Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

Sin un rostro no soy nada, no soy nadie. Solo un error genético.
Un espécimen que se extinguirá sin dejar rastro de su existencia.
Sin rostro hay una libertad salvaje, cruel y absoluta.
Sin cara no hay escrúpulos, ni vergüenzas, ni temor, no hay humanidad.
Follarte sin mirarte, penetrarte abominablemente y no amarte con todo el daño que conlleva. Hundir mi cabeza sin rostro entre tus muslos y estremecerme en tu coño como una abominación hambrienta en la oscuridad de mis instintos atávicos.
Incapaz de decir que te amo, mi puta.
No obedecer o sentir el peso de precepto o moral alguna. Eyacular en tu piel y que se deslice el semen derramándose en la tierra, sobre las bocas abiertas en los rostros sin carne de los muertos.
Muertos que tardan demasiado en serlo.
¿Sabes que hay muertos tan estúpidos que se lamentan de cierta dificultad para respirar? Dicen que sienten un asma.
Los muertos suelen tardar demasiado tiempo en serlo, y cuando lo son, están confundidos. Si tuviera rostro, se me escaparía una risa inconsolable.
Soy feroz.
Soy una bestia indescriptible, sin rostro soy invisible.
Nunca he soñado con buscar curas para enfermedades y dolores, para el hambre, la sed, la pobreza, la imbecilidad, la cobardía o la envidia.
Con rostro me parecía bien y ahora, perfecto que exista todo eso entre los humanos.
No quiero intervenir en nada, no quiero modificar ninguna miseria.
No espero salvación para mí, para nadie.
Me muevo con comodidad entre el sufrimiento, el dolor y la mortificación ajena.
Mientras mueren o sufren, solo pretendo amarte silenciosa y sigilosamente, sin rostro, sin miradas que delaten lo mierda que soy. Me basta sentirte como un aire fresco en mi piel.
No soy gracioso, no soy ingenioso, no soy risa, ni siquiera un llanto de hastío en un lugar solitario. Sin rostro soy nada y soy superior a todo lo que me rodea. Soy la complejidad indefinible, una angustia filosófica y teológica.
Soy la plena aceptación de la muerte y sus consecuencias y la decidida voluntad de sentir soberbia por ello.
Tal vez sea el primer paso de mi desintegración al fin.
Se borrará todo de mí con el paso de los días en una muerte inhumana y única.
Mientras eso ocurre y la humanidad sufre, solo quiero estar contigo, en algún rincón donde no te moleste. Y cuando lo necesites tomes mis manos que aún no han desaparecido y las lleves a tu coño, pidiéndome follarte tan desesperada como silenciosamente. Sobre los muertos y ante los humanos que sufren y mueren o ríen su imbecilidad.
Antes de que el amor se borre también, cielo.
Por favor…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Vamos a ver, Alemania será un país muy potente y toda esa mierda; pero también es de los primeros en ser populista, mariconista, demagogista, sofista, hipócritista y manipuladorista.
Los nazis fueron los hijos de la gran puta que nunca debieron haber nacido; pero ya se ha pedido perdón un millón ochocientas setenta y tres veces y hay cosas más importantes en las que trabajar. Ahí está lo jodido, nadie da un palo al agua, cada vez con más frecuencia, políticos y jefes, se dedican al mesianismo y predicar mierda ya inservible. De verdad que se creen la reencarnación de Cristo, Mahoma o Buda, coño.
Lo único cierto es que los jefes alemanes necesitan como cualquier otro andoba de su calaña, hacer sus mariconadas para enternecer los corazones de sus reses cuando acaban las vacaciones y comienza la depresión colectiva. Y así de paso, entrar en el santoral de la falsedad.

Claro, es por culpa de hombres y mujeres que llevan relojes y bolsos por los que hay asesinatos y palizas y tráfico de drogas.
Si ningún turista o ciudadano llevara reloj o bolso (ejemplo asqueroso de ser un burgués de mierda), no sería robado, apalizado y asesinado.
Y todo es por molestar a la Ada en sus vacaciones señoriales.
¿No es enternecedora la hipocresía de la alcaldesa de Barcelona DF, ciudad hermanada cultural y delictivamente con Ciudad de México?

¿Desarrollan las putas intolerancia a la lactosa? ¿Se les debe reconocer como enfermedad laboral? Hoy me siento especialmente solidario con las hermosas putas y sus bocas tan insaciables, como su hambre de billete fácil.
A propósito de putas, en estos tiempos que corren, no es extraño que tomes una revista, veas a una tía buena y te masturbes con absoluta devoción hasta que la mujer de la foto se emborrone un poco con todo ese semen deslizándose por su cuerpo.
Y ahora viene lo jodido: ¿Y si te das cuenta tarde de que es un transexual? ¿me convierte esa paja o chaqueta en maricón? No es justo, es una trampa vil. Si lo hubiera sabido me hubiera masturbado con Campanilla, aunque no tenga ingles ni surco entre las tetas.
Mierda, ya podrían tatuarles alguna señal para que no nos hagamos pajas humillantes; dan ganas de meterse en la ducha llorando en un rincón con las rodillas contra el pecho y los brazos rodeándolas, como en las mejores películas de mujeres violadas, depresivas, tristes o sin dinero. Con el agua cayendo por mi cabeza, por mis huevos, por mi culo, por…
Otra vez divagando, qué cruz…
No soy un cabrón, solo estoy acosado por una sociedad rara y deprimente.
Nací buena persona, lo juro por los dos rabos de Snoopy.
Pero idiota tampoco soy, así que me dije: que le den por culo a tanto mojigato de mierda, parece que mean miel, joputas…
E hice lo que debía: Ora et scribere (es que lo de “labora” me da alergia).

Si alguien no comprendía con precisión aquella expresión de “dormir a pata suelta”, he aquí la explicación gráfica.
Murf es un ser absolutamente despreocupado.
Incluso obscenamente despreocupado.
Gatos y su irritante vanidad hasta para dormir.
No le vuelvo a comprar otra pelotita con pluma.
Puedo ser muy severo castigando la soberbia.

He pasado cuarenta y cinco horas de la semana trabajando como un esclavo, ganando una mierda y soportando a los hijos de puta de mis jefes. ¿Y pretende algún idiota bendecir la mesa para dar las gracias a Dios por los alimentos que me han arrancado del culo?
Si deberían chupármela bajo la mesa coño, Yo soy Dios y no se enteran.
No tienen ni puta idea de mi divinidad.
Serán mis hijos y mi esposa; pero tienen menos cerebro que un playmobil.
Mañana van a comer mierda.

No es una cuestión de amor ingenuo, pueril y decadente por los árboles, por los animales, por la naturaleza.
Es una cuestión de libertad, de vivir violentamente. De estar donde debes, cuando tu instinto está tranquilo, satisfecho. Cuando ninguna otra consideración cuenta más que existir libremente: matar animales para comer, tomar lo necesario de la tierra y la vegetación, partir ramas y troncos para hacer fuego en las noches, de tener como reloj los movimientos planetarios. De morir en la espesura, sin que nadie llore, sin que nadie ría. Sin que nadie sepa.
Y ni siquiera es una cuestión de libertad romántica.
La cuestión definitiva de existir aquí, es ser el animal que nació y no el que fue sometido en la granja humana.
Dicen que con el tiempo uno se relaja y se habitúa. Bueno, yo con el tiempo almaceno más rencores por las esclavitudes sufridas, por las vejaciones que no pude devolver.
No soy un animal que morirá con una sonrisa beata. Moriré con los belfos contraídos, mostrando mis dientes rotos.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Yo no digo que Rosalía no esté muy buena.
Está follable.
Pero es que es como el resfriado, que está en todas partes.
Como un maldición, como un mal de ojo: “allá donde mirares siempre la vieres”.
Es horrible, solo unos potentes visillos a mi alrededor conseguirán librarme de esta maldición. Y no quiero ir disfrazado de bañera.
Las masturbaciones no sé porque, empeoran la sintomatología de la maldición, tal vez porque el semen contenga un principio activo de brujería o no sé qué cojones. Pero cada vez que me la pelo con una foto suya, se triplican sus manifestaciones.

Las cosas más aburridas o/y tristes que marchitan mi optimismo y natural alegría son:

  1. Las sardanas (el fútbol y el tenis también)
  2. Las habaneras (el fútbol y el tenis también)
  3. Los playmobil (el fútbol y el tenis también)
  4. La Rosalía (el fútbol y el tenis también)
  5. El Tour de Francia, el Giro de Italia, la vuelta ciclista a España, etcétera… (el fútbol y el tenis también)
  6. El fútbol (y el tenis)
  7. El tenis (y el fútbol)

Orina demasiado solo y con una molesta erección matinal. Observa con desagrado el vello rizado jaspeado de gris cubrir el pubis, los cojones, enredarse sucio y obsceno en sus dedos.
Y la recuerda, recuerda con precisión sus palabras. “Quiero que te duela cuando no estoy contigo, quiero que sangres cuando esté lejos de ti. Si me amas, debe dolerte, mi amor. Sangra, mi macho bruto…”.
Se desnuda y entra en la ducha con una cuchilla de afeitar ya vieja.
Dirige el chorro a los genitales, primero fría y luego ardiendo, hasta que siente que quema. Su erección se hace aparatosa.
Y dolorosa, como ella quiere que sea.
Tira del prepucio para observar su glande brillante, como recubierto de aceite, se le escapa hambriento de los dedos, sin control.
Piensa en masturbarse; pero no… Ella se merece algo más.
Comienza a rasurar el pubis manteniendo el pene alejado con la otra mano, sintiendo como palpita la sangre furiosa…
Y presiona fuerte la cuchilla, que penetra demasiado en la piel y la arrastra cortando vello y algo de epidermis. Y sangra.
Hace una segunda pasada con más fuerza. Pequeñas gotas de sangre han caído en los dedos de sus pies.
Gime excitado, estrangula el pene para evitar masturbarse casi furioso, para retrasar el momento, para ella, por ella.
Luego rasura el bálano dos veces. Está tan duro, tan insensible, que se excede en los cortes y la maquinilla parece el instrumento de un carnicero. Le duele con tanto placer… Y golpea el glande para que no escupa un semen que aún no debe salir.
Limpia los restos con agua tan caliente, que le arranca un gemido de dolor cuando penetra en las heridas abiertas.
Eleva los huevos, y pasa la cuchilla por la porosa piel. Los siente llenos, grandes, pesados. Están fabricando leche como una puta vaca. Rasura sin cuidado alguno provocando cortes en la porosa e irregular piel del escroto.
Otra pasada que irrita hasta casi el delirio la delicada y sensible piel. Ella se los metía en la boca chupándoselos como caramelos.
Tiene que acabar porque no aguantará más. Literalmente se le escapa el semen ya.
Toma el teléfono e inicia un video. Enfoca con la cámara a sus pies que están sucios de ese asqueroso y rizado vello y gotitas de sangre. No los limpia, ella ha de ver cuanto la ama. El teléfono tiembla con paranoia en su mano por tanta excitación, registrando sus jadeos animales que hacen eco en las paredes del baño.
Toma el pene con el puño y con un fuerte tirón descubre el glande ante la cámara.
Mueve el teléfono por su pubis herido, filma las heridas del pene y retrasando un pierna, filma las de sus cojones.
Se masturba, y la sangre mana suavemente con ese masaje, sus dedos tienen vellos pegados y se han untado con la sangre que ella pide.
La ama tanto, que la empalaría sin piedad hasta que su coño de amada puta también sangrara.
No consigue sobrepasar el minuto y poco, eyacula y lo hace manteniendo el pene vertical jadeando como un animal en celo. El semen se escurre hasta el pubis y los cojones mezclándose con la sangre que cae en sus pies como un amor de color rosa. De carne sajada y limpiada en el mostrador de una carnicería.
“Me duele amarte, ¿lo ves, amor?”, dice enfocando la sordidez que cubre sus pies, antes de detener la filmación.
Luego se lo envía a su teléfono.

No puede más.
Ese semen, esa sangre, ese jadeo. Esa puta animalidad de su macho…
No deja de acariciar con brutalidad su vagina con una carda, un cepillo de púas metálicas para limpiar soldaduras de metal. Los labios de su vagina sangran irritados.
En la cama de la habitación del hotel, se desgarra alma y piel también por él. El amor y el dolor es cosa de dos.
Y deja correr su orina con obsceno descaro para que le duela más, y el teléfono capte sus gritos.
“¿Ves, mi bruto macho? Yo también te amo con dolor”. Recita entre jadeos para después apagar la cámara con los dedos pringados de su propia gelatina sexual.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.