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El sistema límbico del cerebro consiste en una estructura con diferentes zonas que gobiernan las emociones, la memoria, el hambre y los instintos sexuales.
Seguro que ya lo sabías, amor; pero haz como que no. No pasa nada, reconozco tu superioridad intelectual.
Y tus pechos que me hacen tar… tar… tartamudear, no hacen nada fácil mi elocuencia.
Perdona, tomo el control de nuevo.
Disculpa esta pequeña disertación médico-académica (casi forense), no pretendo parecer pedante. Solo quería explicar con precisas acotaciones, que amarte no es tan fácil, no es sencillo. No es un dulce fluir.
Aunque sí lo es, porque ocurre aunque no quiera.
En principio llegué a pensar que no tenía o había perdido mi sistema límbico (a veces soy casi infantil con mi entusiasmo por las cosas nuevas que aprendo, disculpa mi redundancia; es que me gusta eso de límbico porque me lleva al limbo donde estás hermosa y rotunda, soy tan plano…); pero no, mi sistema límbico está íntegro, aunque un poco alborotado. Por decir algo, lo mínimo.
Te explico:
Lo has convertido en un caos descontrolado ( si un caos puede descontrolarse más de lo que su definición indica), porque esperando saber de ti olvido mi nombre de tanto recitar el tuyo, devoro comida como un animal insaciable, mis emociones se han fusionado hasta ser solo una: tú. Ya no hay matices, todo lo llenas.
Y mis instintos sexuales me llevan a practicar agujeros en las paredes y follarte hasta la lesión, hasta que sangro.
Y no hay dolor, así que nada me frena.
No es divertido, cielo. Es sórdido.
En principio a mí también me parecía cómico; pero cierro los ojos en momentos de lucidez y soy un misil que vuela a Match 1700 hacia el asteroide Autodestrucción XY-22344/5.
Esto me recuerda una película que vi hace tiempo, que se llamaba Mi Sistema Límbico, y en medio de toda aquella comedia había una tristeza profunda y angustiosa que anulaba toda sonrisa. Me di cuenta de que cerraba con fuerza los puños en la butaca, horrorizado por el final que auguraban todas aquellas escenas de amargo humor que la enorme pantalla lanzaba directamente a mi ¿sistema límbico?
Como es posible degenerar, descender tanto… Me preguntaba.
Pobre hombre…
No me acuerdo quien la protagonizaba, no recuerdo en que cine la vi.
No recuerdo que fuera una película y un escalofrío de locura eriza mi piel, como lo harían los fríos dedos de la muerte en una película que tampoco he visto.
¿Puedes tener siquiera un atisbo de lo que has llegado a alterar mi sistema límbico?
Eres un virus en mi cerebro, un obsceno y hermoso virus del que no quiero sanar.
Mi sistema límbico ahora está perfecto, mi amor.
Gracias, mi vida. Besos, cientos.

Hola cielo: ¿Sabes en qué consiste el sistema límbico? Seguramente te es familiar, porque me provoca cierto déjà vu.
El sistema límbico hace de mi desoladora y sórdida soledad una paranoia en la que estás presente en todo momento, donde calmas mi horror a morir sin ti desplegando una sonrisa, con un beso. Diciendo mi nombre como si fuera un niño pequeño.
¡Ops…! Ahora no sé si quería hablar de una triste película que vi hace tiempo o del vacío que dejas en el aire cuando no estás y que me lleva a sangrar de una forma que mejor no te cuento.
Amar es felicidad, lo sé, soy feliz; pero aún así hay una bruma densa que me preocupa un poco.
¿Puedes tener un atisbo de…
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Tengo un problema.
Seré más preciso: la humanidad tiene un problema conmigo.
Cuando ella no está cerca de mí, cuando no la puedo tocar, cuando no la oigo respirar, cuando no veo sus letras; mi tristeza y melancolía crean una ira que me llevaría a cortar de un tajo la yugular de Jesucristo si hubiera existido, si hubiera resucitado y si hiciera su segunda venida.
No soy un ser que sufre y llora en silencio, quédamente en un rincón oscuro.
Soy violencia, soy cancerígeno, portador de muerte y dolor.
Sin consideraciones de quien muere, si es culpable, inocente, hermoso, espantoso, rico o miserable.
Yo digo que la tristeza con sangre, dolor y miedo se paga.
La de alguien desconocido y la mía que aparece como vetas en el semen que escupe el meato dilatado de mi glande cuando me masturbo furioso porque no es su mano ni su boca la que se apodera de mi rabo.
Pienso en su coño y en sus labios, en sus palabras tiernas y en las obscenas.
Y no hay nada en el mundo que pueda superarla, no existe nada ni nadie a quien valga la pena sonreír si ella no está a mi lado.
Cierro los puños con fuerza y soy un ser primitivo que caza y folla. Que devora a los de su propia especie si es necesario.
Si así lo deseo, simplemente.
Cuando la ira de su ausencia me hace babear fiero, hostil…
La ira tiene el fin último de liberar espacio en el planeta.
Y cuantos más mueran, más cerca estoy de ella.
¿Quién es el idiota que dijo que el amor a los seres humanos hace mejores?
Bueno, me queda poco de humano, tal vez sea acertada la ñoña sentencia con los mediocres.
Los mediocres enamorados son como primerizas madrazas embarazadas.
Donde alguien ve felicidad por el hijo que va a nacer, yo veo una seria amenaza a mi libertad, a la exuberante obscenidad con la que ella me trata.
Porque no quiero un hijo que me quite tiempo con ella.
No quiero un hijo que provoque su ternura y la convierta en una madre tierna y cariñosa.
Devoraría a mi propio hijo si interfiriera entre su coño y yo.
Quiero su vagina húmeda goteando en mi boca. Quiero ser yo que el que irrite sus pezones mamándoselos con hambre lujuriosa.
Con la polla tiesa rozándole los muslos.
El mundo está mal cuando ella no está para apaciguar mi ánimo hambriento.
No soy un romántico que sufre, soy un romántico genocida.
Pulsaría tres botones rojos para asegurarme de que no quedara nadie en toda la faz de la tierra.
Solo su mamada salvaría la humanidad.
No tengo lágrimas, no nací para llorar, no nací para sufrir y abrazarme a mí mismo desesperado.
Soy la patada en la sien, en la boca, soy el puño en el vientre, soy una navaja veloz, un filo indoloro y desangrante. Soy las manos que rompen un cuello, que estrangulan el paso de aire. Que arrancan los pulmones.
Soy odio en estado puro.
Soy quien la tiene más gorda.
Mi alma es negra como las montañas en noches de luna muerta.
Mi amor es desgarrador y solo existe por ella.
No tiene sentido nada de lo que me rodea sin ella.
Mi existencia no tenía razón alguna hasta que a ella la parieron y la encontré.
Si la perdiera… No quiero imaginar el dolor que se desataría en el planeta hasta que consiguieran darme caza.
No existiría hombre, mujer, niño o bestia a la que no descuartizara.
Aún así soy demasiado bueno: mi ira es por amor.
Los mediocres hacen lo mismo por dinero, o por un ascenso social en su entorno de mierda.
Aunque no lo digan.
¿Ves, amor? Merecen morir todos si tú no estás para hacer mi mundo perfecto.
No te lloraré jamás, pero extenderé miedo, dolor y muerte hasta que me extingan.
Te lo juro.
Mi padre ya no existe por ti, por tu ausencia. Resbalo en la sangre que aún mana de su garganta, de su vientre abierto a puñaladas.
Te brindo su vida como prueba de amor.
Ha llegado de su paseo diario, con toda su vejez doblándole la espalda. Cuando ha abierto la puerta, no eras tú.
La sangre aún corre rauda por mis venas y el corazón es un pistón que hará reventar alguna vena de mi cerebro.
Si muero será por amor, por muchos seres que asesine.
¿Lo sabes, verdad?
Sé que te excita.
Hasta pronto, mi amor.

 

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Iconoclasta

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Un llanto en soledad,
una sonrisa invertida,
un muestrario de sueños desleídos,
un abrazo vacío,
un beso árido…

¿No es maravilloso el amor, que a pesar de todas esas tristezas, acunamos como el mayor de los bienes?
Pobres enamorados, no pueden concebirse a sí mismos como lo que son: un error del planeta.
Distintos, desiguales, inadaptados…
Los que se han propuesto no aprender nada de nadie.

Caminan sin avanzar por un desierto polvoriento tapizado de banalidades secas, muertas.
Extraños mártires y ermitaños de corazón contrito y sexos húmedos y ardientes.

¿Es que no veis que aceleráis vuestro fin, locos valientes?
Porque el dolor de lo imposible os mata, aunque lo inalcanzable queráis vestir de esperanza.
Alguien os dirá que a lo mejor en un futuro…
Y el futuro os lo pasáis por el culo, lo que cuenta es el dolor, la angustia y la necesidad del presente. Porque en el futuro estaremos muertos.

El amor que os hace superiores, bestiales, impíos.
Hay seres que se deshilachan de hambre y sed, de dolor y enfermedad, de pobreza y frío.
Y no cuentan, no preocupan en vuestra mente.
Porque el dolor de amar supera a los demás dolores. Y está bien, que cada cual arrastre su mierda de cruz.
Y su felicidad es más intensa que la de cualquier otra sonrisa, sea de niño o de viejo.

Los mártires del amor son sinceridad en estado puro.
Porque el amor es un bien preciado y no se puede dar a cualquiera, aunque se esté muriendo.

Habéis escogido el camino de la pasión, quemar la vida rápidamente en una carrera contra lo imposible.
Y es que el amor es una quimera. Cuando por fin se abraza, empieza a esfumarse, a difuminarse con la vulgaridad de todos los días.

Y vuelta a empezar, mártires. Os convencéis de que debe existir el amor duradero, inviolable, sellado hasta la muerte.
Y no es así, pobres locos; e iniciáis de nuevo una carrera contra el tiempo, contra el vuestro; sucios de las cenizas del amor que se ha marchitado en apenas unas semanas.
Una carrera contra la humanidad que destruye todo asomo de amor con su adocenamiento y anonimato masivo.

El amor solo reside en vuestra mente, es un combustible que os da energía; y es tan solo la zanahoria que cuelga delante del burro.
Esa es la verdad, es la pena.
Aún así, vale la pena buscar, husmear el aire y seguir la pista que pensáis es definitiva.
Al fin y al cabo, no hay otra cosa que hacer mientras se muere.
Os deseo suerte, me caéis bien, fracasados.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Primero una cosa luego otra

No es que no quiera, es que no puedo hacer dos cosas a la vez. Me falta masa encefálica. Soy monocanal.
No soy listo.
Soy eficaz en cada cosa, en cada momento.
No quiero hacer varias cosas a la vez como quien optimiza el tiempo. Tengo tiempo y absoluto desprecio a su paso. Hay cicatrices que lo demuestran.
No importa lo que queda de vida, solo me importa el momento preciso.
He visto peces muriendo, boquear en la arena. No hacían otra cosa, no se despedían de nadie. La muerte estaba fija en sus ojos vacíos.
Primero te jodo, gozo, gimes, me arañas, abres tus putas piernas deseadas y te inmovilizo el coño con labios, dientes, lengua. Succiono, te desesperas y aprietas mi cabeza con tus manos para que me ahogue en tu flujo impío.
Sin una sola palabra que interfiera en los gemidos y jadeos.
Metértela y amenazar tus pezones con mis dientes feroces.
Dejar hilos de baba prendidos entre tus labios y los míos.
Acariciar suave tu coño anegado de mi leche. Sin mirarnos.
No puedo amarte y follarte, sería hacer las cosas a medias.
Soy un animal con poca razón, es mi naturaleza.
Luego, con la respiración ya normalizada, sin el bum-bum del corazón en la garganta, te abrazaré. Te diré sonriendo de amor: «Cómo te amo, puta mía».
Y sonreirás y me morderás el labio con travesura lujuriosa. Yo diré: «¡Ay!». Y felinamente relamerás tus labios.
Te volveré a decir que todo está bien. Que es donde debemos y como debemos estar.
Holgazanearás en la cama y yo calentaré pizza.
Hablaremos tranquilos, planeando para los próximos instantes salir al cine y cenar o pasear. Y besarte sorpresivamente cuando vamos de la mano. Apresar tu coño en la oscuridad del cine, y tú soportar no gemir entre el público.
Eso será en las próximas horas, o tal vez no, porque contigo todo plan se desbarata de una forma maravillosa.
Y yo no soy lo suficientemente listo para evitarlo.
Solo sé que ambos pensamos en las bestias del deseo que duermen ronroneando plácidamente dentro de algún lugar de nosotros.
Primero te jodo, luego te amo y fundo mi vida con la tuya. No importa el orden, solo importa hacer una sola cosa bien. No caer en la mediocridad.
Artistas que no respirarán tranquilos hasta culminar la obra. Exclusividad para el presente.
Si te estoy amando, no puedo violarte, no puedo tomarte en el ritual animal más primigenio, más voraz.
Dijéramos que tu coño y tu alma son planetas en direcciones opuestas.
Y que mi cerebro no es eficaz.

 

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Iconoclasta

 

1_1 copyEn Los manuscritos de Iconoclasta.

Un exceso de amor

El problema del mundo es que hay un exceso de amor. El amor asalta a la gente a cada paso, a cada segundo. Se ama al amante, a los padres, a los hijos, a los sobrinos, a los primos… Y además de amor, hay mucho cariño y afecto por lugares y cosas.
Alguien ha llevado a creer a la peña que hay que amarlo todo indiscriminadamente. Porque mientras amas eres idiota (es la opinión generalizada de los estamentos religiosos y de poder) y estás a merced de otros, porque el amor lo llena todo y necesitas poco más, salvo papel y pluma.
La verdad es que solo se puede amar a muy pocos si se ama con esa exclusividad que nos hace especiales y únicos.
Es simple, a lo que más se quiere, no se le puede escatimar amor, tiempo, vida e ilusiones.
Hay poco espacio y tiempo para tanto amor.
Se debe ser selectivo para no caer en cariños mediocres.
Los humanos no son jesucristos ni santos.
Han impuesto amar de una forma globalizada a tantas cosas, que se hace imposible distinguir entre amor y vulgaridad.
Hay una olimpiada para ser el más amado y el que más ama. El más beato y el que tenga mejor corazón.
Y mi instinto de territorialidad, el instinto que me llevó a buscar la teta tras haber nacido, no encuentra esa exclusividad, esa sensación de pertenencia que todos los animales sentimos en algún momento.
Todo el mundo es solo medio amado.
Y mi esencia, la misma que quería a mi madre con exclusividad, enteramente para mí en los momentos de indefensión, se rompe y pervierte entre tanto amor banal.
Ahora es el odio más necesario que el amor, es el predador que va a mantener el equilibrio en un mundo de bendiciones que se dan sin miramiento, como si todos fueran curas y sacerdotes.
En un mundo sin leones los ciervos comen conejos porque no les queda pasto.
Es un engaño, una hipocresía. El amor no debe aplastar lo que en esencia es el ser humano: un maravilloso e inteligente predador con destellos de ternura.
No somos ángeles, somos bestias con una vagina derramándose de deseo y un pene latiendo entumecido por una irrigación sanguínea, ante el cuerpo y la mente que deseamos.
Freud dijo que no se es hombre hasta que muere el padre. Está bien, tiene razón, aunque no sabía porqué.
Cuando amas no se pueden cortar raciones para toda la familia y amigos y dejar así un vacío de silencio y hastío en tu propia casa. No deben estar juntos dos seres que precisan de multitud a su alrededor. Porque no se bastan, se asustan de los momentos íntimos cuando no follan.
Por otra parte, con tanto amor, es muy difícil encontrar el adecuado. La vida es un mercado de personas y afectos.
Todo son inconvenientes si no hay algo de odio.
Todo son hipocresías cuando las bestias se visten de ángeles.
No banalizo cuando digo que te amo absolutamente.
El tabaco calma mi ansiedad, la pluma escribe en tu piel cada palabra y cada gemido, el cuchillo es mi condición humana que no debo olvidar.

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Iconoclasta

Él pabellón de los enamorados

Hay un ala especial en el manicomio: el pabellón de los enamorados.
Somos los enfermos más ridículos del mundo.
Dicen que amar no es locura, es virtud, es necesidad; pero somos la práctica demostración de que el amor tiene sus leyendas.
La enfermedad comienza al convertir el amor en sueño o fantasía, en esforzarse en otorgarle toda esa importancia que lo constituye como un elemento necesario en la atmósfera para poder respirar.
Ahí radica el problema, porque hacer sueño del amor es despertar y sufrir la paranoia de que es una pompa de jabón estallando en el aire.
El amor es demasiado volátil, voluble…
Te despiertas aterrorizado ante la posibilidad que el amor sea el sueño que muere al despertar. Requiere convencerse de que es táctil y suplicas palabras de amor a quien amas.
Y quien amas, se asusta de toda esa paranoia.
Dime que no me faltarás nunca, mi bella diosa de la locura…
El amor requiere no despertar jamás, estar en ese limbo de romanticismo y sexo. Porque si un día faltara, faltaría el aire.
Si un día no está ocurre esto: la cordura es la que estalla en el aire.
En el pabellón de los enamorados los locos observamos inmóviles durante horas el aire a través de las ventanas enrejadas, buscando el amor en forma de amebas translúcidas, que es el ideal de espejismo para algo tan sutil y tan efímero como es el amor.
El amor no se entiende sin lo carnal y el sexo se convierte en devoto, sagrado, puro, pornógrafo, cruel, humillante, sucio, sangriento… Según la paranoia de cada cual.
Demasiado sexo, demasiado complejo, el amor lo complica todo.
O tal vez sea que complicamos el amor. No podría asegurar nada, al fin y al cabo estoy loco.
Al sexo le basta con ser brutal en su pasión.
Ojalá lo pudiera decir siempre y no solo bajo el efecto de los medicamentos.
No debí convertir el amor en una representación teatral; pero mi vida, mi rostro es el ejemplo que figura en las enciclopedias como mediocridad tipo.
Soy aquello que nadie jamás debe ser.
Tuve la ilusión de que el amor me haría especial.
Me dosifican drogas para no soñar con el amor. Y sueño que soy lo que veo en el espejo, algo anodino, algo banal que no importa.
Me despierto con la certeza de ser un mierda y todo está perfectamente controlado para no desangrar toda esa miseria que soy con una cuchilla, o colgarla por el cuello de un cinturón, o de una sábana en una tubería. No me dejan intimidad ni libertad para salir de aquí en una camilla con ruedas hacia la morgue.
Los sueños son efímeros, ergo el amor lo es.
Y por ende la cordura.
Todas estas consecuencias, hacen la vida desesperadamente larga.
¿Cómo no estar loco? Es una condena, un filo constante en el cuello ante la posibilidad de morir asfixiado porque faltas en el aire.
No puede ser… Fue un sueño. No te corté la cabeza, para tenerte siempre cerca de mí y besarte al despertar. Fue una pesadilla, no fue real.
Yo no follé tu cuerpo sin cabeza. ¿Cómo pueden pensarlo?
Toda aquella sangre que inundó mi boca al besar la tuya…
Aquella erección brutal…
El sueño a veces se hace pesadilla.
Es la pesadilla de ellos, los que no tienen amor.
Los enfermos del pabellón de los psicópatas asesinos son los seres más patéticos del mundo cuando no pueden bañarse en sangre.
Los celadores del pabellón de los enamorados no nos dejan suicidarnos, pero nos lastiman los genitales con cigarrillos y nos dicen que no es real, que es un sueño.
Y ríen, y ríen, y ríen, y ríen…
Y sueño que beso tu lengua púrpura sin sangre sosteniendo tu cabeza entre mis manos, cuando la brasa del cigarrillo crepita en la piel de mi glande y ellos ríen.
Pero no duele porque te sueño, porque te amo.

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Iconoclasta

La última flecha

Publicado: 29 junio, 2015 en Reflexiones
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La última flecha

Nació con una determinada cantidad de amor que se encuentra en algún punto del cuerpo, tal vez en los brazos. Porque se tensan, se desesperan por abrazar. Buscan en el aire lo que desea.
Es un arco en tensión. Una flecha que tiembla esperando ser disparada.
El amor tiene que estar en sus brazos porque le duelen ya, porque es una fuerza vectorial directa al alma desde otra alma. Es demasiado metafísico y la razón se cansa.
Y la munición se gasta.
Flechas que se rompen y yemas de dedos que lucen heridas.
Lo desea, busca algún motivo, alguna situación que lo dispense de esa pesada carga, de esa continua tensión. Está seguro de que se puede vivir sin amor. El amor debería ser voluntario, nadie debería nacer cargado con él.
Y sus brazos son enormes, le dieron demasiado amor, demasiadas flechas.
Es injusto.
Es bueno relajarse, hay seres humanos que deben o deberían haber estado siempre solos; pero no lo han conseguido, no lo consiguen porque la humanidad es un vertedero de amores que siempre salpica a quien pasa cerca.
Y fracasan en la búsqueda de la soledad.
En lo profundo del bosque no hay nada que amar, solo se admira y se teme la vastedad de la naturaleza.
La naturaleza te toma.
Todo animal que camina bajo los árboles, bajo el sol del desierto o en la arena de una playa, es presa o es cazador. La naturaleza no distingue pensamientos, solo escucha los cuerpos: si están cansados, si están sanos, si la temperatura corporal es idónea. Y la naturaleza te lleva adonde te mereces.
Alguien debe poner las cosas en su lugar.
Tensa el arco y lleva la última flecha hasta el ojo, apunta sin demasiada convicción. Debería haber muerto antes. Le dieron poca vida y demasiado amor. Eso ocurre con el azúcar en el café, las cafeterías no son generosas.
Poca vida para tanto tiempo, el planeta se mueve a velocidad geológica y la vida corre a velocidad lumínica. No da tiempo a nada. En las esperas murieron los dinosaurios.
Él también está a punto de ser extinguido, es necesario liberarse de cualquier carga, la última etapa es dura para ir tan cargado.
Dispara no sabe adónde y no pasa absolutamente nada. Salvo que una urraca ha salido de entre la maleza causando estruendo, asustada.
Se le escapa la risa, parece que el pájaro blasfema.
Ya no es necesario el arco ni el carcaj.
Y caminar es sorprendentemente ligero.
El cigarro a la boca, las manos en los bolsillos, es hora de relajarse.
No ha sido un buen día para la urraca. Otra risa.
Dan ganas de silbar.
Y silba.
El oso hambriento lo observa desde la espesura, los pájaros no trinan, los insectos parecen contenerse, la naturaleza le dice al animal que su presa es demasiado lenta, es una buena opción de menú para hoy.

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Sin paraísos, sin sueños

Publicado: 23 junio, 2015 en Amor cabrón
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Sin paraísos sin sueños

No puedo prometerte amor eterno, cielo.

Moriré antes que tú, y luego no habrá nada.

Solo puedo prometerte una muerte de amor, como si eso pudiera existir.

No puedo ceder ya a los sueños, son cosas que duelen. Crearíamos una maldición entre nosotros mismos.

Y llegaría la frustración.

No existe la eternidad, ni otros tiempos ni lugares.

Nos parieron entre hormigón, entre distancias y sepulturas que ascienden verticales humillando a los muertos.

¿Te das cuenta de lo mucho que te amo? Eres toda mi magia, todo mi sueño.

Te amo en la sordidez de este mundo, te abrazo y me hago serpiente en tu cuerpo a pesar de todo y de todos.

No te amo en un paraíso.

Fuera de ti no existe nada. Incluso lo que escribo se deshace como una gelatina en el cristal de una ventana. Cualquier cosa que no sea tu piel es rechazada.

Solo me queda eso, mi amor, morir amándote.

Es algo que podré hacer. No habrá problema con ello, porque de hecho, no hay otra opción.

Lo siento de verdad, ojalá pudiera decirte que te buscaré, que nos encontraremos. Dedicarte más vida; pero el amor desgasta, acelera tiempos.

Te amaré con mi último latido, eso es todo.

Puta pena…

Si tuviera alma, si quedara una emoción que me hiciera humano, te juraría amor eterno.

No reconozco humanidad en mí, no tengo alma.

He vivido lo suficiente para saber que nadie tiene alma.

La gente tiene miedo de morir y yo siento curiosidad, algo pasó en mi concepción.

Así que juro amarte hasta que muera.

Porque no hay eternidad, no hay posibilidad de encuentros en tiempos o espacios.

Ir más allá de la muerte duele demasiado, es un engaño que nos hará mantener una esperanza que hará más angustiosa la muerte.

No puedo banalizar este amor que siento construyendo una leyenda.

Solo puedo jurar que moriré triste por dejarte. Sé que los seres mueren solos, perdidamente solos ante la angustia de no poder aspirar una bocanada más de aire.

Perdona la realidad, perdona la verdad suprema de todo. Es mejor que nos amemos ahora con todas las fuerzas de los sueños muertos, que nos fundamos el uno en el otro con una agonía anticipada sabiendo que se aproxima el gran puto drama, mi amor.

Esto pinta mal, y me duelen algunas partes del cuerpo, cada día cuesta más caminar y cada día te abrazo con más fuerza porque llega lo inevitable.

Sé valiente, mi amor, siéntete amada.

Guarda estas letras, no dejes que las emborrone una lluvia. Mantenlas como testimonio, como un hallazgo de amor que haga historia entre la humanidad. Que cuando gente de siglos adelante lo descubra, sepan que el amor que un día sentimos fue absolutamente puro.

Y no necesitamos paraísos, ni esperanzas legendarias.

Solo eso, mi amor. Sonríe, porque aún quedan unos días.

Vamos a cenar mi amor, estamos cansados.

Y luego al cine, ¿te parece?

La vida aún está aquí.

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Mi compañero Cooper

Publicado: 19 abril, 2015 en Reflexiones
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Mi compañero Cooper

No sé si fue una maquinación del destino. Una situación creada por el planeta, un acto de empatía voluntario: la de la Tierra con uno de sus habitantes.
O simplemente fue un azar, algo fortuito.
Prefiero escribir que tuvo la magia de lo primero, porque simplemente, es más bonito así.
A pesar de lo que escribo, mi pensamiento no se engaña. Soy un espécimen adulto que jamás he experimentado más magia que la creada con mi imaginación.

Acababa de romper una relación enfermiza, de hecho estaba muerta hacía más de dos años. En aquellas fechas en las que conocí a Cooper, se puede decir que más que una ruptura, conseguí la libertad y el bienestar, aunque a costa de sacrificios y tristezas batidas con esperanzas.
Solo que las alegrías no pesan suficiente para luchar contra las tristezas, la vida es así.
Al menos la mía.
En esas fechas me compré un buen reloj, me hice tatuajes nuevos y… Conocí a Cooper un domingo, era 9 noviembre del 2014. Ya hacía muchos meses que iba solo al cine, solo a todos los sitios.
Me senté en la butaca muy cerca de la pantalla, como siempre.
Iba a ver Interestelar.
Desde que iniciaron las primeras escenas me olvidé por completo de los malos años de engaños, corrupciones, vanidades hipócritas y enfermedades mentales ajenas que viví.
¿Por qué disfruté tanto de Interestelar hasta el punto de convertirse un hito en mi historia, en mi vida?
Las analogías surgieron luego, tras el impacto visual y emocional de la película. Argumentadas a mi conveniencia, es inevitable; pero había razones para ello.
La música penetró profundamente en mi cerebro. Marcaba con su persistente ritmo un tiempo urgente, que se comía la vida velozmente. La vida de la familia de Cooper, la de él mismo.
Aquella música se convirtió en una banda sonora de mi vida, que marcaba segundos de engaño, estafa, avaricia y paranoia corrupta de aquella mujer. Un tiempo que se lo comía todo, como se comía todo lo que Cooper amaba.
En aquellos momentos, cuando el astronauta lloraba ante mensajes viejos de sus hijos y por los años perdidos en un instante, en un error; yo en mi butaca sentía en mi carne el cáncer que comía a Cooper y el alivio de haber dejado atrás ese tiempo de mierda. Yo estaba a salvo, fui Cooper, hasta que pude escapar de la relatividad del tiempo y de la órbita de un planeta venenoso.
Tenía que decirle a mi compañero que todo se arreglaría, amigo mío.
Debía partir en busca de un planeta mejor porque la Tierra estaba enferma.
Y decidió sacrificar el tiempo de vivir con sus hijos, con su familia.
Se equivocó, pobre…
Yo tenía que partir de aquella casa que no era mi hogar. Todas sus paredes evocaban una torpe e ineficaz estafa, la hipocresía de una mujer ambiciosa y su más vulgar vanidad.
Y mi angustia, como la de Cooper, era la de dejar atrás a los seres queridos. Tenía que sacrificar el amor, el cariño y la ternura de una muy pequeña amiga. Una niña que vi crecer y aprender a hablar y caminar; la ayudé un poco en esas cansadas tareas. Sacrificaría a mis amados amigos, dejaría atrás a dos preciosas gatas que me querían con maullidos y suaves garras, se sentaban en mi regazo para dar y recibir calor en las noches, fueran cálidas o frías.
La angustia de Cooper la entendía tan bien, que me encajaba en el estómago como un puñetazo.
Mi hijo estaba lejos, y necesitaba acercarme a él, me quisiera o no.
Al igual que Cooper, eligiera lo que eligiera, de un modo u otro causaría dolor la decisión.
Mientras tanto, el tiempo para nosotros, pasaba veloz sufriendo tristeza y miedo a perder lo que queríamos por cada segundo que pasaba.
Sufría pensando en como resolver el asunto de una partida amando a tantos seres, unos en el punto de origen, otros lejos.
Ambos mirábamos por las ventanillas del Ranger, de la nave espacial. Cooper observaba la Tierra corrupta y peligrosa para la vida, cada vez más lejos y pequeña. Yo evocaba el rostro de aquella mujer ya borroso en el espacio y el tiempo. Tan irreconocible ya, que llegué a no entender como un día pude sentir algo de aprecio por ella.
Fue a través de la pena y tristeza de Cooper, de todo aquello que perdió en el viaje: años en los que sus hijos se hicieron adultos sin él, esa juventud inhumana que le dio la relatividad del tiempo y le hizo sobrevivir a ellos.
A través de toda esa tragedia tuve el consuelo de que yo no viviría esos horrores. Mi pequeña amiga, mis amigos y mis gatas me sobrevivirían, moriría antes que todos ellos, no sería como Cooper y su triste e inacabable soledad.
Cooper y yo iniciamos el viaje de partida con el peso de los muertos en nuestras espaldas. Ambos perdimos seres amados mucho antes del gran viaje. Eso nos hizo valientes, pero no certeros.
Hubieron errores.
Llegó el final y la hora de viajar a otro lugar y hacerlo bien, si fuera posible.
A pesar de toda la tristeza, la decepción y la soledad; partimos con esperanzas, con ilusión y ánimo rumbo a otro lugar donde no teníamos que respirar el engaño, el dolor, la corrupción, el peligro y la muerte. Cruzamos el espacio y el tiempo en busca de amor y serenidad.
Salí emocionado del cine y comparé tristezas. Concluí que yo tuve más suerte que Cooper, obviando que yo era real.
Aquella mujer, su forma y palabras se desintegraron en el momento que encendí el primer cigarrillo al salir del cine. Sonreí y se iluminaron con fuerza los rostros de aquellos a quien amaba y de los cuales sabría a cada momento como se encontrarían, podría saludarlos, hablar, expresarles cariño y añoranzas. Vivir con ellos en un presente común.
Con aquella música de un tiempo veloz y voraz aún en mis oídos, me sentí libre y afortunado.
Interestelar se constituyó así en un hito en mi historia, en mi vida. Como el toque de un hada buena… Se convirtió en el agujero negro que se tragó una era de meses y meses de engaño y paranoia, representados en aquella silueta desdibujada de una mujer de la que ya apenas recordaba su rostro.
Verifiqué y chequeé los sistemas de navegación de la nave con alegría, sabiendo que mi viaje no sería tan triste y solitario como el de Cooper hacia una nueva galaxia.
Ambos nos equivocamos en algún momento, concienzudamente, porque creíamos hacer lo mejor, lo que menos dolía. Que nadie nos haga pagar errores, mi amigo Cooper, que nadie sea juez. Porque todos los seres de este planeta son imperfectos y falibles.
Yo llegué, estoy bien.
Seguro que también has llegado feliz a tu destino, Cooper, me lo dice mi alma.
Se acabó, compañero. Cambiamos un tiempo atroz por el de la esperanza y la sonrisa franca.
No te olvidaré, amigo mío, te recordaré siempre. Recordaré el día y la hora en que te conocí, igual que disfrutaré de mis seres queridos en este presente, ahora.
Programa a TARS con estos parámetros, compañero:
Nivel de humor: 100 % (aunque no te guste).
Nivel de felicidad: 100 %
Nivel de sinceridad: 0 %, no la necesitamos, conocemos si algo es sincero sea cual sea el parámetro programado.
Tal vez nos encontremos en algún agujero negro que nos haga compartir un ahora común, espera a que muera, no tardo.
Un abrazo a ese personaje, su dolor y esperanzas que de una forma (quiero creer mágica) compartimos.

ic666 firma
Iconoclasta