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Pasear entre las montañas siempre te depara alguna agradable sorpresa.
De vez en cuando te encuentras con un perro que te sorprende: “Hostia puta, es grande como una vaca”.
Pareciera que me mira demasiado fijamente, como un poco hostil y pienso en los capotes, los toreros, banderilleros, picadores y los animalistas. No sé porque, es un perro.
De cualquier forma me digo: “Como me gruña le pego una patada en los huevos al perrito”.
Pero nada, es un buen perro que cuando paso por su lado (el que me deja, es condenadamente grande), ni siquiera me mira. Son tan antipáticos cuando quieren…
Eso sí, es muy buen escalador. Ha desaparecido entre la espesura del bosque y cuesta arriba. A mí no se me hubiera ocurrido subir por ahí por temor a verme cayendo durante horas como Homer Simpson por un precipicio, en uno de sus ya clásicos e imprescindibles episodios de la estupidez y la torpeza.
Este Marlboro me sabe raro…

Hay curas (muy pocos, exóticos más concretamente) que están hartos del neonazismo impuesto con el coronavirus y aún así mantienen un ingenioso e hiriente humor sarcástico.
Está bien que alguno disienta del favoritismo del Vaticano hacia los actuales (es vieja la tradición) líderes nazis que han gobernado sus países con acoso, segregación, humillación, muerte y ruina gracias al coronavirus que, les ha enviado unas tablas de mandamientos fascistas que han exhibido sin rubor pisoteando sus cacareados “estados de derecho” de mierda.

Camina pensando en sus banalidades de prostituta. En un momento dado no sabe dónde se encuentra y mira agitada y angustiada en derredor intentando hallarse en la ciudad.
Tenía el cerebro podrido e incluso lo podía contagiar si eras débil o niño.
A aquella puta le pasó unas cuantas veces. Se colocaba con drogas que conseguía en el trabajo a cambio de una mamada o una mala follada, incluso grupal; su coño era un cóctel de sémenes distintos.
Su boca y su coño eran idiotas.
O son, no sé si aún vive, y lo cierto es que tanto me da que viva o muera. Me la pela.
Solo me revuelco desinhibidamente como un cerdo en el viejo y apestoso barro.
En algún momento me confundió con un asistente social de yonquis.
Pensaba que su coño era una joya irresistible, nunca le dije que olía a excremento. A veces cometo actos de piedad. Es una generosidad propia de los recios.
Y en algún momento le di la patada porque no nací para misionero, soy discreta e infinitamente malo y perverso. Por supuesto, selectivo, mi cerebro no está podrido solo es indecente e indecorosamente eficaz; puedo apreciar cosas si me lo propongo.
Una vez participó en la marcha de las putas; pero claro, no era de esas putas. Las putas no son malas personas por definición, ella sí.
No sabía mamarla; pero le ponía interés. Y si no por arte y profesionalidad, por aburrimiento también te puedes correr, les ocurre a los borrachos; incluso sin que se la chupen.
Me gusta la indecente poética de lo sórdido…
Dicen que uno tiene la vida que se merece. Una mierda, es una puta suerte, una ruleta que reparte premios podridos en mayor o menor medida.
Han confundido el misticismo con la ignorancia y el infantilismo. Ser adulto e ingenuo es lo mismo que ser retrasado mental.
La vida no tiene desperdicio, me refiero a lo literario, a lo sórdido.
Me muevo bien en ello; como el cerdo que he apuntado.
Juego con ventaja, tratar con una puta mala es infinitamente más relajado que salvar la vida.
Y si algo aprendes, o debieras aprender si no eres como la puta del cuento, es que la parte mala de la vida la has de extirpar cuanto antes, es en lo único que no has de reflexionar. Sé veloz e impío arrancándote las putrefacciones, aunque tengas que perder parte de ti.
Porque apenas hayas leído esto, yo podría estar muerto.
O tú.
Yo pretendía ser un escritor de esos atormentados, hechos mierda por los golpes de la vida. Y mira por dónde, que he salido un buen hijo de puta.
Soy la parte de la naturaleza humana que intentan barrer bajo la alfombra.
No me quejo.
Me gusta, qué cojones.
Prefiero ser odiado a comer mierda. Si hay algún problema, encontraréis cochinas ventanillas de reclamaciones para tarados en cualquier lugar de esta sociedad degenerada e hipócrita; y también puta e idiota hasta para hacer mamadas.
Y hoy tengo un buen día.

Iconoclasta

Y es que después de tanta represión, acosos, encarcelamientos, segregación, ruina y respiración podrida, es normal que la peña quiera fumarse un cigarrillo de la risa tras casi dos años de ruina y humillación, no puede hacer daño.
Los dictadores han de conocer también cuando han llegado al límite para que la cuerda no mate definitivamente a los que los mantienen con su trabajo (el que lo tenga) y sus nóminas míseras, en el poder.

Necesita de científicos de feria y de la mafiosa sanidad para encontrar razones para seguir asfixiando y humillando a la peña con el bozal. Cuando un caudillo dice “lo que diga la ciencia”, es que algo huele a podrido en Dinamarca.
Como ya es habitual en este nazismo del coronavirus: cuando el cerdo prueba la sangre no quiere otra cosa.
Pensar en la bondad que el fascismo capitalista (en este caso) oculta, es la misma ingenuidad infantil que creer que el tabaco es el peor vicio que ha visto la humanidad y el alcohol, la continua fuente de alegría y el bienestar; propaganda institucional anti tabaco y pro alcohol de las actuales falsas democracias o estados de derecho (antes de la imposición por decreto del coronavirus) para evitar hábitos o “vicios” que induzcan a la población a reflexionar y sí a embriagarse).

Es que tres semanas de lucha (de momento incruenta) valen la pena, es mejor eso que estar en un campo de concentración de los muchos que ha construido el estalinismo de Canadá.
Porque vivir humillado y morir de hambre, no es una opción.
Y por lo menos, ya no los llaman “antivacunas” como una semana atrás la prensa prostituta del nazismo del coronavirus los denominaba.
Canadá es el más grande campo de concentración de China en América, un Wuhan occidental. Y el afeminado fascista que lo gobierna, no quiere cesar en sus criminales acosos contra la población.

¿Y para qué cojones quieren otro rey? ¿Están locos? 🙃. Si ya tenemos a unos putos líderes nazis que han reventado las democracias con el asunto del coronavirus; no se les puede sumar ahora a un aristócrata más, otro rey para joder la marrana 😬.
Y además, muy cívico él, con el bozal a su diestra dando ejemplaridad de nazismo.
Eso es que se lo han inventado pequeños grupúsculos que precisan ser vareados o pastoreados con más brío y que les impongan el triple bozal y unas noches de quince horas de toque de queda😋, ya que la Caciquería Catalana Nazi, no ha estrangulado suficientemente bien a la población.
Otro rey de mierda… Para cagarse.
Y además, habrá que rendirle honores de mierda al nuevo aristócrata. Bueno, yo no😬; ellos😀.
Pero exigirá su paga real, el tributo de sus súbditos ¿no?
Están locos estos romanos, que diría Astérix.

The Economist no ha hecho ningún análisis. Cualquiera que haya vivido el neonazismo del coronavirus sabe y afirma rotundamente que, en Marzo del 2020 gracias a la infección del coronavirus, se instauró el nazismo a nivel planetario.
Y no es necesario ningún análisis para afirmar que de la democracia no queda ni un solo coprolito como testimonio de que un día existió.
Así que menos mierda con análisis baratos que pretenden dar al nazismo aires de legalidad, grandeza e incluso bondad.
Porque al final viene a decir la tontería de la noticia: “Muy a su pesar los líderes nazis se han visto obligados a hacer presión sobre la democracias para salvar a sus ciudadanos de mierda. Lo que conlleva a la segregación, encarcelamientos masivos, acoso policial, ruina, hambre, enfermedad y genocidio. Es por ello que ha bajado unas centésimas el nivel democrático.”
No jodas… Periodismo, medios de comunicación e internet con sus redes sociales son las putas de un macro burdel nazi.
Un niño de jardín de infancia hubiera hecho un análisis más serio.

A menos que pudieran, comían carne. Lo dicen mis cojones, que tienen un buen e incorrupto mensaje genético atávico.
La hierba es para las vacas.
Por otro lado, cuando los humanos empezaron a acumular riqueza y un buen estado de decadencia, se inclinaron por el marisco.
Y eso, que las verduritas, se las metan por el culo.
Es todo propaganda para conseguir hacer de los ciudadanos, buenos rumiantes obedientes, mansos, atemorizados y a los que se les pueda inyectar cualquier cosa sin que digan ni muuuuu…
Porque la carne crea cierta fuerza y con ella cierta agresividad de supervivencia que ninguno de los nuevos y normales estados nazis del coronavirus desea.
El comunismo nazi y su ideología de la mariconez en las masas ha conquistado el mundo con una fuerza terrorífica.
Han de haber muchos muertos antes de que se implante de verdad, como una normalidad.

No es de extrañar que si el Papa dijo que vacunarse era un acto de bondad, el bozal debe ser un acto de penitencia beato y morirse de hambre rezando piamente por el acoso del nazismo, te convierte en mártir con probabilidades de ser canonizado.
Así que los que llevan bozal, por lógica y dogma no tienen ya más remedio que pegarse estampitas en la frente y colgarse medallitas que besar cada vez que bajan a la calle a enfrentarse al coronavirus “volaor”.
Aquí pasa como con los cristianos devorados por los leones en el circo romano: aplausos.
Me pregunto qué cojones cantarán este año en las saetas de las procesiones de semana santa.