


















Nos ha jodido, vaya descubrimiento…
Llevan un retraso de cojones.
(La vida es larga y el placer corto, en catalán).

Pienso suicidarme a golpe de diabetes.
Soy cosa mala de cruel y retorcido.
Está bien… Chocolate y tabaco.
Añadir a la diabetes, cáncer de pulmón y como voy a comer mucha carne y embutido, algún tumor casual en el colon (no hay error ortográfico no pienso en el descubridor).
Solo me falta una cantidad enorme de dinero para morir despreciado y materialista.
Bye, hermosos tangas y sujetadores rojos que apenas cubrís pechos hermosos de mujeres lujuriosas.
Volveré (Terminator).

«¡Y hacer daño! ¡Y hacer daño! Aquello era vida:
destruir solo por gusto y por querer;
sentir llorar a todos y poder reír…
Ser como el rey del dolor… ¡A fe que era hermoso!
(Joan Maragall , La fi d’en Serrallonga)»

«Entiendo que me han capturado porque hace algunos años que voy por este Principado de Cataluña robando en algunas casas y en muchos y diversos caminos reales, por cometer muchas muertes, solo y en compañía de otros bandoleros amigos míos. He cogido a muchas personas y exigido diversas cantidades.»
(Declaraciones de Joan Sala i Serrallonga durante el proceso que se le instruyó entre 1633 y 1634)

Me gustaría tener la suficiente inmadurez para desear algo fervientemente y tener la fe de que ocurrirá; pero me es imposible someterme a ese engaño.
Barajo las posibilidades tangibles, cercanas, reales. Soy un técnico.
Entonces llega el momento de escribir, en el que ejerzo una medida traición hacia mí mismo y sueño creyendo en cada palabra, en cada tristeza, en cada barbaridad.
Y en cuanto he levantado el plumín del papel, mi mente sube como un buzo sin oxígeno a la superficie y sufro la embolia de la realidad.
Observo a mi alrededor con los ojos lacrimosos, porque duele, duele un millón salir de mis mundos interesantes, brutales, crueles, impúdicos…
Aún siento las contracciones de su vagina oprimiendo mi pene.
Hay sangre entre mis uñas del pecho desgarrado de mi enemigo.
Y mis músculos tiemblan con el inconmensurable dolor de haber perdido a lo que más amo en un viaje en el espacio profundo.
Observo a mi alrededor, oigo palabras y me consuela el haber descendido a pesar de tener que resucitar en mi árida realidad. A pesar de la embolia que está a punto de reventar una arteria.
Tengo un alto umbral del dolor.
No es un consuelo verlos a ellos, es un acto de constatación. No necesito sonreír o relajar mi gesto. Prefiero parecer triste y aborrecer sin decoro esa tremenda aridez que es mi vida en la superficie.
Si conmigo ejerzo esta bárbara represión, a los humanos trato igual. Sus vidas son áridas como el desierto más mortal del planeta.
Lo que me diferencia de ellos, es que soy consciente de mi respiración y de mi fragilidad a cada paso, a cada segundo.
Los he visto que con solo intuir un milésima parte de su intrascendencia, han debido apoyar sus manos en un muro para vomitar sin consuelo.
No me puedo quejar de mi estómago.

Iconoclasta

Un sudario de hielo hace caos de las hierbas y las flores, como si el pie de un dios rabioso las aplastara.
Camino por la silenciosa senda de un cementerio de muertos rebeldes. Se niegan a morir a pesar del divino y aplastante designio.
Como los dedos de los magos blancos, los rayos del sol hacen del sudario jirones de niebla y el verde come a lo blanco y las afiladas briznas heladas se hacen tallos tiernos.
Y se enderezan soberbios en un salve a la luz que calienta.
Es el cementerio insurgente, donde la vida se come a la muerte.
Como si un sudario pudiera morir… La muerte devorada por la muerte.
Es mejor no pensar demasiado, no pensar que la carne no está sujeta a la hermosa resurrección.
Disfrutar del silencio en silencio y observar el sudario hacerse humo bajo el sol justiciero.
Soy extraño a esos dioses y a esos magos blancos. Solo soy un testigo, un forastero que cojea silencioso; si acaso, fumando para confortar el pecho ante el gélido sudario.
Tengo una cita diaria con la muerte y con la vida.
Son tan tenaces desgarrando el sudario… No sé si quisiera hacerlo cuando me cubra a mí.
Estaré cansado…

Iconoclasta
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