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Malditas y divinas deidades

Deidades…
No son lo buenas que se creen.
Esas deidades son como gigantes que toman un bebé con la punta de sus dedos, con cariño y ternura; pero aplastan su pecho y lo matan con su desmesurada magnitud y fuerza.
Las deidades creen que como ellas aman y sienten, aman los humanos. Y les echan al rostro y a la mente toda esa sensualidad y erotismo sin ser conscientes de que los doblan como si recibieran un puñetazo en la barriga. Crean con su poder divino un universo que no está al alcance de los no sagrados.
Sonríen radiantes y nosotros pensamos en como es posible querer tanto en tan poco tiempo, porque no somos dioses como ellas. Sonreímos porque nos contagian; pero hay un profundo amor serio como la muerte en algún punto de nuestro pecho; un dolor de no poder alcanzar, de no ser suficiente para todo esa pasión y deseo que destilan las diosas por cada poro de su piel.
No creía en seres divinos capaces de con el silencio, transmitir su divina existencia. Con sus palabras fulminar mi paz e independencia y convertirme en su devoto amante pequeño.
Infinitesimal…
«Yo soy Dios», quisiera decirle con convicción a la diosa; pero sé que sonreiría con cariño y ternura, como si fuera una pequeña réplica graciosa y barata de un tótem.
Una figurilla coleccionable.
La deidad me quiere; pero no imagina el impacto que tiene en mi pensamiento y organismo. No calibra la magnitud de su ser frente a un humano.
No tienen necesidad de ello, ya hacen bastante con mostrarse con toda su divinidad ante nos; están libres de escrúpulos, son diosas.
Su grandeza las define.
Se convierten sin saberlo, con una exquisita inocencia, en seres crueles que nos enamoran sin ningún reparo. Con toda su belleza inexpugnable.
Tal vez no, sean crueles, pero no puedo ser ecuánime. No soy justo juzgando cuando el mundo lo cubre mi diosa y todo es ella.
Te hacen sangrar el corazón con sus palabas, con unos puntos suspensivos prendidos de sus santos labios…
Hay un cigarrillo consumiéndose en el cenicero al que no hago caso porque la diosa está presente. No es momento para la banalidad, podría morir en cualquier momento, no soy divino. Debo administrar bien mi tiempo.
Yo un ateo convencido, soy ahora un sacerdote pagano.
Soy demasiado viejo para esto… Las deidades son inmortales y su eterna juventud nos hace viejos cualquiera que sea la edad. Ellas marcan las épocas.
Escribo y describo lo inexplicable con suficiente precisión, pero no hay consuelo.
Tal vez quede una esperanza: ¿los dioses nacen o se hacen? Es un problema en el que estoy trabajando.
Me centro en la segunda opción, estoy harto de imposibles.
Si pudiera ser tan solo un poco dios, le haría sangrar los labios con un beso de furiosa y desbocada lujuria. El dolor del amor desatado, desbocado. Una venganza de amantes.
Tal vez no debería ser dios, no tengo medida alguna como hombre.
Porque le mostraría mi polla palpitante y una gota de fluido que se descuelga desde un glande cárdeno por la congestión sanguínea que provoca su cuerpo divino.
¡Ah… La sagrada obscenidad!
Apuñalaría el espiráculo de un delfín sonriente para mostrar que mi crueldad es equiparable al amor que me dobla por ella. Para demostrar que cualquier vida importa menos que amarla.
Mataría hombres que eran tan humanos como yo, para demostrarle mi violenta divinidad. Como un reproche a la esclavitud a la que me tiene sometido.
Aplastaría con mis pies los dedos de un niño que juega en el suelo…
Tal vez no le gustara, pero soy su obra. Tiene que ser consecuente con lo que provoca.
Malditas y divinas deidades…


Iconoclasta

Quiero ser desconocido.
Oculto e ignorado.
Que nadie sepa lo que te amo. Que nadie imagine que eres deseada por mi cuerpo y mi alma hasta la obscenidad y la paranoia.
Porque los hay mejores que yo, y si te pierdo, me muero.
Y me da igual morir; pero no así, sin ti.
Podría llorar con solo pensarlo.
No hay nadie mejor que yo, te lo juro, solo tienen suerte. No hay nadie mejor que yo amándote.
Es mi íntima vanidad este deseo titánico por tu piel y por tu pensamiento todo.
Los fuertes y tenaces no tenemos suerte, perdemos y ganamos a pulso, abatidos por el cansancio, con los párpados escaldados por el sudor. Nos mordemos los labios de deseo.
Y los puños.
No es de extrañar esta sonrisa un poco torcida y sangrienta.
No soy inteligente, pero amarte así, no es de tontos.
Tú puedes decir que soy idiota y nadie nos molestará. La chusma está tranquila si no siente la mordedura de la envidia.
No soy vanidoso, no quiero lucirte como un premio. Ocúltame.
No le digas a nadie que eres para mí un ser de otra dimensión. No le cuentes a nadie que el café humea íntimamente para nosotros en la mesa todas las mañanas. Su aroma es el inquebrantable testimonio de que la noche nos ha cubierto y la mañana nos ilumina juntos de nuevo.
No le digas a nadie que te amo con esta importancia casi agónica. Porque irán a por mí y no tengo tiempo para pelear, no quiero hacerlo. Toda la vida he peleado, y si me sobran fuerzas, es para quererte.
No quiero perder más tiempo, me lo he ganado todo. Te he ganado palabra a palabra, segundo a segundo, beso a beso, silencio a silencio…
Esperando, esperando, esperando…
Es mi turno de amar tenaz y serenamente.
Secretamente.
Yo estaré tras un árbol admirándote, esperando que no haya nadie en la calle para besarte toda; a traición y con alevosía, por la espalda con mis brazos apresando tu vientre.
Con una erección entre tus nalgas, así de obsceno, así de hombre, así de loco.
Así te amo.
Déjame ser la bestia solitaria en el día que te ama secretamente bajo el sol y con descaro en la oscuridad o bajo la luz artificial del hogar.
Déjame ser la fiera que te asaltará en lugares despoblados, en los momentos en el que la humanidad dormita o celebra sus inutilidades, miedos y frustraciones.
Estoy a salvo de esas cosas contigo, amándote. Soy tu androide aparcado en el armario de las escobas, esperándote.
Mantenme oculto y secreto, mi amor.
Es por mi bien, es por mi tranquilidad.
Que nada ni nadie me robe un instante para amarte.
Perdona que te cargue con esta responsabilidad.

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Iconoclasta

Ha reventado algo muy adentro, como si una bolsa con agua caliente se hubiera roto de repente y diera un calor extra al corazón y los pulmones.
Una molestia mortificante que mantiene contraído el estómago; pero no es el estómago, es algo mucho más profundo. Imagino que es donde reside el alma.
¿Por qué envía el cerebro tan lejos y recóndita el alma? Te llevas las manos al abdomen para nada. No hay consuelo, ni siquiera me acerco al alma emocionada y contrita.
Atendiendo al estómago, no puedo frenar esa agua tibia que se derrama por todo el cuerpo para llegar a la entrepierna.
Una erección, por extraña que sea, distrae de la metafísica. Es el obsceno anclaje a la realidad.
Lo que me hace suponer que mi pene es más poderoso que mi pensamiento.
Y concluyo de la forma más lógica que soy idiota.
Un idiota con las entrañas inundadas de esperanza e ilusiones y con la polla tiesa…
Es de risa…
No reniego de mi naturaleza básica y simple como una canica.
Está bien así.
Me quejo de mis pretensiones intelectuales. Debería ser más elegante y no escribir de esperanzas y amor con esto tan duro entre las piernas.
Debería callar y simplemente masturbarme.
Soy malo conmigo mismo, despiadado.
Todo va junto, es un lote: amor y sexo.
Tampoco hay tanto misterio. Me canso de pensar.
Siento rabia de tener cerebro y usarlo demasiado.
Estoy furioso, porque mi temperatura interna ha subido y el agua que me inunda dentro me asfixia.
No soy un romántico, soy un hijoputa que ama y folla.
Que la mete y lame.
¡A la mierda! Si te amo te la meto.
Que nadie me joda más. Sobre todo yo mismo.
Toda esta calidez que sobrecalienta mis órganos va dirigida a la polla. No es amor, o tal vez sí; pero me duele de dura que está. Y eso no mejora mi humor.
Ni mi equilibrio mental.
Ahí, en algún lugar profundo de mi estómago está el amor, un núcleo duro, inconfundible.
Como un tumor inoperable.
El amor se esconde profundo.
Tal vez por ello te la quiera meter. Follarte es buscar el tuyo, querer golpearlo con todas las venas de mi rabo. Así de básico, así de sencillo.
La obscenidad va de la mano de la sinceridad.
Y el romanticismo solo esconde la semántica de follar y correrse. Eufemismos que hacen perder un tiempo precioso.
Y cuanto más pienso en ello, más me desboco.
Me torno tan profundo como irracional.
Es hora de mostrar la locura. El rabo duro y mis manos en el abdomen buscando un consuelo.
A la mierda el civismo y atávicos prejuicios.
Yo solo doy amor y semen.
Y por favor, solo pido unas horas de paz para alejarme de esa metafísica que contrae mi estómago y esa irracionalidad que mantiene el glande empapado.
Quiero dejar de ser incomprensible por unas horas, solo quiero ignorar que existo entre palabras, risas, humo y comida.
O llantos, da igual…
Algo sencillo, algo sincero para variar.
O simplemente odiar, odiar es sencillo y fácil. No se necesita un riego sanguíneo tan potente como para mantener una erección.
Me basta con ignorar que soy incomprensible a mí mismo.
Que Linda Ronstadt cante Blue Bayou…

Iconoclasta

https://www.youtube.com/watch?v=GVu1xUDg66Q

Cuando estaban cerca, cuando las líneas estaban superpuestas, no era el momento; y se trazó una línea paralela que aisló a los dos en un tiempo de sus vidas.
No se cruzan las líneas paralelas, no hay forma de saltar de una a otra; pero a veces el Gran Delineante comete un error, o tal vez, tenga un arrebato de compasión; cosa improbable, pero esperanzadora.
Y traza dos líneas paralelas muy juntas. Demasiado para su forma de actuar, tal vez porque se le haya metido humo en los ojos.
A veces fumar es beneficioso para alguien.
De alguna forma, una gota de tinta cae entre esas dos líneas. Posiblemente debido a un estornudo del Gran Delineante. Tal vez haya sentido un ataque de compasión. Aunque no es un hecho verosímil; pero sería agradable que lo fuera, aumentaría las esperanzas en el planeta.
Se crea así un espacio por el que cruzar. Con una serena pasión entran en el espacio borroso, irregular. Cautamente por experiencia, pero con todas las ilusiones entre los dedos, como un póker de ases. Y saltan las líneas porque es el momento adecuado. Se han preparado para ello durante tiempos y desilusiones.
No hay grandes eventos cosmológicos, no hay señales premonitorias, solo el rumor de unos árboles mecidos por una suave y húmeda brisa.
Discreta y contenidamente se acercan. Ilusionados a pesar de todo. Tal vez un poco confundidos por nuevos horizontes, por posibilidades razonables.
Las palabras saltan de un muro a otro derribando amarguras y errores, cañonazos que abren brechas en el tiempo y el espacio.
Es poderosa la palabra…
El Gran Delineante mira a otro lado, sería bonito que lo hiciera por piedad. No importa el porqué, el paralelismo se ha interrumpido.
Querer entender es perder el tiempo y ese ser podría usar corrector.
Y hay suerte, el Gran Delineante ha ido a mear.
Las palabras, escritas con cautela y letras pequeñas, se convierten en pasos paralelos que se dibujan tranquilos como por arte de magia, a veces se entrecruzan debido a un beso o un abrazo; desde la perspectiva del Gran Delineante, una hormiga con las patas sucias y colocada con marihuana está haciendo de las suyas.
Pasos serenos, cálidas y otoñales confidencias…
El Gran Delineante toma la hoja de papel y la clava con chinchetas en la enorme e infinita Pared del Destino, junto a miles más. Y cuando se da cuenta de la mancha y esas líneas pequeñas y erráticas, no hace nada. La observa y sonríe con el cigarro entre los labios.
Tal vez esté cansado de un paralelismo monótono y cansino. Cuasi eterno. Tal vez se sienta el Dalí de las líneas paralelas.
Toma otra enorme hoja de papel, se coloca unas gafas y comienza a crear otro universo de líneas paralelas, con decisión. No quiere sentar precedentes.
Es un cuento de navidad feliz, aunque el Gran Delineante sea un perfecto cabrón escondido entre los bastidores de un teatro.

Iconoclasta

No somos dos enamorados.

No somos solo eso: solo amantes.

Somos dos rarezas en una esfera transparente de cristal de amor.

Somos un sagrado misterio en el planeta. No existen dioses, solo nosotros.

Un sagrado misterio porque nadie puede comprender como es posible amarte tanto, con tanta fuerza.

Cómo es posible ser tan amado como yo.

Somos la representación plástica y metafísica del amor. Una performance conceptual, surreal, mística y carnal.

Carnal, carnal, carnal…

Por todos los dioses, no sabes lo  que te amo…

Somos admiración, ante todo envidia.

Van a destruir nuestra esfera de amor, ya no seremos exclusivos el uno para el otro, ya no seremos especiales. Van a reventar a golpes el misterio que somos, con puños y dientes. Rabiosos, fariseos…

Ahora, precisamente ahora…

Te busqué en países lejanos, en tiempos que eran trampas.

Y estabas aquí, mi amor. Perdí tiempo y fuerza en errores.

Se acercan, quieren tocar, violar y mancillar el sagrado misterio, mi amor.

Abrázate urgente y fuertemente a mí. Oprime tus preciosos y menudos pechos contra mí, quiero fundirme contigo y que sientas la sagrada erección del amor. Antes de que nos olvidemos, antes de que nos destruyan como misterio.

Quiero crear en mi memoria toda una vida contigo, creer con firmeza que estos instantes de amor en los que te he encontrado, reconocido y besado, han llenado mi vida.

Dame tus labios y tu lengua, no te importe que los rasgue,  que duela el beso del sagrado misterio.

Quiero estar unido a ti cuando destruyan lo que somos y  dejaremos de ser.

Es tan breve lo hermoso, mi amor.

Cientos de hombres, mujeres y niños golpean la esfera del sagrado misterio de esos amantes anónimos y obscenos en su amor exclusivo y aislado del mundo. Son golpes sordos, en un silencio de pasos sin voces, de emoción insana, sin alegría…

Unos quieren entrar y ser misterio, otros quieren destruir lo que les está vedado.

La primera fisura que se abre en la esfera, contamina el interior en un instante corto como un latido de corazón.

El mediodía hace de la calle y sus seres un infierno, un horno al rojo vivo.

Los amantes han cesado el beso y sus cuerpos se separan.

Ya no hay misterio. La esfera de sólido cristal de amor estalla como una burbuja de jabón que cae dulcemente sobre el suelo ardiente.

Sin ruido y con la vulgaridad como atmósfera, los cientos de seres guardan silencio cuando los amantes se alejan el uno del otro con indiferencia autómata.

Alguien entre la multitud ríe, y todos se dirigen hacia algún lugar de la ciudad, charlando animadamente o con una carga de mediocridad sobre sus hombros que los encorva.

Los amantes ya no existen, no hubo misterio jamás. No se distinguen del resto de seres humanos.

El atardecer y sus sombras largas como finos cuchillos, masacran los restos de un misterio sagrado y efímero.

Jamás ocurrió, no hubo nada ultra terreno.

No es posible, no es legal semejante amor.

No hay misterios en un mundo plano, previsible y anodino.

Iconoclasta

Es un frío agradable que hace cálida la casa.
Un frío amigo de liberación y renovación.
Un frío acogedor que apaga las brasas de un calor insano, ondulante y vibrante como cinta de asfalto bajo el sol de mediodía. Un espejismo, una mentira…
El frío es la verdad y la luz.
El frío bendito que deja las calles vacías y silencios caídos en el suelo…
Vencido el calor, vencido el polvo cegador y asfixiante, barridas las moscas y los aromas corruptos, el frío anida en el corazón como un estilete que rasga una membrana sucia.
El frío trae la serenidad como premio a esos sudores derramados con hartazgo y desgana.
Vence a fiebres contagiosas y contagiadas por ese calor metido en los sexos mediocres y sucios de semen y humores rancios.
El frío, mi frío, lo arrastra todo, incluso tiempos y dolores.
Y el amor entra por los resquicios de la ropa creando escalofríos, cálidas erecciones y humedades entre el ropaje y las hojas secas de los árboles
Abrígate junto a mí, mi amor.
Clávate a mí en este frío conmovedor, mi amor.
Haremos cálido el hogar con nuestros corazones ardientes y la piel fría.

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Iconoclasta

la ecuación del amor

No aquí, no en este planeta.
No en las dimensiones conocidas.
Los verdaderos amantes no pueden existir en este lugar, en este espacio.
Aquí y ahora, los amantes solo son seres de compra-venta. Proyectos de amor sin consistencia, efímeros.
Hay una idea en mi cerebro, pulsando como un quasar en el cosmos: el amor tiene que existir, es una idea instintiva. Nací con ella como una certeza. No lo aprendí.
Tal vez se encuentre en el seno incomprensible de la parábola de una ecuación de segundo grado.
Hay que cruzar un portal dimensional, difícil y oculto, hay que dejar sangre y piel al atraversarlo.
Mi pensamiento no miente, no a mí.
Y aunque jamás he encontrado el amor, toda mi puta y obstinada razón me dicta buscarlo entre espacios invisibles e imposibles, en tiempos contraídos y expandidos.
No hay pistas que buscar, no hay datos de localización del portal del amor.
Es una cuestión aleatoria, aleatoria, aleatoria, aleatoria…
Una misión que suele acabar con la muerte sin encontrar el portal del sosiego y la serenidad.
Encuentras atisbos de amor fantasioso que son pistas erróneas, falsas alarmas. Hay que alejarse de esas trampas, hay que arrancarlas de cuajo de las entrañas y quemarlas. Que no quede nada que nos pueda distraer de la búsqueda.
No existen dioses que guíen, ni un umbral luminoso.
El amor es tan exclusivo que no se anuncia. Es un club secreto en el barrio de una ciudad sórdida y sucia.
Mientras los amantes simplones que se aparean intentan convencerse de su amor fatuo, busco pequeños cambios de luz, una ráfaga de aire que arrastra un aroma ignoto, polvo extraño en mis zapatos.
No pierdo el tiempo, no me distraigo más de lo estrictamente necesario. No cambio mi solitaria búsqueda por una emoción prostituta.
Pago la mamada y sigo caminando hacia ningún lado, esperando poder resbalar algún día por el extremo de la ecuación y descender al seno de la parábola, allá donde el positivo y el negativo se unen para crear un misterio.
Dicen que es la nada, que es el cero absoluto. No importa, porque de hecho, esto es nada.
Solo atiendo a mi pensamiento, a mi idea.
El tiempo está en mi contra, lo sé. Es algo que ocurre desde el momento que nací.
No es preocupante.

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Iconoclasta

Las palabras se hacen confusas por muy claras que se pronuncien cuando el lenguaje corporal y emotivo entra en conflicto con ellas.
Como un orgasmo de sexos calientes pensando en otros que no son los que se acarician.
La perfecta dicción no hace nada por mejorar la comprensión. Y la erección y la humedad dilatada es algo animal, no tiene porque amar un pene o una vagina.
La confusión nace cuando las palabras no están sincronizadas con las miradas y los gestos.
Ocurren cosas y nace la desconfianza y la desconfianza va de la mano de la antipatía.
Las palabras confusas son esculturas de arena que se desmoronan apenas se han modelado. Ideas efímeras que se erosionan en segundos por el viento, que las aplastan niños que juegan en las playas de Cabo Cobardía y el Golfo de la Decepción.
Son confusas las frases cuando no consiguen definir la realidad de un momento, de una emoción. Y un monosílabo como un «sí» o un «no», no se comprende.
Y crees estar en una dimensión acuosa donde la voz llega lejana y deformada. No me gusta el buceo, no me gusta el mar asesino.
Palabras que flotan inertes e inservibles en el vacío cósmico sin un lugar donde anclarse.
Nos confunden tanto algunas palabras, que creemos estar sordos o mal de la vista, porque quien las pronuncia, se hace extraño de repente. La confusión de las palabras deforma los rostros de una forma cruel y despiadada para el recuerdo, para los buenos recuerdos.
Y te preguntas que haces ahí, que lenguaje extraño estás oyendo… Miras atrás por si hay alguien más a quien se dirijan esas palabras incomprensibles.
Nacen de la inmadurez y el desequilibrio. De la decepción, del miedo a la soledad y al silencio.
Estas cosas se han de combatir como sea, y el precio es excesivamente caro para un producto tan decepcionante como un simple y vulgar consuelo que solo acaricia una vanidad desmedida.
La cobardía no es una virtud y va ligada íntimamente a las verborrea sin sentido.
Tampoco es un vicio, es una tara de nacimiento que va metida en el corazón de los bebés humanos y lo perfeccionan con la edad.
Las palabras de la fe son confusas, su única misión es aturdir a los que escuchan, agobiarlos hasta que sus voluntades se agotan ante tanta cháchara sin sentido. Y así se rinden a las mentiras, a las confusiones.
Las palabras de la cobardía y el desamor son ininteligibles y erosionan la serenidad y la lógica.
Hay que huir de las palabras confusas, porque crean angustia, un vacío en el alma.
Confunden hasta los recuerdos y plantean la duda de si lo vivido fue una verdad o una mentira.
Son confusas las palabras que no se dicen, son humillantes para quien están dirigidas, como las palabras que se lanzan a oídos ajenos, llevan la frecuencia hiriente de la mentira entre cada fonema.
La confusión, al final, es una verdad, y la verdad confusa es mentira. Solo que llegar a esa conclusión tan enrevesada requiere un tiempo precioso que se malgasta.
Y nadie va sobrado de tiempo, porque todos mueren. Y morir confusos es haber vivido una mierda de vida.
Un «te amo» puede ser tan falso como el beso en la mejilla que antes se daba en los labios. Hay que taponar los oídos y abrir bien los ojos para que no nos aturdan las confusas voces de la cobardía, la decepción y la vanidad.
El diablo era más sencillo y simple, mentía tan claramente…
Y la muerte no habla, no confunde, es terroríficamente clara; el corazón se detiene comprendiendo.
Los humanos usan armas mucho más traicioneras y complejas, buscan ser héroes de las emociones, mártires de la vida. Necesitan ser admirados por nada, no acaban de entender ni aceptar su propia mediocridad.
A veces soy humano, lo entiendo.
Sus bocas expulsan confusión para buscar toda esa admiración que no pueden despertar en nadie por medios diáfanos. Vuelven a amar a quien un día odiaron, y a cambio, odian a quien creen amar.
Las palabras confusas, solo nacen de mentes cobardes.
Una vez salvado todo ese enfermizo caos, queda la tranquilidad de ver deshacerse las esculturas de arena desde lejos.
Y el amargo sabor de un tiempo perdido.
Aunque lo cierto es que el tiempo no se pierde, solo se emplea de distintas maneras hasta que llega la hora de morir.
Las hay, claro que las hay , solo que son escasas: las palabras francas y diáfanas, las palabras del amor decididas e inquebrantables.
Resolución y determinación, por mucho que duela.
Las claras palabras del odio y de la ira…
Las he oído todas, tengo suerte…
No morir confusos y ser firmes y claros aunque joda.
Es un buen objetivo, noble en tiempos de cobardía.
No creo que existiera una época de valentía. Tampoco soy un ingenuo.

Iconoclasta

El amor debería ser personal e intransferible, debería tener la propiedad conmutativa solo entre los amantes. Todo lo demás es injerencia e intromisión.
Es una lente que deforma lo real para hacerlo ideal, no hay nada de malo en ello; al contrario, es hermoso que alguien te convierta de la vulgaridad a un ser especial.
Lo malo del amor es que es una dulce e hipnótica trampa y cuando falta lo que amas, la vida pone las cosas en su sitio. Y tu sitio es el rincón polvoriento frente a un televisor apagado. Con la gloria erecta entre las piernas que se ha convertido en un monumental tótem al vacío.
Hubo una lente que lo hizo grande. Demasiado.
No es monumental, es solo sórdido.
Y cuando falta lo amado, es vergüenza.
Cuando fallan las propiedades del amor y dejas de ser personal e intransferible, te conviertes en una patética caricatura de lo que un día te hicieron creer ser. La realidad te empuja a la cuneta del camino, tomas tu tótem, tus ilusiones y tus vanidades y desapareces devorado por el espejismo que crea un implacable sol en el horizonte.
Dejas de ser valioso, dejas de ser especial y vuelves a la mediocridad con el peso de la vida cargando en los hombros, un reo condenado a trabajos forzados.
Personal e intransferible se convierte la penumbra que buscas para ocultar la vergüenza.
Personales e intransferibles son las ternuras, los deseos, los reproches y el ridículo que los recuerdos esconden. Y sigue habiendo belleza ahí, es lo malo, es lo tortuoso.
Piensas en los que ahora son los personales e intransferibles, los que ocupan y compiten por el trono…
El universo es cambiante. ¿Cómo no lo iba a ser el amor?
Pecaste de inocencia, dejaste un resquicio demasiado grande a los sueños. No es arrepentimiento, volverás a caer en ello. Solo una decepción, otra más para el álbum.
Tal vez algún día vuelvas a ser personal e intransferible, pero no te fíes, el tiempo pasa y la gente muere. Y tú mueres más rápido que nadie, es tu propiedad. No eres personal e intransferible, solo eres mortal.
Sigues amando lo que creíste ser exclusivo tuyo, no hay porque dejar de hacerlo, no es necesario si solo lo piensas y lo sueñas.
¡Shhh, calla! Solo piensa…
Eso no hace daño más que a ti mismo. Nadie te reprochará nada si no te oyen.
La falla generalizada de las propiedades del amor se convierte en una penitencia, un cilicio que hace llagas en la piel que cubre las costillas y agrieta el prepucio cuando las manos sucias de polvo y sílex masturban con tormento.
Tal vez la exclusividad vuelva algún día a hacerte especial, tal vez…
Eres tenaz a pesar de tus culpas.
Los errores no se tienen en cuenta, forman parte de la realidad, eres falible, eres en ti mismo un error de tus padres. Fallos en la genética, en el pensamiento…
Volverán las equivocaciones y confusiones y serás culpable y responsable de nuevo, es un ciclo finito, la muerte lo acaba todo. Eres lo suficientemente maduro y has sido suficientemente castigado para saber que fallarás de nuevo. Eres tan falible como el amor.
Follarás de nuevo…
Es una suerte que sea un ciclo finito.
Muerte rima con suerte, es una ironía macabra.
Personal e intransferible, con toda certeza, es la parca, nadie puede sentir la muerte como uno mismo, nadie puede sentir tanto dolor y miedo como el que muere. Cuando sientes que la vida se escapa de los pulmones, el corazón se hace cada vez más lento, la sangre deja de correr… No hay muerte dulce.
Nadie te acompaña ahí, ni el amor ni lo amado.
Personal e intransferible… Solo a veces.

Iconoclasta

Me cuesta mucho respirar, mi pequeña.
Me cuesta dios y ayuda aspirar aire con este cuchillo de amor que tengo clavado en el pecho. No sé como arrancarlo. Es un cáncer que mina el alma.
Un dardo de amor y ternura que duele infinito. Como en Toy Story: hasta el infinito y más allá.
Como duele Paulita…
— ¡Papi…! —me dices abrazándote a mis piernas si estoy de pie, o a mi cuello y me das un beso.
Y siempre quieres estar sentada a mi lado en el sillón. Nadie lo quiere, solo tú.
Eso no está bien, no hay nada que duela más que dejarte.
Si la vida fuera un ser, le diría que no se ensañe conmigo, que no es justo este aire que respiro sin ti.
No podía imaginar hasta que punto podría amar a alguien, mi pequeña Paula. Como solo los padres aman a sus hijos, así me siento de partido en dos.
Llegué a tu lado por el amor de una mujer y acabo llorando por el de una niña que es mi hija aunque no lleve nada mío.
Ojalá no te acuerdes de mí, porque si fuera así, habría dolor y si supiera que ibas a sentir pena, yo me muero.
No puedo respirar sin dolor, sin lágrimas.
No soy tu padre, pero soy padre y sé que te amo hasta tal punto, que aspirar el aire de tu ausencia es un dolor que supera al cáncer.
No puedo dejar de llorar.
Me voy muy lejos para siempre, ya no te llevaré a la escuela ni te recogeré.
Como duele, mi amor pequeño.
He pasado muchos dolores, Paula, pero como el no verte, ninguno. Hacía años que no lloraba.
Eres el amor más puro, lo que jamás hubiera esperado sentir. No sabía que se pudiera amar tanto…
Me alegro de que no te hicieras mayor conmigo a tu lado y aprendieras que solo soy un hombre mediocre. Es el único consuelo.
Pero no lo es, porque me duele la vida entera. Me duelen todos los años que no te veré, me duele la muerte sin saber de ti.
Es un dolor que no te puedo explicar sin llorar. No es soledad, es simplemente que ya no te oiré, ya no iremos a tomar helado.
Es solo mi dolor, porque con cuatro años solo has de pensar en crecer y seguir haciéndote hermosa.
Me duele la cabeza de tanto añorarte, solo hace unas horas, pero lo definitivo de la separación tiene la edad de los planetas en su devastadora tristeza.
Te aman muchas personas, tus padres, tus hermanos, seguramente más que yo; pero yo soy el único que sabe lo que duele, eres mi dolor ahora. Solo yo sé lo que duele escribirte estas líneas y que se hagan eternas y que me superen en el tiempo y sean el testimonio de que Papi te amó hasta el llanto, que dejarte ha sido lo más desgarrador que he sentido jamás. Porque existe la completa certeza de que no nos encontraremos jamás.
Cuando seas mayor, estaré muerto, mi Paula.
Y cuando seas mayor, comprenderás el alcance de estas palabras y que un día un señor te amó hasta el llanto.
No te preocupes, la vida es hermosa para ti. Mi vida no tiene nada que ver con la tuya, soy una excepción de dolor y frustración.
No puedo respirar, Paula…
El dolor por perder a una hija que no lo es y se ama más que si lo fuera, supera las barreras de la cordura.
Me duele mucho, a Papi le duele horrores…
Pero Papi es fuerte, lo es por ti.
Necesito tu abrazo, no haría daño…
Me voy y me llevo todo este amor, no importa el dolor, pequeña.
Papi es fuerte, lo quiere ser, necesita serlo. Solo necesita poder respirar bien…
— ¡Paula…! —te beso, te abrazo y nos vamos a ver las gallinas, los gallos y los pavos y luego comer unos tacos y una horchata, mi amor pequeño.
Que mi amor te llegue siempre, aunque esté muerto.
Los viernes eran día de helado… Me siento cansado, siéntate conmigo y vemos juntos una peli.
Muaaaaaaaa…

 

Iconoclasta