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Bueno, la razón da igual, importa que de vez en cuando, alguna publicación lanza alguna crítica al Régimen Español de los Caudillos Sánchez e Iglesias.
Estaba claro de un principio que es una estafa a nivel mundial, cosa que me importa una mierda; pero sí me importa a nivel nacional porque me han encarcelado y he perdido mucho tiempo por la hijoputez de estos timadores del coronavirus.
Tras dos meses de mierda y mierda, las noticias críticas y razonables asoman tímidamente.
El periodismo está podrido y globalizado (puta de los gobiernos de la globalización y el buenismo decadente), de ahí su lentitud y su amor por el Régimen Español. Y otras miserias planetarias.
Tarde; pero bueno, El Mundo ha publicado (tímidamente) lo que debía de una puta vez.
A ver si hay suerte y encarcelan junto a psicópatas sodomitas a los dictadores africanos españoles.
No soy ingenuo, solo sueño en voz alta cosas imposibles; inevitable en un escritor con cojones.
Adoro a las mujeres; pero soy macho sin remilgos, de ahí lo de cojones, no es alarde (incluso soy reacio a mostrarlos).

Hay días en los que Murf no se hace de querer y mi naturaleza malvada y sádica idea torturas psicológicas terribles.
Así aprenderá a respetar mis natillas en esos cuatro segundos que empleo para ir a la cocina a por la cucharilla que he olvidado.

En cuanto la peña se acostumbra a los muertos se acabaron los minutos de silencio.
Como ocurría antes del coronavirus, cuando morían tres o cuatro en un accidente de autocar, y todo el pueblo o ciudad lloraba en silencio reunidos en la plaza mayor y se solidarizaban… Bueno, con lo quisieran solidarizarse, porque los muertos… Pues eso.
Pero claro, es que de los minutos de silencio, se ha pasado a la festividad, a los aplausos y vivas. No jodas, la chusma es neurótica que te cagas.
Lo que hace la cobardía…
Y como la machacona e institucional quiniela diaria del Régimen Español del coronavirus da resultados de avión estrellado, pues te acostumbras quieras que no. Te sientes forense aficionado.
Si a esta quiniela diaria de muertos le sumamos las festividades de la bofia y los servicios sanitarios molestando con sus sirenas, para que los infantiloides encarcelados del coronavirus se rompan las manos aplaudiendo desde sus balcones como indigentes que no saben qué ocurre, pero mola; muy pronto se creará un portal en internet de apuestas de muertos e infectados por coronavirus y aparecerán en los informativos los ganadores llorando y meándose de emoción como ocurre en navidad con los premiados por la lotería.
La chusma se embrutece con más rapidez que un cerdo cuando ve una charca.

Y mientras el Régimen Español de los Caudillos Sánchez e Iglesias, escupe mierda todos los días, también lo hace el super fascista y redomado racista Torra (un Le Pen, ibérico), presidente de la comunidad autónoma de Cataluña.
Pretende, para que más adelante cuando el Régimen Español así lo decrete en su magazine el BOE del Coronavirus, crear severos turnos para la gente que quiera practicar deporte: dónde, cómo y cuándo él lo decrete. Y si le dejan, deportar a Siberia a los enfermos y a los recuperados del coronavirus. O simplemente, prohibir que puedan comprar comida en ninguna tienda.
Luego, ya más tranquilamente, cuando haya asesinado por hambre a todos los que han sido infectados creará una cartilla de racionamiento de alimentos para su amado pueblo catalán de mierda.
Es que los hijoputas no mueren nunca, coño. Y eso que el subnormal estuvo infectado.
Me cago en Dios, mi inteligencia está tan ofendida que ha perdido el control de mi polla y la llevo dura todo el día con estos subnormales del Régimen Español y sus demás presidentillos endogámicos. Soy un oscuro pervertido… ¿Veis como el aislamiento ayuda a conocernos mejor?
Me cago en la puta que los parió.

La televisión de los caudillos es muy solidaria con los enfermos y muertos, como los aplaudidores afectos al Régimen.😷😷🤐🤐😬😬😬🤮🤮☠☠
Y lo más divertido está por venir: los caudillos Sánchez e Iglesias, preparan el carnet de Ciudadano Inmune y así segregar a puros de impuros. «Luego ya hablaremos de los hornos crematorios» dice el dúo obsceno.

Dime espejito mágico: ¿Quién es el hombre más chachi, retorcido, ingenioso, escritor de lo sórdido, odiador profesional, irreverente, obsceno, sexual, cruel y al mismo tiempo una belleza de ser humano por dentro y fuera, aclamado y deseado por todas?
Y no quiero saber ninguna verdad de mierda. Te la metes en el culo si tuvieras.
Mejor será que no te hagas el listo y no me jodas o te destrozo a martillazos, pedazo de mierda reflectante.

Y si a esos lerdos intoxicados les hubiera dicho el Trump que metiéndose un bate de béisbol en el culo también se cura el coronavirus, traumatología de todos los hospitales de EEUU estaría llena de pacientes felices, rogando que no se lo sacaran tan pronto, con sus pulmones hechos mierda y escupiendo sangre (carita feliz). No sé porque cojones se emocionan cuando escuchan su aburrido himno nacional en un estadio.
¿Veis? Con internet y las redes sociales, lo único que se ha globalizado es la imbecilidad; la verdadera pandemia. Infinitamente más peligrosa que cualquier virus; pero mucho más divertida. Como se han de morir igualmente, que al menos algunos nos riamos.
Precioso.

Es adorable y no tiene coronavirus.
Simplemente ha reaccionado a la imbecilidad social de los aplausos de las 20:00 todos los putos días.
Llevan tantas tardes los idiotas aplaudiendo felices que, ambos hemos sido poseídos por el espíritu humano de la hijoputez.
Yo no me he fotografiado en el momento de los aplausos porque me afecta al pene y he de ser cuidadoso con los nuevos censores.
Murf y YO tenemos, evidentemente, naturalezas distintas.
Estas primeras semanas de la recién estrenada dictadura del Régimen Sánchez-Iglesias, se me hincha y endurece grotescamente, y aparecen en el meato dientes en el momento álgido de la ofrenda de aplausos y agradecimientos de los tontos a sus amos, por alguna razón que ni ellos saben; tal como actúan algunas mujeres maltratadas con su macho.
No gano para pantalones (calzoncillos ya no tengo) y me da miedo masturbarme.
Pero me mola mucho Murf.

Los gobiernos de la globalización del coronavirus forman una corporación de delincuentes y dictadores que les caracteriza a todos ellos una retórica meliflua, dirigida a la infancia de entre los ocho y doce años, justo la edad mental de sus votantes.
Ningún escritor imaginó jamás una sociedad tan maligna y tan tóxica como la actual. Esta que ha robado la libertad por medio del coronavirus y el terror que produce en los castrados humanos o ciudadanos.
Cuando todos esos millones de votantes deficientes sean conscientes de la mierda que comen cada día y que la cobardía los ha llevado a la ruina y además a la indignidad, será tarde.
Porque la retórica venenosa de falso proteccionismo paternal, cambiará drásticamente; en lugar de ser ciudadanos, pasarán a ser ya sin eufemismo alguno: tarados y taradas que no se pueden valer por sí mismos sin sus líderes fascistas (sean de derechas o izquierdas, es la misma mierda). Conducidos por mano firme, esa que jamás les temblará a los tiranos del coronavirus y sus secuaces, la bofia, los militares y los jueces.
Es el peor escenario que podría haber sido posible.
Y el reinado de estos políticos degenerados durará generaciones y generaciones. Tantas que en cinco o seis, las crías de los tarados y taradas (añadir el toponímico que corresponda) ya nacerán castrados gracias a la endogamia, una selección genética enferma que hace de la imbecilidad una característica cualidad humana. Ya no necesitarán los tiranillos orar su mierdosa retórica de adoctrinamiento institucional y mansedumbre.
Destaca Europa, un continente tan decadente como viejo; cosa que lo convertirá en la sede de la dictadura mundial. Una triste y peligrosa cueva de Ali Babá y los cuarenta ladrones (sí, ya sé que serán muchos más, coño); pero sin ninguna gracia.
Pero tampoco será tan fácil para nadie, son demasiado idiotas para llevar bien sus repúblicas bananeras y ocurrirá algo terrible y de muchas muertes; tantas que las reses humanas añorarán el coronavirus y la feria que montaba la bofia para tenerlos contentos todas las tardes, confinados en su miedo y miseria.

Iconoclasta