Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

Amarte no me hace mejor ni peor persona, es algo que no considero.
Simplemente me hace voraz.
Un depredador rastreando tu pensamiento y tu coño, porque en ambos resido yo.
Tal vez, si te poseo, me tendré a mí, me encontraré.
Tal vez…
Porque sé que cuando esté dentro de ti, no me buscaré, ni sabré que existo.
Clavado en ti.
Fundido en ti.
Soy voraz y huelo el aire buscando tu rastro.

Nadie muere de un exceso de sentimiento. Nadie cae enfermo por usar el “alma”.
Quien muere “por amor”, es porque no ha leído la etiqueta del bonito y decorativo frasco de veneno.
Al fin y al cabo, el deseo, el amor, el odio y la lucha son adrenalinas que mantienen el corazón en funcionamiento.
Solo el autoengaño y la autocomplacencia (no me refiero a la masturbación) son venenosos.

Ambiciosos enfermos cuyas bocas escupen temblonamente obscenas las mentiras que dicta su paranoia embustera de poder y dinero ante la chusma.
Sus desvaríos hipócritas de perfecciones y paraísos que solo son para ellos en el mejor de los casos.
La chusma venera a los charlatanes y los aplaude porque, al fin y al cabo, una serpiente no envenena otra serpiente.
Y es que una mierda frente al espejo refleja una mierda.

Soy la montaña que jamás alcanzará la nube. No llegaré a ti por mucho que lo desee, por mucho que luche para desgajarme de la tierra y ascender a ti.
Ese limbo azul es infranqueable.
Eres mi nube hermosa que pasa inalcanzable mirándome con triste amor.
Soy la tragedia de un lugar y un tiempo que no son míos, un extraño suceso que ocurre lejos de ti.
Mi cielo amado, mi cielo deseado.
Es imposible sustraerse a la verdad que el planeta proclama cada vez que te envío un beso y mi deseo mirando al cielo.
La tristeza mina mi ánimo y siento la derrota como el balance de toda de mi vida.
No es una rendición amor, solo afronto un hecho como puedo.
A veces estoy tan cansado, que no me es posible mentirte con más sueños.
Solo soy un accidente en la corteza de la tierra que tuvo una osadía de amar lo que no le correspondía.
Lo siento, lo siento, lo siento…

Amber Valletta

En Telegramas de Iconoclasta.

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La Nebulosa de la Muerte

¿Sería así si una nebulosa galaxia tragara La Tierra?
¿Así sería minutos antes de que la vida se extinguiera y los restos de Dios flotaran como un polen negro junto con sus creaciones envenenadas y dientes en suspensión?
Sería un magnífico y mágico espectáculo. Una muerte preciosa…
Una hermosa extinción galáctica y nebulosa que barriera toda mediocridad vivida.
Pura redención.

Frías melancolías

Llega la fría noche y es un privilegio estar con los bancos vacíos en la solitaria calle. No tener a nadie a mi lado, sino dentro de mi pensamiento y ahí, a salvo del frío y soledades tristes.
Le diría en silencio que quisiera ser ese árbol, que no necesito pensar, no necesito moverme. Me conformo con recortarme contra cielos oscuros y claros y que mis ramas secas sean saludo o despedida.
Una cortesía nostálgica no puede hacer daño.
He caminado demasiado y los huesos duelen, aunque aún puedo aguantar más dolor, eso no me preocupa. He pensado demasiado y los sesos se han irritado. He escrito tanto que, mis dedos escriben sin cesar cosas en el aire. Aunque no quiera.
Me preocupan los años perdidos en los que no formé parte de la belleza melancólica de un solitario anochecer de invierno.
Me hace pensar que es tarde, que no soy árbol y que muero en ese mismo instante. Tal vez porque siento el dolor de los dedos fríos, como las ramas desnudas del árbol parecen crisparse ante el mordiente aire.
Está bien, he vivido suficiente y he hecho lo que debía. Y así, cualquier momento es bueno para morir.
Pero a ella no le digo esto último, es demasiado triste; por bello que sea.
La beso en mi pensamiento y hace un mohín de cariño que acaricia mi corazón. Y conjuro así con ella, la tristeza vital de la certeza profunda.
Evoco el himno del silencio y bailamos juntos bajo este cielo y en esta soledad, al son de una trompeta muda y fría.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Odio y putas

El peor tomento de odiar, es saber que las cosas y seres que aborreces, aún están o respiran.
Una vez que han sido destruidas o matados, el odio se hace amable; como una entrañable sonrisa malévola que no molesta.
¿Quién dice que no se puede vivir odiando? Hay perros nazis muertos que llegaron a nonagenarios, felices como mierda en bote.
El odio es uno de los más importantes alicientes para vivir.
El amor tan solo mantiene poblado el planeta.
Por lo cual, invertir en putas es serenidad.

Las horas todas

Las horas huecas,
las necesidades y su insatisfacción.

Las horas vanas,
las del agotamiento sin fruto.

Las horas temibles,
las de la angustia y el dolor.

Las horas negras,
de muerte y necrosis del ánimo y la carne.

Las horas-sueños,
las de la intensidad, la locura y la vida deshebrada como carne hervida.

La hora inquietante,
cuando el espejo mudo mira tu rostro y cuenta las horas pasadas.
Y las pocas que restan con pestañeos tristes.

Las horas tiernas,
en las que acaricias sus deditos y tratas de imaginar su vida, pensando: “tan pequeño…”.

Las horas cáncer,
que se hacen tumores nacarados con hastío y crean metástasis hasta en la sonrisa.

La hora aciaga,
cuando sabes que se aproxima lo inevitable y es malo.

Las horas repugnantes,
cuando la envidia ajena se cierne pesada en tus cejas diciéndote que no es posible, que no es bueno, que no te creas especial.

Las horas felices,
cuando el odio hace fantasías de sangre y violencia, de cuerpos destrozados por una justicia salvaje. Y observas jadeando un reloj con ojos enrojecidos.

Las horas del amor,
que no son horas, son segundos vertiginosos que se precipitan por acantilados afilados.

Las horas tristes,
las del llanto inevitable, bajo la luz que me delata ante mí mismo y me avergüenza sin piedad.

Las horas íntimas,
donde el pensamiento parece hablar potente en los tímpanos y el tiempo carece de importancia.

Y hay un segundo…
El segundo lácteo,
el trallazo explosivo que se escurre blanco rezumando desde lo más íntimo de sus muslos hermosos y fascinantes.
Aunque no justifica las horas todas.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.