
Se me ha aparecido Jesucristo cuando fumaba un cigarro, en una pausa durante la subida a la Sierra del Loco y le he dicho:
-Ahora no. No me jodas.
Y he seguido fumando.

Se me ha aparecido Jesucristo cuando fumaba un cigarro, en una pausa durante la subida a la Sierra del Loco y le he dicho:
-Ahora no. No me jodas.
Y he seguido fumando.

Ocurre sin motivo aparente, como una aleatoria reacción química: se desprende una lágrima que corre por la mejilla y desaparece en la comisura de los labios.
Es el roce de su caída por el rostro una caricia tierna e incomprensible que sacude una emoción profunda que me lleva a buscar oscuridad; pero cuando el sabor salado impregna la boca, convierte mi alma en un papel arrugado por un puño inmisericorde.
Y pienso, aunque no quiera, que hay infinitas razones para llorar. Tan solo dos o tres para no hacerlo.
El sabor de la melancolía, la tristeza y los dolores es salobre y no da consuelo.
Se nubla la vista porque esa lágrima provoca otra, y otra, y otra…
A veces se rompen muros de contención.
Hay días para un llanto de sereno dolor, de bella melancolía.
Y siento que soy papel arrugado, que un puño invisible se cierra en el corazón y sin querer, llevo la mano al pecho para mitigar algo que está demasiado profundo.
La mano hace lo que puede.
Pobre mano…
«¡Por favor, ya está bien, ya vale! ¿Qué ocurre? No es necesario esto», me digo mirando la penumbra a través de una nebulosa húmeda con ojos desenfocados.
No quiero verme a mí mismo, quisiera fundirme con la oscuridad y dejar de sentir.
No quiero ver las lágrimas.
Cada lágrima refleja muertes pasadas, cosas malas que ocurrieron y cosas hermosas que no ocurrirán.
Hay un niño reflejado, encerrado en una bola de cristal. Marchito por la sal de las lágrimas. Y sonríe, no sabe que murió.
Él nunca supo que habrían llantos traicioneros e imparables.
Riadas de pena…
Siento una ternura infinita por él, porque no sabía lo que iba a ocurrir. No podía imaginar tan pequeño, que habían tantas cosas imposibles.
Tantas malas personas…
Me parte el corazón verlo sonreír en su lágrima de cristal.
Yo no podía saber entonces…
Hay amores que se deslizan ahogados por el rostro.
Sueños ajados que tiñen de negro las lágrimas.
Las últimas llevan muerte, que es paz y descanso. Esperanza de que este llanto ya no puede durar demasiado.
No quiero que las vea el pequeño de la lágrima de cristal, que siga sonriendo.
Y por fin, tras el llanto, llega una triste sonrisa de comprensión y ternura.
Todo lo que quedará de tanto llanto, es solo eso: un papel arrugado.
Y mi alma en él.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Está bien, la tecnología tiene sus comodidades, higiene y todas esas miles de ventajas que anuncian los fabricantes; pero empiezo a estar obsesionado, tengo miedo.
Es verano, quiero decir que hace un calor del carajo.
Y nadie mencionó este problema.
En la parte superior del cuerpo, no llevo prenda alguna.
Hace mucho calor.
Temo el momento de abrir la puerta.
Sé que volverá a ocurrir: mis pezones se pondrán duros por el golpe de aire frío en mi poderoso y ardiente pecho.
Me siento tan cohibido por ese frío «no frost» tan impulsado y repentino, que estoy pensando seriamente en destrozar unas orejeras para la nieve y adaptarlas a mis pezones.
Es que llega el momento que me duelen de erizados.
Y pienso en tomar la cocacola caliente antes que abrir otra vez la puta puerta del infierno «no frost».
Maldito «no frost»…

Las butacas no están vacías, hay muertos silenciosos esperando que comience la película.
Por eso observo bien las butacas, no quisiera sentarme encima de un alma. A mí no me gustaría.
Me conforta saber que hay cine en la eternidad.

De pequeño intentaron educarme en la verdad, en la sinceridad.
Y una mierda, yo no digo verdades ni las busco.
Ya sé todo lo que es verdad o mentira.
Siempre lo intuí.
Y la verdad es un supositorio que me hace cagar.
Soy escritor y los escritores inventan mundos mejores y peores que esta mierda que vivo.
Decir la verdad es ser tonto con complejo de iluminado.
Buscar la verdad es no tener inteligencia para ver lo que tienes delante de las narices.
Santiago Rusiñol escribió: «Los que buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla».
Justo lo que yo pensaba en mi infancia; si alguna vez la tuve.

Ni las fiestas religiosas, ni las paganas (religiosas también, las mismas supersticiones).
En ninguna de ellas arde quien debiera, solo basura y madera.
Y cuando toda esa miseria se ha quemado, se acuestan a dormir sobre su propia mierda.
Estoy abandonado en este global sanatorio para deficientes mentales, todas las fiestas.
Todos los días.
Da igual que sea el puto solsticio de verano (ver-culo es lo mismo), o la gran parida cristiana de la navidad; soy alérgico a sentirme feliz y empático de mierda.
Soy tenaz, no caeré en la jocosa imbecilidad.

Soy la imperfecta esencia de la inconformidad, si fuera perfecto, no amaría, no desearía.
No sé si es bueno o malo.
Soy la perfecta incongruencia humana. No soy humano; pero sí.
No sé, es confuso.
Soy el que besa los labios de su rostro y los labios secretos e íntimos que esconden sus muslos.
Soy una obscenidad imperfecta contaminada ocasionalmente de amores y ternuras. Y de iras babeantes.
Soy una muerte perfecta, imparable, incansable. Cada día más cerca de ser nada, cada vez más lejos de su coño.
No hay días perfectos, no hay días gloriosos.
Solo agotadores, como cuando la lluvia hierve sobre la piel y el sol evapora mi pensamiento.
He visto una pequeña serpiente muerta en el camino, demasiado pequeña. Le he dicho adiós con el pensamiento y he mirado al cielo.

Es como si el planeta sintiera mi desdicha y me habla con metáforas en tristes e íntimos días de tormenta.
Como si me entendiera.
Podría haber sarcasmo por su parte, lo entendería. Yo soy sarcástico, soy la burla de mí mismo.
Pero lo peor, es que siento que se apena por mí, que soy un mini-ser digno de ser compadecido.
Y me da de lleno en la dignidad y fumo rabioso y hiero la corteza de los árboles para ser indigno de lástima.
El mundo dice que tú eres la poderosa y voluptuosa montaña.
Y yo la efímera nube que se arrastra por ti, sobre ti. Quisiera cubrirte toda; pero eres inabarcable.
Me empeño en amarte más allá de mi corta de vida, más allá de mi lugar.
No lo conseguiré plenamente, no hay tiempo y no soy más que vapor.
No soy poderoso, soy un mierda.
No importa, me basta arrastrarme sobre ti y sentir tu latido de vida.
Debí haber sido árbol para penetrarte, estar en lo más profundo de ti.
Alguien cometió un grave error conmigo.
Y solo soy un rebelde jirón de nube que se rebela contra el cielo. Que no quiere estar allá arriba, quiero estar contigo.
Si pudieras entrever por una milésima de segundo mi drama de amarte, la montaña se desmoronaría de pena.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

La misma foto serviría para retratar a los miembros reunidos de un tribunal superior, consejo de ministros, consejo de administración de una empresa, consejo de directivos bancarios o el alto mando militar; de cualquier país elegido al azar.
La única diferencia es que cuando matan a las vacas, sirven de alimento.
Los otros rebaños citados solo sirven para robar, cobrar sin trabajar y hundir y arruinar personas.
Además, las vacas piensan y son hermosas.
Debería haber mataderos específicos para las especies no alimenticias.