Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Cuando pasas tanto tiempo viviendo bajo un régimen fascista-bozalista y encarcelador, siempre se te acaba pegando algo quieras que no.
Al menos me callo quienes son los inferiores; pero en unos días no sé si podré.
Incluso sudo copiosamente y busco en Amazon maquetas de campos de exterminio en oferta flash.
Es que la ideología fascista es tan edificante…
(Y también me gusta el porno amateur)
¡Me cago en la hostia puta! Tendré que hacer la foto de nuevo, me he olvidado del bozal, negro a ser posible.
Bueno, ya mañana, hoy no tengo tiempo.

No se puede acosar a nadie tanto tiempo y pretender que todos sean unos muertos de hambre y cabestros obedientes. El bozal es una mala cosa, humillante y dañina; así que es normal que la gente se defienda del fascismo, con insultos o a tiros si tienes la suerte de disponer de una bendita arma.

Si fueran higos o cualquier otra fruta madura, lo entendería. Pero aunque no tuvieran mucho cerebro con toda probabilidad, no eran higos.
La teoría más plausible es que llevaran un tremendo colocón, ya sea borrachos, esnifados, acidificados, mariguanados, e incluso, con un buen jaco de caballo en vena y decidieran dar un paseo volando para despejar la neurona que aún les podía funcionar.
La otra hipótesis sería que en plena madrugada, se dedicaron al cortejo reproductivo practicando judo como danza ritual con la ventana abierta y pasa lo que pasa.
Pero lo que está claro, es que el forense en los cadáveres colgará de los dedos gordos de los pies una etiqueta de “muerto por la covid 19”.

No se trata de ningún efecto, solo es un azar. Las sentencias “a todos los tontos se les aparece la virgen” o “todos los tontos tienen suerte”, son dos auténticas joyas de la sabiduría más profunda y centenaria de los pocos humanos con cerebro que una vez existieron y uno o dos que aún vagamos por el mundo.
Que un tarado que juega con una pelota sea capaz de influenciar sobre tantísimos millones de subnormales como para afectar a la bolsa, viene a decir que esos seres humanos, y por tanto todos en su gran mayoría (estamos en un planeta democrático), son imbéciles de una forma natural, genética.
No pueden hacer nada por remediar su descoordinación mental, su imbecilidad. Ni nadie los puede ayudar. Vale la pena aprovecharse de ellos pues, ya que no sirven para otra cosa. Ya que los tienes, los usas.
Quiero decir que son absolutamente subnormales sin saberlo. Como he dicho siempre, es lógico que una estafa como la de los fascismos con sus prisiones a la población aniñada y aplaudidora, y el uso religioso del bozal (mascarilla o mascareta según la región del planeta) se debe a esa tara mental que, a falta de coronavirus fascista o de un deficiente que juega a pelota, no se había podido detectar y probar con precisión hasta la fecha.

Pues a mí me da la impresión de dos homos haciendo el saludo secreto para acceder a su selecto club y pasar un rato jugando al trenecito. El nuevo y normal saludo fascista del coronavirus decretado por el nuevo, normal y homosexual fascismo español me da escalofríos.
Me hace sentir muy tenso, muy fuera de lugar de su mundo.
Lo que sí es cierto, es que todo fascismo esconde una tóxica depravación, el fascista es una olla a presión llena de complejos (como aquellos nazis jerarcas parafílicos del tercer reich).
Pero además, es que tocarse los codos, los hace parecer aún más subnormales, como si hubiera ahí una seria descoordinación motriz.
Es que siempre se junta culo y mierda, coño.

No soy gris de nacimiento, soy gris por la contaminación humana que me ensució desde que mi madre me escupió por el coño.
La grisentería me aplasta, me hace mierda, solo he podido salvar los ojos; porque tanta lágrima de frustración limpia quieras que no.
Por lo demás, si lloviera mierda, no me extrañaría.

¿Qué ocurre cuando en un sitio detestable y pútrido se encuentra quien amas? Todo se pudre, se rompe y descompone. Es inevitable. No se puede desarrollar nada bueno en un mal lugar.

También somos la tierra que pisamos.
Los detalles son muy importantes, los detalles pueden estropearlo todo.
Y cuando has disfrutado de la soledad, ya no hay vuelta atrás a la piedad. Te has hecho fuerte y egoísta. El tiempo importa tanto como los detalles, aprendes a deshacerte rápidamente de lo que ha dejado de gustarte o lo que no te gustó nunca y debías soportar porque no había otra salida; y eso incluye personas.
No puedes, no debes perder el tiempo en cosas ingratas; no más del estrictamente necesario para la supervivencia.
Humíllate y piensa que llegará el momento de saldar cuentas.
También está la opción de adaptarse, de sonreír al mal tiempo.
Yo no me adapto, no me doblego.
Hay personas y animales que han muerto y he resistido. Puedo soportar cualquier ruptura.
Y si no la soporto me jodo.
Yo no soy un viejo afable; ya no voy a pensar en nada bueno a estas alturas.
No reparo errores porque no hay tiempo. Por otra parte, los errores no se pueden reparar, solo se cubren de polvo con el tiempo.
Si queda poco tiempo de vida no es bueno tirarlo en causas perdidas.
Fue bonito mientras duró…
Ahora dicen que soy frío. Que no pensaban que pudiera ser así. Tan, Tan… Y no saben definirme sin un insulto.
Sonrío con decidida vanidad. Ser lo contrario de lo que se esperaba de ti es toda una victoria. Una medalla con cuya aguja, perforo el glande que cabecea inquieto, nervioso, a punto de escupir llevado por mi atávica animalidad.
Bueno… Nadie ha creído de lo que soy capaz hasta que me han puesto a prueba.
Si no puedes con ellos, jamás te unas.
Mándalos a la mierda aunque tengas que comer gusanos, porque no hay nada que te puedan hacer que no te hayan hecho ya.
Y recuerda, estás absolutamente solo, si algo no te gusta quémalo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

(Valga decir respecto al título, que “poder” referido a la política y la economía, como norma general se escribe siempre con “j” inicial; aunque la RAE es permisiva al respecto)

Lo que no acabo de digerir es que para trabajar envasando canicas se solicita título de ingeniería, y para ser presidente o ministro de una nación, bastan unas semanas de trabajo en una granja de cerdos.
Esto explica también que por cada legislatura de cualquier “democracia” del mundo elegida al azar, se desarrollan tres o cuatro crisis económicas.
Que tantísimos millones de lerdos voten a un mismo criador de cerdos, no es preocupante, es consecuencia lógica de una sociedad mentalmente subnormal y porcina, of course (quería lucir mi inglés, soy vanidoso).
La verdad es que si las actuales sociedades siguen creyendo en las supercherías o religiones que se inventaron tres mil años atrás; cualquier criador de cerdos gobernando un país, es lo menos malo de esta civilización que agoniza entre lamentos de adultos infantilizados hasta parecer maricones.

Es que esas tetas son de infarto, y esa cara que ha tenido a bien de no cubrirse con el bozal.
Su actitud soberbia, voluptuosa la hace prácticamente follable aunque tenga que pagar.
Es la virgen María personificada; pero en versión playmate del año del fascismo español del coronavirus (lástima de bozal de la papada, es lo único que objetar).
Y el tarado del articulista o pseudo periodista hablando del estado de alarma fascista y su bofia fascista y sus multas.
Ser idiota, vale; pero además ser maricón ante semejante diosa, es algo que no se puede indultar.
Es que me he enamorado del pibón, en el fondo soy un romántico.

Hay momentos en los que Jade está ida, ausente. Y es tal la potencia de su ancestral pensamiento de licántropo que siento el aire denso y a la vez sereno.
Me fascina Jade Negro, su alma. Su belleza despreocupada.
Jamás le preguntaré que piensa, puedo intuirlo. Y porque no nos gusta que nos lo pregunten.
Tenemos nuestros secretos.
Nunca pensamos en una cosa, siempre hay una vorágine de imágenes, palabras, sonidos y emociones superpuestas. Simplemente están ahí girando, y a veces no podemos quitar la vista de ellas.
Si nos preguntan en que pensamos mentimos, o callamos respondiendo “en nada”.
¡Se le satura la belleza cuando está a solas consigo misma! Su propio silencio la envuelve, la acaricia, la ama…
Escribiendo estas líneas en la libreta, me habla.
–¡Ico!
–Dime Jade.
–¿En qué piensas? –ríe divertida, con astucia.
–¡Puta! –le respondo con toda mi risa, con todo mi cariño.
Y nos reímos los dos.
¡Qué genialidad la de Jade!
Mientras ella lee mis palabras, le preparo un café porque se lo merece.
Más que yo.