Siempre me ha intrigado esa manía, ese deseo desaforado de la especie humana por cantar y bailar.
No creo que haya arte en estas cosas, salvo para algunos y raros genios de tales aficiones. Quiero decir que de modo general se puede decir que cantar y bailar no es una disciplina humanística. Es simplemente instinto. Un largo, aburrido y alcohólico ritual de apareamiento. Salvo en los cantantes y bailarines que cobran una pasta por sus espectáculos, no he visto a nadie que no estuviera borracho cantando y bailando.
Yo no tengo paciencia para tantos preámbulos, me gusta más follar con naturalidad, sin histerias, prejuicios, sobrio y con esposas.
Cuando una tipa le hace un perreo a su macho bailongo, a mi acertada y verdadera forma de ver, pierde un tiempo precioso que podría emplear en hacerle una buena mamada. Porque tras tanto perreo y bailoteo, las mamadas no son tan intensas: las chicas están cansadas y a menudo deben dejar el trabajo para tomar aire. Y dan ganas de “Insert coin” en la oreja tres o cuatro veces para que reanude el ritmo.
Y conste que me gusta la música, pago cada mes rigurosamente mi espotifai para asegurarme de que no aparecerá ni una sola canción reguetonera en mis listas de reproducción. Me preocupa mucho que por un error pudiera sonar alguna de esas deplorables canciones.
Pareciera que por lo aquí expuesto, en las cuestiones del follar pudiera parecer de carácter cerebral, incluso intelectual.
Que nadie se fíe, soy muy sucio. Soy más del chapoteo obsceno, jadeo, insulto y esas lógicas blasfemias al correrme que, de la danza y la musicalidad.
Y no me puedo quejar, afortunadamente hasta la fecha, no he tenido que hacer el ridículo durante horas para follar o hacer madre a una maciza (carita sonriente ruborizada).

El Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus en la universidad.

Si los zombis (los de las películas, no los reales que votan por simple vicio a cualquier imbécil) existieran, celebrarían su día orgulloso. Y en cada película y serie televisiva, al igual que pasa con los maricas, tortilleras, feminazis y transformers; aparecería uno muy gracioso e ingenioso que haría las delicias de los tolerantes idiotas de las redes sociales. Y por supuesto, comerían sesos de tofu, nada animal, claro.

El puto toque de queda marcial catalán sigue instaurado con fuerza por su proverbial fascismo.
La enfermedad es el fascismo, no la libertad.

Imagen  —  Publicado: 1 marzo, 2021 en Chusma, Conclusiones, Lecturas, Reflexiones
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Pareciera que la luna tiene sus días buenos y malos.
Un día aparece serena, flotando suavemente, iluminando las cosas inanimadas fría y tétricamente.
Y otro día parece desgarrarse en una lucha contra las nubes que la quieren asesinar en un desgarro tormentoso por pura maldad.
Y ahí abajo, invisible para el universo, un poca cosa como yo observa con un cigarro y cierto cinismo la gloria y el drama nocturno.
La luna no puede explicarme nada que no sepa yo.
Ni las nubes.
Ni siquiera el universo.
Ni siquiera dios.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Mientras temes niegas las pequeñas ternuras que suceden.
Con el miedo desvaneces las ilusiones.
Y el miedo te roba la fuerza.
El miedo da oídos a charlatanes y mientras mueres, te pudren con promesas y mentiras la vida que te queda.
Por miedo rezas cuando nunca lo haces, el miedo te hace hipócrita.
Y te hace idiota, porque si lo pretendes encuentras mil razones al día para sufrir por miedo.
Si por miedo no vives, no respiras, cavas tu tumba con más rapidez que el sepulturero.
Si no sabes vivir, la muerte la llevas montada en los hombros; morir está a un paso.
Si te apartas por miedo, te apalean por gusto. Porque el miedo te hace mezquino y despreciable a otros ojos.
Si naciste cobarde, cobarde morirás. Simplemente, alguien tenía que decirte las consecuencias de lo que eres, no por aconsejar, solo por meter un dedo en tu llaga y ver como te mortifica.
No puedes morir, no puedes irte sin ser plenamente consciente de tu indignidad.
No es por ti que escribo esto; es por mí, que despreciándote, siento que hago algo de justicia en este error de mundo en el que me escupieron.
Una cosa más, cabestro; si caminas en naturaleza con el bozal en el hocico, ten la decencia y dignidad de suicidarte, o morir lo más pronto posible. Y mientras alguna de esas dos cosas ocurre, no te reproduzcas, no dejes que tu genética y su cobardía trascienda más allá de ti; no más de lo que lo hayas hecho hasta ahora ensuciando generaciones.
Y ahora sigue, ve y teme.
Y muere pronto.

Iconoclasta

Si fuera vampiro jamás mordería a nadie para beberme su sangre. Usaría un serrucho o una navaja para rajarle el cuello y recoger la sangre en un termo; a las mujeres me las follaría enseguida, antes de que se enfriaran; no me acaba de convencer el carpaccio y su proverbial frialdad. Y SOLO mujeres, yo no soy un vampiro maricón como el Banderas en Entrevista con el vampiro.
En definitiva, YO no convertiría a nadie.
Más de un vampiro en el mundo sería adocenamiento. Y si la exclusividad tiene el precio de la soledad, para eso creó Dios la masturbación. Y también el puto ajo, el puto crucifijo y la cochina estaca de madera; para algo bueno que hizo con las pajas, tuvo que joderlo todo con lo demás, hijo de puta…

Dicen con cierto orgullo (los que llevan uno) que lo mismo da la hora un reloj de veinte euros que uno de miles. Pero no es una cuestión de tiempo, es el eczema que me provoca el de veinte.
Y su tristeza.
Ocurre como con la sórdida experiencia de verse obligado a escribir con un bolígrafo bic.

– ¿Alguna vez has visto a Dios?
–No me jodas, cabrón. Quiero pasar desapercibido.
–Eres un borde.
–Y tú un rencoroso. La culpa fue tuya y de tu parienta. Mira que había manzanos en el paraíso y tuvisteis que comer de aquel.
– ¡Joder! Es que hiciste a Eva muy puta. Antes de morder la manzana, ya le había hecho una mamada a tu angelito disidente. ¡Coño! Cuando la mordí me di cuenta, la guarra ni se había limpiado la boca.

Hay algo obsceno como pocas cosas en esta sociedad. Obsceno en cuanto a que denigra a los humanos de corral que exhiben frente a él sin pudor su estulticia e indignidad.
Es el televisor.
Y las familias reunidas frente a él durante la comidas y cenas atendiendo sus decretos y abusos son una vergüenza; algo que produce el súbito deseo de incinerarlos con napalm y lanzallamas mientras respiran con la boca abierta.
Son millones de familias masticando vorazmente junto con su pienso, las mentiras y pánicos que les introducen en su mente meramente funcional a través de sus ojos fijos en la pantalla. Son auténticos chimpancés en una jaula cuyo domador los adiestra a través de una cámara de circuito cerrado.
Es fascinante en su obscenidad y repugnancia observar de qué manera el fascismo gobernante, les inculca sus órdenes y decretos de prisión y sumisión bovina sin ninguna resistencia por parte de los monos.
El televisor es el consolador del gobierno, un consolador remoto que se mete en los anos y vaginas de los chimpancés que jadean, sin saber por qué, escupiendo trocitos de comida. Luego confundidos, algunos padres harán madres a sus hijas.
Y así siempre.
Y así amén.
Una buena ración diaria de mentiras con sabor a mierda y de postre endogamia incestuosa exprés es la programación diaria, un menú para miles de millones de reses humanas.
Una vez les dijeron que la libertad era enfermedad (“la libertad es covid 19”). Una mentira que les secó el cerebro; ahora solo pueden obedecer como monos vestidos de hombres y mujeres en la pista del Gran Circo Fascista.