

Imagen
—
Publicado: 13 agosto, 2019 en Sin categoría
Etiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
Visto y no visto
Publicado: 12 agosto, 2019 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, crueldad, grotesco, Iconoclasta, locura, obscenidad, Pablo López Albadalejo, paranoia, sordidez, surrealismo, Ultrajant

Es maravilloso, es mágico escuchar el paranoide y metafísico ritmo de Talking Heads en su Seen and Not Seen; hablar sin pudor a tu coño y lamerlo. Y en una de tus contracciones de placer, detenerme para explicarte las tantas idioteces que he visto y leído, mientras tu respiración es obscenidad pura.
Succionaría tu clítoris con profundidad como el ritmo de Visto y no visto con el que los Talking hacen mierda mi piedad y cordura si las tuviera.
Y con los labios de tu coño entre mis dientes hambrientos, te diría que a veces sueño con diseccionar un bebé humano para arrancar la repugnante rata que es su génesis profunda y real.
Luego, con la picha muy dura y el glande brillante por tanta insania, me metería en ti con unas lágrimas casuales. Te preguntaría con el rabo empapado de tu coño y chapoteando en tu fluido: ¿Si no eres puta cómo me soportas?
Y apagaría el cigarrillo en el retrato de mi hijo muerto que está tumbado en la mesilla, mirando al techo con aburrimiento.
Observaría con rostro imbécil como escupes mi semen por la raja del coño y rezaría una ave puta maría rascándome el culo.
Así visto y no visto, como la puta canción que esponja indoloramente mis sesos.
Talking Heads, hace ya rato que han enmudecido espantados por tanta miseria que hay en mis cojones o en mi cerebro. No acabo de distinguir.
Si algo te queda de mi leche en tu coño y te deja preñada, no me lo digas, deja que la rata haga su trabajo. ¡Ja!
Es un chiste, es tan solo ese sarcasmo de los que no tendríamos que haber nacido jamás.
Visto y no visto…
Y una mierda, todo es lento hasta la exasperación, nada concluye jamás.
Me cago en dios…

Iconoclasta
Mis amigas las oscuras nubes
Publicado: 11 agosto, 2019 en Sin categoríaEtiquetas:aislamiento, cansancio, frescor, Iconoclasta, intimidad, muerte, nubes, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, Reflexiones, relajación, soledad, Ultrajant, vida, viento

Se han formado unas oscuras nubes que han tapado el sol y me he apresurado a salir de casa para pasear bajo su amparo.
Cuando me he encontrado con las montañas de frente, el cielo me ha saludado con una brisa de aire sorprendentemente fresco. Le he dado las gracias, alzando levemente la visera de la gorra, entornando los ojos por la caricia. He sentido vergüenza por este acto de frívola ingenuidad y he sonreído sinceramente sin poder evitarlo.
Y me he sentido un poco desfallecer por la repentina relajación del cuerpo.
No sabía que estuviera tan agotado.
Me he sentado en una piedra, porque el placer del aire fresco no consigue aplacar el dolor de caminar; no me quejo, simplemente procuro gestionar un poco el caos del dolor y la frustración. Nada especial, unas palabras escritas en una libreta que me otorgan una importancia que no tengo. Cuando escribo todo el dolor se queda en el papel, infectado por la tinta que calienta mi mano. Es terapia de locos.
Se ha oscurecido un poco más el cielo y la brisa se ha convertido en viento, con un sonido suave como las olas del mar sereno.
He encendido un cigarrillo, con cada bocanada me entraba aire fresco que daba paz a algo oculto que tengo dentro y que no sabría decir si soy yo o lo que quisiera ser.
El cielo me pregunta ¿Está bien así?
Le he respondido cerrando los ojos aliviado, he visto desde muy lejos de mí el bolígrafo detenido en el aire, suspendido a unos centímetros del papel. Un acto de inmovilidad mística.
Mis manos tan relajadas… No necesitaban nada. Y los ojos seguían perezosamente las continuas reverencias que las agitadas ramas de los árboles hacían al universo. A nadie.
No ha aparecido ningún ser humano en quince minutos o tal vez en tres semanas. Estaba tan solo que sentía que era el preciso e íntimo momento de morir; pero no me dolía el corazón.
La detonación de un escape de aire de un tren que se acerca me ha sobresaltado de tan aislado que estaba.
A veces pasa que pierdes el control y te vas adentro y profundo.
Son los momentos por los que vale la pena vivir un poco más.
Una mujer ha aparecido paseando un perro y me ha saludado con una sonrisa amable mirando una hoja de mi cuaderno agitándose.
Vivir un poco más…
Aunque no demasiado, no puedo perder mi angustia; la que me aferra a la tierra con los dedos crispados, enterrados en ella.
Pienso que si dejo de sufrir, dejo de existir. Disciplina.
Me duele la espalda por culpa de la pierna podrida y maldigo el momento de levantarme.
Y el viento me ofrece un ligero empujón inflando mi camisa de frescor.
Puedo ver mis propias pestañas cerrando el campo de visión y tomo el control.
Podría aparecer el sol de repente e incinerarme rabioso.
Hasta siempre, preciosas nubes.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Humor ardiente
Publicado: 11 agosto, 2019 en Sin categoríaEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Es mi ademán hostil e irritado tras pedalear una hora a treinta grados centígrados. Siiii… lo sé, nadie me ha obligado.
Siento ira por ninguna razón soy así de carismático, joder.
Como decía, tras ese ademán hostil, hago girar a cien por hora mi microscópico cerebro para tratar de encontrar una arma más potente y eficaz como alternativa al armamento nuclear.
Me refiero a algo que sea más rápido y definitivo, que no dé tiempo a cucarachas, ratas y puercos de dos patas a adaptarse y sobreponerse a la catástrofe.
Pero no soy cuántico, solo soy cabrón a secas. Así que fumo y me tiro un pedo despreocupadamente.
Con todo mi odio, deseo a la humanidad un feliz y anal sexo en este verano de mierda.
Diminutivos gastronómicos: comparativa
Publicado: 11 agosto, 2019 en Sin categoríaEtiquetas:Crítica social, diminutivos, gastronomía, generosidad, Humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, petulancia, tacañería, Ultrajant, vacaciones, viajes

En México usan mucho los diminutivos, sobre todo en gastronomía: carnitas, cochinita, cafecito, tamalito…
Estos diminutivos son un eufemismo, porque se trata de platos potentes y generosos.
Son muy cordiales, entre familia y con la clientela. Saben hacerte sentir bien en su casa o en su restaurante. Aun así, no os fieis, porque el mesero cuando llegue a la cocina le gritará al cocinero (se piensan que el español no entiende el español, en serio): “Una orden de carnitas para el pinche español”; pero si no lo oyes no importa.
En Cataluña se emplean los diminutivos en algunos casos; pero de una forma literal. Su cordialidad esconde cierta tacañería institucional vestida con un halo de exclusividad. Vamos, una pedantería absolutamente injustificada.
Si comes en México una orden o ración de “carnitas” (carne de cerdo cocinada con hierbas aromáticas, para ser devorada con cebollitas tiernas, tortillas, rábanos, tomate, chile, surtido de salsas, etc…) a la mitad de plato te sentirás lleno. Seguirás comiendo porque es delicioso y el ambiente tan distendido y familiar que te olvidas de estar en un restaurante. Cuando pagues la cuenta, lo harás a gusto por la calidad de los ingredientes y su elaboración. Y por la generosidad, a pesar de la precariedad económica mexicana.
Si en Cataluña eliges en un restaurante más o menos turístico o situado en una zona centro-histórica, un plato como “llonganiçeta” (longanicita), te servirán después de media hora de espera una salchicha cortada asimétricamente de una longitud no superior al dedo corazón de cualquiera de tus manos y con un grosor parecido, aunque siempre un poco inferior. Dejarán caer en un plato enorme y daliniano cuatro gotas bien definidas de una salsa que sabe sorprendentemente a nada y que agradeces que al menos esas gotas estén tibias. Estará adornado el plato con una hojita que habrán recogido al azar en el borde de algún sendero de tractores y en una canastita de mimbre, te servirán una rebanada de pan tostado no superior en longitud a la salchicha. Y no se trata de un plato de “autor”, en absoluto, es absolutamente vulgar.
Por esa “llonganiçeta” pagarás nueve veces más que lo que pagas por las deliciosas “carnitas” servidas con cordialidad y sin un ápice de vanidad o superioridad.
Que a nadie se le ocurra pedir un plato diminutivo en Cataluña si tiene hambre, porque tiene el noventa por ciento de probabilidades de salir humillado del restaurante, acompañado por la risilla burlona del camarero o dueño del “restauranticito”.
A mí me pasó; pero solo una vez. Soy astuto y tengo una buena memoria a pesar de mi edad.
Y para no desanimaros demasiado en vuestras vacaciones a la catalana no entraré en detalles; pero si habéis comido churrasco en México o Argentina, no cometáis el error de pedirlo en Cataluña si no lleváis encima un potente microscopio y una tarjeta bancaria liquidada recientemente.
Si te sirve de consuelo, tras el timo de la “llonganiçeta” puedes pensar que has colaborado con tu dinero en alguna causa política del oprimido y esclavizado pueblo catalán. Puedes considerarte un héroe, porque por ello has pagado una pasta gansa (un dineral).
Heroicidad es un buen postre puestos a mal consolarse.
Buen sexo a falta de bon apetit si no comes en México un plato en diminutivo.

Iconoclasta
Un ramo
Publicado: 10 agosto, 2019 en Sin categoríaEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Muy romántico yo tras pegarme un tiro de farlopa, salí al bosque e hice un ramillete de flores para mi amada.
Ilusionado se lo entregué con un beso.
Y ella triste díjome: «Las has arrancado… Ahora están muertas».
A lo que respondí: » Pues come mierda, puta».
Nunca me había sentido tan desesperada y negramente besado.
Euforia y prostitución
Publicado: 10 agosto, 2019 en Chusma, Conclusiones, Histéricas, Humor, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Hay cierta indecencia espiritual en la raza humana, sobre todo en la especie urbana:
Esa permanente prostitución por obtener las cosas más banales, cosa que se acentúa con la euforia vacacional.
Conclusión:
Las mamadas de la puta consiguen extraer con eficacia y rapidez la leche junto con la inteligencia y la dignidad si las hubiera.
Sin carne, sin cojones
Publicado: 10 agosto, 2019 en ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Según las editoriales sensibleras de algunos periódicos que parecen creerse sus propias mentiras, en un futuro no muy lejano se va a restringir el consumo de carne y algunas verduras suculentas para la sostenibilidad del planeta. Y así, al igual que el marisco, en unos años la carne pasará a formar parte de la dieta de solo los más pudientes y corruptos.
Todo parece ir hacia un pienso compuesto con los ingredientes necesarios que las reses humanas necesitan para producir y consumir correctamente dentro de los parámetros establecidos.
Si le quitas proteínas cárnicas a los humanos y le añades a su pienso algunos inhibidores hormonales; al igual que los bueyes, se tornarán más dóciles. Y si no necesitan testículos, pues mejor que mejor. Al final, serán sementales seleccionados y elegidos por los gobiernos quienes se la metan por el coño y por el culo a sus esposas; incluso por la boca si les cabe sin romperles los dientes semejante rabo tan bien seleccionado.
Hay una peli -Soylent Green o Cuando el destino nos alcance (1973)- en la que usaban a los manifestantes (los metían en camiones de basura con grandes palas, los prensaban y la pasta resultante la procesaban) para hacer galletitas y alimentar a la población hambrienta de las ciudades.
Lo más tierno de la peli, era que los ancianos, podían elegir libremente el día de su muerte ante una pantalla imax de una belleza indescriptible.
Buena peli, acertadísima visión. Se nota que el LSD daba sus frutos. Debería volver a consumirse de forma habitual.
Incansable
Publicado: 9 agosto, 2019 en Sin categoríaEtiquetas:Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Tú no puedes saber cuánto te quiero.
Tú ya te tienes, no padeces mi necesidad de ti.
Y si no te tuvieras, serías una lesbiana deseándote.
Tengo millones de formas ingeniosamente indecentes, o simplemente indecentes para expresarte mi amor.
Soy incansable, amor.
Esto solo acabará con la muerte. No es tragedia, amarte es un acto ineludible en caída libre.

Imagen
—
Publicado: 9 agosto, 2019 en Sin categoría
Etiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant