La certera muerte, la relajante muerte, la necesaria muerte… Pero sobre todo, la sincera muerte. Dicen todos los políticos de la era de la peste del coronavirus, que la sociedad vencerá esta batalla, que la superará. La muerte dice que ya hay miles que no la han superado. Y otros miles agonizan. La muerte dice que mienten como bellacos. Los que han muerto son esta sociedad, eran… La muerte y su sinceridad humilla a los políticos, poderosos y supermillonarios. Se ríe de sus hipócritas arengas; de su banal oratoria de piedad. Hay un tiempo para vivir y otro para admirar y meditar sobre las propiedades terapéuticas de la muerte. Sobre todo si es ajena. La muerte dice: lo que mal nació, mal morirá. En los peores momentos no sale lo mejor del ser humano, solo cobardía y traición. Y la muerte no es un viaje, morirán todos…
Si una palabra no es concreta se derrumba el pensamiento.
Mi pensamiento no es un gran rasgo, es una cuchilla que eviscera todo; es preciso hasta el dolor y la humillación.
La palabra existe para que defina la idea exacta, clara y sólidamente.
No hay grandes rasgos, solo grandes oscuridades, grandes ignorancias, grandes estupideces que pretenden esconderse tras la negligencia del supuesto de ambigüedad.
Si no tienes puta idea de lo que hablas, métete tus grandes rasgos por el culo.
Calientes seres que se desean desde sus soledades. Sexos hambrientos, amores trágicos. Orgasmos silenciosos, esperma aguado con lágrimas, un monte de Venus que se contrae solo, cuasi abandonado a un orgasmo agotador. La obscenidad es el camino. Y no uno de putas rosas.
Me ha sorprendido hasta la náusea y escupir el café, esa mierda de virtudes que algunos políticos enumeran para vencer la peste, como la determinación, la tranquilidad, la solidaridad, el valor, la obediencia (cómo no) y: ¡LA HUMILDAD! ¿Para qué cojones meter a la humildad en un asunto de enfermedad, hijoputas? ¿Han descendido a tal grado de imbecilidad que ya no controlan lo que pregonan y su significado? Pues ya pueden meterse en el culo la humildad contra la peste coronavirus; porque no le voy a rendir pleitesía de mierda. Gilipollas… Políticos y otras bestias institucionales fuman demasiada marihuana. O simplemente, en los malos momentos, es cuando se hace absolutamente evidente la imbecilidad y analfabetismo.
Muchos de los vecinos y ciudadanos de las ciudades y pueblos en cuarentena por la peste del coronavirus se convierten en los mismos miserables policías civiles voluntarios que, en otro tiempo delataban a sus paisanos amigos o no; para obtener un trato de favor, como una caricia de su amo en la cabeza, como ocurría en toda España durante el régimen franquista o cualquier otra dictadura de la historia humana elegida al azar Gente repugnante a la que no les importa que encierren, arruinen o fusilen a inocentes que hacen y dicen lo que ellos no tienen valor. El coronavirus es un perfecto marcador de puercos que desean recibir un hueso de su amo el presidente, el futuro presidente o el futuro dictador de turno. La presencia de estos colaboracionistas del fascismo y el asesinato institucional, al igual que el bíblico judío errante, está siempre presente en todas las eras y sociedades. Son junto con las ratas, lo más numeroso en todos los núcleos urbanos. Si el coronaviurs consigue extinguir a todos estos hijos de puta colaboracionistas con complejo de ciudadano ejemplar; bienvenido sea y que siga infectando hasta que todos mueran. Hasta que no quede ni uno de esos ciudadanos ejemplares que sujetan con obscena envidia y deseos de ser felicitados, su teléfono móvil de mierda para grabar, delatar y denunciar a gente que es mucho más valiosa que ellos y sus hijos, mezquinos ciudadanos ejemplares. Y por otra parte, me encanta follar (con mujeres. Que nadie se crea que todo lo que ve o lee hoy día, es maricón) haya o no cuarentena de mierda.
¿Qué harías con una libreta llena de ideas en la que ya no caben más? Pues si no tienes ni una miserable caja o un cajón en casa para guardarla, te la puedes meter por el culo. ¡Qué ganas de buscar problemas a todo!
Ya hay unos cuantos políticos infectados de coronavirus en el mundo, la apuesta es: ¿Cuál morirá antes? Siempre hace falta un mártir en toda causa. Y mejor un político, para eso están, para morir con honores. Además, en toda película siempre ha de morir un malo para dar más interés a la trama. No solo la han de palmar inocentes, sería aburrido.
No se les puede decapitar sin que se derrame la sangre por el suelo. O salpique la ropa y zapatos. Y ese hedor, cuando se acumulan más de tres cabezas, evoca el de un matadero de cerdos. No entiendo cómo pudieron soportar tanta mierda en la cacareada Revolución Francesa. La chusma siempre se ha sentido como cerdo en el barro cuando de espectáculos sangrientos se trata. Margaritas a los cerdos… Literal.
Aún no han salido todas las hojas de las ramas, es pronto.
Y los muertos de sus tumbas tampoco.
No estaría mal vivir algo realmente intenso como la resurrección de los pútridos muertos ¿eh?
Se les podría adiestrar para que comieran la misma mierda que se da de comer a las mascotas, en lugar de cerebros crudos.
Y luego usarlos como perros de guarda y pastoreo, o incluso para que aspire la casa. Con sus andares aleatorios y estúpidos, a lo largo del día llegaría a limpiar todos los rincones de la casa y no se quedaría atascado debajo de un mueble como un costoso aspirador robótico, que no acaba de limpiar bien nada.
Es lo que tiene tener tiempo y no salir de casa esperando a que el coronavirus se muera de asco y de hambre: piensas cosas amenas hasta que te aburres de estar en casa.
Nadie me aplaudió ni me cantó canciones por trabajar todos los putos días y cobrar una mierda.
Uno es lo que hacen de él. Yo nací buena persona, lo juro. Y uno de esos ángeles pudrió un trozo de mí. Cada cual cuenta la feria según le va, el saber popular a veces acierta. Lo que importa es tener una marcada personalidad, da igual lo que contenga (carita sonriente).
Como siempre ocurre, hay dos versiones del final del puto #yomequedoencasa.
Cuando acabe esta peste, los más felices, los que cantan canciones a gente que ni han visto; pero los entretiene; seguirán teniendo sus casas, su trabajo, su dinero.
Y los hay que cuando acabe la peste, serán sacados de sus casas por no tener dinero, por no tener trabajo. Estos no dan las gracias a nadie con cantos entonados con la cobardía del “te lo agradezco para que me cuides cuando me toque”. Simplemente piensan con la mirada hosca que será difícil encontrar dinero para comida.
Las medidas sanitarias solo están pensadas para los que tienen una buena seguridad económica. A ningún gobierno le importan los pobres, los pobres no votan, porque conocen la misera y a los miserables. Y porque si no tienes domicilio, no te llega la tarjeta del censo electoral. Hay que tener en cuenta, que los poderosos, para conservar su salud necesitan arruinar familias en grandes cantidades. Cuantos menos pobres, menos insalubridad y más dinero se quedan ellos.
Nunca jamás, a nadie se le ha ayudado cuando lo han arruinado y ha perdido casa y enseres. Eso no ocurre ni ocurrirá jamás. La función de un gobierno es sorber los fluidos vitales y monetarios del pueblo que pastorea. Cualquier otra consideración es pura religiosidad.
Los hipócritas y risueños cantarines pensarán con una sonrisa, recordándose como héroes, que con sus canciones y sus memes vencieron al coronavirus.
Y están los que se cagan en el puto dios por la puta suerte que tuvieron.
Porque ahora tendrán que vencer la pobreza, que es infinitamente peor que el coronavirus.
Es más digno y menos penoso, morir de coronavirus que de hambre. Y mucho más satisfactorio morir con violencia, robando por subsistir; que de las dos anteriores formas.
Bueno, es lo que pasa habitualmente, si te aprietan, aprietas.
Y si las leyes te joden, pues intentas joder las leyes, si ya estás muerto qué más da…
Estos son los dos finales predecibles e inamovibles de una peste (en caso de que no extinga a la especie humana, como sueñan los jehovistas) tanto biológica como simplemente psicológica, fabricada para reconducir a la chusma.
Y al final chusma son todos: los pobres y sin casa, y los esclavos sonrientes que la conservan y tan solo han disfrutado de unas vacaciones durante el #yomequedoenmiputacasa.