Archivos para agosto, 2020

Vamos a ver, que nadie se asuste o sienta una pena injustificada llevados por el amarillismo y populismo de la noticia.
Quien ha sido un cerdo de joven, cuando llega a viejo, es el triple de cerdo, más malo.
Los ancianos, por una simple cuestión de edad, no están exentos de ser unos auténticos hijos de puta, ni transmitir lástima gratuitamente.
Posiblemente la vieja de la noticia tuviera una buena carga vírica de hijoputería y mezquindad y le dieron lo que se merecía. O sea, que las empleadas debían estar hasta el coño de la tipa.
También sé que hay jóvenes despreciables; pero en lo que se refiere a esta noticia; no voy a cometer la ingenuidad de creerlo por un video de mierda adjunto, que seguramente estará amañado para crear esa misma noticia en estos tiempos de cobardía coronavírica.
El respeto no se gana por edad, se gana por decencia.

Es vergonzoso que los padres, en lugar de ánimo, valor y determinación; inculquen a sus hijos cobardía, pereza y servilismo.
¿Qué pensarían aquellos monos de los que descendemos, si un humano de esta repugnante sociedad, se negara a buscar comida por miedo a los leones, lobos y otras bestias?
La decadencia es tan grande que encuentro necesaria la extinción humana, es indigno pertenecer a esta especie.
Con toda probabilidad, los decadentes endogámicos cagados de miedo, creen que quedándose en casa el coronavirus se irá aburrido a otra galaxia, o a otro país. Porque España, está visto, es el número uno de los países cobardes y mezquinos. Justo por eso, es el más venenoso para la salud; por su cobardía y desidia.
El coronavirus se quedará como una enfermedad endémica más, como la gripe, la malaria, la lepra, el ébola…
Ser tan cobarde y enseñar a los hijos a ser igual debería estar castigado con castigos corporales y esterilización.
La decadencia de esta mezquina sociedad alimenta mi violencia misántropa hasta límites cada vez más difíciles de controlar.
Que metan a sus hijos encerrados en bolsas selladas al vacío, no te jode.
O tal vez quieran un profesor por domicilio.
Ridículos analfabetos palurdos…

Con el calor que hace

Publicado: 23 agosto, 2020 en Sin categoría
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El barbudo de mirada triste se me acercó alzando una mano a modo de saludo, en la palma tenía una vieja cicatriz circular, como si le hubieran clavado algo.

Y díjome sin mascarilla, con pesar:

– Son tiempos de enfermedad y dolor.

Y díjele yo con un calor que te cagas, sin mascarilla, displicente:

– Toma dos euros y déjame en paz.

Le deposité la moneda en la palma de la mano que, cubrió su cicatriz perfectamente.

Y continuó su camino con un suspiro.

Yonquis…

Un sueño fallido

Publicado: 21 agosto, 2020 en Sin categoría
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He soñado contigo; pero no te besaba, no te follaba. Permanecía silencioso acostado en la cama, a tu lado mientras dormías. Miraba los minutos luminosos avanzar en el reloj con mi mano entre tu cabello.
Solo así.
No quería dormir porque temía despertar solo. Y tomar solo el primer café del día. Y fumar solo el primer cigarrillo tras el amanecer.
Quería romper la maldición de los días sin ti.
Y el mundo se resquebrajó como un espejo roto, con un estruendo de angustia.
No sé si el estruendo fue de los cristales o fueron mis blasfemias desesperadas. No sé si le grité al universo mi odio y mi frustración.
Desperté solo y triste.
Todo salió mal, amor.
Tomé el primer café en soledad.
Y fumé solo el cáncer de la ausencia.
Otra vez…
No tengo suerte ni con los sueños.
La próxima vez te abrazaré, te besaré, te lameré el coño hasta que arañes mi cuero cabelludo oprimiendo mi cabeza entre tus piernas, desesperada por correrte. Y te follaré con violencia animal.
No puedo arriesgarme a que pase lo mismo otra vez, te despertaré, cielo.
No podría volver a sufrir la insoportable desolación de soñarte, de estar a tu lado y no tener ni siquiera entre mis dedos la calidez de tu piel al despertar.
En mi despertar de mierda…
En este mundo de mierda.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Esta rosa es especialmente roja, sus pétalos son afilados y cortantes. Es peligrosa en su belleza doliente.

Es una rosa especial, la de Sant Jordi, única y real.

Sus pétalos son agudos y templados como el arma que mató al dragón.

Cada año renace para cumplir su milenario sacrificio: bendecir con sangre un libro.

Nació de la sangre y de la sangre vive.

Y cada año alguien la encuentra y sin saberlo alguien la corta del rosal, alguien la comprará, alguien la llevará en su mano.

Un tipo cansado de una jornada de trabajo compra la rosa para su mujer.

No siente especial predilección por las flores. Y piensa que las flores no son felices de ser cortadas por mucha tradición que sea hacerlo.

A él le regalará un libro su mujer, una cosa muerta, algo que no sufre, algo que no siente. Lo prefiere así.

El olor dulce y empalagoso de la rosa lo pone nervioso. Normalmente no huelen tanto, son años ya los que lleva cumpliendo con el ritual en Sant Jordi.

A esas horas del día ya no huelen, ya hace muchas horas que fue amputada de su rosal.

Tal vez sea que la primavera está resultando especialmente cálida. Tal vez sea el calentamiento global que tiene la culpa de todo.

O tal vez sea que la rosa se resiste a morir y lanza su fragancia como un último suspiro.

Las agudas puntas del tallo traspasan el papel de aluminio con la que está envuelta y mortifica la piel de la mano. Como cada año.

Tienen derecho a defenderse las flores: al fin y al cabo están muriendo.

Atraviesa un parque vacío de gente, son las cuatro y media de la tarde y el sol aplasta con su calor el ánimo.

Hay un banco a la sombra de un árbol y se levanta una brisa de aire cálido. Decide sentarse y fumar. Sentarse y refrescar la piel a la sombra.

La rosa perfuma cada paso que da.

A su mujer le gustará. Este año huele especialmente bien.

En el otro extremo del parque hay un puesto de libros y el vendedor se cobija adormilado bajo la sombrilla.

La bandera catalana que cubre la mesa muestra unos colores sin matices debido al exceso de luz.

El único color que destaca es el rojo sangre de la rosa, lo cual le hace sentirse orgulloso.

Se enciende el cigarrillo y cruza las piernas echando atrás la espalda. Ha dejado la rosa en el banco y ambos descansan como dos viejos conocidos.

Ha sido una jornada dura, como cada día. Nada fuera de lo normal.

Tiene sed; pero la fragancia de la rosa parece calmarle. Y el que la fuente esté en pleno foco del sol no ayuda a que mueva sus piernas para beber un agua caliente.

Mirando a ninguna parte, distraídamente, roza uno de sus pétalos y siente un pequeño dolor en el dedo índice: un pequeño corte en el que se ha formado una gota de sangre.

Cree que ha sido la punzada de una espina. Los pétalos son suaves, a veces incluso se comen. No mira ni siquiera la rosa, simplemente mantiene los ojos cerrados para no ver más luz. Para no ver como el calor hace hervir el aire.

Una brisa repentina mueve su cabello cano y arrastra la saturada esencia de la rosa. Parece seda que entra en su nariz para derramarse como un aceite espeso en algún lugar de su pecho.

Le apetece dormir.

Y duerme.

La rosa se acerca a su mano sigilosamente, el tallo se enreda entre los listones que forman el asiento del banco, se afianza.

La flor se abre, sus pétalos se extienden como si flotaran en el aire y rasgan indoloramente la fina piel que cubre las venas de las muñecas. Y las propias venas.

La sangre está a la misma temperatura que el exterior, mana lenta y perezosa, se podría confundir con sudor si no fuera roja.

Un pétalo especialmente grande cubre la herida como una aterciopelada caricia. Y sorbe la sangre con fruición. Las espinas del tallo laten y crecen dejando prendidas en sus puntas pequeñas gotas de un rocío hemoglobínico.

Cada inspiración del hombre se hace más profunda y lenta, sus párpados pesan y la anemia de sangre lo lleva a un sueño cada vez más profundo.

Ya no importa si la sangre es de dragón o de humano. Ya murió el último dragón. Y la rosa roja que cada año florece, continúa con su sacrificio cruento.

El hombre muere sumido en un sueño de narcótico aroma.

La rosa henchida de sangre, lanza al viento microscópicas semillas que en algún momento y en algún lugar germinarán para continuar otro nuevo ciclo, otro nuevo año. Y ante el sol que ahora ha esquivado las ramas del árbol, se marchita con un vapor rojizo que parece flotar con un destino determinado.

A las seis de la tarde, cuando el calor parece dar tregua al planeta, la gente sale a la calle, el parque se llena.

Parece un hombre borracho dormido. Pasan los minutos y la gente se acerca a él; se dan cuenta de que está demasiado pálido, que no hay movimiento alguno en su cuerpo. Alguien le toca la mano que cuelga del banco y lo siente increíblemente frío. La otra mano está junto a la rosa marchita y ambas descansan en un charco espeso de sangre ya negra. Los dedos están amoratados.

La mujer mira con asombro la portada del libro: se ha teñido de rojo y no encuentra explicación a ello, ni a la demora de su marido.

De alguna forma, el hombre ha recibido su regalo del día de Sant Jordi, la sangrienta fragancia ha llevado por el aire y la luz la sangre hasta el libro. La rosa ha cometido un acto de piedad antes de morir.

El forense no encuentra el filo que provocó la herida.

Junto con el reloj, la cartera y un bolígrafo, a la mujer le entregan una rosa marchita en una bolsa de plástico.

El forense sentía una inopinada tristeza por la muerte del hombre y de la rosa. La mujer debía saber que era para ella, todo ese sacrificio, toda esa sangre no merecen ser ignorados.

La rosa marchita parece estar hecha de trozos de carbón y brasas que prometen renacimiento. Su cadáver descansa junto al libro que aún espera ser leído y un llanto desesperado de la viuda.

Iconoclasta

Morir es una cuestión aleatoria, nadie puede evitarlo o retrasarlo.
Adelantarlo sí, es una de las pocas ventajas de vivir.
Así que ¿por qué preocuparse?
La obsesión por el miedo a morir es el resultado de una degeneración en el modo de vida humano.
La carencia de un lugar y tiempo para que los humanos se comporten como animales, como su naturaleza dicta, los ha convertido en un rebaño pusilánime y sumamente hipócrita.
Esta sociedad de ciudades, tecnología y bienestar basado en mercantilismo, está abocada a la ruina y la destrucción. Ya ha habido un avance de como continuará la película con la histeria montada en torno al coronavirus, como si miles y miles de gallinas cacarearan asustadas en la granja donde están hacinadas para poner huevos o ser sacrificadas.
Es imposible una metáfora digna para explicar la realidad de esta sociedad repugnante donde me parieron.
Los grandes rebaños humanos van a experimentar un hambre y una violencia como jamás se ha visto en su gran número y extensión.
Se llevará a cabo una criba genética por medios realmente traumáticos, tanto de simple chusma como de políticos y jefes de estado.
Los que sobrevivan (una pequeña minoría) será mejor que hagan las cosas bien y no creen más infecciosas ciudades; de lo contrario la especie humana para suerte o por desgracia, se extinguirá.
Puede que no ocurra así, que no haya un violento holocausto de hambre y violencia; pero me lo paso bien soñando cosas buenas; no cuesta dinero y me la pone dura.

El gobierno español de los caudillos Sánchez e Iglesias, junto a sus afectos responsables y sus caciques (presidentes autonómicos); deberían ser acusados y juzgados de secuestro de las libertades más básicas, delito contra la salud pública y genocidio.
Además del personal médico, sanitario y del ejército y policía que actuó con complicidad.
Y por supuesto, los medios de comunicación y la prensa española, encargados de crear y mantener el pánico y la histeria entre la población con mentiras y desinformación.
El fascismo español se defiende de su negligencia y la inutilidad de los cuatro meses de prisión y acoso al ciudadano, alegando que la culpa de los rebrotes es por causa de la juventud y sus botellones.
Pero fue la prisión a la que sometió a la población la que debilitó el organismo de los habitantes durante esos cuatro meses de inmovilidad forzada con severa coacción. Millones de personas se estresaron, se creyeron enfermas y no respiraron aire libre ni realizaron sus actividades diarias. Quedaron estabulados como animales de granja durante casi dieciséis semanas. Y su organismo quedó débil e indefenso.
Y esos cuatro meses fueron premeditación y alevosía del nuevo fascismo español.
Cuando por fin el acaudillado gobierno español instauró La Nueva Normalidad Española, impuso el uso indiscriminado y salvaje de la mascarilla a todas horas y en todo lugar; negando a la población que pudiera respirar correcta y decentemente y por ello, provocando un fulgurante rebrote de contagiados de coronavirus (verdaderos y falsos más que verdaderos).
La mascarilla impide que a los pulmones llegue la necesaria flora y fauna microbiana; y por lo tanto, a la sangre.
Por si eso fuera poco, la mascarilla empobrece el aire, contaminándolo con el propio anhídrido carbónico que normalmente se espira; si no obligaran bajo amenaza policial a llevar semejante bozal.
El gobierno español y sus afectos son los únicos responsables de los “rebrotes” ante su continuo acoso al ciudadano; pero sobre todo, los presidentes autonómicos se han convertido en los talibanes del fascismo del coronavirus, actuando contra las libertades de una forma mucho más radical y fanática.
Por otro lado, si la cobardía fuera delito, el gobierno de La Nueva Normalidad Española debería ser condenado a muerte.
No, no son los jóvenes, ni los niños los que propagan el virus. El gobierno, sus ministros, sus generales, sus policías y sus médicos tienen la absoluta responsabilidad del deterioro de la salud pública.
Y por supuesto, deberían ser acusados de genocidio: negaron el acceso al tratamiento médico y la cirugía de mucha gente grave, sobre todo vieja; que sin duda estaba padeciendo afecciones mucho más graves que el coronavirus (es lógico así que no se realizaran autopsias que los pudiera delatar como asesinos).
Por el gran número de muertos, se les puede acusar de genocidio sin ninguna duda. Así como a los altos funcionarios del ejército, policía y sanidad que actuaron con complicidad para llevar a cabo semejante masacre.
Que nadie se engañe: que el gobierno de La Nueva Normalidad Española sea juzgado de secuestro y detención ilegal, delito contra la salud pública y genocidio; no podría ocurrir jamás. Ya que el mismísimo poder legislativo, autorizó semejantes crímenes.
Abreviando: perro no come perro.
Pero lo importante para la propia dignidad, seguridad y salud, es identificar correctamente el timo y a los delincuentes. Porque de justicia jamás la ha habido ni la habrá.
La ley es lo más lejano de la justicia. Es incluso un escupitajo a la justicia.
Porque ahora, debería ser todo tan honrado y sencillo como: quien tenga miedo, que use la mascarilla y quien no, que lo dejen tranquilo y respeten su libertad. Así los cobardes estarán “protegidos” y los decentes libres.
Pero un solo valiente deja en evidencia a millones de cobardes, y la envidia es el peor virus que existe.

Iconoclasta

Pues lo tenemos crudo los libres pensadores, porque si el comité fascista español, imita también a la dictadura china (como ha hecho robando la libertad a los ciudadanos españoles con la excusa de una epidemia); habrá que ir cerrando voluntariamente blogs para que no te peguen un tiro en la nuca y tiren tu cadáver en el Valle de los Caídos o en cualquier cuneta elegida al azar.

Que no deje de amarte en un mal lugar y tiempo; rodeado y acosado por el fascismo, los cobardes, los hipócritas y los mezquinos; tiene un millón de mérito.
Me debes tres mamadas seguidas, tus bragas húmedas y el beso más potente que puedas darme en la noche más oscura, cuando la enfermedad haya aniquilado a toda la puta humanidad.
Rabio por tenerte. ¿Ves? No todo es asco por lo que me rodea y asfixia.
Acuchillaría seres humanos uno tras otro y te seguiría amando a corazón sangrante.
Te seguiré amando a pesar del odio homicida que siento, cielo.
Ya sabes, exigiré el pago correspondiente por amarte por encima de todo y de todos.

Ya están aquí los milicianos de la Gestapo Española.