Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Primera fase: bien de mañana, al despertar cualquier cosa que veo en las noticias o en la calle me altera, me cabrea; me ofende la idiotez nuestra de cada día como el mejor de los panes rezados al padre suyo. Me transformo en El Grito de Munch (más bello) y grito absolutamente descontrolado lindezas tales como: subnormales, puercos, asquerosos, tarados, hijos de puta e hijas de puta.
Segunda fase: ya más tranquilo me depuro la nariz y sus miserias con absoluta concentración y total indiferencia hacia la raza humana y sus alegrías y dolores. Me las van a pagar.
Tercera fase: mi poderoso cerebro y portento de vanidad justificada, ha sintetizado y descifrado las frecuencias misantrópicas y codificado en sabias e hirientes palabras, la suerte está echada. Escribo lo peor, de la peor manera. Después, con un buen cigarro colgado de mis sensuales labios, miraré al horizonte con mirada épica y provocaré las más rotundas humedades en las entrepiernas femeninas; accidental y desgraciadamente en algunas masculinas también; hay cosas que se escapan a mi control aunque nadie lo crea posible dadas mis aptitudes cerebrales.

Como si un cocinero paranoico hubiera batido el cielo para crear una enorme y apocalíptica nube con el único fin de inquietarme.
Y mientras esa enorme muralla ocupaba todo el horizonte, yo pensaba en un ataúd y la hermeticidad.
He encendido un cigarro y al final del día he sonreído. Tal vez, imaginar el fin es alentador cuando has vivido asaz.
Gracias cocinero loco, no te olvides la medicación.

Está roto y da mucha pena, es muy pequeño.
Misericordia…
Un bebé ha caído del cielo con un llanto y ha quedado inmóvil y mudo en el suelo. Hay sangre en su cabeza.
¿Cómo puede caber tanta muerte en algo tan pequeño? El cielo ríe pérfido, entrecortadamente.
Mi mundo es sórdido y temible.
Y una luna de manteca rancia, canta desafinada la inaudible canción del horror haciendo coro a los silencios mínimos.
¿Qué pasa conmigo?
El bebé parece un amor roto.
Por favor…
Porque los amores son pequeños para hacerlos secretos. O para que quepan en el corazón.
Y a veces se caen al suelo y se rompen y ya no se mueven más.
Como bebés que llueven llorando.
Y tú te rompes un poco con ellos. Mucho…
Mi mundo es sórdido y temible.
Misericordia… No más, no más lluvia, por favor.
Me quiero ir de aquí.
ic666 firma
Iconoclasta

No tengo claro si un rayo de luz incide sobre su felino ojo o es él quien lo emite.
Me gusta pensar que mi compañero es un pequeño dios. E ilumina mi oscuro y denso pensamiento.
La soledad te permite ver cosas que en un estado de mediocridad habitual pasan desapercibidas.
Si hubiera nacido y crecido solo, ahora sería un dios, como Murf.
La compañía debiera ser como las putas: tiempo breve y pactado.
Sobre todo breve.
Aunque también se debe sopesar la economía. Soy un solitario pragmático con un gato divino.
Soy tan absurdo, que morir será un daño irreparable para el planeta.

Y una mierda, no me chupo el dedo, veintisiete mil…
Veintisiete mil pedos.
No jodas con la chorrada, una cosa es que sean superdotados por el tamaño de sus genitales; pero por capacidades intelectuales, nein, nada, niente, cero… No creo en brujas, creo en las mujeres que extraen con precisión y profesionalidad lo mejor de mí. Y en agradecimiento, las trato de superdotadas con amor y dejando el dinero encima del tocador.
Si llevas a tu hijo a un buen colegio de pago, con toda probabilidad te dirán que es un superdotado y hay que gastarse una pasta gansa en su educación para que pueda reponer con inteligencia mercancías en las estanterías de los supermercados.
Ahora va a resultar que tenemos miles de genios en potencia y seguramente con una capacidad craneal parecida a los Mars Attack!
Claro que los talentosos y superdotados no reciben la atención educativa, nadie se lo cree.

¿Dónde estoy?
Roto.

¿Dónde estoy?
En un tumor.

¿Dónde estoy?
En un reloj roto.

Pero… ¿dónde estoy?
Donde la sangre huele mal.
Por favor… ¿dónde estoy?
Y ya no es sangre.

No puedo… ¿dónde estoy?
Una vez en los huevos de tu padre.

¿Dónde estoy?
Muerto entre vacas guapas.
¿Dónde estoy?
Ella no lo sabe, solo llora.

¿Dónde estoy?
Triste.

 
ic666 firma
Iconoclasta

Soy la consecuencia de una infancia traumática, perdido en la dimensión esquizofrénica de los Looney Tunes, Los Picapiedra y Pepe Pótamo.
Y ahora por fin disfruto de un electrodoméstico de los que tanto soñé: Gatosaurio Lava Rocavajillas.
Lo próximo: una troglodita de piedraroca hinchable y vagina rellena de helechos y musgo para practicar un sexo más vigoroso.
(en Amazonoceno 100 rocaeuros).

– ¿Dónde reside Dios?
– En mi rabo de venas palpitantes.
– ¿Hablas con Dios?
– Le lloro por el ciego ojo sin pestaña de mi glande. Lágrimas espesas y blancas que caen cálidas en mis pies de dedos contritos, crispados desde el vientre.
– ¿Te cuida Dios?
– Me ofrece su hija predilecta, con los muslos separados, con los pezones duros. Con la lengua que lasciva, busca mi polla.
– ¿Realmente quieres a Dios?
– Nadie quiere a un proxeneta, simplemente se le tolera como a los ministros, reyes, generales y comisarios. Eso te hace la vida más cómoda y fácil.
– ¿Amas a la hija de Dios?
– Lo suficiente. Son cincuenta euros por una clavada divina. Treinta si solo me la chupa.
– ¿Es necesario creer en Dios en estos tiempos?
– Es caro; pero al menos la higiene y la profilaxis sexual están razonablemente garantizadas. Follar no es un credo, es un acto que no requiere fe.
– ¿Crees en la resurrección?
– No. Normalmente la polla se pudre en pocas horas. ¿Ya soy teólogo?
– Sí.
– Bien. Pues amén.

 

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta