Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Te despiertas, vas a la ventana rascándote el culo y ves nieve. Dices: ¡Guau! Y piensas en no salir a pasear, es demasiado pronto para el romanticismo climatológico.

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La bici porque caminar duele. Demasiado.
La libreta y el bolígrafo para anotar todas las obscenidades, blasfemias e instintos primarios que me poseen en libertad. Para mejorar el universo, corregir los errores que han cometido otros (dioses incluidos).
La navaja como puerta de emergencia en caso de hartazgo o cortar el dolor, para grabar mi nombre en los árboles, cortar ramas que me han herido los ojos o simplemente, admirar el doloroso filo de la vida y posar mis labios en él. Es regalo de mi hijo y como amuleto mágico contrarresta lo sórdido peligrosamente.
La brújula para asegurarme de que no vuelvo sobre mis pasos y no perder el rumbo del deseo. Para huir en línea recta cuando la navaja no es suficiente.
La mochila es el continente de la oficina y bolsa forense de sueños muertos a los que busco un lugar bonito para enterrar. He llegado a la conclusión que nací para sepulturero.
El banco me sostiene y el camino me mata suavemente.

 

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Foto reflexión en Realidades Truncadas.

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Me observa resoplar desde el borde de la cama. Hago abdominales y su mirada me distrae y pierdo la cuenta de las repeticiones que llevo.
No importa, los músculos están dolorosamente contraídos. Le pregunto si le parece bien que descanse. Responde que no le importa. Dice que por mucho que me observa no encuentra mi humanidad, que soy bestia.
Estoy de acuerdo, aún así, me lavaría sangre y venas para borrar cualquier rastro de hombre.
Comienzo una serie de flexiones y él sigue buscando en mí.
Es un buen silencio el de esta caverna.

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Dicen que es el día de los inocentes. Yo digo que es el de los idiotas.
De cualquier forma me la pela.
A mí me interesa el día de los culpables y decapitarlos.
Y si estuvieran muertos, resucitarlos para decapitarlos. Eso sí me haría gracia.
Como es la norma, la cobardía gobierna las tradiciones.
De los inocentes es fácil reírse.
Pero faltan cojones y dignidad para celebrar un día de los culpables.
Palurdos borregos…

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Joder… Prácticamente en este rincón y por el puentecito, solo falta Caperucita Roja saltando alegremente con florecillas en sus blancas manos.
Si algo semejante ocurriera, espero que haga mover unas grandes tetas sin sostén. Y que su vestidito sea tan corto que deje ver su tanga bien encajado en el culo.
Siempre debo llegar a un lugar y reparar errores de diseño y decoración que pueden conducir a la diabetes.
Coño… Me ha excitado imaginar a esa Caperucita en este idílico rincón.
Soy tan ingenuo y cándido…

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Mientras ella moría un día, y otro, y otro, y otro…
Yo vivía ajeno a su muerte.
A menudo pensaba en ella viva, respirando.
Y cuando he sabido de su muerte, se me ha venido encima toda esta tristeza y angustioso desconcierto por cada uno de los días que la he mantenido respirando, cuando debería haberla llorado.
Sin pretenderlo, cada día que ha pasado la he resucitado y ha vuelto a morir…
Pobre… Pobrecita…
No es un error mío.
El error está en saber, en conocer. El mundo brillaba más hace unas horas, antes de que muriera.
No quería saber nada más, tengo bastante sabiduría y conocimientos.
Mi ignorancia me protege del dolor.
Me gustaba ella sonriendo.
Hay una angustiosa tristeza porque de repente, todos esos años que la imaginé viva, son de muerte.
Una repentina riada de dolor que arrasa cualquier asomo de alegría.
Mi dolor por ti, amiga.
He muerto un poco contigo.
He llegado tarde a tu partida. Años tarde.
Y pago intereses de demora con una congoja que me atenaza la garganta.
Sin saberlo he burlado a la muerte, te he mantenido viva.
Viva y bella estos años.
Y ha valido la pena, aunque ahora tenga que pagar la usura de la muerte.
Hasta nunca jamás, mi amiga.
(A una hermosa amiga, que murió hace más de seis años, hace unas horas nada más en mi universo.)

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– Piénsalo bien: a quién quieres más ¿a papá o a mamá?
– Seamos prácticos: mamá ya no es reproductora.
El cadáver de mamá arde en una pira formada por docenas de cadáveres.
Papá abraza agradecido a su hijo.

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Me encantan esas largas y profundas felaciones que están de moda en el porno. Cuando la puta se mete la polla en la boca tan profundamente, que siente arcadas y le salen los mocos por la nariz. Y lo mejor es cuando se sacan toda esa carne de la boca y se les escapa una catarata de babas con los ojos llorosos.
Me pone la polla muy dura. Si una mariposa me rozara el glande en ese momento, me correría.
Marco el número de Dominic, una puta albanesa que no se llama así. Es barata: cincuenta euros con transporte incluido por cuarenta y cinco minutos para que se la meta por el coño o por el culo. O bien me hace una paja con mamada.
Una mamada sin condón y tragando la leche son diez euros más.
Ha llegado. Al abrir la puerta le digo que quiero que me la coma sin condón.
No la saludo porque a las putas, cuanto menos les hablas mejor trabajan.
Le doy el dinero y le indico que pase al salón.
– ¿Quieres que me desnude, rey?
Le digo que no me llame rey de mierda, ni nada. Que me basta con que deje las tetas desnudas.
Me gusta el roce que hacen los pezones en las piernas cuando me la chupan.
Me siento en el sofá y Dominic se arrodilla ante mí.
Debe rondar los cincuenta mal llevados, el maquillaje no puede cubrir tanta miseria y su nariz de boxeadora dice claramente lo mucho que le gusta la coca.
Sus tetas no valen nada; pero estoy caliente y no me molesta especialmente.
Las putas con tetas operadas o trabajadas en gimnasio son tres veces más caras y más estúpidas follando y mamando.
Con las dos manos empujo su cabeza hasta que la polla entera desaparece en su boca y siento sus labios calientes rozar mi rasurado pubis.
Manotea intentando incorporarse porque se ahoga; pero soy demasiado fuerte.
Fuerte y macho.
Intenta gritar pero solo consigue emitir mugidos roncos que excitan mi pijo cosa mala.
Se convulsiona, sus ojos parecen los de un hámster cuando lo estrangulas. Se le escapan las lágrimas creando ríos negros en su rostro.
De niño estrangulé seis hámsters, me encantaba ver sus ojos que parecían saltar de sus cuencas al oprimir sus cuellos. Hace décadas que no estrangulo hámsters.
Su rostro empieza a estar amoratado. Pensando en lo difícil que sería sacar de mi casa un cadáver sin ser visto, la puta consigue incorporarse solo un poco, se arquea agónicamente y consigue vomitar. El repugnante olor me provoca náuseas.
La arranco de mi polla tirando de su pelo y deja ir otra bocanada de vómito.
La llamo cerda y le pego un puñetazo en el vientre.
Cuando se dobla y cae de rodillas, le doy una patada en un costado.
Le digo que se largue por puerca.
Y le aviso de que si grita al salir de la casa, si forma escándalo, la meto en la cocina y le arranco los pezones con un cuchillo.
Dominic se pone la blusa por encima sin abrochársela y se larga presurosamente conteniendo con las manos en la boca un llanto.
Tengo vómitos en el pantalón, en la camisa, en las manos. Vómito que me baja por los cojones y entre las ingles.
Y la tengo tan dura y caliente…
Me masturbo y me corro justo en el charco de vómito.
Pienso en la suciedad y la sordidez. El sexo es sucio por idiosincrasia, los coños y las pollas se usan para mear y ambos están muy cerca de los anos.
Sea por amor o por dinero, acabas oliendo y saboreando orina y mierda cuando follas.
Tal vez sea eso lo excitante: la escatología de amor o dinero, placer, orina y excremento.
Si le sumas lo regurgitado, la fiesta es grandiosa.
Limpio, meto la ropa en la lavadora, me ducho y salgo de casa encendiéndome un puro.
Entro en la iglesia cuando lo he acabado.
Hay quien va al parque a pasear o relajarse sentado en un banco.
Yo no creo en dioses, santos o vírgenes de mierda. Me gusta el sonido de las iglesias sus ecos, las voces de los curas que intentan ser creídos y su olor a cera e incienso.
Tomo asiento en la zona media porque no me gusta ese instante cuando un crédulo abre la puerta y deja entrar el sonido y la luz de afuera.
El cura no sé de qué habla. Nunca lo entiendo, mi pensamiento es tan profundo que me aísla de todo.
Pienso en el rostro de Dominic y en su agonía, en sus babas bañándome la polla. Imagino cortarle los pezones con unas tijeras de podar y me masturbo de nuevo por encima del pantalón, presionando el glande repetidamente, con la mirada perdida en las vidrieras con imágenes de santos.
Se me escapa el pie cuando eyaculo y provoco un ligero ruido que rompe el silencio sagrado.
No sé en qué momento el cura ha acabado su rollo.
Salgo al exterior y la vecina del sexto me saluda.
– ¿Cómo ha ido la misa, vecino?
– Bien, Margarita, siempre es relajante.
– Bueno, seguro que irás al cielo -dice riéndose.
Yo en el cielo y su boca llena de mi polla, cubriéndomela de babas, vomitando en mi vientre… Es lo que pienso cuando mis labios pronuncian:
– En eso estoy, Margarita. Buenos días.
– Buenos días, Mario.
Y además de macho, soy un buen tipo.
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Iconoclasta

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La razón se perdió entre fibras y músculos que desean contraerse, expandirse y poner en jaque el sistema vascular con algo de liberadora ira.
La razón se cansa y el músculo toma el mando. La cabeza es meramente funcional entonces, un borrón de lo que a veces soy.
Y está bien no reconocerse, es sosiego y descargo.