Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

A mí los contagios del coronavirus no me preocupan.
Me sudan la polla.
Nunca he perdido el tiempo con las mentiras del franquismo y mucho menos con las del nuevo y normal fascismo español del coronavirus y sus caudillos Sánchez e Iglesias.
Lo que sí me causa cada día más repugnancia es el gran número de cobardes castrados que, como ratas saliendo de la alcantarilla, salen con sus bozales a la calle; imbécilmente convencidos de los dictados de sus amos caudillos, con la fe que el analfabetismo otorga a los idiotas. Son tantos que siento que voy a vomitar.
Ver a un ejemplar de cabestro con un bozal negro en plena naturaleza, me hace soñar en cómo sería destriparlo a puñaladas, las suficientes para que sus intestinos se convirtieran en exotripas. Como si se apoderara de mí una tentación narcótica, debo frotar las palmas de las manos contra el pantalón porque me pican de una forma inexplicable. Talmente como le ocurriría a algún poseso que pisara dos pajas en forma de cruz.
Estoy convencido, cada día más, de que la naturaleza exige que se derrame sangre idiota, ella sabrá que hacer con esa mierda.
Por lo demás, que se infecte quien deba y se joda como yo me jodo.
Y que me dejen en paz.

Sé que no te detendrás jamás; pero… ¿podrías contar lentos los segundos de la Alegría? Es que no abunda, amigo.
Y cuando la vida duela, cuéntalos veloces, hazme viejo por minutos; no importa. Porque de dolor hay tanto que lo dan gratis.
Yo siempre mantendré tu corazón caliente por mucho que la vida duela, lo juro. Puedes creerme, no soy del todo un mal tipo.
Es que no me fio del diablo y sus imprecisos contratos de sangre y alma.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Es una estupidez preocuparse por el futuro cuando el presente es una mierda.
La vida es ya, no transcurre unos años más allá del hoy. Porque más allá del hoy, te sales del borde de la vida, te mueres.
Que cada cual haga con su presente lo que pueda.
Y si quiere malgastarlo mirando el futuro, que lo haga. Pero mi tiempo es mío, que nadie cuente con él.
Dejad de joder con las futuras generaciones que algunas ni siquiera existen y otras no llegarán a nacer.
La única forma digna de vivir es exprimiendo el presente.
El futuro está bien para la ciencia ficción y para los físicos que pueden perder el tiempo y además ganar dinero divagando cosas cuánticas y relativas que no conducen a ninguna parte.

Son noches muertas las que dictan los tiranos, estafadores electos que las decretan oscuras y con una libertad podrida. Dictadores que han sido elevados a rango de presidentes o ministros por una turba de cobardes e ignorantes votantes.
La enfermedad no es un coronavirus, la enfermedad es la dictadura y la destrucción de la libertad más básica, que apenas existe ya.
Gracias al coronavirus y el terror el gobierno ha instaurado su absolutismo sin violencia sangrienta; pero dejando morir a miles de personas (no sé qué grado de homicidio será, tal vez sea simple genocidio) con los aplausos de una sociedad degenerada y su miedo enfermizo e inmovilizador.
Todo lo que es mayoría es mediocridad e indignidad. Ahí radica el secreto de que la mezquindad, la envidia y la cobardía se hayan convertido en un gen más en el ADN humano.
Han follado tanto en una orgía endogámica, que han clonado en sí mismos todas las miserias.
Los caudillos han resucitado las noches más negras, las noches prisión en las que patrullan como animales venenosos los asesinos de la libertad; ávidos de encarcelar y sancionar, corruptos de una moral marcada por la miseria de sus amos votados. Cobardes, porque al final, también son populacho votante.
España y su desmesurado amor por los dictadores… Tiene necesidad de ellos; debe ser porque su población considera que es mejor un cerebro podrido que ninguno.
España no puede sacudirse de encima la espina de los caudillos, de noches muertas e hipócrita paternalismo. Porque la letra con sangre entra ¿verdad, hijoputas? A los sumisos cabestros les excita sexualmente como el “no me temblará la mano al ir contra vosotros”, que tanto gusta de perorar a los dictadores españoles.
El fetichismo de la dictadura es la peste real.

Si no puedes matar a Dios ¿qué esperanza te queda de vivir una vida plena?
Porque Dios lo estropea todo.
Dios no sabe hacer las cosas bien. Ni siquiera es un dios, es un impostor.
Dios es un chapucero.
Así que, si no puedo pegarle un navajazo en la garganta estoy perdido.
El viento puede arrastrar las cosas muertas sin son vegetales y ligeras; pero los cadáveres, su putrefacción y los excrementos de sus intestinos, se quedan en el lugar haciendo el aire irrespirable.
Enterrar a los muertos es un ritual higiénico.
Algo salió mal con la invención de Dios y su apestoso hálito de vida/obediencia/muerte/descomposición/hedor/paraíso.
Se debería poder asesinar a Dios; solo haría falta que para ello, existiera. Y luego no sería necesario rajarle el cuello, la simple certeza de que podrías matarlo, te relajaría con la tranquilidad de una fundada esperanza de que algo empiece a ir bien.

¡Hala! Otra más de muchas…
Es que no hay mejor y más económico procesador de textos que la tinta y el papel.
Causas una extraña sensación; pero nada es perfecto.
Es que si no plasmo primero mi pensamiento en un soporte sólido y táctil, es como si descargara demasiado rápido la cisterna del inodoro, sin saber qué cosas han ocurrido debajo de mí durante todo ese tiempo.

Amar a más de dos metros de distancia es absurdo. A kilómetros es ciencia ficción.
¿Qué ciencia puede explicar el amor tan lejano? ¿Dónde está la ficción para que no sea tan doliente amarte?
Somos cosmonautas en animación suspendida cruzando nuestros sueños, dejándonos arrastrar al espacio profundo en una nave que nadie ve, de la que nadie se acuerda.
Es tan bello como triste.
Necesito escribir un relato de ciencia ficción de amor que diluya la tragedia de esta distancia y un tiempo que me aleja de ti inexorablemente.
Sueño esperanzas y así soy capaz de sonreír sin dolor a mi hermosa astronauta.
Navegamos rumbo a un mundo enano, donde no habrá distancias, donde nada nos podrá alejar. Por así decirlo, como el del Principito; pero un dúplex bien arregladito con vistas a la nebulosa Transsamor X2RT, que cambia sus formas como el humo del tabaco que tantas veces observo flotar soñándote.
Podría seguir escribiendo nuestra odisea espacial de amor durante meses sin repetir ningún pasaje, descubriendo nuevas estrellas en un amanecer púrpura de tu mano en algún rincón lejano del universo, donde ni siquiera llega la muerte.
Hasta que me sangraran los dedos…
Escribirte es amarte, y al igual que el universo, infinito y fascinante.
Podríamos viajar de luna de miel al otro lado del universo a través de un agujero de gusano, follándote entre ráfagas de fotones que cruzan indoloramente las pupilas, en nuestra íntima quinta dimensión.
Lo dejo aquí, en el agujero de gusano; clavado a ti, sumergido en ti, apresado a ti… Es que me siento un poco triste de nostalgia en este momento, cielo.
Dormiré contigo y al despertar, haremos aquel viaje que planeamos al cabo de las Playas de Mercurio, donde las olas de cálida crema blanca rompen como caricias sobre la piel.
Y cuando despertemos del hiper sueño, todo estará bien ¿verdad?
Hasta el infinito dentro de ti.

Iconoclasta

Escribo cosas raras, mezquinas, imposibles, dolorosas, humillantes, sórdidas, degeneradas. Y describo con precisión quirúrgica la mediocridad que me rodea asfixiándome.
Y escribo del amor cuando existe.
Soy el carroñero de la literatura.
Alguien debía hacer el trabajo.