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Ingenuidad y mentira

«El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito. Si aprecias lo que haces, tendrás éxito.»

Albert Schweitzer.

 

Mentira. Pura ingenuidad, pura oratoria de beato para consolar y regalar los oídos y ojos de sus lectores.

Amo lo que hago, pero no tendré éxito jamás. Ni lo considero.

Me basta y me llena con ejercer obscenamente mi vanidad.

¿Éxito? No en este planeta, ni en este tiempo.

No nací ayer.

Y la felicidad es un estado de idiocia, un trastorno como otro cualquiera.

Idiotas por kilo

El kilo de idiota nunca pasará de unos céntimos, sea lechal, adulto o añojo.
Hay tantos que incluso se regalan piezas enteras para aliviar las cámaras frigoríficas.
Yo, aunque cueste más dinero, prefiero la de cerdo (el de cuatro patas) o la de ternera.
Esto me lleva a una duda: ¿Si se consume carne de idiota en coma, se puede considerar comida vegetariana o vegana? Es por lo del estado vegetativo.
La cuestión es que una buena temporada para consumir idiota, porque se han cebado bien y su carne es jugosa.
Aún así, me da asco, soy escrupuloso y un tanto sibarita, yo no como cualquier cosa por muy barata que sea.

Un tiro de gracia

Lo mejor de las fiestas de bondad navideña es hoy, el último día: reyes.
Heme aquí para clavar el puñal en la nuca de los que sufren. ¡Ja!
El descabello…
La montaña estaba tranquila a la mañana, no hay luces ni gente, es igual que siempre, en todo momento. Los jabalíes y otras bestias cagan en el camino y no se nota que hayan comido cosas raras.
La tarde, ya de noche, ha dejado las calles vacías y las bolas y campanas de luces, cuelgan tristes como los cojones de dios o los de un líder; como un mudo arrebato que llama al final, así se mecen por una perezosa brisa.
El ganado se ha quedado en sus casas, intentando ser felices viendo a sus hijos abrir regalos y jugar con ellos; pero no lo consiguen. Están cansados de derrochar lo que no tienen, les acosa el ridículo de una sensiblería farisea de la que han hecho gala estos días. No encuentran ahora la razón de tanta mierda. Cerebros meramente funcionales que se sobrecargan ante lo que no saben definir; pero intuyen.
Los asientos de los cafés están libres, vacíos; como si fuera yo un superviviente que se siente así de bien. Por un momento me hago la ilusión de que no existen, no están.
Espero que no salgan de sus madrigueras, incubando esa depresión formada de hipocresías y banales excesos que han cometido porque así lo ha establecido alguien por ellos.
No importa, pronto les darán otro momento para que se vean obligados a disfrutar: el carnaval.
Mientras tanto, que se jodan.
Sí, lo sé, la empatía es algo que no considero.
Una carencia que no me molesta, una buena deficiencia.
Asumo mi naturaleza misántropa y despótica.
Me ha tocado ser el malo.
Alguien tenía que serlo.
No sé si reír o reír.

Inoportunos llantos

El espíritu y la carne

Tengo un relajante dolor y una descarada de falta de pudor.
El dolor es de amor, siempre lo es.
La impudicia es una erección y un pensamiento de una obscenidad absoluta.
¿Cómo puedo conciliar la espiritualidad del dolor con la carne dura, obscena y goteante que está firmemente presa en mi puño violento?
Tal vez pienso demasiado, tal vez la amo demasiado e inútilmente y mi organismo conjura el dolor con un bálsamo blanco que escupo como una plegaria hirviente.
No sé… No quiero entender.
Me basta correrme con tristeza, me lleva a trascender más allá de esta mediocridad.
Lo sórdido es densidad, cuanto más humilla, más importancia adquiere la vida.
Un sacrificio lácteo, un deseo rojo en mi cerebro; como la sangre fuera de las venas.
No hay conciliación de soma y psique, soy demasiado absurdo.
Son reacciones lógicas a la monstruosidad de amar y desear sin consuelo.
Solo soy una consecuencia de mí mismo.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

Claudia Bahamón

En Telegramas de Iconoclasta.

Los amargados cuervos

Me gustan los cuervos porque su graznido es como un descontento. Siempre parecen quejarse de algo.
Se pelean graciosamente entre ellos.
El bosque está en paz y se empeñan en romper esa sorda quietud.
Admiro su mal genio, quisiera graznar como ellos sin ninguna razón.
Sonrío cuando dicen: ¡Gra-gra- gra! (No sé a que viene tanta paz). ¡Gra-gra-gra! (Algo huele a podrido en Dinamarca), ¡Gra-gra-gra! (La madre que parió al jabalí…). ¡Gra-gra-gra! (Ven aquí cuerva hermosa, que te voy a hacer unos huevos, maciza).
Lo cual contrasta con el dulce campaneo de los cencerros de las vacas que pacen sin prestar atención a los cuervos amargados. Otras se recuestan impasibles en la hierba, aún rumiando, como si mascaran chicle.
Es perfecto.
Me divierte, me apasiona ese contraste de vida.
Me pregunto que soy en todo eso.
Solo la bestia de dos patas que fuma disfrutando de ese momento, no hago ruido, no ocupo apenas espacio.
Pienso que tengo suerte de estar en esta sonora y apacible soledad.
Y no puedo evitar graznar:
!Gra-gra-gra! (Ven conmigo, mi diosa. Ahora…)

El control perfecto

Idea germen:

Para cagarse: miles de pusilánimes llorando en rebaño y en el extranjero, por un imbécil político tele-predicador y millonario que puede vivir donde quiera y todo el tiempo que le dé la gana sin preocuparse por el dinero. Y la mayoría de los que lloran, no tienen apariencia de ser millonarios, ninguno lleva un reloj que supere los doscientos euros.
No jodas… Robin Hood al revés, y los pobres felices por ello.
Menos mal que no vivo en Bélgica, qué descanso.
Diciembre 2017.

El posterior desarrollo del pensamiento autónomo:

La gracia de los timadores-políticos de las actuales democracias occidentales, radica en su habilidad y medios para desviar adecuadamente la atención de la mayoría de la población hacia un mismo programa televisivo, una película o un libro determinado.
Y por supuesto, las redes sociales de internet.
Si un libro es promocionado por medios televisivos y prensa, el pensamiento resultante de cada individuo será razonablemente similar en todos ellos. Suficiente para los fines de control de adocenamiento.
Evitar el pensamiento autónomo es el secreto del control eficiente.
Aún así, la televisión y las indicaciones de lectura y cine por parte de los entes institucionales, a veces no son suficiente; queda la herramienta definitiva: las bebidas alcohólicas.
El alcohol es el ajuste fino. En otros tiempos, gobiernos totalitarios fascistas derechistas o izquierdistas, usaron el alcohol como principal medio para el control de la sociedad; pero por sí solo, provocaba mucha abstención y negligencia entre los funcionarios y obreros.
Dada la baja capacidad intelectual de la especie humana (salvando alguna minoría irrelevante), la palabra o la lectura por sí solas, causa bostezo en las ovejas humanas, aunque vayan bien colocadas de vino o maría; si al alcohol u otra droga se le suma música (himnos y otras músicas adocenadas) y colorido (banderas y luces de neón brillantes y móviles), el manejo de la chusma roza casi la perfección.
Y todo ello, sin asesinatos, torturas y encarcelamientos por parte del poder judicial y el legislativo. Además, con la ilusión de absoluta libertad. Debería tomar nota el gobierno chino.
Aun así, queda un muy pequeño porcentaje que piensa de forma autónoma por alguna tara genética o por una voluntad atípica; este porcentaje no importa. No es preocupante, puramente anecdótico y sin peso alguno. Lo único que importa son las mayorías que dan votos y se manifiestan con uniformidad.
Es por ello por lo que los miles que se manifiestan por una causa, cuando son llamados para la causa contraria, también se manifiestan con idéntico alborozo.
Si al rebaño se le da cualquier motivo festivo que lo arranque de su monótona existencia, morderá el anzuelo sin que le duela el paladar.
Se sentirán además, protagonistas absolutos y no serán conscientes en ningún momento de su insignificancia como entes individuales; ni de la maravillosa propiedad que los caracteriza: ductilidad.
La sociedad occidental actual es prácticamente la de Un mundo feliz de Aldous Huxley; pero con un decorado amable, musical y colorido.
Sobre todo, sin consideraciones funestas sobre la pérdida del pensamiento autónomo.
Y si improbablemente algo fallara, siempre quedará youtube.
Amén, borregos.

La política es un fraude constante, sea cual sea su ideología.
Políticos que se pueden permitir el lujo de pagar millones de euros en dinero y propiedades para evitar la prisión. Y son aclamados por la chusma.
Políticos que pueden vivir sin preocupaciones económicas y legales en un país que han elegido para evadir sus responsabilidades. Y son aclamados por la chusma.
(Si yo no pago impuestos, me revientan el ano, me embargan lo que pueden y si con eso no basta, a mi hijo le arrancan los ojos, riñones y corazón para venderlos.)
Políticos que se llaman a sí mismos “legítimos presidents”, mientras su “legítima república” se va a la mierda junto con el trabajo de sus ciudadanos. Y son aclamados por la chusma.
Estudiantes y trabajadores (que suelen coincidir con los más tontos, estadísticamente hablando), adoran y defienden a esos millonarios y fasciosos políticos tele-predicadores que se están gastando en un mes, lo que ellos no ganarán en diez vidas.
No hay que ser muy avispado para saber a quien le han robado el dinero que ahora se gastan; pero como dicen las estadísticas: fanáticos y mediocres, muy listos no son.
Esto demuestra que cualquier época, por muy moderna o contemporánea que sea, es buena para que cualquier político sea elegido con total fervor por su capacidad de acumular dinero para sí mismo y pedir más conmoviendo a los no muy despiertos, mostrando estigmas dibujados groseramente en sus manos. Y luego, como premio, cantar en familia el lúgubre himno “Els segadors” con una mano en la bragueta.
Esa misma chusma, llorará lágrimas amarillas emocionada perdida.
Si naciera Hitler otra vez, las cruces gamadas serían europeístas, amarillas y pacíficas. Y tendría una cuenta en tuiter donde colgaría videos de judíos sodomizando a Blancanieves sin piedad, y así conmocionar y emocionar a la chusma votante.
Estupidez con violencia se paga.
Y es bueno, porque la violencia, al final, pone las cosas en su sitio y selecciona a los más fuertes y menos tontos.
Urge una depuración, ya.
El 2017 ha cerrado con una espantosa, mediocre e ingenua chusma pensando que viven en un mundo perfecto; y lo que es peor, tienen fe en que unos tele-predicadores, los hará vivir en el paraíso.
A ver si el 2018 es un poco más violento para evitar tanto empacho de hipócrita pacifismo.

 

ic666 firma
Iconoclasta

Felices augurios

En estas fechas entrañables, los ingenuos, supersticiosos e ilusos, tienden a ver en todo accidente grave o banal, un buen augurio.
Así que el que se derrame el vino o cualquier otra bebida sobre la puta nueva camisa horrorosamente cara, se convierte en profecía de toda clase de buena suerte y asaz dinero. Un año feliz.
Si se pisa una mierda y se resbala, todo el mundo ríe y “chin-chin, qué buena suerte”. Hasta el que se ha llenado de mierda, no cabe en sí de felicidad.
El que en un accidente ha quedado inválido de cuello o cintura para abajo, es afortunado porque podría haber muerto. Y ha de dar gracias por ello, será un año de puta madre.
Fuera de las fechas navideñas, todas estas incidencias son causa de indecorosas imprecaciones o blasfemias.
Pero yo soy alérgico o inasequible al tonto costumbrismo navideño y a sus augurios felices: piso mierda, y me cago en la hostia puta. Si alguien se ríe, le deseo la lepra.
Vamos, como siempre, en cualquier fecha del año.
Y pienso que el año empieza como acaba: con mierda.
No es fatalismo, es simple conocimiento sin emotividad.
Lo que me emocionaría sería una pornográfica cantidad de dinero en mi cuenta bancaria.
Transmutar mierda en chocolate con tanta alegría e ingenuidad resta mucha dignidad a la escasa sabiduría que pudiera haber en otros cerebros.
Pero si así lo quieren, a mí me la suda: Feliz mierda nueva 2018.
Qué suerte tienen algunos cabrones felices.

Alexis Amore

En Telegramas de Iconoclasta.