La dictadura española instaurada con el pretexto del coronavirus está llegando al límite de la paranoia, el ridículo y el fascismo criminal como el estalinista o actual chino; peligrosamente tóxico para la salud de sus pusilánimes y aborregados pobladores. Su decreto de “mascarillas para siempre” es de una hijoputez recaudadora, represora y mezquina como no se había conocido desde la Inquisición española. Los Caudillos Sánchez e Iglesias no pueden vivir sin arrollar libertades, ya se han viciado y apoltronado en sus decretos como garrapatas a la piel de los jabalíes. Al final acabarán como el repugnante Mussolini y familia. Puto Régimen Español…
El amor en descomposición camina despacio y torpemente buscando un corazón que devorar, gimiendo sin dolor; es solo un engaño para apenar y emocionar a sus presas. Es un zombi. Con el rostro hecho jirones, de sus labios escapa un vómito que arrastra un labial tóxico. Como ponzoñosas son sus mentiras. Y sus pechos cuelgan pesados de mentiras y fracasos dejando gotear un pus maloliente para amamantar bebés muertos. Sus cojones están amoratados como pequeñas bolsas llenas de mierda. Sus penes son trozos de carne que se balancean pequeña e indignamente. Los amores falsos se convierten en cadáveres corruptos hambrientos de un sosiego que no existe para ellos. Buscan un alimento que nunca saciará su hambre por mucho que lo comieran. Sus genitales están infectados y devoran el placer para dejar un nicho de podredumbre que acabará con toda posibilidad de reproducción. Bailan en salas de baile mediocres dejando caer sus trozos de carne podrida que otros zombis lamen hambrientos. Zombi come a zombi. Sus dedos sin uñas buscan frenéticamente los puntos de placer en el sexo para erradicarlos por amputación y así, consolar su frustración por la incapacidad de gozar y saciar sus descompuestos y corruptos deseos que sus cuerpos tontos y corruptos no pueden sentir. Los amores zombis son una masa amorfa de envidias. Hay que alejarse o calcinarlo, porque el amor zombi contagia con un simple escupitajo. El engaño hace de los amantes cadáveres vivientes. Borrachos, seres ebrios que follan cualquier agujero o se meten cualquier polla. Por ello mutan en seres de alientos rancios que no saben si eyaculan u orinan. El amor zombi es una amorstruosidad, una mutación que se consume a si misma en el aparente sosiego de un día luminoso, canturreando canciones de las que quisieran ser protagonistas y no los ridículos personajes de su propia mala película. Sus mandíbulas se abren y cierran mascando una ambición para la que no tienen medios éticos y mentales para cumplir. Sus mamadas no dan placer, solo molestan y no tienen final feliz. Se les escapa el semen sin ningún tipo de alegría. Lo beben con asco contenido para demostrar que son magníficos actores porno. Mienten con destellos de dientes podridos con una torpe y ridícula sensualidad. Luce una vagina demasiado dilatada, ennegrecida y encallecida de tanta carne que devora con su apetito torpe e insaciable. Es un glande con un chancro purulento que provoca una comezón indigna. Los amores zombis no saben follar, solo se mueven tratando de conjurar un placer que no llegará jamás.
Desde este lugar angosto, oscuro, sórdido y absolutamente anodino, es donde perpetro todas mis agresiones literarias contra la humanidad y los actos sexuales que podría cometer sino fuera tan lelo y tan cojo. El ordenador es de juguete al igual que el teléfono (comprado en un bazar chino). Carezco de medios económicos para acceder al cochino mundo de la informática. El espejo es real porque va incluido con el alquiler del piso. (Por inbox, si estáis interesadas/os, os pasaré el número de cuenta bancaria para que me ingreséis dinero de una forma absolutamente desinteresada y yo os daré las gracias y una dedicatoria en mi próxima diarrea mental). Tengo multitud de cosas inservibles que hacen que no pueda concentrarme como es debido a la hora de reflexionar. En las cuestiones más metafísicas siempre acabo con el pensamiento disperso cuando me deja bizco la gran cantidad de desperdicios que, aunque convenientemente organizados, no tienen razón digna alguna de ocupar espacio. Incluso me lo aplico a mí mismo porque soy así de chulo e intolerante con todos por igual. Y por hoy ya he dicho demasiadas estupideces. Desde el locutorio de internet del moro de la esquina, un abrazo.
Porque ningún experto de mierda en coronavirus, ni la doctrinal y prostituta televisión española me dice a quién y a quién no debo abrazar. Ni dónde ni cómo. Hago lo que me sale de la polla y los consejos e instrucciones que se los metan por el culo; junto con las mascarillas para cabestros.
Los peores y más mortíferos microbios se desarrollan en España, ya que, la población es tan débil y pusilánime que encuentran el hábitat perfecto para reproducirse, engordar y evolucionar. En España los virus tienen un tamaño cinco veces superior a los italianos, los franceses o los alemanes. Son auténticos perdigones, por eso matan tanto. España no es diferente, es ignorante y por tanto cobarde. No tardará mucho para que los íberos se dediquen de nuevo a quemar brujas. No solo se trata de una sociedad decadente; es una sociedad degenerada que aún cree estar entre los países más democráticos de Europa. Ningún camello ve su propia giba. Actualmente, si eres español y te preguntan por la nacionalidad, mejor carraspea.
El Caudillo del Régimen Fascista Español Pedro Sánchez ha decretado un nuevo estado de caridad en lugar de preocuparse por crear trabajo. Ha instaurado un nuevo decreto contra la libertad y la salud con la imposición de las mascarillas. Y no le temblará su fascista mano para meter en campos de concentración a los que muestren síntomas de coronavirus. Es el resumen de su última homilía de mierda. Es repugnante, tanto como la cobardía.
Estoy debajo de un puente mientras llueve. Entre montañas y seres vivos que no son humanos. Son instantes que se viven cada mucho tiempo. Instantes de una belleza indescriptible. Un lujo que no puedes gozar si no estás en el lugar adecuado, o no tienes el valor y la entereza para vivir momentos de intensa soledad y frío. Hay pájaros que cantan sin miedo y árboles que rugen eufóricos con las rachas de viento que intentan tumbarlos. Y de vez en cuando el cielo se ilumina con un rayo y el trueno llega sacudiendo la tierra y erizando los vellos de la piel. Tengo suerte de ser lo que soy, me siento orgulloso de mi fracaso social y de mi absoluto triunfo en el individualismo y total autonomía. No importa la ropa mojada o la piel fría, importa estar allá, ser con la naturaleza por dura que pudiera ser. Ni amo ni dios, ni miedo ni pudor. Si hay que morir se muere, coño. Y si puedes escribir y describir el momento íntimo entre el planeta y tú, ya no necesitas conocer nada más. Porque todo lo demás es más de lo mismo, artificial e hipócrita.
El Régimen Español de los Caudillos Sánchez e Iglesias, con el cuento del coronavirus acabará con el cine. ¿Habrá borregos que se metan en el cine a ver una película de dos horas con un bozal, con la mascarilla? Seguramente que sí, porque será novedoso para ellos. Yo no pasaré esa humillación por mucho que me gusta el cine. Y eso quiere decir que el cine y sus puestos de trabajo, también se van a la mierda. El cobarde fascismo español arrasa con todo lo que se pone en su camino. Con la ignorancia tan propia de los endogámicos. O se declara una guerra civil o España se extinguirá en su propia cobardía.
La única libertad que los Caudillos Sánchez e Iglesias van a conceder a las comunidades autónomas, es la de multar sin control a todo aquel español o residente en España que no lleve puesta la puta mascarilla, una auténtica trampa para la salud (siempre y cuando no sea un delincuente, porque en el fascismo español, los delincuentes tienen bufet libre). Hay muchísimos borregos que han vivido emocionados, acobardados y servilmente obedientes a las doctrinas del Régimen Español durante el encarcelamiento (confinamiento represivo policial), durante meses de pánico y sintiéndose a salvo en sus casas; y ahora que pueden salir de sus cárceles, llevan la mascarilla como si les fuera la vida en ello. Las mascarillas evitan que respiremos los necesarios nutrientes, minerales y microorganismos necesarios para la salud; y obligan a respirar un aire enrarecido, el CO2 expulsado en la mascarilla vuelve a ser respirado. Algo ideal para que las infecciones ataquen al organismo y de una forma más virulenta. Con un poco de sentido común, cualquier lerdo que haya tenido la costumbre de leer sabe estas cosas. Sin embargo, los Caudillos Sánchez e Iglesias no quieren dejar sus sillones de emperadores del reino y buscan la enfermedad de la población para seguir ejerciendo su despotismo con la aprobación de la ignorante, cobarde, endogámica y decadente sociedad española que acostumbra a votar mierda.
España, su gobierno golpista fascista liderado por los Caudillos Sánchez e Iglesias y la cobardía de su sociedad decadente y endogámica; a pesar de la férrea represión y encarcelamiento de la población, ha sido uno de los primeros países con más muertes por índice demográfico. La cobardía y paralización por pánico del gobierno y su población, ha servido para crear un ambiente tóxico y unos habitantes débiles y enfermizos por el prolongado encarcelamiento domiciliario. Han conseguido crear un coronavirus más activo y peligroso, gracias a ese miedo paranoico, enfermizo e indigno de los españoles y los dictadores a los que les votaron. La tiránica cobardía española, ha batido récord Guinness en insalubridad y mezquindad.