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Alguien podría pensar que al ser el Ripollés una comarca catalana principalmente ganadera, es lógico que por aburrimiento y desidia, las autoridades señalicen lo que no es necesario porque ya lo está con decenas de señales. Sin más malicia, con su mentalidad ganadera tratan a los ciudadanos como a las vacas y han decidido que hay que marcar con más rigor el paso de la reses humanas.
Si contamos además con que por este lugar no circulan coches, motos o camiones; que es eminentemente lúdico para peatones y bicicletas, lo absurdo llega a la comicidad.
Pero es mucho peor que una desidia o una “deformación profesional” derivada de la ganadería.
Lo real, lo exacto es concluir que realizan un ejercicio de autoridad y demostrar así a sus ciudadanos que son ellos los que ordenan y marcan por donde y como se debe caminar.
Con estos postes crean situaciones de accidente: que los ciclistas o los niños que aprenden a ir en bici se golpeen contra los grandes y llamativos postes, o se acumule gente y bicicletas en el embudo que han creado con esa mierda que han plantado.
Si generan situaciones peligrosas o irritantes, se hará necesario que intervengan las autoridades y hacerse así más necesarias en los lugares y momentos más banales e inverosímiles. Con ello tienen asegurado el control, la omnipresencia y la excusa para contratar más seguridad a costa de los siempre felices y pastoreados votantes o contribuyentes. Y todo con un objetivo fascistoide e hipócrita: vuestro Gran Hermano vela por la seguridad y el bienestar de las reses votantes.
Y aún hay más, el mensaje más duro y obsceno que transmiten esos postes con su rojo y blanco contrastando como barreras de aduanas, como mierda en la nieve, es: “No sois libres. Nosotros decimos hasta donde y por donde puedes serlo”.
Con sus deseos de crear más fronteras, los ilustres próceres de la sociedad no pueden reprimirse de crear puestos y sistemas de control y represión hasta donde pastan las vacas, jodiendo el paisaje y mi libertad con su omnipresencia de mierda.
Sin ser necesario.
Sería de risa si no fuera tan ofensivo y degradante como los chequeos de control de los aeropuertos.

Ha cambiado la bombilla y al encender la lámpara se ha vuelto a fundir, chisporroteando débilmente, como enferma.
Y ha llorado una lágrima que desobediente, se ha escapado rostro abajo.
Y ha agradecido estar solo.
Porque sabe que morir no será tan fácil, ni tan rápido.
También tenía olvidado el salobre sabor de las pequeñas tristezas de las cosas.
Sin pretenderlo y como si fuera posible, ha deseado ser bombilla u objeto para morir cómodamente.
Mañana volverá a comprar en la ferretería otra bombilla; pero no la encenderá, no es bueno abusar de las cosas saladas.
Luego ha bajado la persiana del salón y ha encendido un cigarrillo en la penumbra, sentado al lado de la lámpara que no luce.
Y ya.

Es habitual que al despertar de la siesta escuche un silbido, como el de una tubería dejando escapar por un poro fluido a presión.

Con más precisión se asemeja al chirrido de acoplamiento que hace un altavoz cuando se acerca demasiado un micrófono.

Dicen que estos ruidos, son acúfenos y suelen ser síntoma de sordera. Sin embargo, hacerse viejo es hacerse sordo.

Y aún escucho con aceptable calidad para entender, me refiero a que no es una de mis taras más notables.

Ocurre solo cuando duermo durante el día. En el sueño nocturno y silencioso, raramente escucho en mis oídos ese silbido.

Mis oídos no están excesivamente estropeados.

No son acúfenos.

Ocurre que el mundo y yo nos rechazamos, más concretamente la humanidad y yo.

Y un otólogo no puede curar estas cosas.

Algo extraño se filtró entre la cópula de madre y padre, la que me concibió.

Y soy por tanto una mutación, un extraño entre la humanidad.

En algún momento, un espermatozoide y un óvulo se contaminaron y absorbieron algo ominoso, y el resultado es la aberración que soy.

De pequeño le decía a mi madre que oía crujidos en mis oídos. Mis dolores más frecuentes y temidos eran los de oídos, y lo son. De hecho, cualquier malestar o daño, repercute siempre en mis putas orejas. Una noche, muy adulto ya, dejé sangre en la almohada y no me extrañó, solo quería que dejara de doler de una puta vez. Y aquel silbido que no me dejaba escuchar mi propio pensamiento…

La humanidad provoca un rugido molesto y caníbal. Solo cuando me oculto en mi madriguera, consigo bajar el volumen a un agudo silbido.

Y loco no estoy porque identifico con absoluta nitidez los que deberían morir y los que no importa que sigan viviendo.

Solo la frecuencia de su voz me da paz, cuando ella habla, yo callo para que no deje de decir.

No son acúfenos, son ruidos reales que provocan los humanos en mí, es una infección.

Recuerdo el molesto eco de la voz de un sacerdote en la iglesia, cuando hice la primera comunión. A los sacerdotes les encanta la teatralidad de orar y demostrar que con su potente eco resonando en las paredes, tienen un trato directo con dios. Un par de veces que ya de mayor, inevitablemente he asistido a una misa, no han conseguido rebajar esa incómoda sensación acústica que sentí de niño.

Temo que si fuera sordo, serían mis ojos los que con aberraciones ópticas, pondrían de manifiesto mi rechazo a los humanos y sus cosas.

Del constante olor a mierda, ya reflexionaré en otro momento.

Y no estoy loco, solo cuando la follo y el único sonido que escucho es el líquido chapoteo de los sexos y los gemidos y jadeos; siento que pertenezco aquí a este lugar poblado de humanos, abarrotado, atestado, asfixiante…

Gracias a esta bella espécimen que amo sorda y únicamente, gozo de momentos de armonía. Lo que dura un polvo. Y he de reconocer que no soy un gran follador que bombea durante horas sin cesar. Es humillante confesar estas cosas, lo efímero que a veces puedo ser para lo mejor.

Alguien insistiría en que algo huele a podrido en Dinamarca cuando mira mi cerebro, está bien; psiquiatras y psicólogos necesitan ganar dinero, es lógico.

Hay ocasiones que imagino que ese silbido es la vida que se me está escapando por los poros de la piel, y cada vez con más caudal y presión.

Temo que un día la muerte haga sonar su trompeta pegada en mi oído para despertarme y sacarme de aquí.

Morir con el arrebato de un sórdido solo de trompeta…

Es bonito; pero una vergonzosa ingenuidad facilona y tonta por mi parte.

Todo son malas noticias.

No se me puede reprochar ser un odiador profesional.

No, no son acúfenos y unos audífonos lo empeoraría amplificando el ruido del mundo hasta lo insoportable.

Me pegaría un tiro.

Estoy seguro, de que si vivo lo suficiente para quedarme sordo, ese silbido lo seguiré escuchando. Ese chirrido que me provoca la cercanía de la humanidad.

Y ella tiene que hacer sus cosas, mi amor no puede estar ahí siempre protegiéndome y dándome paz. Por otra parte, soy muy orgulloso. No necesito ni quiero cuidados de nadie. Sé joderme con la boca cerrada, con cojones. Y si tiene que doler, que duela.

Necesito urgentemente unas vacaciones, apagar ya el sonido de la vida; con su conclusión lógica.

Acúfenos…

Y una mierda, estoy más sano que un pedo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La gente pacífica es muy peligrosa, desea dominar e imponerse a los demás con grandes movimientos ganaderos de cientos de miles de cabezas de ganado. Algo así como las voraces marabuntas o las plagas de langosta.
No, la gente pacífica no mata, aplasta ciegamente, sin entender bien el porqué. Y le comunica sus deseos a los sicarios de su dictador para que maten por ellos (mucho dueño de campos, aun hoy día lo es gracias a esta costumbre de conseguir algo lamiéndole el culo al dictador de turno o sus representantes, entregando las vidas envidiadas con mentiras o simplemente delatando para que los maten). De esta forma, con una hipocresía digna de caricatura, seguirán alardeando de su pacifismo (los ciudadanos ejemplares e integrados del nazismo, franquismo, falangismo, hinduismo o comunismo por ejemplo).
Tras la máscara pacífica se esconde la cobardía.
Hace falta gente decidida y auténticamente violenta que provoque una gran guerra identificando a los buenos y a los malos. Y sobre todo, que de una vez por todas, quede claro quien son los vencidos, si quedase alguno.
Además, es necesario renovar sangre, genética. Por ejemplo: los habitantes de los lugares más fríos suelen caer en profundas depresiones por una decadencia acomodaticia.
Los niños se manifiestan por banales razones, evitando así trabajar y sus lerdos padres los educan en el borreguismo.
La sociedad se ha colapsado y la ética, la dignidad y el esfuerzo, son temas oscuros que dan miedo en la población. Se han acostumbrado a las incruentas luchas de tuits y likes, banalizándose a sí mismos. O a los festivales musicales o congregaciones festivas para celebrar catástrofes, muertes y asesinatos.
Hay que mover el culo.
Y lo malo, solo se puede erradicar con violencia y muerte.
Yo apuesto a que ganarán los pacíficos, los hipócritas o malos siempre ganan.
Tras el periodo de guerra, los vencedores deberán luchar contra la pobreza, el hambre y la enfermedad; las guerras esquilman los recursos económicos.
Tranquilamente, alcanzar un nivel de bienestar parecido como el anterior a la guerra puede llevar treinta años y la pérdida de una cuantas generaciones. La guerra es la parte más escandalosa, lo bueno viene después. Como ocurre con las catástrofes nucleares.
Y entonces sí deberán trabajar con un par de cojones y llorar menos con su teléfono en la mano.
La debilidad y la cobardía no es algo de lo que nadie deba sentirse orgulloso.
Si algo pesa, uno se esfuerza por levantarlo, no se llora, no se publica un estado de mierda en una red social.
En la pacífica y mística India, comen mierda y se bañan en ella; llevan décadas haciéndolo. Es el precio a pagar por la cobardía del pacifismo, por el borreguismo de las castas inferiores.
Al ataque y que muera quien deba, que viva quien pueda…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Aún me pregunto cómo han dejado entrar en la ONU y otras sedes oficiales internacionales a una niña participante de un teleconcurso. No me lo pregunto, es retórica.
Todo el mundo sabe y si no mi gato os lo explica que, si Greta (que cada día le encuentro más parecido con Gollum, incluso coinciden las iniciales) no entra en la sede oficial de alguna entidad internacional, seguramente los adolescentes aborregados y de pocas luces que la siguen, tuiteros y feisbuqueros crédulos como niños de tres años, entrarían en crisis de histeria y serían capaces de tirarse ellos mismos gas pimienta en los ojos manifestándose desnudos y bailando algún perreo hortera de marcado carácter infra cultural en algún vertedero.
Por otra parte, además de fea como un Diablo de Tasmania, la Thunberg es terrorífica. Con ella podrían hacer El Exorcista Reloaded, en la que natural e inevitablemente interpretaría a Regan, la niña posesa (Trump sería el figurante gordo que va comiendo un perrito caliente con la barriga asomando por la cintura del pantalón y una camiseta llena de manchas de grasa y ketchup).
Respecto a sus lágrimas, es fea, es antipática y un monstruo de la telebasura; pero eso no quita que a su edad reconozca el nivel de imbecilidad de la humanidad en general y tenga la habilidad de llorar con un mal disimulado histrionismo, por el que sus padres han debido pagar un dineral en una escuela de actores.

¿Veis? Miles de barceloneses que han recorrido miles de veces la calle Vía Layetana (ayer domingo se llamó Real Cañada Vía Layetana) y varias veces por semana, acuden como ganado bien adiestrado sin apenas pastores. Conocen bien sus vías ganaderas.
Y así todas las ciudades, y así todos los vulgares, y así siempre.
O sea, estás hasta el coño/cojones de la puta cárcel que es una ciudad como Barcelona y pierdes un día de fiesta paseando por la misma mierdosa calle que has visto toda tu mediocre vida porque te dicen que no hay coches este domingo e ilusionado y obediente te vas a dar un baño de multitud de carne sudorosa en tan pequeño espacio para nada.
Espero que los borregos al final, tengan un trato humano al ser sacrificados; que antes del degüello sean aturdidos para evitar demasiado sufrimiento y su estrés.
Es un deseo puramente cortés, realmente me importa una mierda si los aturden o no.

Pues a mí me importaría el rabo de la vaca que Mandela se pintara de blanco marfil, incluso de rosa maricón.
Son tan idiotas que tienen la obsesiva parafilia de hacerse mártires de sí mismos por un insano masoquismo.
Eso y querer ganar más votos y simpatías en las redes mierdasociales.
El Trudeau debería ser presidente de una casa de putas, y que deje la política para hombres y mujeres con carácter y carisma.
Esta sociedad amariconada necesita algo de eficiencia y menos likes de mierda.
Porque está más que probado, que un idiota llama a más idiotas, incluso los multiplica como Jesusito multiplicaba panes y peces en su particular paranoia.

Todo el peso del mundo cae sobre tus hombros cuando los horizontes trazan indoloramente en las pupilas, perspectivas de grandezas y lejanías de una belleza devastadora para el alma clavada entre los tejidos y los huesos.
Y los cielos prometen tormentos y tormentas, tal vez unas gotas de sangre espesa sobre viejos ojos entornados.
Pesa un millón cuando sabes que no puedes abarcar todo eso, hay tanto espacio y tan poca vida…
Y ese peso te hace pequeño, ínfimo. Un mierda.
Quisieras ser un dios para meter toda esa belleza en una bola de cristal que adorne la vitrina del salón.
Quisieras estar con ella, que te tome la mano cuando sientas que los huesos se tronchan con ese peso.

Con este continuo cacareo mediático de los milenials, estoy a punto de comprarme uno junto con su jaula de hámster y noria silenciosa para que mi gato se entretenga viéndolo correr. Dicen que les gusta teclear y mirar cosas en las pantallas, así que le compraré un telesketch para que se entretenga y no tenerlo todo el día llorando porque está aburrido, porque no tiene lugar en esta sociedad o porque de quien está enamorado en facebook no le hace ni puto caso.
Son tan cansinos estos milenials con sus noticias de disneylandia, su tristeza y desubicación infinitas, que son como una degeneración rara e innombrable de la especie gótica/emo, ambos sometidos a medicación crónica para controlar esa depresión. El drama milenial es un ladrillo, un hastío que con frecuencia aparece como un hongo en las noticias y en los reportajes pseudo periodísticos.
Aburren a las ovejas con sus agobiantes referencias a esta generación y sus penas y grandes prodigios de absoluta intrascendencia, tal vez porque los articulistas y gente que trabaja en prensa (muy lejos de ser periodistas) también son eso: milenials.
Y ya sabemos como le gusta el auto-bombo a la especie humana sea cual sea su generación de los cojones.
Dicen que mastican internet en lugar de chicle; pero es que eso no es de su generación, por internet pululan incluso los analfabetos y los pastores de cabras que tienen ya noventa años. Yo mismo por ejemplo, solo que tengo gracia, precisión, ingenio, cáncer, arte, belleza, sensualidad y poderosos músculos.
Todo el mundo está en internet y suelta su mierda en ella.
Es que ni eso de especial tienen los llorones milenials, mascotas de un mundo pleno de masturbaciones tecnológicas.
A mí me suda la polla la generación a la que pertenezco, soy totalmente impermeable a las modas sociales y su taxonomía de grupo generacional. Mi odio y desprecio se ha mantenido intacto a través de todos los tiempos hasta llegar a lo que hoy soy: un orgulloso poseedor de un milenial dando vueltas en su noria y conectado al mundo con su bonito e inservible telesketch.

Iconoclasta