El fin de mi mundo está a dos mil metros de altitud en invierno. Es allí fin donde se congelará la escasa sangre que corre por la pierna que vendí al diablo y rojos hielos de sangre se clavarán en el corazón como las hirientes y gélidas miradas de los amores muertos. Se acerca el momento de saldar cuentas. Mefistófeles es un buen tipo, ha cumplido. Y el ponzoñoso tumor que palpita en el hueso, se agita incómodo en la médula porque él no pactó nada. Que se joda. Memento mori… ¿Cómo será?
Justo lo que yo decía, la corrupta Generalitat (gobierno) de Cataluña y el corrupto ayuntamiento de Barcelona, se dedican a multar juguetes (patinetes) y permiten los asentamientos gitanos y la creación de vertederos de mierda en pleno centro de Barcelona permitiendo que jodan a los vecinos, comercios y transportes. Seguramente los gitanos acampados (que de una forma divertida se hacen llamar estudiantes) serán los hijos de los corruptos ediles y consellers catalanes. Vaya tela… ¡Qué viva México! Ya se escuchan corridos catalanes loando a los corruptos que crean vertederos y ejercen su usurera represión. Es divertido imaginar a auténticos narcos con barretinas y lacitos amarillos. La violencia es cada día más necesaria y esperanzadora.
El mundo se
distorsiona en función del grosor del hielo que se forma en los ojos por las
lágrimas al congelarse, son cosas de la temperatura que aunque sean simples y
lógicas, cuando te las cuento adquieren un hermoso aire trágico.
No estoy loco,
solo un poco triste de melancolía cuando pienso en tu calidez.
Te diría
caminando cogidos de la mano, tranquilamente como aviones a reacción (me
encantan las estelas de vaho que exhalamos en el aire frío), que por muchas
distorsiones y refracciones que causen mis lágrimas con la luz, todo lo humano
conserva con desesperante definición su mediocridad atávica cuando vago solo.
Sé que puede
parecer repetitivo; pero… Si no te lo cuento a ti ¿a quién, cielo?
Pensarte me da
paz y cobijo. Tu existencia me da un lugar higiénico cuando la vulgaridad me
asfixia.
Estoy amargado a
conciencia, alimento mis frustraciones y tristezas para no encajar entre ellos,
entre los humanos. Una rebeldía inútil; pero absolutamente digna aunque me
joda.
Solo necesito
estar en ti, dentro de tu cuerpo, con las almas mezcladas en volutas que danzan
perezosamente ingrávidas alrededor de los cuerpos jadeantes.
Porque el día que
sienta que pertenezco a esta sociedad ya no seré digno de ti.
Sería terrible,
amor.
Que no te preocupen mis lágrimas congeladas, son mi volición, mi necesidad de ti.
Como si no existiera violencia, robo, vandalismo, fallos de transporte, suciedad y precariedad de la vivienda; el ayuntamiento de Barcelona se dedica a trabajos más amables, menos peligrosos y más recaudatorios como multar juguetes como patinetes y con el tiempo, a los playmobil también. Se dice despectivamente que España es diferente; pero Barcelona con este ayuntamiento usurero y su dejadez de obligaciones, no es diferente; es simplemente corrupto e inoperante, al más puro estilo mexicano.
La vida no
es un río, es un despeñadero hiriente que te rompe los huesos y el ánimo con
cada piedra, en cada recodo.
Un torrente
que tiene más piedras que agua, más turbidez que nitidez, más miedo que alegría
y más muerte que vida.
No puedo entender porque la espuma que se forma al estrellarse el agua contra las rocas, pueda ser blanca. Debería ser roja de sangre y negra de muerte.
Y sin
embargo, tú estás ahí, bella y deseable en algún lugar para que todo el dolor
valga la pena.
No quiero
encontrarte y sonreírte así de roto, quiero tu abrazo, tu consuelo antes de que
sea un despojo arrastrado al mar.
A veces me siento así, triste de una forma desesperada.
Fumo y observo
las nubes bajar y cubrir los altos bosques, haciendo fascinantes espectros de
los árboles. He escuchado como el sonido se retira, se esconde en lo más profundo
del bosque, bajo las otoñales hojas muertas. Como si se inclinara el rumor del bosque
ante la aparición de sus majestades.
Como si todos los
seres contuvieran la respiración, así se crea el silencio cuando las nubes
bajan al bosque.
Como yo la
contengo ahora consumiéndose el cigarrillo entre mis viejos dedos.
No hacen daño sus
ilustrísimas; pero me hacen demasiado pequeño. Como si fueran maestras de viejas
escuelas rancias que ordenan silencio con el semblante grave y fiero de aquellos
maestros perros.
Solo que las nubes
son mucho más hermosas y son amadas. A pesar de que al cubrirme me convierten
en un ser más que habita la fronda y sinceramente, me siento mucho más indefenso
que los animales que callan y apenas respiran.
Salvo los
escandalosos cuervos, negros y graciosos ácratas…
El tiempo ha
pasado en un suspiro contenido y cuando he llegado a casa, he visto en el televisor
a los mismos patéticos de siempre, empleando y prostituyendo su tiempo quemando
papeles y mierda por orden de sus amos, gritando como putas y maricones
enceladas, con alaridos tóxicos escupen la rabia de que no les han regalado el país
de Nunca Jamás. Gritando para esconder el ridículo de una ingenuidad infantil
en rostros adultos. La vergüenza de ser adultos torpes, crédulos, decadentes…
He vomitado en el
instante que apagaba el televisor y deseado que Barcelona fuera cubierta por
sus majestades las nubes y que fueran venenosas. Que mataran
indiscriminadamente a cientos de miles de seres porque imbecilidad y fanatismo solo
con dolor y muerte se erradican. Porque lo que está podrido debe derribarse o
quemarse y hacer algo nuevo tras haber barrido escombros, cenizas y esqueletos.
En un tiempo de gritos
y llantos por libertades y paz pueriles, indignas de adultos, yo mascullo cosas
de violencia, dolor y muerte.
Alguien tenía que
hacer el trabajo sucio y desear que a tantos se les pudriera el corazón envueltos
en mis nubes queridas.
Nubes, ahora sí,
de justicia verdadera.
Me da miedo seguir imaginando y caer también en una imbécil ingenuidad, he de ser cuidadoso si no quiero morir indigno.
El viejo tira arroz a los pies de los polis pensando que son recién casados. Este ha confundido la noche de Halloween con un bodorrio. O eso, o los ha confundido con palomas. No jodas, pobre hombre… Están ya tan acelerados los indepas catalanes que incluso meten a gente enferma de Alzheimer en sus verbenas ruidosas. ¡Qué risa! ¡Qué vivan los novios y olé! (foto de La Vanguardia, 31-10-2019)