No puedo dejar de escribir porque sería no existir. Mientras lleno páginas con palabras, respiro. De ahí las dichosas apneas del sueño… Debo programar una alarma nocturna para que suene cada dos horas y no dejar de escribir así, mis estupideces, esas que me dan oxígeno. El problema del papel no es el ecologismo, el problema es que los puercos no quieren que escribas tu pensamiento real en un soporte táctil, tridimensional. Es pura envidia y control. Es el fascismo de la ignorancia y la incapacidad intelectual global.
Vivir duele todos los días en partes aleatorias del cuerpo. A medida que avanza el tiempo uno siente con precisión cada uno de esos dolores. Se requiere cierta edad para ser consciente del dolor de vivir. Duele a todas las edades; pero el descubrimiento del mundo, distrae del dolor. Hasta que inevitablemente lo sabes todo… El dolor de vivir, no tiene nada de relativo, el dolor es rotundo, a menos que seas un enfermo mental deseando que te claven agujas en los genitales y en el blanco de los ojos. Sin embargo, las tristezas son subjetivas: tu tristeza puede ser mi indiferencia o alegría. Y viceversa. Cuando leo o escribo “viceversa”, me viene a la mente un espejo en el cual se escurre un escupitajo que deforma mi reflejo. El espejo esconde y refleja lo que desconozco: mi rostro mismo. Yo no soy ese ser que me observa con indiferencia y desdén. Me creía mejor… Hay un breve momento en la vida en el que te encuentras frente a un desconocido cuando te asomas al espejo. Y después, lo echas de menos, porque ya no volverá a aparecer jamás ese rostro desconocido que estaba en el “otro lado” y al cual desearías ver para concretar diferencias, incluso preguntarle como es la vida en ese otro mundo. Tal vez sea mejor así. Una forma de evitar la locura, porque… Si algo es distinto al otro lado del espejo ¿qué o quién es el reflejo? No quisiera sumar al dolor de vivir, la frustración de ser irreal. Los espejos esconden las ideas más malvadas. Y yo reflejo los dolores más vitales aunque no quiera.
Hay que tener en cuenta que la cúpula fascista del gobierno español disfruta de sus selectos prostíbulos con putas y putos de diez mil euros la noche, sobre los que pueden esnifar sus habituales rayas de cocaína todas las noches; emborracharse y pasarse el porro de marihuana como si jugaran al corro de la patata versión hardcore Roma de Nerón. Incluso comparten supositorios. Y todos ellos protegidos por sus fieros policías anti-ciudadanos (una Gestapo a la española) que cuidan de su secretismo e impunidad. Así que no se las den de santos beatos porque soy viejo en el oficio. Del desempleo y el hambre hablaré en otra ocasión. Es que tengo náuseas de leer tanta mentira fascista de la prensa comprada. Al final, no consigo contraer el coronavirus (nunca me dan nada gratis); pero he desarrollado una virulenta alergia al fascismo y la cobardía, en forma de prurito genital. Y los tiros ¿para cuándo?
Cuando sienta que voy a morir haré un último esfuerzo por llegar a la montaña, sea de noche o de día. Tengo cojones para eso. No avisaré a nadie, no dejaré nota alguna. Y me dejaré morir en el bosque duela lo que duela. Porque si algo sé, es que sabes con certeza cuando toca morir. Lo sé de una forma tan rotunda como el respirar. Y sé que duele. Morir duele un millón. Lo único que me preocupa es que no me dé tiempo de llegar a lo profundo del planeta. Y una vez que encuentren mi cadáver, que se busquen la vida. Si morir tiene alguna ventaja, es la impunidad. No pagas consecuencia alguna por tu acto. Que se jodan. ¡Bye, vida de mierda! Jode a otro, hija de puta.
Ellos sí que pueden sentirse orgullosos de controlar, reprimir y castigar a los ciudadanos. Con sus cojones, controlando en la plaza del ayuntamiento, con severidad y ferocidad que todo el mundo lleve su bozal de mierda; y unos meses atrás, que cada paseante tuviera un recibo que justificara porque está en la puta calle que es de ellos, de la policía de la nueva normalidad española de mierda. Policías con cojones para agredir al ciudadano, cobardes como ratas para detener delincuentes. Qué orgullo de policía fascista, el orgullo de sus amos los políticos, claro. Porque no acabo de sentir admiración por ningún perro policía que me acosa y deja libre al asesino. Puta normalidad de putos policías, de putos políticos. De cobardes jefes de estado y cobardes policías y ejércitos. Como es un pueblo, son sus amos y extorsionadores. Siempre ha sido así el fascismo, muchos cojones con los inocentes y chupársela a los delincuentes. Ya se pueden ir metiendo las próximas urnas de puta democracia por el culo. Si fuera la bofia como la de la foto, me dejaría esposar; pero nada más lejos de la realidad y la puta nueva normalidad.
Está cantado, los gallegos deberían recibir la medalla al Mérito Cobarde Ibérico. Y a Castilla y León, Aranda más concretamente, se les debería regalar una gallina de goma (para el baño) como premio de consolación. ¿Los gallegos tienen plumas y cacarean? Pregúntome yo. La Liga Cobarde Ibérica está que arde. ¿Quién dijo que el coronavirus no traería emociones al límite?
Nadie quiere un dios de barro, dura poco, crea moho y con el tiempo adquiere el color de la mierda seca. Pero los de oro… Aunque no hagan milagros, son a-dorados por todos. Y si no, que le pregunten a Moisés lo que piensa de la chusma adoradora de vacas áureas. Toda aquella huida del pueblo israelita cruzando el Mar Rojo perseguido por los egipcios, para al final, acabar adorando una vaca mal hecha que con toda probabilidad era todo estaño pintado. Si algo te enseña la biblia (aparte de la mentiras más falaces) es que la humanidad siempre ha sido mezquina, ignorante e imbécil. La sociedad de hoy día se diferencia de aquella antigua en la forma de vestir y que ahora se dispone de Spotify y no las aburridas panderetas y flautas de pellejo de conejo y madera podrida con la que tocaban músicas que aburrían a las ovejas. La mezquindad y la imbecilidad son las mismas en ambas épocas. Sin embargo, la ignorancia de hoy es mucho más grande y extendida gracias a internet y sus redes suciales, sociales quería decir.
Todo ha sido un cuento para conseguir la obediencia, la fe ciega del pueblo en el estado y el control 5G de la población. El tiránico robo de las libertades, eufemísticamente llamado confinamiento no ha servido para contener la epidemia, ni siquiera estaba pensado para eso. El único fin, y lo ha logrado el nuevo fascismo global; ha sido hacer de la población un rebaño manso, servil y anodino con sus mascarillas salvavidas. Que se siente temeroso, enfermo y dependiente de los grandes timadores que han sido los responsables de la epidemia del coronavirus. Los contagios crecen y muchos son pura sugestión (al estado le va muy bien que los cobardes hipocondríacos cuenten como infectados), y siguen muriendo los débiles. Nada ha cambiado tras meses de prisión domiciliaria; excepto que ya no hay drama porque la chusma está sometida y obediente bajo sus mascarillas y el control policial; pero sobre todo asfixiada por una crisis que los gobiernos mundiales han impuesto. La han impuesto de la forma más descarada, grotesca y evidente que nadie se pudiera imaginar. Si salvas a un cobarde que piensa que puede morir, la crisis es un buen pago por ello. Así que ni siquiera ningún jefe de estado, como el caudillo Sánchez de España, se escondía de decir que lo peor estaba por venir, lo declaraba con orgullo y con fascista amenaza. La cobardía anula cualquier especulación que no esté relacionada con la salud. Es la gran estafa, inmensa, grandiosa y sin necesidad de inteligencia. Para atacar con lo más básico: el miedo a una enfermedad, no se necesitan grandes estrategas ni jefes de estado inteligentes. De hecho, ni jefes de estado se necesitan para realizar semejante timo. Por supuesto, hay países que lo han sabido hacer bien, y otro como España, que no sabe aún como crear una gran y devastadora crisis y tener el control de ésta. También se puede encontrar información sobre la mortandad por hambre: debería estar informado todo el mundo en estos asuntos, porque las crisis traen hambre y más enfermedad. Respecto a los cobardes/as que tienen una fe ciega en su mascarilla por orden de sus timadores amos: si no mueren de coronavirus, morirán de cualquier otra infección que se desarrollará en su sistema respiratorio por lo insalubre de la respiración, incluso envenenados por su propio aliento. Y si aún sobrevive alguno, las balas los matarán, porque al final estas cosas acaban en guerra. El coronavirus es solo eso, un gran timo a escala planetaria y la vergonzosa evidencia de una decadente sociedad débil y ya prácticamente muerta.