Archivos de la categoría ‘Absurdo’

–¿Qué ha ocurrido, Jade?
–Me he peleado en el gym con una guarra, en el vestuario. Llegó una tetona hiper tonificada y me dijo que debía llevar la mascarilla.
–¿En la ducha? No te pueden obligar.
–¡No! Cuando me estaba vistiendo.
–Aun así, vaya borde la tipa.
–¡Sí! Le arranqué la mascarilla y la pegué en mi coño peloncito y mojado.
–¿Aún lo tienes mojado?
–Méteme los dedos y verás.
–Vale… Y ella que hizo.
–Se me tiró encima y me arañó.
–Te quedan muy sexys las heridas.
–Me las he maquillado para resaltarlas, sabía que te gustarían.
–¿Y qué pasó después?
–Le desgarré la garganta, la decapité y le arranqué los pezones a bocados. Me queda uno ¿quieres probarlo?
–No. La carne de idiota no me va.
–¡Me meooo! ¡Jajajaja! Pero ahora tendré que buscar otro gym.
–Hay muchos, Jade. No hay problema.
–Ico…
–Dime.
–Me pica el chocho ¿será coronavirus de la guarra?
–Y si lo fuera ¿qué?
–¡Jajajaja!
–Ico…
–¿Qué?
–¿Me lo rascas o me lo comes?

Ver una portada de un periódico mexicano, lo último que te hace pensar es que la prensa se haya prostituido a un régimen fascista, como es el caso de España, en el que los periódicos se han convertido en el exhaustivo aparato doctrinal del fascismo para imponer el pánico en su decadente población.
Lo más gracioso, es que por desconocer o sobrevalorar a España, se decía que México era la dictadura perfecta. Menos mal que el coronavirus ha llegado para devolver a España su estatus de dictadura que siempre ha sabido llevar tan obedientemente y con aplausos. España sigue líder imbatible del fascismo en el mundo (como nuevo satélite chino).
Sus artículos plenos de mentiras y la alusión constante y machacona hacia el coronavirus, es la portada diaria de todos los periódicos y televisiones del fascismo español.
De hecho, en España solo existe una noticia: el coronavirus.
Porque para escribir algo de la ruina en la que han sumido a millones de ciudadanos, es algo que tan solo ahora, a más de un año del inicio de la estafa y del golpe de estado fascista español, se empieza a ver tímidamente en algún artículo.
España es un país con un nuevo y normal gobierno absolutamente fascista y venenoso.
Y la prensa, de hecho, ya ha pasado a la historia de la podredumbre.
Así que es normal que hasta los niños de la cobarde y fascista España, hablen de la vacuna como cuando antes hablaban de sus dibujos animados.

Hay momentos en los que siento que me falta algo. Y me niego a pensar de que se trata.
Tener plena conciencia de lo que se carece es echar leña al fuego de la frustración. Esa certeza provocará un nudo en la garganta que imposibilitará respirar decentemente.
Si a una determinada edad te falta algo, tienes ya la certeza de que morirás sin ello. No es necesario darle más vueltas y es mejor que la ignorancia lo suavice.
Así que busco en Amazon algún producto inservible en oferta flash y distraigo toda esa tristeza de una forma banal e incruenta para acto seguido, convencerme de que no eres tú quien me falta, que no me falta nadie.
Es un pequeño conato de paz durante unos minutos, hasta que llega la sensación de que he tirado el dinero. Entre que me pregunto como puedo ser tan imbécil y de que me puede servir la cosa que he comprado, no pienso en ti. Lo juro.
Porque la otra opción sería sopesar largarse de aquí, de este lugar, de este momento, de este planeta; y creo que sería excesivo.
La desesperación es mala consejera.
Mejor confiar en Amazon y sus baratas frustraciones en oferta.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Se sentó encima de mi plumier y me dijo:
–¡Hola! Soy Jade Negro.
–¡Hola! Yo soy Nadie.
–Te adoro –dijo con una soltura antigua como la tierra misma.
–Es mentira.
–¡Astuto! ¿Te pongo nervioso?
–Sí, demasiado hermosa. Incluso pareces sintética ¡Ja!
–Bobadas. Tengo cosas húmedas ¿sabes?
–Por ser una bellísima licántropo de juguete tienes demasiado desparpajo y descaro.
–Tengo más años que la biblia, cielo.
–Lo sé. Acomódate donde quieras, es tu casa.
–¿Hasta que mueras?
–¡Claro! Ya pronto.
–Te morderé, no podrás.
–Eres un encanto de mentira.

Y la enfermedad parirá otra enfermedad. Y la enfermedad criará la enfermedad. Y la enfermedad se desarrollará acunada por una sociedad podrida y decadente.

No hay alegría, no hay ironía, no hay desprecio hacia una mente enferma en un cuerpo corrupto. Solo hay espanto y tristeza por lo que nacerá, de quien nacerá y como crecerá: con la falsa convicción de que es hijo de la tierra, del planeta. Y no la permisiva deformación ética de una sociedad que ha caído en lo más profundo de una obscena decadencia.

Pobrecitos ambos, padre/madre e hijo, son los nuevos monstruos de aquellas crueles y horrendas ferias ambulantes de antaño, enfermas obscenidades que provocan fascinación en los más podridos cerebros humanos.

Lo siento de verdad, es pura tragedia porque son la insana consecuencia de la perversión y degeneración absolutas de la vida misma que, una sociedad corrupta comete con una sonrisa obscena y beata en su rostro nefando.

El test o PCR del grafeno (venenoso como la aspirina del fascismo español) en el bozal o mascarilla del régimen fascista español; consiste en ir a cagar y limpiarse el culo con él. Si el bozal tiene grafeno, no se ensuciará ya que resbalará la mierda. Tira inmediatamente el bozal.
Pero si se ensucia de mierda póntela enseguida y respira tranquilo porque no lleva el puto grafeno fascista.

Y es que el gusto del fascismo por el «arte» es denostable, una hediondez.
La vulgaridad de la decadente sociedad se refleja en fotos facilonas, oportunistas, aburridas, sentimentaloides, solo para menores de un año mental, con la mentira que todo golpe de estado a la libertad lleva como sello identificativo y el enaltecimiento del fascismo por los aplausos de la anodina masa humana mundial, que mugen más que hablan, que lloran más que trabajan, que se cagan más en su ropa que en el cagadero.
En fin, la foto vale para entrenarse con los dardos y quien tenga suerte y dinero con balas.
Vaya mierda… Hay fotogramas en la serie infantil Heidi que tienen mucha más carga emocional. Donde vas a parar… Y hablando de plásticos, en Blade Runner, la muerte a tiros de la replicante con el abrigo de plástico transparente era mucho más dramática y estética. Le da cien vueltas a esta foto de propaganda nazi, que además, tiene la técnica y la presencia de una mala selfi.

Hoy sonrío al viento frío del atardecer a un jilguero que salta sin dejar de piar, de rama en rama, de hueso en hueso.
Es más pequeño que muchas hojas de árboles, apenas lo puedes ver entre la fronda; me pregunto cuanto medirá su vida.
La vida es proporcional al tamaño, eso he aprendido de los libros. Pero yo tengo un gran volumen y la impresión de que mi vida está acabada; y no sé que hago aún aquí, entre caderas de vaca y árboles. Más me valdría haber sido jilguero y vivir menos, solo lo estrictamente necesario.
Los huesos de los árboles ostentan la engañosa grandeza de lo que un día tuvo vida, el bosque no entierra, deja señales para que nadie se engañe. Me gusta lo grotesco que la naturaleza esconde, no tiene clasificación moral por edades.
Que cada cual sienta lo que deba y se joda.
Sonrío porque nada ni nadie, excepto morir, puede evitar que vea cosas y respire como, donde y cuando yo quiera; sin que importe quien viva, muera, tema o sea indigno.
No me debo a nada ni a nadie.
Dicen que no soy libre, y no lo soy; pero si nací para algo, es para no obedecer. Y procuro hacer mi trabajo cada día. Dicen que todo tiene un precio, cada decisión; pero a mí me suda la polla, procuro hacer mi trabajo cada día (es énfasis, no iteración).
Y luego fumo.
Para lo que me queda en el convento, me cago dentro. Es el epitafio de mi vida, una vez muerto, los epitafios son simples espacios para musgos y líquenes. Para hipocresías florales tradicionales de santos difuntos, que de santos no tienen una mierda. Es mejor decir estas cosas ahora porque los muertos no hablan y mucho menos escriben.
Habla ahora o calla para siempre (me gusta más la segunda parte, se habla demasiado).
Sonrío al viento frío y al pequeño jilguero que ya no veo, solo escucho.
Y a los huesos de los árboles porque tienen la plasticidad de la muerte, y quieras que no es arte.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.