Posts etiquetados ‘Ultrajant’

Es excesivo, compulsivo, intolerante, cetrino, inmaduro, obsesivo, narcisista, amargado…
Un fracasado de mierda.
Y para mayor inri cree ser el centro del universo.
Escribir no es un arte, es una habilidad. Es cosa de precisión y buenas herramientas.
Mentira, la precisión me la meto en el culo.
Es paranoia y/o psicodelia lisérgica, según la intensidad y la pureza del ácido.
Como todo idiota, cuando se mira al espejo no es capaz de ver toda esa estupidez que lo hace tan vulgar, antipático y predecible.
Cuanto más sintetizado es el pensamiento, y cuanto menos se quiere justificar a ojos de otros, mayor contundencia tiene.
Cuanto más delires, más intenso. Cuanto más te duela, mayor dolor podrás transmitir. Cuando la locura sea insoportable, no lo entenderán; pero incomodará porque: cuando veas las sienes de tu vecino reventar por un tiro…
¡Bum!
Ahora voy a tomar café a ver si consigo empeorarlo y cambio de puta dimensión.

Sinceramente, deseo que tengas fiebre.
No quiero que tu temperatura baje.
Me gusta imaginarte ardiendo, con los sentidos embotados sometida a mí, a mis manos impudorosas, a mi lengua obscena, a mi pene baboso…
Con tus muslos descubiertos y mi boca besándolos peligrosamente cerca de tu raja.
No soy bondad, el deseo no tiene nada de bondadoso.
Es de un egoísmo atroz. ¿Sabes que no es justo que la carne se ponga tan dura y duela? No es de acero mi rabo. Y duele…
Y amarte… Amarte me hace feroz y cazador.
Algo salió mal conmigo cuando diseñaron mi programación emocional.
No sé, cielo… Me confieso a ti, sin arrepentimiento, con reincidencia de pensamiento, con mis calzoncillos aún húmedos de soñarte; con sangre al clavar las uñas con violencia en el pubis para reprimir todo esto que, hincha las venas entre mis piernas hasta el dolor inconsolable si no es dentro de ti.
Te confieso que soy un amante cruento y obsceno, que la bondad quedó prendida de una rama cuando bajaba una montaña y no volví a por ella. Se la comieron los cuervos.
Confieso que te amo, que a veces rozo el delito moral deseándote. Y cuestiono cosas como la necesidad de la piedad y la ternura.
Cielo, no tomes una sola aspirina, deja que la fiebre suba y que yo haga lo que quiera.
Que el termómetro estalle. Aunque te duela… Como a mí me dueles aquí abajo, puta.

Todo es relativo (según dicen algunos genios, mostrando una cómoda tolerancia para quedar bien con todo el mundo), un día frío en una región del planeta será cálido en otro lugar aunque las temperaturas sean iguales.
Cada habitante se acostumbra a su clima, es lógico y no relativo.
En tiempos violentos ocurre igual, un día será tranquilo si hay menos muertes de las habituales; para cualquier otro lugar donde haya paz, una muerte será suficiente para considerar el día como trágico.
Las cuestiones de amor funcionan igual, un poco de simpatía puede confundirse con amor cuando la soledad marca con tristeza los días.
La soledad requiere haber experimentado y conocer suficientes cosas, tantas como para sentirse ahíto. Lo mejor de la soledad se pierde con la flaqueza de ánimo.
Al final nada es relativo, cada situación se adapta con precisión a quien la vive. Con absoluta objetividad.
Porque ¿qué me importa la temperatura de otro lugar del planeta si no soy envidioso?
¿Qué me importan los amantes o los que agonizan en soledad?
¿Qué me importan los que viven o mueren si no los conozco?
Existe un exceso de hipócrita caridad y empatía. Nadie puede querer a tantas personas a la vez a menos que sea un arribista, un ambicioso político enfermo de poder.
Y si hubiera alguien tan altruista, sería una excepción. Y las excepciones no se tienen en cuenta en las estadísticas. Si yo soy pura estadística, estoy autorizado a imponerla con mi buen criterio. Soy vengativo.
E inmisericorde como retorcidas son las ramas desnudas de los inviernos impíos.
Los grandes mesías, profetas, santones e ideólogos de la historia, sufren y sufrieron cáncer de ego.
Yo no necesito que nadie me admire, ni que me escuche Solo comparto momentos con un puñado de personas que con toda probabilidad bastaría con mano y media para contarlas con los dedos.
Por otra parte, considero mi vida mucho más importante que la de la humanidad en general.
Lo malo de los humildes, de su gran virtud, es que esconden una inevitable vanidad y una gratificante crueldad. En el fondo, desean que sufran muchos para lucirse ante el mundo.
Yo me conformo con que un prestidigitador haga desaparecer las cosas y seres que no quiero.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Bueno… No tan inseparable.
Es algo habitual que me lo deje olvidado tras tomar un café.
En muchas ocasiones.
No es que sea malo, me ayuda.
Es que soy así de insensible.
Y un pelín orgulloso, yo no soy cojo.
Al menos cuando estoy sentado…
Vaaaale… De amputaciones ya hablaré otro día.

Estoy de acuerdo con la taza.
Aunque coincido más con salvaje que con libre, es que yo sin fumar…
Es que yo tan impío con mi pensamiento hostil…
Aunque no quiera, mi pluma es cuchillo.

Se sonríe demasiado. Nunca he sabido de que se ríen las hienas ni los idiotas.

A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
En la jungla, la jungla poderosa
El león duerme esta noche
En la jungla tranquila
El león duerme esta noche
A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh

Los árboles son los grandes protagonistas de Ramas tristes entre la niebla. Han ganado el Óscar a la mejor actuación de las horas melancólicas por la trágica y dramática interpretación de los quebrantos tras haber perdido sus hojas. Las ramas son dedos crispados por el dolor de la pérdida, creando un colosal himno mudo a la tristeza y al silencio mismo de morir.
Si dios existiera, y si tuviera decencia; les pediría perdón por sus errores de creación.
Óscar a la mejor fotografía por su precisa y preciosa nitidez contra el albo de la niebla, sin brillos; perfecta como una lámina de papel con definidos trazos de carboncillo puro y milimétrico.
Óscar al mejor guion por la elegante composición de una poesía sobrenatural, triste y bella donde la existencia muere para crear un universo místico, nebuloso, enmarañado de fríos silencios y rudos dolores.
Óscar al mejor sonido, el efecto de las ramas secas agitadas por la brisa, provoca un estado de desesperanza en el espectador anunciando sin descanso muertes en un tétrico e inevitable azar.
La película Ramas Tristes entre la niebla, es ya un clásico del cine existencial.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Puedo entender cómo se sienten aquellos que han visto la manifestación de un santo o una virgen o cualquier otra parafernalia mística en un momento de soledad o aislamiento.
Puedo comprender que babeen, estoy a punto de hacerlo ante la diosa del cartel publicitario.
Yo soy mucho menos profundo. Y ante todo, pragmático. No voy a pensar que la belleza me mira provocadoramente, ni siquiera como ejercicio de imaginación; porque soy viejo como la calle por la que camino, mucho más a pesar de mi fecha de nacimiento.
La arrogancia de la mujer del cartel está justificada, sobradamente.
También entiendo de arrogancia, la mía la luzco en lo oscuro donde la hostilidad es veneno; vivir demasiado lo mismo, hace rancias todas las sustancias.
No es mi propósito ser un punto de luz para las polillas que se estrellan como idiotas contra las lámparas hasta quemarse.
Me siento bien en la oscuridad, en esa que ni siquiera la belleza puede taladrar.
No es que sea insensible, es que soy tenaz cuando me propongo ser oscuro.
La calle me teme y parece oscurecerse con más fuerza cuando la piso. La mujer me admira como un antihéroe que fuma con el firme propósito de hundirse más profundamente en la penumbra, en la de verdad, la que todo concluye. Esto podría ser una gran película.
Podría seguir divagando; pero también me aburro, me aburro de mí mismo.
Ser oscuro da pocas satisfacciones al amor propio si lo haces bien.
Corto y cierro.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.