Posts etiquetados ‘pornografía’

A menos que seas hermafrodita, no se puede ser puta y cliente. Y si se diera el caso, sería idiota pagarte a ti mismo por una paja o una contorsionista mamada.
Los políticos son prácticos y no se complican con metafísicas sexuales o de “género”: prefieren ser putas y cobrar una pasta fácil a cambio de una mala mamada, desganada, rápida, con condón y seca. De tal forma la hacen desagradable que, consiguen que el cliente pague para que no se la chupe otra vez. Y eso aplicado por millones de clientes (contribuyentes-votantes) al día, hace de unas elecciones o un noticiero un espectáculo porno en vivo de gran audiencia. Un público que al verlo en su móvil, ordenador o televisor da gracias aliviado por no verse obligado a sufrir una de esas infectas felaciones.
La industria del porno en las pseudo democracias del coronavirus es un negocio multimillonario que, dada la corrupción del estado/dios y una población lerda e infantilizada; no sólo por las vacunas que no vacunan, aunque sí por la falta de oxígeno en el cerebro debido al abuso del bozal nazi de la humillación y el silencio (mascarillas en jerga pseudo demócrata); es un negocio rentable y libre de impuestos para la casta aristocrática y corrupta del gobierno. Y además, una pornografía clasificada para todos los públicos, ya que entra dentro de la liturgia pedagógica del fascismo-estalinista homosexual-woke.

No sé si tengo una innata capacidad, una facilidad semántica y sintáctica para ser absolutamente obsceno en mis pensamientos y sus palabras; o es que tú y tus hermosos pezones, tu coño perfecto y tu culo precioso, son los que provocan esta pornográfica verborrea de la que hago alarde sin asomo alguno de pudor.
Más concretamente sin piedad para todos aquellos mediocres capaces de sentir la polla en la boca cuando simplemente la leen.
¿Sabes que tengo el rabo lleno de heridas? Te pienso, te evoco y me agarro al nabo con fuerza, como esas veces que te pido que lo cojas con el puño y me hagas daño, que lo aprietes y lo retuerzas hasta que se me escapa un dolor baboso por entre los labios y se me encogen los cojones del trallazo doloroso. Y tú lo haces con tanta fuerza, mi puta…
Yo mismo podría ser tu Jesucristo, que pide ser crucificado ante ti con la polla tiesa.
Ya sabes lo delicada que es la piel que cubre esas venas por las que circula la sangre y el semen, a veces el organismo se confunde con todo este puto deseo; me has mamado la polla tantas veces, que la has dejado perfectamente tonificada. A veces le hago fotos solo para pensar como tus labios cubren el pijo y sorben…
Bueno, cuando cierro el puño al soñarte, es inevitable que las uñas se claven en la piel con cierto furor y empiezo una frenética masturbación que acaba escupiendo una leche rosada que se queda prendida, aún latente entre los pelos del pubis y los huevos.
La primera vez, por un instante me asusté ante la posibilidad de que tuviera cáncer de cojones; pero vi la piel de la polla en mis uñas y me sentí feliz. Derramé alcohol en ella y rabié, porque cuando siento dolor y grito, es como liberar a la bestia y no hay mayor libertad que ser lo que uno es realmente.
¿Estás segura de que algunas noches no te sientes violada con la presión de algo que te llena el coño mientras te mana una baba espesa por la raja? Y dormida llevas las manos entre los muslos y sin pretenderlo rozas el clítoris que emerge agresivo de tu vulva cremosa, tan erecto para ser aspirado con fuerza rozándolo con los dientes. ¿Recuerdas como aferras mi pelo cuando te como el coño y me obligas a lamer con más fuerza y casi me asfixias? Pues eso, puta…
La presión que tu vagina ejerce en mi rabo herido, hace del joderte algo balsámico que da un mortificante descanso a la desgarrada piel de mi pene que tanto busca tu agujero. Cualquiera de los tres que luces, mi amor, mi puta diosa…
¿Has visto, cielo, con que naturalidad y amor te escribo?
Pues eso, mi hermoso coño, te amo y cada noche te jodo esté o no a tu lado.
Y en tu despertar te imagino húmeda, con el chocho resbaladizo y pegajoso que ha dejado una mancha en la sábana. Y yo lamiendo todo ese caos con la boca en tu llaga divina.
No sé, tal vez alguien pueda decir que esto no es literatura.
Y tendrá razón, porque el único y premeditado fin de mis palabras es joderte, tanto y tan profundamente que el ojo ciego de mi pijo llegue a atisbar tu alma.
¡Psé! Se pueden meter el Nobel en el culo, me suda la polla.
Hasta la próxima follada, mi amada, mi puta.

Iconoclasta

Se escriben reflexiones de lo más ramplonas y aburridas, así como muy buenas y divertidas; sobre el asunto de las mujeres, las feministas y los hombres respecto al asunto de la depilación o rasurado de sobacos, piernas y genitales.
Básicamente me importa una mierda lo que cada cual haga.
Ocurre que como no puedo estar callado, también tengo que decir la mía y como tengo gracia y dominio del lenguaje, entraré a formar parte de la mitología moderna de escritores cerebrales que no se prostituyen por un “me gusta” en las redes “suciales”.
Y por ello digo que mis cojones están limpios, rosados, tiernos y apetecibles porque no tienen un solo vello.
Desde muy pequeño observaba hasta quedar bizco cada naipe de aquella baraja de mujeres desnudas que mi padre guardaba en el cajón de la mesita de noche.
Como me impactó mucho, me preguntaba en mi tierna candidez al ver los sobacos peludos de mi madre, si allí habría también un coño. Mi padre también tenía sobacos peludos; pero como no tenía tetas, carecía de interés alguno para mí.
Luego, con la edad fui subiendo de nivel, sobre todo cuando el puto Franco murió por fin.
Y así la pornografía entró a formar parte de mi vida diaria y cotidiana hasta hoy, en el que felizmente internet regala muy entretenidos videos pornográficos que tienen una utilidad aproximada de veinte, treinta segundos a lo sumo. Una vez he eyaculado, la película porno me aburre hasta el bostezo.
Nunca he tenido conflictos entre masturbarme y follar, da igual el orden.
Y si tenía que ir a trabajar todos los días, ¿qué razón había para que no me la pelara cuantas veces me diera la gana y luego se la metiera a mi santa?
Así que nunca me privo de una buena paja mirando porno lesbiano (es que cuando sale una polla me da asco).
Y como el porno es tan natural en mi quehacer diario y mi pene muy discreto de tamaño, me rasuro los cojones para que la picha parezca más grande.
No hay ninguna cuestión de higiene, es por pura vanidad. Y por otra parte, cuando el semen se desliza calentito por el pubis y los huevos, hay un placer añadido que los que tienen esa araña de pelo afro entre las piernas, desconocen.
Como mi cultura es básicamente pornográfica, adoro los coños rasurados ya que los puedes chupar, lamer, sorber y morder sin que un desagradable vello rizado te provoque una arcada y un vómito.
Además, un coño depilado, hace mi polla también más notoria (que sea efectiva no es consuelo para mí), más grande durante la cúpula. Los vellos restan unos centímetros importantes para mi desmesurada vanidad pornográfica.
Eso es todo lo que me rasuro, no soy un maricón, narcisista o un tonto del culo refinado (o todo junto, que los hay a patadas) que se afeita piernas, brazos, pechos, sobacos y genitales para que sus músculos resalten y se crea que una tía al azar le va a comer el rabo por verlo tan bien depilado.
Si tuvieran algo de cerebro, sabrían que hacer mientras no duermen.
Son tiempos de mierda: mujeres barbudas y bordes, compartiendo espacio con julandrones provincianos sin un solo vello.
A mí, conque la polla luzca bien, me basta. Ya soy suficientemente guapo.
Ya que soy un tanto vergonzoso no aporto una foto de mi pene luciendo en un pubis prístino y diáfano, libre de pelarros. Por otro lado, algún envidioso de mierda censuraría la foto.
Así que dejo aquí como documento gráfico, mi rostro erótico, dulce y trascendente durante el acto masturbatorio o de follar.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

No a la pornografía

Publicado: 30 abril, 2011 en Reflexiones
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Y una mierda, a mí me encanta la pornografía.

Hay un aviso atroz en muchos sitios de pretendida literatura: Se permiten textos eróticos siempre y cuando se guarde el debido respeto y el buen gusto.

¿Quiere decir eso que las pollas y los coños han de dar lo buenos días al entrar? ¿Que las vaginas y los penes tienen que tener sabores y olores delicados?

Dos cuerpos desnudos abrazados entre las flores y las mariposas. Entre querubines sonrientes cogidos de las manitas en un amor sin fin (como no tienen genitales) y los corazones que palpitan al unísono, son auténticos recursos de belleza sin par. Y por lo visto los penes y las vaginas huelen mejor.

Y el semen es más cremoso, no mancha y es más blanco cuando hay lirismo.

Es bonito que te cagas moragas.

Para empezar: sólo hay una literatura erótica y la pornografía sólo es aplicable a la imagen fotográfica pura y dura (nunca mejor dicho).

Los que llaman pornografía a la literatura erótica están confundidos (la ignorancia es algo perdonable). Hay una literatura erótica prosaica y pura y otra lírica (lo que vendría a ser la ciencia ficción del sexo o sexo para niños).

No hay pornografía a menos que el texto vaya adornado de un buen nabo o un buen higo jugoso (obsérvese que he sido lírico y no he escrito polla y coño). Y aún así, deberemos distinguir (si podemos ante el impacto de la imagen), que lo que vemos no es lo mismo que leemos.

Sin embargo, a pesar de toda esa belleza del erotismo lírico, no hay nada como meter los dedos profundamente en su coño, separar sus labios para que su fluido mane y se empape la vulva. Y así llevarme los dedos a la boca para que vea que amo hasta el sabor de su chocho.

Veréis pequeños, olvidaos de pornografía. La literatura no muestra imágenes, sólo nos hace imaginarlas. Y si lo que imagináis es pornografía, no tenéis remedio. Ya que lo mismo da que jodan Adán y Eva con sus hojas de parra cándidas o Linda Lovelace tragando pollas con su clítoris en las cuerdas vocales; porque siempre hay corrida de por medio: semen, leche, esperma, maná divino, etc…

Para los estrechos de mente, para los que no han leído ni entienden lo que es leer e imaginar, seguirá siendo pornografía la literatura erótica que no es lírica.

Cosa que me suda la polla, porque si alguien dice que mis textos son pornográficos, me hace sentir especialmente bien; ya que casi cumplo con el objetivo de la fotografía: ser crudo y descarnado.

Beber del dulce néctar de su divino brote, es lo mismo que correrse en su boca. Es sólo una cuestión de estilos; como pueden ser el aburridísimo y completamente aséptico lirismo; o la más ofensiva pornografía en el erotismo crudo.

Y ambas frases describen lo mismo: una corrida, una acabada, una eyaculación oral.

¿De verdad los seres más sensibles aficionados a la literatura se van a creer que el semen sabe a néctar y mieles y que los coños y penes no huelen y saben a veces a orina? Y el culo a mierda.

Si alguien se ofende con ello, mejor que vea a Pocoyo bailando, que es algo que le hará soltar una lágrima tierna.

No hay hábito de lectura e internet es campo abonado para aquellos que su imaginación está tan limitada y moldeada, que una simple palabra directa sobre los genitales, les hace recordar que el placer viene por donde se mea. Y eso les parece un poco embarazoso.

¿Erotismo o pornografía? Las palabras pollas o coño no son pornográficas, y podrían ser eróticas en su contexto. Y sin embargo, en los lugares que se pide ese respeto mojigato, esas dos palabras se consideran pornográficas. Y más si se lo imaginan en sus propias bocas.

Pues a mí no me molestan esas palabras. Y me gusta que me coma la polla, y me gusta comerme el coño de mi reina.

Puede que los que tienen verdadera suciedad en el cerebro, sean aquellos que buscan la ofensa en una palabra y tal vez sus cerebros son tan sucios, que imaginan aberraciones más allá de lo que el escritor narra.

Vamos a ver si nos aclaramos: a quien le molesta verse el coño o la picha en el espejo, sin duda alguna debería leer literatura erótica lírica.

Insisto: siempre hay un glande eyaculando, un coño baboso y unos labios (vaginales o no) que van a ser regados. Sea tontilírico o sea simplemente erótico.

De verdad, debéis aprender a dejar de leer algo si no os gusta y si os excita no avergonzaros, no hay nadie mirando a vuestros genitales cuando leéis. Y olvidaos de esa hipócrita pregunta ¿Es erótico o pornográfico?

Mejor os preguntáis por vuestra vergüenza, vuestra insana religiosidad. Y sobre todo, por la envida que os corroe cuando alguien se expresa con total libertad y sin prejuicios.

Iconoclasta

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