
Con los árboles tan mutilados por la poda, pienso en amputaciones y filos quirúrgicos. En el dolor y los analgésicos. En cirujanos y jardineros mediocres. Desganados.
El dolor ajeno se conjura con indiferencia.
No es perfecto; pero consuela a los cobardes.
Es tarde para la indiferencia, lo sé todo.
¿Acaso os gustaría que os cortaran las uñas al nivel de la articulación de una falange?
El dolor no se poda.
La poda es el dolor.
Las podas todas.
Y la tristeza de estar vacíos.
Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’
La poda o la joda
Publicado: 16 abril, 2017 en Absurdo, Conclusiones, fotografía, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
El sol y mi sombra
Publicado: 12 abril, 2017 en Absurdo, Conclusiones, fotografía, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Sin categoríaEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

El sol ya cae a plomo sobre mis hombros como un castigo de dioses, como el remordimiento sodomita en la conciencia de un hipócrita fariseo.
Mi sombra es más precisa y nítida.
No es bueno ni malo, puede ser molesto.
Por otro lado, la sombra indica existencia. Tampoco es como para dar saltos de alegría.
Temo que la sombra sea mi negra caricatura reptante.
Una broma del sol idiota.
Estaría bien que una nube tapara el sol.
No tengo gran interés en mi sombra, podría vivir sin ella.
Y sin este sol cabrón, también.
Un amor monstruoso
Publicado: 11 abril, 2017 en Amor cabrón, Citas, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Es una monstruosidad amar a quien no puedes abrazar.
Y siempre ha sido una paranoia recurrente. Goethe y su novela Las desventuras del joven Werther y la ola de suicidios por empatía que se produjo cuando se publicó, es una breve muestra.
Suman millones las palabras escritas en cartas que se demoraban eternidades en ser besadas, abrazadas con fuerza contra el pecho con una tristeza cancerígena.
En estos tiempos de inmediatez, los amantes gozan de más privilegios.
Tal vez sean los mismos viejos amantes que se han reencarnado en un tiempo menos desesperanzador.
Una especie de premio kármico a tanta desdicha, a su afán por sufrir de amor.
Dicen a través de eléctricas pantallas, conocerse desde hace tiempos perdidos en la memoria.
Tiene sentido.
Y aunque no lo tuviera, se lo merecen.
Tal vez, algunos lleguen a abrazarse; será un hecho que dará esperanza a los derrotados. Podría ocurrir…
Pero sigue siendo monstruosa la epopeya de amar así, con el pecho desgarrado y sin posibilidad de curación.
Los desdichados amantes son héroes mitológicos en un Hades hostil y sin interés.
La mediocridad que los ahoga es el peor de los infiernos.
Y chapotean palabras de amor en tiempos y distancias obscenas para la razón.
No hay serenidad alguna en ello.
Adentro de todo
Publicado: 9 abril, 2017 en Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:humanidad, Iconoclasta, ideas, individualismo, libertad, Pablo López Albadalejo, pensamiento, profundidad, prosa poética, Reflexiones, soledad, Ultrajant, valentía

Más adentro del planeta no puedo estar, más adentro de mí mismo, por encima y dentro de la humanidad.
Y no ha sido fácil llegar.
La libertad se paga con sangre y años. Has de dar cosas a cambio.
Has de negociar con bastardos e innombrables usureros.
Sin embargo, hay quien paga lo mismo para pudrirse ante un televisor, entre la suciedad urbana, cemento y asfalto.
Bien, eso es porque yo he sido más fuerte e inteligente.
Tengo más cojones.
No es vanidad, es praxis.
Soy absolutamente despiadado conmigo mismo. Toda la vida.
No me importa serlo con otros, con casi toda la humanidad.
Con toda.
Porque a quienes amo, no son humanas/os. Se escapan de esa taxonomía de grupo. Están en una clasificación superior no definida por envidia.
Hay bohemios y cínicos que dirán: «¡Bah! Cualquier sitio es bueno para morir».
Y una mierda.
Tú mueres en cualquier sitio, yo vivo y me consumo a velocidades eléctricas donde quiero.
No me habré dado cuenta y seré cadáver.
Tú no.
Son cosas que sé, soy sabio.
No es alarde, es simple verdad.
El diablo es como yo, no sabe por viejo. Nacimos hijos de puta, los años solo nos han hecho más eficaces en nuestras tareas, nos han enseñado a optimizar recursos. A hacer preciso y quirúrgico el pensamiento. Desinhibidamente cruel y obsceno.
Saberlo todo es deprimente, duele.
Y me enorgullece. Soplo mis uñas vanidosamente en la soledad, solo para mis ojos.
Adentro de todo.
Cuando beso el coño que he de follar, otros han soltado su semen como si orinaran, como si escupieran una flema.
Yo se la meto a la diosa, otros solo follan putas low cost, outlet, baratas…
Me tomo mi tiempo. El mío, solo mío…
Adentro de todo…
Hay un concierto de trinos y hojas en movimiento, que vuelan como mariposas tontas, sin método, sin rumbo. Con alegría.
Y los ojos se me cierran en un lánguido desmayo de un mediodía templado y luminoso de piernas cansadas.
Tal vez muera ahora; pero no le tengo miedo a nada ni a nadie.
No voy a llamar a un médico.
Médicos y chamanes gestionan como pueden su ineficacia.
Es un momento hermoso para la valentía.
Aquí, adentro de todo.
Memento mori.
Sí… No lo olvido.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Voluntad versus destino
Publicado: 8 abril, 2017 en Amor cabrón, Conclusiones, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:amor, Amor cabrón, azar, búsqueda, desesperanza, destino, hastío, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, Reflexiones, romanticismo, tragedia, Ultrajant, voluntad

El destino…
Es una forma amable de nombrar a todo ese conjunto de errores que hacen mierda las esperanzas.
No existe nada predeterminado, somos consecuencia y azar.
Tal vez ni siquiera exista el azar. Si piensas, aunque duela; al final todo encaja. O ves lo que falta en un espacio vacío.
Angustiosamente vacío…
Voluntad o abulia hacen del azar una consecuencia ambigua.
Cómo entender que te ame a años y kilómetros indecentes de distancia.
Cómo entender que irrumpieras en mi trabajada y deseada soledad y la tornaras un poco triste sin ti.
Cómo asimilar que nos encontráramos en un espacio eléctrico lleno de banalidades y mentiras y creáramos un espacio de intimidades y sueños.
No hay destino. Te necesitaba y te grité sin saberlo. Te llamaba con alaridos desgarrados porque este mundo es feo, cielo. Te gritaba que si existías, te hicieras visible, táctil, sonora.
Que sabiendo que en algún lugar o momento debías existir, era crueldad no mostrarte.
No hay destino; yo te pedía, tú me oíste.
Tú también gritabas tu hastío, lo sentía en mis viejos huesos.
Ergo, nos amamos.
No hay azar, somos la consecuencia lógica de una mala ubicación espacio temporal, de una necesidad de trascender el uno con el otro.
Somos las piezas sueltas y perdidas de un puzle.
Piezas que intentan encajar tristes y con dolor en un juego al que no pertenecen.
Por favor…
Dime sí, que somos la consecuencia perfecta, la consecuencia imparable de nuestra desesperación, de nuestra soledad acosada por una multitud de extraños seres mudos.
No existe el destino, existe nuestra voluntad de encontrarnos, quien quiera que fuéramos.
Ahora solo quiero descansar en ti. Soy una consecuencia cansada y dolorida.
Que no me jodan, que no nos jodan destinos y misticismos. El mérito es nuestro, toda esa angustia vivida no es un azar.
Yo soy la cruz y tú la cara de una moneda girando en el aire.
Y eso no es azar, es la perfecta, cercana y deseada ubicación.
Lo inevitable, lo que nos propusimos sin saberlo.
Con los pies sucios de desesperanza.
Alea jacta est…
Ahora sí, elijamos cara o cruz, ganamos.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Dureza y fragilidad
Publicado: 4 abril, 2017 en Conclusiones, Maldito romanticismo, Música, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
La dureza comporta fragilidad. Es un sarcasmo de la física y la vida.
Siempre podría ser peor, podría llover uranio.
Musicalidad de agua, sangre y café
Publicado: 2 abril, 2017 en Lecturas, Maldito romanticismo, Música, ReflexionesEtiquetas:amor, escritor, Iconoclasta, invierno, Música, muerte, Pablo López Albadalejo, pasión, pintor, pintura, prosa poética, Reflexiones, sangre, Ultrajant, vida

Si fuera pintor, no sabría como plasmar la musicalidad del rumor de un río, el pequeño matiz del agua que rompe contra una pequeña piedra. Contra cientos de piedras.
El invierno es un solo de agua. Los árboles casi muertos, no tienen hojas con las que acompañar con su rumor la cadencia de la melodía cristalina.
Y la música es fría e íntima.
Quisiera ser pintor y encontrar la forma de dar sonido a mi obra.
Quisiera ser escritor y saber describir pequeños y bellos micro mundos en mi sórdido asteroide muerto.
Quisiera que mi sangre cantara la melodía del invierno. No necesitaría pintar ni escribir.
Mi sangre rompiendo contra las piedras, fluir…
Quisiera ser pintor y hundir el pincel en mis venas para dar una apocalíptica musicalidad a mi obra.
Un pintor de sangre gorda, de palabras trazadas en bellezas efímeras como bocanadas de amor y humor que deshilachan solas, como un morir dulce.
Un morir pronto…
Un morir caliente como un café de inusitada belleza.
Pintar el sonido del café que vierten unos sensuales labios en mi boca.
Y que no sea café, que sea su vida caliente y doliente.
Doliente… Quien ama la vida, le duele. Irremediablemente.
Por ser imperfecta y a veces, maravillosamente imprevisible.
Quisiera ser el pintor de la música de la imperfecta vida.

Iconoclasta
El Club de los Corazones Palpitantes
Publicado: 31 marzo, 2017 en Amor cabrón, Lecturas, Maldito romanticismo, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

La última hoja
Publicado: 26 marzo, 2017 en Amor cabrón, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Amor cabrón, ansia, búsqueda, cuadernos, espera, hojas, Iconoclasta, observación, Pablo López Albadalejo, pasión, prosa dramática, tristeza, Ultrajant

Observo con los prismáticos las lejanas montañas nevadas, nubes y ríos entre el bosque. Observo las pequeñas cosas cercanas y pequeños cadáveres que no importan a nadie.
Observo las águilas, los cuervos y las lagartijas.
Observo con fascinación malsana la obscena y enfermiza textura de un liquen en el tronco de un árbol…
Pero observar todo eso es accidental.
Es un trámite obligatorio en tu búsqueda.
Quisiera estar enfermo y delirar creyendo que te he encontrado, localizado a pocos kilómetros y que con prisa y torpeza, guardo los prismáticos en la mochila y monto en la bicicleta sin pensar más que en besarte, en abrazarte toda.
Es triste sacar la vista de los prismáticos y observar a ojos húmedos la gran improbabilidad de encontrarte.
Enciendo el enésimo cigarro de la mañana; pero… Si no te busco ¿qué hago?
Buscarte me lleva a descubrir cosas nuevas, matices cromáticos que no sabía que existieran allá tan lejos. A veces el verde del bosque tiñe una porción de nube y pierdo un latido al descubrir el secreto.
Buscarte me obliga a ponerme en movimiento aunque duela, aunque me canse.
Evocándote lleno un cuaderno ya con pocas hojas.
Los cuadernos y yo nos aproximamos en perfecta sincronización a la última página que es posible escribir.
Y no me preocupa. Extinguirse no es bueno ni malo. Es algo que ocurre.
Lo triste es no atisbar en la distancia el reflejo de tus cabellos, tus manos de largos dedos finos, el movimiento de tus nalgas que se adivina en la oscilación erótica de tu vestido cuando caminas felina. Tu mirada intensa que hace arder algún órgano de mi cuerpo.
Lo triste es guardar los prismáticos con un: «¡Mierda! No está…».
Otra vez…
Lo triste es que la última hoja de mi cuaderno y mi vida, no dirá que te encontré.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Enemigos y perdedores
Publicado: 25 marzo, 2017 en Absurdo, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:amistad, amor, barro, dioses, enemigos, hielo, Iconoclasta, invierno, Pablo López Albadalejo, pensamientos, primavera, prosa dramática, Reflexiones, Ultrajant

Es el último frío, el invierno ha lanzado un breve puñetazo de nieve contra el rostro de la primavera.
No tiene un buen perder el frío.
Ni yo.
Los que perdemos luchando, no tenemos humildad alguna. Y perder una batalla, no se debe a que el enemigo sea más fuerte o más inteligente.
La culpa es nuestra, porque hemos tenido un momento de estupidez frente a un idiota, nuestro enemigo. Hemos sido tontos por algún fallo eléctrico o químico en el cerebro.
Hay enemigos y están los simples conocidos.
Porque la amistad es solo una estación más, algo que caduca en la vida.
La amistad es variable, voluble e interesada. Lo dice la experiencia, la mía, la única que importa, la genuina, inequívoca y verdadera realidad.
El amor es poderoso y no conoce ambigüedades. O lo es todo, o es nada.
El amor se rompe, no se torna decadente o mediocre como la amistad.
Cosas que pasan…
Cosas que pienso ante la agonía de un invierno que de nuevo muere.
Pisando el hielo y el barro que cubre.
El invierno ataca a la primavera y yo aplasto la nieve y orino en ella porque me apetece.
Pobre invierno… Un perdedor como yo.
Al final solo queda un barro que el calor secará. Y hasta mi huella perdurará más tiempo que el frío.
Es patético ver como lo que fue fuerte, no trasciende. Se hace nada.
Y el barro…
Ese barro que dicen que es con lo que se construyeron ídolos y dioses.
Mentira… Los ídolos y dioses no son de barro, los fabricaron con excrementos unos homínidos que en lugar de comerlos, decidieron ser artistas de mierda.
La humanidad ha basado su fe en la divina forma excrementicia.
Escatologías de un perdedor.
No tengo un buen perder, lo juro. Soy como el invierno, que con la cabeza cortada, aún da golpes a ciegas.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.