Eso es morir por nada. Es para arrancarse los ojos al verlo. No puede ser peor, no es decente morir por tanta banalidad. La decadencia de una sociedad debería medirse también (si alguien se preocupara de ello) por la estupidez de sus muertes, no solo por la mental.
El fascismo, cuando llega, arrancarlo para quitarse de encima ese cáncer, requiere violencia. La libertad no se consigue esperando que mueran de viejos los hijoputas dictadores, sus caciques, ministros, jueces y bofia. Si esperas eso, te conviertes en una cosa gris esperando que lleguen otras nuevas generaciones de los mismos puercos para que te indiquen cuando dormir, cuando despertar y como respirar. España es el ejemplo perfecto, modélico de nido de dictaduras. El coronavirus se ha erigido así, en la puerta grande y abierta de la indecencia humana. El fascismo, sea capitalista, comunista o religioso, es tan comúnmente aceptado por la población (como en España) porque dispensa a toda esa masa votante descerebrada de pensar y tomar decisiones. Porque pensar y decidir en libertad es algo que supera, angustia e incomoda a la mediocridad que habita las naciones (como se puede ver, inmensa mayoría siempre); su mecanismo es tan sencillo como una pelota: ¿Para qué me sirve la libertad si borracho y en bodas y bautizos lo paso genial? Y en consecuencia, el mecanismo del fascismo es tan elemental como accionar el interruptor para apagar o encender una lámpara, razón por la cual, cualquier tarado endogámico llega a dictador. A una masa poblacional de X millones con cerebro liso, le corresponde un puerco dictador Y con el cerebro también liso. Más que una proporción, es una constante universal como la de la gravedad. Cualquier otra consideración de índole político-social es pura cháchara sin fundamento intelectual. Vamos a ver, seres humanos creativos e inteligentes nacen muy pocos, en frecuencias de largos periodos de vacío intelectual que nos dejan abandonados a la chusma y sus amos o criadores de cerdos. Al cabo de unos meses de vivir semejante mediocridad, concluyes que violencia y muerte son todo ventajas. Las dictaduras no matan a sus chusmas si no es estrictamente necesario, la razón es que un gobierno necesita cosas que exprimir y que paguen impuestos para poder seguir viviendo entre lujos y por supuesto; sin dar un palo al agua (algunos casos de países orientales como China o India, no importan algunas muertes de los contribuyentes, porque son tantos millones de habitantes que la muerte de dos o tres millones, no afecta a sus arcas). Así que es mejor aterrorizar, enfermar y humillar; para luego salvarlos dándoles una protección vital a cambio de libertad. Con esta praxis, los fascismos anulan los instintos naturales de supervivencia y convierten a los habitantes de las ciudades, en un conjunto de lelos obedientes y dependientes incapaces de tomar decisión alguna. Gracias a la necesidad de “un gran respeto” que propagan como dogma las redes sociales y las cadenas de televisión (los mastines de todo dictador) que colaboran en el fortalecimiento del nuevo y normal fascismo global; las masas han perdido toda capacidad de crítica sobre todo a sus soberanos amos; y adquirido un gran temor a cualquier tipo de confrontación (hoy día observan a un hombre embarazado, y se les empañan los ojos con lágrimas emocionadas ante tal obscenidad). Y por supuesto, se sienten pornográficamente bien con solo clicar en un “me gusta” o “no me gusta” en las publicaciones de las redes sociales, como el máximo alarde de libertad y determinación que tienen a bien usar. Y ese es el concepto (pequeño como un grano de trigo) por el que creen con fe supersticiosa, que viven en una democracia. El resultado, el buen resultado de los fascismos instaurados por medio del coronavirus (“covid 19” para la masa temerosa, ya que “virus” tiene connotaciones malignas) entre sus votantes, se debe a que el neofascismo ha hecho creer a todos esos analfabetos funcionales que, realmente son intelectuales politólogos, economistas, sociólogos y además ya, consumados epidemiólogos. Y todo gracias a un par de lemas que les han obligado a memorizar repitiéndolos machaconamente (como en un episodio de Barrio Sésamo) por los medios de comunicación y prensa que se han prostituido al neofascismo: “Yo me quedo en casa”, “Todo irá bien” (esta daba mucha risa), “Libertad es enfermedad”, “Tu libertad es mi enfermedad”, “Sin mascarilla te mueres y si no obedeces también”, “La ruina es inevitable, qué mala suerte; pero estamos vivos”, “Mis aspirinas son más venenosas que la vacuna”; y poco más que recitan como un salmo y sacan en cualquier conversación para demostrar su gran conocimiento del “dramático” momento que están viviendo. Si además, aparece el Caudillo por la tele felicitando la obediencia y la mansedumbre ejemplares del pueblo español, y los aplausos a los carceleros y otros cómplices del fascismo, la ciudadanía votante adquiere un halo de santidad quieras que no y ellos mismos se colocan una medalla al mejor ciudadano del mundo mundial. En definitiva, todo fascismo es un timo y un letal y criminal ataque a la libertad más básica, como la de respirar y la dignidad. Y cuando se han exprimido a fondo a todos los idiotas, solo queda una salida: la violencia. Y esto es también tan sencillo como: “Para morir de hambre o arruinado, que me maten a tiros y si puedo, me llevo por delante a todos los que pueda conmigo”. Es el ciclo político-social de los grandes rebaños humanos, sobre todo los estabulados en grandes ciudades. Es válido durante todas las épocas históricas tanto que pareciera un mecanismo regulador de la naturaleza para matar el exceso de mamíferos que hacen peligrar el ecosistema.
La mujer no tenía por qué usar bozal trabajando si no hay un material tóxico para su salud. Y cuando trabajas de verdad, no puedes ir con el puto bozal toda la jornada. A menos que seas el puto encargado que no hace nada en la puta jornada o jefe de un equipo de limpieza y denuncies como un hijo de puta a una trabajadora. Eso sí que es grave, ser un cabrón en una empresa de mierda y colaboracionista con el puto gobierno fascista español El juez no sabe lo que dice: “la conducta de la mujer fue grave”. ¿Grave de qué, cabrón? Al menos ha dictado una sentencia buena, aunque haya sido por error.
Y los que viven ahora, a nadar en mierda, miseria y decretos. La ciencia ficción no es política y debería ser delito de dejación de obligaciones. Para cagarse en la madre que los parió.
Es un acto de sabotaje marroquí contra España por dar asilo a un general del frente polisario. O sea, una mala o nula gestión del Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus. Como la prensa pertenece al fascismo español, han de amañar los titulares que afectan al régimen, su eficacia y habilidad; para maquillarlos de “otra cosa” en la que no tienen culpa ni responsabilidad alguna. Y así pasan de un problema diplomático y el dinero que regalan al enemigo (Marruecos), a formar un nuevo coro de llanto sentimentaloide en la chusma que gobiernan con mano que no tiembla. Y ahora todo el mundo se aterra y emociona vivamente ante las imágenes de inmigrantes en el agua y no piensan en ellos como una maniobra ofensiva marroquí contra el gobierno español. Quien iba a decir que la URSS se reencarnaría en España.
Lo más triste de la vida, lo que la hace verdaderamente puta, es que si eres medianamente feliz (si es posible semejante estupidez) ese instante tuyo suele ser el dolor de alguien querido. De hecho, suele ser la tristeza de muchos; pero los desconocidos no importa si sangran o ríen. De alguna forma la vida se teje con hilos de alegría y tristeza. Y es desesperanzador cuando conoces su patrón: invariablemente el hilo de la alegría forma trama con uno de tristeza. Tal vez la relación sea mayor, tres de tristeza, uno de alegría. Porque no es de recibo que tu buen momento sea el dolor de otro ser a quien estimas. Es como una certeza, porque pagas la felicidad de otros con un dolor, cualquiera que sea. ¿Es la tan cacareada interconexión entre los seres del planeta? Debería ser ilegal que su felicidad me haga daño, que realmente sea un dolor de imposibilidades, un aborto de las ilusiones que aún tenían cabida. La vida es una bordado no tan bello, con hilos torcidos que atraviesan flores segando sus brillantes pétalos de esperanzas y sueños. Y te encuentras que la dicha ajena, por alguna razón te asfixia. No es maldad, ni siquiera pesimismo; es dramática empírica. La vida es un continuo esnifar de cocaína en el que todo es genial, hasta que te gotea sangre la nariz. Y se forman rojos ríos en las escleróticas. Tiene sentido eso de que la vida es una mierda y luego te mueres. Solo que en verdad, hacía tiempo que eras cadáver. Cuando suena el trueno, el rayo ya hace tiempo que ha calcinado el amor o la alegría. No sé, hay días en el que no concibo nada bueno, como si un hilo de tristeza me cortara las córneas. Y da miedo decir que la amo por si el planeta o los que lo llenan me hiciera pagar tamaña emoción hermosa.
El espacio, con su ingravidez tiene una serie de ventajas eminentemente lúdicas, porque para otra cosa no sirve, ya que lo que hagas en ingravidez en gravedad no podrás. Así que te das el vacile y luego bajas de nuevo a la tierra con esa tremenda carga gravitacional que es la vuelta a la mediocridad. Viajes al espacio para un sexo más relajado y desenfadadamente escatológico por aquello de las pelotas flotantes de semen que divertidamente atraparás como un pez con la boca, como hacen los astronautas ante el público con zumo de naranja. Y si eres un poco lelo y blanquito, das vueltas dejándote llevar por el azar de la ingravidez como un trozo de plástico flotando en la playa por no decir un excremento de esos que no pocos hemos tenido que alejar de nosotros a manotazos, con más miedo que si fuera un tiburón. Pero donde de verdad se ve una utilidad a la ingravidez del espacio, es para usarlo de cementerio. Un cementerio limpio que gire alrededor de La Tierra como un Meteosat. Los muertos en ataúd transparente con alambres en las extremidades y el cuello para que no se muevan (como las muñecas embaladas), son lanzados al espacio en órbita geostacionaria. Y así en el día de los muertos, haces un viaje al cementerio en una lanzadera espacial y matas dos pájaros de un tiro: practicas ese sexo que ya no puedes hacer en La Tierra porque estás cansado o tu mujer ya no es lo que era (que es lo que suele ocurrir invariablemente). Y cuando la nave llegue a la órbita del cementerio, escupes o eyectas graciosamente un ramo de flores al vacío en honor a tus muertos, que podrás observar incorruptos gracias a la ausencia de gérmenes en ese profiláctico y estéril espacio, a través de las paredes del ataúd de metacrilato, o de cristal de Swaroski si estás podrido de dinero. Haces unas cuantas fotos y si se da el caso y te atreves, sales al espacio atado a una cable y flotas junto al ataúd de tu muerto mientras que te graban en video. En fin, que si tienes pasta podrás gastártela en cosas inútiles en lugar de hacerlo en Amazon por puro aburrimiento. Y si eres muy, muy sucio con el sexo, imagina una orgía donde todos los machos eyaculen a la vez y no puedan identificar la pelota de semen o hacer el trenecito macho-hembra-macho-macho-hembra-macho. Podríais pasar el mejor momento de vuestra vida, y no como en la deprimente Disneylandia o Port Aventura y reír hasta toser con todas esas posibilidades. Ánimo, con el tiempo se harán viajes espaciales low cost. Incluso las empresas como premio a los treinta años de esclavitud, te podrían pagar un viaje sexo espacial en lugar del triste reloj de oro.
Dos buenos titulares en la misma portada de El País, es precioso; pero sobre todo jocoso. Eso está bien, a los españoles el nuevo y normal gobierno fascista español del coronavirus los trata como a delincuentes encarcelándolos durante meses en sus domicilios, arrestos nocturnos y diurnos. Y además, les ha prohibido ganar dinero para comer. Y a Marruecos le da millones de euros por invadir Ceuta. Es que España siempre ha sido diferente, siempre fascista contra todo pronóstico. Pero un fascismo cobarde, de esos que solo se atreve con los inocentes y cuando un enemigo le da una bofetada al gobierno, se venga regalándole dinero. Es muy vergonzoso, no jodas.
Al indigente Simón le jode perder sus apariciones diarias y está muy enfadado por esa mierda de devolver a la gente la libertad, aunque sea poca. Y es que es repetirse pero es así: cuando el cerdo prueba la sangre quiere más. El ministro de propaganda ideológica del nuevo y normal régimen fascista español del coronavirus, se deprime el pobrecito porque se le va a acabar salir por la tele todos los días; va a perder su programa de telepredicador y las entrevistas tontas que tanto dinero le dan. Bueno, también es verdad que a cada cerdo le llega su sanmartín (es mentira, los fascistas quedan impunes hasta que mueren, al menos en España). Parafraseando a Radio Futura: que se joda el tonto Simón.
Que alguien tome nota de la manipulación de la prensa española y su peligrosísimo colaboracionismo con el fascismo, porque aparte de tergiversar la verdad, toman por subnormales a los lectores de sus mentiras (razón no les falta, la España fascista, no solo ha sufrido coronavirus, si no idiocia profunda). A ver, tarados, hace más de veinte años que el botellón se enquistó, hijoputas mentirosos. Se enquistó entre los universitarios, entre los que no tenían dinero para pagar la consumición de la discoteca, y se enquistó entre los menores de edad gracias a una educación que ha promovido con gran bombo la cultura de la borrachera grupal de fin de semana, que es la herramienta que ha servido para crear la mansedumbre, la ignorancia y la cobardía que ha permitido al Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus, decretar sus más fieros y represivos edictos de prisión y acoso al ciudadano. El botellón, so tarados, como poco lleva veinticinco años enquistado con gran alborozo de la prensa que se le caía la baba fotografiando a su liberal y desenfadada juventud borracha de mierda. Este titular no solo es mentira, es además puramente doctrinal, un lavado de cerebro para los idiotas. El Periódico es peligroso en su manipulación hacia el régimen fascista. Se parece al Pravda de la genocida URSS. Hijoputas…