Estrenar un objeto de escritura, aunque sea un simple lápiz, es un acto de renovación y esperanza en el cambio; combate los días mediocres y los hace mágicos. Y cuando estreno una libreta, es una alegría semejante a estrenar nueva casa en el campo. Solo quien escribe sobre el papel, padece estas pequeñas y neuróticas alegrías. Ser un simple no siempre tiene que ser indigno y angustioso. Bueno… no siempre.
Hoy en mi pueblo es día de control veterinario, cribado masivo de rebaño, le llaman. Es normal, vivo en un medio rural eminentemente ganadero. En principio, al ver todos aquellos animales tan bien formados y separados entre sí, como si fueran reclutas en el ejército, tan callados y con sus bozales perfectamente colocados en el hocico; pensé que sería una exposición de belleza ganadera de tantas que se hacen. Según me he informado, cuando entra la res (oveja, vaca, cabra o cerdo) en la consulta del veterinario, le meten un palo de medio metro por los agujeros de las napias hasta llegar al cerebro y luego se la meten en la boca hasta las cuerdas vocales mismas. Las cabezas de ganado salían con los ojos llorosos; pero felices. Como esos abducidos por extraterrestres que en los 80 y 90 trotaban hacia sus casas más felices que mierda en bote arrastrando la sonda anal que les habían metido, como una antena de FM. Luego, cuando los dejaban salir tras el cribado masivo, creaban pequeños rebaños en los cuales cada oveja o cerdo, guardaba una distancia aproximada de cinco o seis metros mientras balaban y gruñían sus experiencias. Da gusto como ha vuelto la normalidad a mi pueblo después de tantos aplausos y alegrías durante meses. Y es que si algo es gratis, todas las reses se apuntan; cualquier cosa les va bien e incluso la exigen si es muy, muy barata o gratis.
Voy a llevar a cabo un ejercicio de ingenuidad y por unos segundos no voy a creer que semejante noticia es propaganda del fascismo del coronavirus. Voy: Ser o hablar inglés no es síntoma de ser menos cobarde que la media y estar sometido, por tanto, a la histeria propia de todo nenaza o gallina. Si a ello añadimos que la formación académica de los actuales investigadores es tan baja como la de sus colegas, los actuales médicos que, debido a sus pobres conocimientos son incapaces de dar un diagnóstico (ni siquiera ponderarlo como posibilidad) si no es porque una máquina de imagen o de análisis se lo diga; tenemos que pueden sufrir alucinaciones derivadas de su propio miedo y la ignorancia con la que se han formado y obtenido su título académico en una tómbola de gitanos. (Menos mal que un siglo atrás los médicos eran profesionales con una buena formación; porque sin las máquinas que hay hoy día, y los médicos de hoy en aquellos tiempos, la especie humana se hubiera extinguido.) Lo que ha ocurrido con este hallazgo del coronavirus veloz, es que uno de estos investigadores de titulación fácil asistió a una carrera de galgos y los confundió con el Coronavirus Supersónicus Marvel (impulsado por un cohete ACME). Como ya he apuntado, debido a la histeria que la cobardía provoca, a una notable ignorancia y cómo no; a un gramito de farlopa esnifada con delectación. A su vez, el ministro inglés también con la nariz empolvada en blanco y un pañal para la incontinencia, dio crédito a la alucinación de su excesivamente bien pagado investigador y anunció el descubrimiento de una variante Marvel de la covid 19, con el superpoder de la velocidad. Una vez explicado el supuesto descubrimiento, vuelvo a la normalidad y a desarrollar a plena potencia mi inteligencia superior: es otra mierda de mentira del fascismo del coronavirus para asustar a toda esa infancia europea que tiene los genitales ya muy poblados de vello desde hace muchos años.
Cuando escribo en mi libreta siento que se cierra la puerta del mundo y me quedo solo con mi pensamiento. Soy mi propio refugio y mi severo juez. Y soy mi propio olvido que tantas palabras causa. Lo que escribí ayer será sepultado por las palabras que ahora escribo. Y así hasta morir. No es un futuro alentador; pero ¿cuál lo es? Es un acto instintivo de la niñez temer al futuro. Una cosa es soñar con él; pero cuando iba al colegio y dejaba las ilusiones fuera, antes de entrar a clase, el futuro se oscurecía como el día de un eclipse. Aún hoy sigue siendo oscuro; pero ya no es temor, es curiosidad lo que siento.
El nuevo y normal fascismo español del coronavirus prosigue incansable e incombustible con la represión y la privación de la libertad de todo aquel ciudadano que no sea adepto al régimen o militante de los partidos que han dinamitado la democracia española. Tal y como ocurría en aquellos añorados tiempos franquistas que han conseguido resucitar con precisión quirúrgica. Los nuevos serenos y la bofia, prosiguen su estricto y exhaustivo robo de cualquier tipo de libertad como ya hizo Franco con sus noches negras y sus días grises. Apostados con hostilidad en sus controles o bien, patrullando en busca del criminal que se salte el toque de queda o no lleve bien colocado el bozal en el hocico. Por supuesto, los represores gozan de total libertad: presidentes, ministros y sus allegados, militantes de los partidos autores del golpe de estado y sus allegados, funcionarios y sus allegados, militares y sus allegados y confidentes o chivatos y sus allegados; que para eso se ha cometido un golpe de estado, para que gocen de la libertad que han estafado y robado a otros. La represión y encarcelamiento de la ciudadanía es el único trabajo que han sabido realizar con diligencia y sin error desde que surgió el timo del coronavirus, su prisión, sus mascarillas y ahora sus vacunas. Cabe la esperanza de que una vez los caudillos españoles y sus caciques autonómicos hayan conseguido el botín que les depara la Unión Europea, relajen su fascismo; pero es una ilusión, proseguirán con la extorsión de la libertad con alguna otra invención; al menos durante cuarenta años más, que es lo que tardarán en salvar la vida de sus españoles-borregos-votantes. Por lo demás, España sigue anclada en el tercer mundo africano, a menos que algún país asiático nos invada y así salvarnos, al menos, de la miseria y de la vergüenza de repetir la misma mierda de dictadura del siglo pasado.
Escribir además de lo obvio, también sirve para incentivar envidia y frustración en aquellos seres que no aciertan a expresar su pensamiento con algo tan sencillo como el lenguaje escrito, sea en el idioma que sea. Si vamos atrás en el tiempo, los escritores o cualquiera que supiera escribir tres letras juntas con significado, eran odiados y perseguidos por los ministros y sacerdotes del Sagrado Oscurantismo. Y todo ha evolucionado. Ahora el oscurantismo es una secta que predica tanta tolerancia que confunde los pequeñísimos cerebros de la chusma y los cortocircuita al hacerles renegar de sus propias convicciones, incluso de su propio sexo; ya que estamos hablando en esencia de lelos. Y para acabar de hacerlo bien, el poder de las pseudodemocracias premia la ambigüedad que consiste en ignorancia, indefinición, indolencia y pánico a debatir si no es en tuiter con un “me gusta”, “no me gusta” o un emoji imbécil. En definitiva, el poderoso electo o sus secuaces, se ocuparán de llenar los espacios en blanco que dejan los borregos en el papel y su propio pensamiento.
No sé cuántas veces le he dicho que la amo; tantas como la he llamado puta follándola. Cuántas veces he preferido contemplarla mientras duerme, a tocarla y clavarme en ella. Penetrarla es la forma más directa de llegar a su esencia. Un mandamiento sagrado… Hay una razón por la que me siento vacío cuando no está cerca: en algún momento, al tomarla desesperado, mi pensamiento quedó en su interior, enmarañado de amor en su alma enorme y profunda como un bosque. Pudiera parecer triste y atormentado; pero soy feliz perdido en ella. El amor no es dicha, es una sucesión de ansiosos quebrantos. Es legal no reír por amor. Porque maldita la gracia…
Mi abuela se murió cuando yo era vigilante y dormía tras la jornada nocturna. Cayó fulminada al suelo mientras cortaba en la cocina unas judías verdes para comer. Mi madre me despertó y luego llorando se largó y me dejó solo para llevar el fiambre hasta su cama. Me parece que la histeria a mi madre, le vino muy bien para escaquearse de cargar con el muerto (nunca mejor dicho y que dios si existe, la tenga en su gloria, si es posible que exista semejante gilipollez). Si hubiera muerto en estas fechas, la habrían metido en el saco de los muertos por coronavirus. Lo que quiero decir es que como no tengo abuela y lamentablemente no soy madrileño, me temo que no será necesario que use condón y bozal para reunirme con alguien en estas nuevas navidades del normal fascismo español. Como se puede apreciar, cada cacique de cada autonomía se monta su fiesta de poder y represión como puede, según el dinero que pueda destinar a propagar la ideología fascista cuyo mensaje navideño 2020 dice: “Tú obedece, que te vigilamos hasta en tu puta casa, asesino cabestro”. Por lo demás, me la pueden chupar.
Hoy, tras dos largas semanas de frío intenso, ha subido un poco la temperatura, hace mucho frío, pero es más soportable que ayer, por ejemplo. El sol calienta, hace lo que debe y no porque me tenga una especial simpatía. Y un malvado y gélido viento quiere arrebatarme ese calor. ¿Estará celoso del sol? Romanticismos aparte, el viento también hace lo que debe, además, es su turno, el invierno. Sin embargo, después de tantos días de intenso frío, el viento causa esa sensación de maldad, como si se hubiera quedado con ganas de congelar todas las cosas, orgánicas e inorgánicas. En este instante es como si se hubiera propuesto intentar enfermar mi cuerpo al saber que estoy al sol. Sé que no soy el único al que le azota el frío aire; pero para esto escribo en lugar de hablar con nadie; para ser el único humano del planeta. Quien quiera ser importante que escriba sus propias frustraciones y no molesten con su envidioso y egocéntrico: ¡Y yo también! ¡Y yo también! Insultar, denigrar y despreciar con ingenio requiere nacer con ciertas habilidades. Ocurre lo mismo con los hijos de puta: nacen. Y si no nacieron así, aprendieron rapidísimo. La mayor parte se hicieron políticos y luego presidentes; después mediocres dictadores que enferman y aprisionan a sus votantes subnormales que obedecen y aplauden las medidas de represión y hambre, con mucho más entusiasmo que las piaras de cerdos pastoreadas hacia el corral. Y ya está, es todo lo que tenía que decir: hace un sol acogedor y un viento helado del carajo.
Hay gente que se esfuerza en entender y buscar la razón que explique tanta banalidad y engaño político y económico con argumentos apoyados en la fe de que la sociedad es capaz de encontrar algo de justicia entre las leyes creadas para defender el dinero y el poder; y así defender libertad y dignidad. Creen sinceramente convencidos por una lógica y una ética que no existen, que las cosas pueden cambiar; repararse más concretamente de forma pacífica, negociando o pactando.
Es mentira, es una ingenuidad creer algo así.
Y así transcurre todo inamovible, con las mismas esperanzas y frustraciones durante milenios.
No pueden asumir, debido a un pensamiento condicionado e integrado en la sociedad, que los más altos valores que rigen toda sociedad basada en poder y obediencia (de hecho, no existe otro tipo de sociedad), es la envidia, la ambición y la represión.
Cuando toda esa mezquindad se quiere explicar o excusar mediante leyes, política y moral; se otorga impunidad a los grandes estafadores electos, a los tiranos y a los ministros religiosos.
Si un estafador es tratado como político es impunidad.
Solo saliendo de ese círculo vicioso (como ocurrió durante un breve tiempo con la Revolución Francesa, una excepción que rara vez se da en la historia), se puede identificar correcta y realmente a los políticos y su ambición desmedida de poder y dinero. Al reconocerlos como criminales, la conciencia propia se relaja y el pensamiento se hace más grande y potente una vez liberado del yugo de la presión social que excusa lo inexcusable por medio de esperanzas y argumentos que se esconden tras un grueso pellejo de estafa, cobardía, ignorancia e indolencia.
Saber que todo permanecerá igual que los milenios pasados o peor, otorga de por sí al pensador una visión clara, la herramienta necesaria para su liberación intelectual con la que a su vez, podrá asumir y entender que política, economía y religión son un conjunto de degeneraciones que más tienen que ver con la ganadería que con la humanidad.
Saber y entender que el poder de las actuales pseudodemocracias ahoga y asfixia, que no hay protección alguna a pesar de lo que te roban y pagas, es un acto de madurez contra tanta estafa, tiranía e hipocresía.
No dar crédito a los grandes estafadores de la política, la economía y la religión, es dignidad.
Por la evolución de millones de generaciones castradas mentalmente a lo largo de la historia, el instinto de defensa y supervivencia se ha fulminado definitivamente en la especie humana. Y esperan encerrados en sus establos produciendo la miel y leche necesarias para alimentar el poder político, religioso y económico; esperan con fe ciega que sus ministros y sacerdotes los guíen y los salven del hambre y la enfermedad.
Lo que en un tiempo lejanísimo se arreglaba por la fuerza y evitaba así la proliferación de cobardía, ambición y envidia, ahora se eterniza con sesudas discusiones y explicaciones de erróneas y amañadas comprensiones nacidas de la decadencia actual con votos, aplausos, fanatismos y militancias.
Y así, el poder actúa cada vez con más impunidad y virulencia, con el beneplácito de sus ingenuos votantes frustrados que, prefieren engañarse a sí mismos a realizar el esfuerzo de la correcta y digna defensa; pero sobre todo, si reconocen la degeneración de la sociedad en la que viven, deberían reconocer la suya propia y su cobardía; cosa que no les complacería si tuvieran la suficiente intelectualidad y cultura para concluir que gozan de semejantes “virtudes”.
Un solo tarado estafador, alimenta y da esperanza a millones de seres, sin que haga ninguna de las dos cosas. Desde siempre ha sido así.
Es una sociedad ciega que ocupa todo el planeta. Y no sé ya si su cobardía se debe a esa ceguera, o la cobardía le infectó los ojos. A efectos prácticos poco importa el origen o causa de ambas cualidades.
A efectos filosóficos, como ocurre desde tiempos inmemoriales, se han convertido la ceguera y la cobardía, el gobierno y la estafa; en un misterio indescifrable para ocultar la indignidad de que millones de seres humanos sean pastoreados por un sujeto de pocas luces y mucha suerte.
A un parásito, el gobernante; se une otro en simbiosis, el filósofo que los disculpa con sus meta estupideces (los filósofos, al final acaban creando leyes, tradiciones y culturas adecuadas para el rebaño). Al fin y al cabo, el filósofo, como animal nacido en granja, se avergüenza de sí mismo excusando al poder y por tanto su dignidad al vestir de complejos pensamientos su propia cobardía, inoperancia e indolencia.