Las manifestaciones me sudan la polla, es el puto mensaje de la podrida legalidad del fascismo español que dice que la dictadura, su represión, su acoso, su encarcelamiento, su ruina, su oscurantismo, su estafa, su cobardía y su mezquindad, son parte de la salud pública; un derecho de mierda. Cualquier tipo de libertad es infección y enfermedad, dice el tribunal supremo. Como si no fuera una podrida mentira hija de puta de bocas corruptas. España está podrida no solo en sus cimientos, la podredumbre nace de arriba y se extiende hacia abajo como un cáncer.
Si para obtener el don de la invisibilidad la humanidad debe quedarse ciega, que así sea. Me fascina ese poder y la impunidad que conlleva. Uno ha de luchar ilusionado para hacer realidad sus sueños. Los políticos, jueces, sacerdotes, militares y policías son infinitamente más crueles que yo: a la ceguera le suman ruina, tortura y esclavitud.
Estaba cantado, el fascismo español ha probado como el cerdo la sangre, y ya no puede dejar de reprimir, acosar, sancionar, encarcelar, arruinar y humillar a sus habitantes. Ahora que se acercan las vacaciones de semana santa, se pueden lucir jodiendo más a la gente. Con especial hincapié el gobierno cacique catalán el más talibán del fascismo español, el que no suelta el toque de queda por nada del mundo. Así que se han inventado otra nueva tasa de reproducción para crear otra ola más de contagios con la que sentirse en el nombre de Dios, protectores y salvadores de las vidas de sus cobardes votantes y habitantes. Es repugnante. Es ya una guerra declarada contra las libertades individuales más básicas, incluso el franquismo se ha quedado corto en su fiereza comparado con el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus. Se pueden meter un cilicio por el culo los fascistas rezando a su Covid 19 para que los mantenga impunes durante décadas en sus taifas y poltronas.
No existe nada tan fervorosamente religioso como soy yo ante ti. Y dentro de ti. Soy monoteísta y ti me debo. Eres mi tótem, mi cruz, mi aire y el fuego donde ardo en sacrificio a tu coño bendito por los siglos de los siglos. Ni quiero ni me apetece adorar ídolos, porque cualquier dios es una figurita amasada con mentiras e ignominias. Soy absolutamente ajeno a los Diez Excrementos. Ningún dios ha prometido jamás en la vida un paraíso como tú lo eres. Diosa y paraíso… Se podría decir que pagas por adelantado y comulgo con el miembro henchido de sangre. No es sacrificio cruento, es cremoso y cálido. En tu cuerpo no hay un solo rincón de infierno. Llevo la condenación, el estigma del obsceno amor a mi divinidad; mi semen brota sorpresivamente, como una meada que no se puede retener, sin tocarme. Solo con pensarte se me escapa un gemido imposible de contener y en mis calzoncillos la hirviente leche se enfriará lentamente hasta la siguiente e incontenida lefa. Metértela es mi bucle temporal, soy un moderno y cremoso condenado eterno. Todas estas venas palpitantes aquí abajo… Duelen, cielo. Mi Diosa, mi Paraíso.
Y ya están pensando en el excitante fetichismo de Semana Santa, de encerrar, acosar y coartar todo tipo de libertades los dos Caudillos de España, sus secuaces y sus caciques autonómicos. Es pura viagra la represión, abuso y ruina para los que forman el gobierno del Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus.
Si estás lejos de todo y eres capaz de mantener la entereza en la oscuridad hasta dudar de tu existencia, sin que importen los sonidos que como acechos te llegan cercanos de lo oscuro; adquieres la dimensión de lo irreal. Y nada te impide ya imaginar cómo es la muerte y serlo; aunque sea para ti mismo, pero si no existes ya, qué más da. Un jabalí con sus movimientos nerviosos agita ruidosamente la vegetación en algún lugar, oscuridad arriba. ¿Cree que soy la muerte? ¿O teme que la oscuridad que me ha comido lo devore a él? ¿Qué ocurrirá cuando llegue a la luz? ¿Tendré una guadaña en mis manos y haré el trabajo que me corresponde? Aunque temo que seré la misma mediocridad que la luz desenmascara todos los amaneceres. Me quedaré aquí no existiendo, que el jabalí me tema. No tengo otra cosa que hacer. Me siento irrealmente poderoso. Bye, vida.
Ya está cantado, el cambio al fascismo más radical y opresivo de las democracias occidentales marcha a toda máquina. Todo el engaño, la parafernalia teatral y los meses de represión, acoso y prisión a la población por una gripe llamada coronavirus o la covid 19 y los asesinatos cometidos (genocidios por negar asistencia médica a los enfermos graves con el pretexto de su covid 19) por los gobiernos del coronavirus para inspirar terror en sus rebaños; ha dado su primer fruto: el pasaporte sanitario, la cartilla veterinaria para personas. Me pregunto si será verde como la de los perros para viajar. Si alguien ha acudido a votar últimamente es hora de que se sienta idiota por el tiempo que ha perdido. Porque es la única libertad que le queda, ver venir al monstruo del fascismo arrollándolo todo, cubriendo con mierda cualquier libertad individual. Y lo próximo, será implantar el chip a cada niño que nazca y a cada viejo antes de morir. Que nadie se piense que esto quedará así, tienen aún mucha gente a quien asesinar y someter. No hay teoría de la conspiración porque no es teoría. No para personas con un nivel intelectual medio y con cierta y natural independencia del rebaño y de ideologías fascistas, sean comunistas o nacionalsocialistas que pretenden acabar con cualquier tipo de libertad que los borregos pudieran tener dentro de su cercado. Los excrementos que durante siglos han corrido bajo las calles de las ciudades, han sido el caldo de cultivo de esta nueva ola fascista que se ha alimentado de esa mierda para instaurar sus dictaduras, nunca mejor dicho, infecciosas.