Archivos de la categoría ‘Absurdo’

“Lunes antes de almorzar una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar. Así planchaba, así, así… Así planchaba, así, así… Así planchaba, así, así… Así planchaba que yo la vi”.
Cantaba Fofó a los niñas y niños.
Y así todos los putos días de la semana: barrer, limpiar, coser, cocinar…
Pobrecita…
Era una de las canciones de mi juventud que recuerdo con cierta tristeza, me gustaba mucho a pesar de mi avanzada edad (9 años), me parecía la historia de una niña mártir.
Unos tachan la canción de sexista, gente que no entiende nada, que busca la miseria como los buitres en las entrañas de los cadáveres sin tener cerebro para elegir la mierda que come. Dicen los descerebrados que la canción era un panfleto para que las niñas se dedicaran a la casa y poco más.
Quieren ser tan críticos… Y con tan poco cerebro solo son patéticos.
Gentuza sin sensibilidad…
La puta verdad, es que unos payasos en la tele, con toda naturalidad, pusieron de manifiesto con sensibilidad y ternura, la pesada losa de esclavitud y mediocridad a la que estaban condenadas las mujeres por tradición.
Nadie me hizo pensar a aquella edad con tanta claridad e identificar así una lacra como la que aquella canción ponía de manifiesto. Y con más mérito porque eran tiempos en los que el trozo de mierda que era Franco y sus secuaces, aún tenían secuestrada la inteligencia y la libertad en España.
Hoy día la inteligencia no está secuestrada, simplemente no existe a nivel global.
La canción no exalta que la mujer deba dedicarse a las tareas domésticas. Lo critica de forma dulce, con una canción infantil. Infinitamente sutil en tiempos de mierda e ignorancia.
Una canción para que los niños sintieran esa amarga musicalidad.
Mientras los niños juegan, la niña se pudría de asco…
“Domingo antes de almorzar, una niña fue a jugar; pero no pudo jugar porque tenía que rezar. Así rezaba, así así… Así rezaba, así… así. A sí rezaba, así, así… A sí rezaba que yo la vi”.
Yo pensaba que el domingo realmente no rezaba, solo moría de hastío y cansancio.
“Pero no pudo jugar, pero no pudo jugar, pero no pudo jugar, pero no pudo jugar…”.
¿Dónde está el sexismo en esta continua letanía de imposibilidad, idiotas?
Me parecía triste, un asomo de depresión.
De una sensibilidad exquisita, casi lorquiana.
Un beso a la niña muerta que no pudo jugar; pero que supimos de su existencia con cierta triste ternura.

 

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Iconoclasta

Las cosas se caen solas sin que nadie las empuje.
La fuerza de la gravedad es inagotable y la voluntad humana finita como el universo, que siempre son las mismas estrellas.
Astrónomos y su optimismo…
Qué chochos…

¿De verdad un macho va a usurpar el descanso de la hembra paridera?
Los machos se están amariconando a marchas forzadas.
Hay que echar cojones a la vida, machotes envidiosos. A menos que por el culo os salga algo duro, doloroso y que os reviente el ojete, debéis trabajar y dejaros de mariconadas, nenazas.

Me gusta el silencio previo a la lluvia porque, todos los seres expresan con él sus temores: ¿será la última lluvia? ¿nos ahogará? ¿seguro que será agua y no mierda?
Y mientras todo ese temor primigenio se apodera de los seres vivos, se me ocurre que me falta ajo.
¿A qué precio está la malla de cabezas de ajo? ¿Son radiactivos los de color morado?
También me preocupa mucho que un día me receten supositorios. Es la medicina más denigrante.
Es tan puta la vida…
Como siempre caerán dos gotas, únicamente para emborronar lo que escribo.
Y no habrá calamidad alguna.
Qué aburrimiento.

Mi padre me amonestaba y aconsejaba: «Pablo, te he dicho que no hables, no es lo tuyo. Come, bebe, respira y fuma; pero no uses la boca para hablar».
Yo pensaba que se podía meter sus consejos por el culo y cuando me hiciera un poco más fuerte, le daría una buena paliza, aunque en otros momentos lo quería mucho.
Él tampoco soltaba chorros láser de inteligencia por su puta boca.
A pesar de ello, callé y me puse a escribir furioso. Y también lo hice bien.
El que un padre sea amado, no le exonera de ser un bocazas listillo y un imbécil.
Soy la cumbre de la objetividad y la ecuanimidad. Ni mi puto padre se salva de mi poderoso e infalible juicio, digo. Sentencio.

La felicidad es un estado de gracia buscado por los pusilánimes. Yo no quiero felicidad, quiero hacer y tener cosas que deseo sin aparatosas ingenuidades e histrionismos escandalosos de dicha de mierda.
Por otra parte, la muerte es lo que lleva a trascender (por decirlo de algún modo), la felicidad es solo una banal y temporal sobreproducción hormonal.
Hay cadáveres de saltamontes felices sin pudor a los que no se presta atención.

¿Por qué con putas?
Para follarlas y no quererlas.

¿Por qué con putas?
Para no saludarlas.

¿Por qué con putas?
Para no sonreírlas.

¿Por qué con putas?
Para mentirlas.

¿Por qué con putas?
Para que me mientan.

¿Por qué con putas?
Para que no me quieran.

¿Por qué con putas?
Para que me ignoren.

¿Por qué con putas?
Porque solo cuestan dinero.

¿Por qué con putas?
Porque al semen no le importa
gotear sobre la piel que no siente.

¿Por qué con putas?
Porque son solo carne, es sencillo.

¿Por qué con putas?
Para dejarles el dinero entre las piernas.

¿Por qué con putas?
Porque me dicen que la tengo gorda.

¿Por qué con putas?
Porque su coño huele mal y soy bestia.

¿Por qué con putas?
Porque las humillo y me aceptan.

¿Por qué con putas?
Porque las jodo en silencio,
y me conforta.

¿Por qué con putas?
Porque soy macho en celo
y tengo prisa.

¿Por qué con putas?
Porque compartimos decrepitud.

¿Por qué con putas?
Porque se compran y se venden,
son cosas como yo.

¿Por qué con putas?
Porque no importa que mueran.

¿Por qué con putas?
Porque nací viejo y me falta tiempo.

¿Por qué con putas?
Porque sus mentiras no duelen.

¿Por qué con putas?
Porque tengo dinero y
me llaman corazón cuando me chupan la polla.

¿Por qué con putas?
Y ¿por qué no?

¿Por qué con putas?
Porque existen.

 

ic666 firma
Iconoclasta

Hay que ser prácticos y evitar sentimentalismos anales.
Si los humanos pudieran comprarse y venderse (no necesariamente para ser esclavos), la especie humana mejoraría y las malas madres y padres no causarían tanto daño a sus hijos.
Hay que empezar a invertir en buenos ejemplares de crías humanas y sus reproductores.
Porque dejando de lado moralismos falaces e hipócritas (como lo son todos desde que el hombre tuvo la infeliz idea de votar en una piojosa urna buena para nada, que instaló alguna hija de puta- en inclusivo-): ¿Por qué no comprar y vender seres humanos en lugar de torturarlos, esclavizarlos, violarlos, aplastarlos, machacarlos, quemarlos, matarlos, arrancarles las uñas o educarlos para ganado llorón, víctima hasta el martirio, pacífico, manso y de buen talante obediente?
El comercio es mucho más humanitario que cualquier gobierno que haya existido, exista o existirá.
Porque si quieres vender hay que cuidar el producto (los productos de bazares chinos no encajan con esta filosofía, es una rara excepción que triunfa dada la pobreza del trabajador).
¿Para cuándo un adolescente sin granos, de buena genética y con un cerebro medianamente operativo por dos mil novecientos noventa y nueve euros en cuarenta y ocho meses sin intereses? O un rollizo y simpático bebé de tres años para usarlo en videos de juegos tiernos entre animales y niños, de esos que a la chusma se le cae una baba espesa mirándolos. Los bebés tal vez sean más caros; pero triunfar en yutup, aunque sea efímeramente, bien lo vale.
Incluso habría una sección de saldos: padres y madres que han matado a sus crías a palos, o bien los han cebado con droga y veneno hasta tornarlos azules o violetas. Se podrían vender a precio de leña para usarlos en las hogueras de San Juan en las verbenas familiares. La leña grita ardiendo y junto a los sonidos de los petardos se crea así una noche mágica. Es una cuestión de saber vender, hasta la mierda se vende. Precioso…
Qué emoción, estoy hasta nervioso.

 
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.