Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

Venganza de amor

Te joderé en todas direcciones, en todos los sentidos.
Con todos ellos.
Por amor.
Y por venganza: me has arrebatado la voluntad y has usurpado mi pensamiento. Todo eres tú, como una diosa omnipresente.
Omnipenetrable…
Haré añicos tu voluntad atando tus piernas abiertas a la cama lamiendo tus ingles tensas, como un ser diabólico y reptante de la oscuridad.
Llegaré a ti y dentro de ti. Colapsaré tu pensamiento a través de tu coño.
Con lengua, dedos y mi pene hemorrágico de blanca sangre bombeando impune e imparable en tu coño posesor.
Serás poseída por dentro y por fuera.
No habrá exorcismo que te libere de mí. No habrá agua bendita para combatir mi leche ardiente derramándose dentro de ti, en tu maldito útero.
El amor y la venganza son mis únicas opciones ante tu bestial presencia.
Mi única defensa.
Mi puro deseo.
No imaginas lo diabólicamente que te amo.
Eres responsable de la pagana y despiadada identidad que has hecho de mí.
Y has de pagar por ello.

OLIVIA WILDE

En Telegramas de Iconoclasta.

Pinche suerte

¿Es todo un increíble error casual o es un acto premeditado de un ser creador negligente?
Es un error, porque si un ser creador es capaz de cometer tantas sandeces y dejar respirar a tanto imbécil; quiere decir que es un deficiente mental. Cosa que es imposible ante la idea de un creador todopoderoso.
Y omnipresente como el puto Gran Hermano.
El hombre simplemente es un error del planeta, de la naturaleza.
Un animal que por una mala combinación química, evolucionó. De la misma forma que a otras especies les han dado matarile.
Las eras geológicas son enormes, es una escala de tiempo que hace milisegundos de una vida humana.
Veo algo esperanzador en ello: la extinción del ser humano no se retrasa; ocurrirá en el momento preciso.
Es un esperanza forzada, soy impaciente.
Y me jode no estar presente para la gran fiesta, cuando el último humano desaparezca de la faz de la tierra.
Es que siempre me tengo que perder lo mejor.
Pinche suerte…

victoria-zdrok

En Telegramas de Iconoclasta.

idiotas-cigarrillos-y-paciencia
Febrero 2017, Ripoll. En algún lugar de la Ruta del Hierro.
Dejo caer la bici contra el respaldo de uno de los bancos de madera que hay en el recorrido del camino que atraviesa las montañas.
De la mochila saco un cigarrillo que fumo con placer. Me gusta fumar, sea bueno o malo. Me la pela.
Un habitual del camino se aproxima caminando a buen ritmo.
Me saluda y con una sonrisa de venenosa cordialidad dice jovial:
– ¡Qué mal vicio!
– Ya -le respondo.
Y mientras se aleja inhalo una buena bocanada de humo, pienso: «Así te mueras, hijo puta. Corre más deprisa y llegarás a tiempo para ver como tu hijo se corre en la boca de tu mujer, envidioso y asqueroso entrometido».
Ya más tranquilo, enciendo otro cigarro para mejorar mi ritmo respiratorio tras la larga marcha que he hecho con la bici.
En la libreta escribo cosas sobre los límites humanos y la necesidad de morir cuando el cuerpo y la mente están agotados. O cuando se conoce todo.
Fumo un tercer cigarro pensando en que morir no es un drama, toso y me levanto del banco para seguir mi camino de vuelta a casa.
No recojo las colillas que he dejado entre mis pies, tal y como aconsejan algunos ciudadanos ejemplares de mierda.
«Así tendrán algo que comer por el camino los idiotas». Pienso con una sonrisa orgullosa por mi hostilidad.
Debo escribir sobre los límites más profundamente, sobre todo, los de la paciencia que temo haber sobrepasado.
Un par de kilómetros más adelante me detengo y leo detenidamente la composición química de mi paquete de cigarrillos. No dice nada del porcentaje de idiotas con el que está manufacturada la mezcla de tabaco.
Posiblemente se trate de una promoción comercial: un par de imbéciles de regalo por cada diez paquetes comprados.
Sigo pedaleando un tanto divertido y un tanto cruel deseando cosas innombrables por pura maldad. Demasiado tiempo vivo…
Dichosos límites.
Puede que aún me quede algo de paciencia; pero que nadie se fie.
Gilipollas…
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

cadaveres-en-mi-piel

Pienso demasiadas veces que soy un cementerio ambulante. Acumulo los cadáveres de los sueños y deseos rotos.
Muertos…
Hay muchos cadáveres en mi piel, en la carne; como quistes.
Y apestan los muy pútridos.
Apesta la vida de una forma insoportable en algunos momentos, en demasiados.
Debería arrancarme la piel para librarme de esa necrosis de la ilusión; pero no es posible sin morir.
Por lo tanto es mejor morir sin dolor que practicar curas tortuosas, que al final me van a matar igual aportando además, dolor a la fetidez de los cadáveres.
Hasta los objetos de escritura se atascan por tanto cadáver. Y la tinta fluye en convulsos borbotones como lo haría el semen del ahorcado.
Si eso pienso de mí, será fácil entender que afirme que este planeta esté habitado por zombis anímicos.
De cualquier forma, la sonrisa de una calavera cadáver es el sarcasmo al que me aferro para salvar la fetidez nuestra de cada día.

mayuko-iwasa

En Telegramas de Iconoclasta.

17-1

Lentamente muere el invierno. Sus hielos se desintegran y la calidez de la luz se impone. El mundo cambiará de nuevo.
Los cambios son movimiento y me tranquiliza.
Lo que se prolonga demasiado acaba siendo hastío.
Hasta las estaciones mueren.
Un «descanse en paz» por el temible helador impío.
Si aún vivo, asistiré a tu resurrección.

optimismo-y-realismo
Alguien podría pensar que la vida es un tesoro.
Bien, depende de que vida.
Los afortunados en su ingenuidad e ignorancia producen grandes dosis de optimismo.
Yo soy más del realismo.
Sinceramente, no soy imbécil.

serena-y-equilibrada

No puedo dejar de pensar en follarte, en imaginar toda clase de obscenidades con tu cuerpo parido para ser cubierto y penetrado hasta el paroxismo; a pesar del cariño y bondad de ese momento mágico en el que compartimos el primer café de la mañana.

Es curiosa la ternura y lujuria que desatas por igual en mí.

Eres perfecta y equilibrada. Justo lo que yo no soy.

Siempre pareces serena, sorbiendo el café, fumando… O metiéndote un plátano en la vagina ante mi mirada animal en el juego más obsceno, arrastrándome a la absoluta irracionalidad de metértela violentamente.

A veces pienso, cuando abres las piernas ofreciendo tu vagina indefensa y desflorada, que tú eres la bestia y yo soy tu presa. Tu objeto.

Y me gusta.

No existe otra forma de vivir que sucumbir ante tu mirada y tus agujeros.

No pierdo el control, me lo arrebatas con tus tetas imponentes.

Chupables…

En las que me he corrido tantas veces salpicando tus labios que gimen temblorosos.

Te meas indecente, hermosa y descarada con una sonrisa. Y acaricio tu coño y el chorro de orina que sale a sorprendente presión.

Provocamos que el sol gire la cara avergonzado al vernos.

Porque somos sórdidos a ojos de los vulgares; pero cada líquido que mana de ti es mi fuente de la vida. Es un hecho, porque sigo respirando a pesar de que tú tienes el control de mí.

Serena y equilibrada, has hecho posesión de mi cuerpo y mi pensamiento.

Serena y equilibrada… Y soy tu presa.

 

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Iconoclasta