El exorcista. Y cuando los sueltan, que les dan libertad para desfilar, gritar y correr descoordinadamente, parecen feroces indígenas de tribus caníbales. Como si esperar el dichoso Carnaval los hubiera dejado hambrientos y neuróticos, angustiados y neuróticos, histéricos y neuróticos. Incluso los que no asisten a las rúas, por empatía y solidaridad de mierda dan cabezazos en su confinamiento. Muchos de estos seres tribales, se quejan en el día a día de los mínimos ruidos que provocan coches, motos, niños y borrachos gritando con los pantalones y las faldas meadas. Sin embargo, cuando lanzan sus furiosas carrozas con esas ondas sonoras que emiten rompiendo los cristales de las ventanas, son más felices que mierda en bote. Nunca vendrán a vernos los extraterrestres y dejarnos su tecnología mágica. La neurosis del Carnaval acojona al Universo infinito. Y claro, todo lo empeora la música escogida para desatar la neurosis incontrolada; lo más granado y adocenado de las listas de éxitos hispanoamericanas, el cansino reguetón imposible de diferenciar uno de otro. Siempre parece la misma canción repetida que se oye hasta en Ganímedes. Siempre me he sentido 100% antropólogo en estas celebraciones tribales. ¿No podrían tratar los estados (como cuando contagiaron de coronavirus a la ciudadanía) el agua de red para consumo humano con grandes dosis de tranquilizantes y ansiolíticos un par de meses antes de que salgan los carteles publicitarios del Carnaval en las distintas aldeas del planeta? Incluso en las pozas de agua podrida donde beben los pobres, que también tienen derecho a la serenidad. Tanto cacarear sobre la tolerancia, bondad, fraternidad y dar dinero a los pobres para que los ricos se lo puedan robar; y nadie tiene en cuenta a los vecinos del infinito universo, los grandes olvidados y su hartazgo.
Si a la Tierra llegara una especie alienígena chupa-cerebros humanos con los que alimentarse, no pasaría nada. Porque se moriría de hambre. Y así, es como la especie humana, sin esfuerzo alguno, aplaudiendo sin saber por qué y pacíficamente, se erigiría como dominante en el universo.
Hay quien tiene lagunas mentales. No es por alardear; pero yo desciendo y habito con frecuencia en simas tan profundas de mi miseria que cuando emerjo fuera de mí, no puedo dejar de sentir la repugnante viscosidad de mi intestino. Y en el rincón más penumbroso de mi caverna me froto paranoicamente las manos una y otra vez en los muslos desnudos para limpiarlas. Luego me pregunto qué habrá pasado durante mi ausencia. Tras encender el cigarro y toser con una risa torcida como el cuello de un ahorcado, me respondo: ¿Y qué cojones quieres que pase? Esto ya estaba muerto y detenido antes de bucear en tu mierda. Y escupo el filtro del cigarrillo. Si no fumara me habría cortado la lengua hace años. Muchos. Es esta ira que me lleva a apretar los dientes hasta romperlos, mejor que sea el filtro que alguna parte de mí lo que partan. No sé porque habito en mis abismos, ni es terapéutico, ni los perros mean a dos patas como yo. Simplemente hago lo que puedo. Un día esta acidez gangrenará mis tripas. Algo no hicieron bien cuando me concibieron. Tal vez les dio la tos y se salió en el momento más lácteo. No sé… Yo no quiero que el mundo se detenga, eso ya lo sé hacer y lo hago perfecto. Quiero que el mundo se hunda, se doble sobre sí mismo y se convierta en una enana blanca que, emitirá al cosmos millones de mezquinos convertidos en fotones de efímero y tísico brillo. Aunque yo los veo más como esa materia oscura que dicen los religiosos de la cuántica que hay en el espacio. También quiero que a mi hijo le vaya mejor que a mí; esta es toda la piedad que soy capaz de desarrollar. Yo tuve mejor padre que él; pero no puedo hacer nada al respecto. Me limito, en mis ratos de ocio, a descender es puro vicio de mortificación. Aunque eso me salva de pudrirme ahí fuera. Y como ocurre tan fácil, tan habitual; hay momentos que no puedo distinguir si navego en la mierda de mis intestinos o estoy ahí fuera, en el mundo mezquino. Hay quien no entiende a los francotiradores… Como si fuera difícil, como si fuera el misterio de dios, su hijo lelo y su espíritu sucio como una paloma de ciudad comida por las pulgas. Las trinidades suelen ser sucias, siempre usan la misma argamasa: vanidad y mezquindad para hacer altos y espesos muros de codicia, ambición y envidia. O, ignorancia, miedo y servilismo. O, adoración, humillación y sacrificio. O, hambre, sed y muerte. Toda la mierda de este mundo civilizado va de tres en tres, mínimo. Yo no tengo trinidades de mierda, no soy una piojosa civilización. He visto un bulto en el intestino y no me sorprende. Tal vez esperaré aquí a que se haga grande y se extienda como los tentáculos de uno de esos pulpos que son la hostia puta de inteligentes por sus cantidades de cerebro (nos dicen los profesores y biólogos del estado para que comprendamos que un pulpo es más valioso que nosotros). Y no acudiré a morir a un hospital, sólo curan bien a los ricos, a los pobres les mueven el bulto a otro lugar y cierran rápidamente; incluso escatiman en anestesia para que te jodas. A veces el cáncer se lo meten al paciente por la nariz si el cirujano tiene prisa; pero no es efectivo, el bulto se muere sin un cerebro al que aferrarse y al paciente le darán el alta igual de vacío que como entró en quirófano. Los mezquinos no son pulpos, ni yo los comería. No sé porque cojones me he limpiado las manos si me he caído otra vez dentro de mí… No estaré mucho ahí, me gusta fumar con o sin filtro, me la pela.
Si fuera Dios, haría un ramo con los ocasos más bellos y se lo enviaría por Courier Love Express a mi novia. No porque mis amaneceres sean más bellos que los de su mundo, sino porque son los que veo. Le podría entregar el ramo yo mismo; pero no me gustaría que pensara que escatimo en mensajería. La amo como si también fuera Dios; pero puede ser tan susceptible mi diosa de verdad… Además, tengo esa manía nada romántica de darle una palmada en el culo en los momentos más inoportunos. Me pone de los nervios. Y además me provoca verborrea aguda. Y ya. Corto y cierro antes de que las cosas se tuerzan. La Diosa y su imprevisibilidad…
Pues no le veo la polémica a la publicidad de la semana santa. Es muy correcto el cómic de Jesucristo. Si el personaje hubiera existido y teniendo en cuenta los superpoderes que exhibía, las cosas que decía de tanto amor a indiscreción y sin reparos por todo lo que respira y lo que se mueve, tocar a leprosos como si fueran perritos… ¿Y esa parafilia suya por ser torturado, mutilado y colgado en la cruz entre dos delincuentes? Era fácil imaginarlo así, decididamente queer. Y con los pezones de proporción áurea, ni muy grandes ni pequeños; pero notables, donde se puedan colocar pinzas dentadas para los juegos queer. Afeminado, absolutamente depilado, con la piel más pura que la de un bebé; el pelo moldeado por una profesional que le untaría, además de otras cosas, gel hidratante con un toque de rosa en toda la piel y le quitara los pelos del entrecejo. Y con una uñas con las que podría dar de comer a un bebé de lo limpias y diáfanas que son. Es tal cual debería ser, incluso con ese alarde de fetichismo y parafilia por la corona de espinas (que muy zorro el autor no se la ha puesto para no ensuciar su cuidada piel con sangre) que a tantos excita y que por él, probarían el pescado igual que comen la carne. Al Jesucristo Superestar de los 70 yo lo veía demasiado vulgar. No tenía la raya de los ojos bien delineada y su barba no era tan perfectamente recortada y bífida, sin un solo pelarro fuera de control. El muñeco del cartel parece el Kent de Barbie de Dios. Es mejor este queer sevillano, mucho más morboso. ¡Dónde vas a parar! La gente se queja porque está de moda ser hipersensible como lo es su amo el presidente de la narco nación española que susurra con voz beata sus mentiras en televisión. Y eso de que aman y toleran tanto al prójimo, una mierda. En realidad al prójimo le arrancarían los ojos por pura envidia porque no llevaba el bozal como ellos lo llevaban bien ceñido en el hocico por orden del amo con el otro cuento del coronavirus. Y otra cosita, de cartel renacentista nada, el papa de turno hubiera ordenado quemar el cartel y al autor al ver al rarito.
La concepción del amor no varía en función de las condiciones climáticas o del Estado; pero no deja de ser una teoría más. La chusma ha aprendido a amar por decreto y según convenga, según se perciba por lo alborotado de su sistema hormonal (cosa, hembra o macho), o simplemente haya leído o escuchado una homilía de los preceptos de género y sus bondades que el Estado predica. Con lo cual, se corre el riesgo de enamorarse de un hombre-loba o una hiena-hombre, por decir algo jocoso e ingenioso. Podría parecer inquietante; pero al igual que torturar a inexistentes brujas, quemarlas y disfrutar formando festejo vecinal por ello, la iteración pasa a ser rápidamente tradición en el imaginario del populacho. Como escupir a los judíos por la calle (por decir lo mínimo) en el siglo pasado aún no hace cien años, por citar algo más actual que las brujas. A nadie le extrañaba y todos los no judíos (o alemanes de pura cepa) lo hacían con voracidad. Tal vez, amar ahora sea un acto de redes sociales en internet regulado por el Estado Fascista instaurado mediante una epidemia de coronavirus, por ejemplo. Como se aman las amebas, casi eléctricamente. Yo sigo amando como fumo, a pleno pulmón cueste lo que cueste haga frío o calor. E independientemente del puto Estado; reconozco ser un paria asocial disminuido. Aún me alimento de carne y supero a las amebas en la cadena trófica.
Murf accede a un estado de trance extático mirando la peonza girar, del mismo modo que yo observo el vaso del café girar en el microondas. Ambos disfrutamos de una intensa vida interior trascendental. Bueno… Además de lo contemplativo, también me gusta follar. Y a Murf.
Al igual que Juan Palomo, el GENPHOCS dice: yo me lo guiso, yo me lo como. Son los ministros y diputados del GENPHOCS, secuaces y apóstoles del CENPHOCS y sus “expertos” del PSOE, los que dictan sentencias y condenas, quién vive y quién muere y a quien dan impunidad y dinero. Es talmente como si una familia mafiosa de película, como la Calabresse, haya sido la más votada por los españoles, pero no lo suficiente para ganar y se ha confederado con otras familias mafiosas. Esperemos que ahora, ya sin tantísimos miles de jueces y abogados, baje el coste de la nómina del narco Estado Español. Es broma, España con su CENPHOCS y GENPHOCS es absolutamente corrupta, ministros, señorías y otras ratas de alcantarilla que pululan por las cortes y otras instituciones del Estado, asumirán para sí las jugosas nóminas de los extintos jueces españoles. Al menos, se ahorrarán el trabajo de sobornarlos cada día por alguna tontería como el asunto de los disminuidos.
GENPHOCS: Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario CENPHOCS: Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
Estoy suscrito a una compra recurrente en Amazon de despertadores, ni siquiera separo las pilas del despertador que estampo contra la pared, van a la misma bolsa de basura. A ver si consigo que envenenando el planeta envenenarme al comer mejillones en conserva, ya que dado mi desmesurado amor por mí mismo, creo anticuerpos contra el suicidio. O sea, soy una contradicción con patas: al despertar soy yo por lo único que vale la pena vivir. No soy feliz y la verdad es que me suda la polla la felicidad. Huele a lo mismo que ayer. El sonido del planeta es el mismo y mi mente cautiva no consigue encontrar una razón por la que hoy, pueda ser distinto de ayer. Y todas por las que pueda ser peor, por ejemplo: absoluta y desoladoramente indistinguible. Los hay que por menos se suicidan; pero yo fui maldecido con el super poder de respirar el hastío como el aire limpio. El asco no consigue deprimirme, sólo acelerarme el pulso hinchando las venas de las sienes. Supongo que también las del cerebro. Las del nabo requieren acción manual o una gran y obscena imaginación. Entiendo que la experiencia es como un vertedero de basura donde se amontona la mierda y no se sabe qué hacer con ella, más que formar dunas y pirámides que envenenan a gaviotas y mendigos. La experiencia es como el aceite que cubre el mar asfixiando a los pescados. A las buenas cosas les falta el ingrediente de la durabilidad. Como el orgasmo que tras un minuto, no recuerdas haberlo sentido y te preguntas porque la leche se enfría tan rápida. El placer no deja ni una sola cicatriz para la posteridad. Por eso busco el placer continuamente, nunca sacia. Además tiene la propiedad de la caducidad, caduca antes que el jamón cocido. Y si se repite con frecuencia, llegará convertirse en tóxico y puro aburrimiento también. Estoy seguro de que los actores porno sueñan con los minions durante el rodaje. Por lo cual, para darle un asomo de sordidez al placer y sea más duradero, pagas a alguien que sin profilaxis te mal folle. Y si se da el caso, tienes el divorcio sin demasiadas discusiones. Y ya. Si me apetece, mañana miro la güiquipedia y cito a Nietzsche que es cantidad de intelectual.