Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Ser y no estar

¿Dónde estás?
No estoy, solo soy.
Y si solo eres ¿no estás?
No, fluyo por encima y entre las cosas y los seres.
Soy gas.
Estar es «vivir con», «vivir en».
No puede ser, no es posible no interactuar.
Yo también lo creía; pero no estoy porque no me encuentro.
No es lógico.
La lógica es para los que están. El que «soy» se escapa de todo cálculo. Es incuantificable. Es vapor en expansión.
Por eso me sedan, para que esté y poder medirme, clasificarme.
Es extraño reconocer la propia locura. Es muy raro ser y no estar.
A veces lloro sin tristeza. O sin alegría.
Se me caen las lágrimas.
Se caen y siento que no son mías.
El doctor está a punto de llegar con la inyección.
Se preocupan demasiado, se equivocan. Si no estoy no me puedo suicidar. Deberían no sedarme.
Me inyectan porque no comprenden.
Cuando estás bebes lejía.
Porque estar duele más que la garganta abrasada.
Porque estar me deja indefenso.
A veces, siento que río cuando soy. Es bueno, no puede hacer daño.
Les gusta que estés, les tranquiliza.
Creen que ser es morir. Es absurdo.
No están locos, es que no saben.
Te buscan la vena, es hora de estar.
De no ser.

 

ic666 firma

Iconoclasta

17505404_10212822660182353_7228811695746871254_o

Dicen que cruzarse con un gato negro da mala suerte.
Pues mi inquietud por este gato, porque haberse cruzado conmigo y andar tan cerca de las vías del tren le augura un destino negro como su pelaje o mi alma (si tengo).
La gente muere y los gatos también.
Que no pare la fiesta.

17637180_1486205201421612_4956605984682561491_o

Hay una vieja y buena película con un fascinante título: Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto.
Y he pensado como se vería el café, el último. El que no llegaré a tomar.
Y ser el protagonista de una película en la que el café se enfriará solo, triste y sin cumplir su misión en su ardiente y corta vida.
Y como quiero ser ingenioso yo también, lo he titulado: Cómo tomarse un café si ya estás muerto. RIP.
Y ya.
Bye…

17637212_1485818208126978_4211639723286582294_o

Es mentira, no es el kilómetro 5,5. Es el puto kilómetro 3 millones.
Parezco el Iconoclasta Errante.
Si fuera el Judío, al menos tendría diamantes.

17635584_10212756644492002_5145260106105099578_o

Y es inevitable que piense, que cuando mi cuerpo se quede vacío e inservible; si será digno de posterizarse como una lata Campbell’s de Warhol.
No será digno, porque la muerte lo marchita todo. No existen coloridos cadáveres.
Siempre es bueno saber cómo no seré al estar muerto.
Y sinceramente, aunque me maquillaran bien, la lata de refresco es mucho más decorativa y vanguardista.

 

Enemigos y perdedores. Marzo 2017. Fuji

Es el último frío, el invierno ha lanzado un breve puñetazo de nieve contra el rostro de la primavera.

No tiene un buen perder el frío.

Ni yo.

Los que perdemos luchando, no tenemos humildad alguna. Y perder una batalla, no se debe a que el enemigo sea más fuerte o más inteligente.

La culpa es nuestra, porque hemos tenido un momento de estupidez frente a un idiota, nuestro enemigo. Hemos sido tontos por algún fallo eléctrico o químico en el cerebro.

Hay enemigos y están los simples conocidos.

Porque la amistad es solo una estación más, algo que caduca en la vida.

La amistad es variable, voluble e interesada. Lo dice la experiencia, la mía, la única que importa, la genuina, inequívoca y verdadera realidad.

El amor es poderoso y no conoce ambigüedades. O lo es todo, o es nada.

El amor se rompe, no se torna decadente o mediocre como la amistad.

Cosas que pasan…

Cosas que pienso ante la agonía de un invierno que de nuevo muere.

Pisando el hielo y el barro que cubre.

El invierno ataca a la primavera y yo aplasto la nieve y orino en ella porque me apetece.

Pobre invierno… Un perdedor como yo.

Al final solo queda un barro que el calor secará. Y hasta mi huella perdurará más tiempo que el frío.

Es patético ver como lo que fue fuerte, no trasciende. Se hace nada.

Y el barro…

Ese barro que dicen que es con lo que se construyeron ídolos y dioses.

Mentira… Los ídolos y dioses no son de barro, los fabricaron con excrementos unos homínidos que en lugar de comerlos, decidieron ser artistas de mierda.

La humanidad ha basado su fe en la divina forma excrementicia.
Escatologías de un perdedor.

No tengo un buen perder, lo juro. Soy como el invierno, que con la cabeza cortada, aún da golpes a ciegas.

 

ic666-firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Cumplo doce añitos. Marzo 2017. Tel Samsung copy

Ya no pienso en los cincuenta y cinco años que hoy cumplo. Pienso que cumplo doce años de una vida que cambió radicalmente por un accidente que hizo de mi pierna algo que cuelga con la funcionalidad de una pata de palo.
Solo que con dolor.
Porque ese día de San Valentín a las seis y poco de la madrugada, inicié un descenso doloroso y lleno de miedo a la muerte.
He de reconocer con cierta vergüenza que era más miedo que dolor.
Y no morí.
De alguna forma, era demasiado fuerte o aún tenía cosas que decir. La vida continuó a pesar de una oscuridad tenebrosa y enloquecedora que envolvía el pensamiento todo.
Cumplo doce años, por supuesto.
Doce años hace que la muerte, como el loro de un pirata de libro para niños, se posó en mi hombro y cotorreaba diariamente: «Vente conmigo, vente conmigo». Y cada graznido era un dolor.
Un año entero con la muerte susurrando a mi oído. Y como no le hice caso, la muy puta y rencorosa me dejó una pierna convertida en un generador de dolor diario. Infatigable. Nunca se ha detenido un solo momento.
Tengo un Chernobyl alojado en las entrañas de mi tibia derecha que se extiende hacia la rodilla como una telaraña de dolor de mierda.
Infalible…
Aunque no me importaba morir, me preocupaba la cuestión del dolor.
La muerte llegó a convertirse en algo que «ojalá me muera».
Hace doce años, esa parte de mi cuerpo se transformó en algo ajeno a mí. En una pulsación diaria de dolor y desánimo. De fealdad y cojera.
También imagino con una sonrisa ilusa, que hice un pacto con el diablo y me dejó vivir a cambio de mi alma (que no tengo) y se llevó en prenda la mayor parte de vida de la pierna. La dejó negra y seca, rígida. Cada paso es vencer un tendón duro como un cable de acero. Romperlo un poco con cada paso.
A cambio me dio libertad. Como si no existiera forma alguna de ser libre si no pagas en dolor.
Una constante universal que rige el mundo.
Cumplo doce años con el dolor como forma de vida, como forma de sueño.
Y aún así, no es capaz de minar la ilusión, los deseos o una risa a veces franca, a veces sarcástica.
No olvido el dolor, ni el miedo a que la pierna vuelva a troncharse ya cansada, ya desgastada cuando camino. Simplemente he alcanzado un alto umbral de dolor, una alta tolerancia.
Y está bien, vale la pena que los días duelan si hay libertad y tiempo para conocer seres y cosas especiales y hermosos.
Vale la pena haber pactado con Mefistófeles y cumplir doce años de vida con un cuerpo demasiado usado para esa edad.
O tal vez, toda esta reflexión, es solo el producto de la esquizofrenia del dolor y un consuelo estúpido por doce años duros como la lápida que debería cubrirme.
Doce años libres, en los que el dolor ha sido la motivación perfecta para deshacerse de toda clase de escrúpulos y falsedades que hacen de la vida una mediocridad frente a un televisor, o frente al volante de los seres que se mueven en la colmena sin más opción que seguir repitiendo siempre el mismo día y morir sin darse cuenta.
Bien, cada cual se consuela como puede.
Un brindis excepcional con maravillosa morfina (solo para momentos muy especiales), para celebrar doce años de vida.

ic666-firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Pinche suerte

¿Es todo un increíble error casual o es un acto premeditado de un ser creador negligente?
Es un error, porque si un ser creador es capaz de cometer tantas sandeces y dejar respirar a tanto imbécil; quiere decir que es un deficiente mental. Cosa que es imposible ante la idea de un creador todopoderoso.
Y omnipresente como el puto Gran Hermano.
El hombre simplemente es un error del planeta, de la naturaleza.
Un animal que por una mala combinación química, evolucionó. De la misma forma que a otras especies les han dado matarile.
Las eras geológicas son enormes, es una escala de tiempo que hace milisegundos de una vida humana.
Veo algo esperanzador en ello: la extinción del ser humano no se retrasa; ocurrirá en el momento preciso.
Es un esperanza forzada, soy impaciente.
Y me jode no estar presente para la gran fiesta, cuando el último humano desaparezca de la faz de la tierra.
Es que siempre me tengo que perder lo mejor.
Pinche suerte…

cadaveres-en-mi-piel

Pienso demasiadas veces que soy un cementerio ambulante. Acumulo los cadáveres de los sueños y deseos rotos.
Muertos…
Hay muchos cadáveres en mi piel, en la carne; como quistes.
Y apestan los muy pútridos.
Apesta la vida de una forma insoportable en algunos momentos, en demasiados.
Debería arrancarme la piel para librarme de esa necrosis de la ilusión; pero no es posible sin morir.
Por lo tanto es mejor morir sin dolor que practicar curas tortuosas, que al final me van a matar igual aportando además, dolor a la fetidez de los cadáveres.
Hasta los objetos de escritura se atascan por tanto cadáver. Y la tinta fluye en convulsos borbotones como lo haría el semen del ahorcado.
Si eso pienso de mí, será fácil entender que afirme que este planeta esté habitado por zombis anímicos.
De cualquier forma, la sonrisa de una calavera cadáver es el sarcasmo al que me aferro para salvar la fetidez nuestra de cada día.

la-fertilidad-reducida

Pues bueno ¿no?

Es lo que muchos deseamos.

Fumas y te llevas anticonceptivo gratis.

Aún no entiendo el motivo del anuncio: si es un aviso de riesgo, o simplemente especifica una loable cualidad del tabaco.