Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

El cuerpo

Soy un torso diferente al de Cristo.
No busco redimir a nadie ni predicar amor gratuito.
Yo extiendo mis brazos para soportar el peso de la vida.
Y cuanto más pesa, más fuerte me hace.
Llegará el momento de romperse, los huesos de los brazos y el pecho estallarán en una nube de astillas; como madera seca…
Bien. Mejor que morir aplastado lenta y anodinamente.
Sin cuerpo mi pensamiento sería un vapor nada más. Debo forzarlo para que quepan dentro más ideas, más trascendencia.
Más obscenidad, más paranoia.
No tengo otra cosa que hacer mientras muero.

Desahuciados

Desahuciados (1) son seres sin presente económico ni posesiones; con una deuda insalvable. No pueden habitar una casa.
Desahuciados (2) son seres con una enfermedad incurable y mortal a corto plazo.
¿Quién tuvo el acierto de usar «desahuciados» para los enfermos?
La administración pública, los bancos y las empresas.
Y es que el enfermo no está desahuciado, lo desahucia el poder (esos tres entes mierdosos). Lo desahucian porque no tiene futuro a largo plazo, es tan arriesgado un crédito, un trabajo… Y para mayor inri, pronto dejará de pagar impuestos.
Esto prueba que el dinero es lo más importante en la vida. El dinero está presente en todo momento y es decisivo para el amor, el sexo y la salud.
Lo segundo más importante es el sexo, porque es un instinto reproductor, con breves destellos de fantasía en algunos individuos. Y lo tercero es la salud.
El amor es una confusión momentánea, algo pasajero que se muere con el día a día.
Que nadie se engañe, el dinero compra o provee sexo (amor), salud y una casa.
Cualquier otra consideración o prioridad en la vida social, es mentira o ingenuidad.
Desahuciados (3), son los metafísicos, los que se proponen ser ingenuos a pesar de que no tendrán un final feliz. Nos desahuciamos nosotros mismos del mundo cuando despertamos con una tristeza que hace doler el cuerpo. Pensamos en los años perdidos sin haber conocido otra cosa más que una formal y correcta familia, un trabajo miserable y una patética y triste ciudad-pocilga. Buscan y rara vez consiguen morir con la serenidad de estar en el lugar y tiempo correcto.
Tienen en común todos los desahuciados, su asco y fobia hacia los no desahuciados que no tienen ingenuidad porque no pueden crearla en su mínimo cerebro. Los no ingenuos, se revuelcan en sus propios excrementos asumiendo su vida como plena a pesar del hedor que los rodea.
Yo soy un ingenuo a conciencia, aunque me joda, soy la acepción 3 y no es un orgullo, es un tormento.
La gracia está en que yo elijo mi propia tempestad.

Alley Baggett

En Telegramas de Iconoclasta.

El beneficio de la duda

Que alguien me pueda otorgar el beneficio de la duda sobre mi moralidad y absoluta falta de prejuicios, es algo que me importa lo mismo que la vida de cualquier presidente de cualquier país: nada.
Por otra parte yo no tengo dudas, soy absolutamente definitivo en todo. Así que el beneficio se lo pueden meter por el culo.
Que alguien me pueda juzgar no constituye ninguna preocupación para mí. Seguiré haciendo y pensando de la misma forma que si fuera el único habitante del universo (una lágrima de ternura se desliza por mis sonrosadas mejillas).
No nací para hacer caso a alguien.
Si alguien quisiera darme algún tipo de beneficio, que me la chupe si es mujer o me extienda un cheque millonario en euros si es macho.
Cualquier otro beneficio es papel para limpiarse el culo.
Si fuera menos digno y menos libre e independiente, seguramente me importaría la duda que despertara en otros individuos: si realmente soy tan deshumanizado o es un simple rol.
Y respondería con ambigüedades como hacen todos los cobardes sin carácter para parecer buenos a toda la chusma.
Por ejemplo:
«¿Sabes cuánta gente ha muerto en los conflictos étnicos en los últimos veinte años?»
A lo que Yo exclamaría:
«¡Vaya, no jodas! ¿Cuántos?»
Pero soy irritantemente digno, en verdad respondería:
«El precio del tabaco ha subido y cobro la misma mierda que hace seis años. Si quieres otorgarme el beneficio de la duda para creer que no soy tan cabrón, que sea en cigarrillos. Respecto a las razas, las hay más fuertes y las hay débiles. Y el león se come a la gacela, no se la folla».
Acto seguido, me haría una selfi feliz, tierno, simpático y guapetón con unos muertos incluidos para que quede claro que eso del «beneficio de la duda» me es absolutamente innecesario.

Jodiendo

¿Y si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen?
Tantos seres reproduciéndose sin control…
Los humanos como plaga.
La mediocridad eternizada sin que nada pueda detenerla.
Una blasfemia que me haría vomitar.
El acierto de las religiones no reside en la bondad y el amor predicados.
Reside en el mal, en su continua enumeración de delitos y pecados.
Las religiones piden violencia, dolor, abuso y muerte para poder condenar y castigar.
Porque el premio es post-mortem.
No importa, estoy yo, estamos nosotros para corregir la falsedad, la falacia, la ignominia de una bondad que nace de los cerebros blandos e inefectivos.
Cuando te follo, hay momentos en los que me siento metafísico, estar dentro de ti es el mundo sin errores, sin asco.
Y así, mientras mi falo hace su trabajo en tu boca, en tu coño y en tu piel. Yo sueño que te jodo encima de una montaña de cuerpos moribundos y muertos.
Que mi semen gotea por tus nalgas sobre rostros cadáveres y rostros que agonizan de dolor y miedo.
Que miro el mundo con el ojo ciego y cerrado de mi glande supurando deseo.
Rostros muertos y rostros gimientes.
Si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen; la humanidad tiene una esperanza de no convertirse en rumiantes: Tú y Yo.
Yo dentro de ti bombeando en tu coño mi amor y hostilidad innata. Te llamo puta jadeando con baba colgando de mis labios.
Y tú gritándome: «¡Párteme en dos con la polla, hijo de puta, animal!».
Y ellos agitados por el movimiento brutal de nuestra cópula, los muertos y los que han de morir.
Y ante los sanos, los saciados, los bondadosos; dejando caer sobre sus bocas satisfechas mi leche y la baba de tu coño espesa y obscena.
Somos el obsceno reducto de la dignidad humana. Los guardianes de los más primitivos instintos.
Semen, fluidos y jadeos se derraman sobre la faz de la bondad y la maldad.
Sin importar quien vive o muere.
Quien sufra o goce.
Quien llore o ría.
Somos el contrapeso amoral de toda ley o norma.
De toda adocenada bondad farisea.
Benditos los hijos que no nacerán de nosotros.
Yo te jodo sobre muertos y vivos.
Tú gimes y te arqueas sobre pieles frías y enfebrecidas por la muerte que avanza como una sanguijuela ávida.
Derramamos la leche estéril de la ira y la animalidad que nadie quiere.
Solo nos espera la muerte, jodamos.
Jodámoslo todo.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Cuidado Cuidado

Lo más molesto de pasear por el campo no son las moscas, los mosquitos, las piedras, ni el ardiente sol.
Lo más irritante son los ciclistas tontos que como cotorras repiten: ¡Cuidado, cuidado!
Y ya son mayorcitos para que se cuiden ellos mismos. Si no tienen cojones para ir en bicicleta relajados, que se metan en el coño de su madre para que los cuide.
A mí me importa el rabo de la vaca los cuidados que esas nenazas temerosas puedan necesitar.
Que los cuide dios o su padre que debe ser como ellos de idiota.
Es que sus vocecitas son peores que el zumbido de una mosca, peor que el olor a estiércol.
No es de extrañar. Si le das a un vulgar mediocre una rueda o varias, cualesquiera que sean; asumirá que es el centro de atención y que precisará cuidados de mierda. Un especial más de tantos que pululan por el mundo.
Y por supuesto, se trata de ciudadanos ejemplares, integrados en la so(su)ciedad y participativos. Incluso sueñan con un coche híbrido.
¿Se creerán en serio que me la ponen dura?
Está bien, si es una ejemplar ciudadana con ejemplares tetas y abierta de piernas mostrando los labios de su vagina rasurada con expresión de puta; en efecto, me la pone dura.

Rocio Guirao Díaz

En Telegramas de Iconoclasta.

Lo pagano y la divinidad de Dios

Lo pagano es lo accesible, lo tangible, el presente.
Adorar la tierra y lo que contiene. A los seres y sus órganos. Al sol y a la luna…
Dios y su divinidad es lo inalcanzable, lo metafísico. A la divinidad se llega a través de la muerte.
Lo pagano es un regalo y una celebración de la tierra.
Lo divino un festín de alimañas y gusanos.
Lo divino no es metafísico, no es inexplicable. Solo es inexcusable en su ostentoso engaño.
¿Cómo consiguió lo divino (un dios), imponerse a lo pagano en las sociedades actualmente más desarrolladas? Por medio del miedo, se cebó en el temor humano a la muerte y la convirtió en premio e ignorancia con el beneplácito de los cobardes, que aceptó creer que la muerte es otra dimensión.
La tierra entrega alimento y aire.
Lo divino, no me deja escuchar a mis amados muertos.
Dios, lo divino, no da nada; solo exige y condena.
Exige y condena…
El premio solo llega tras la muda muerte.
No adoro nada; solo afirmo que la tierra es lo único que me sustenta.
No soy pagano; pero muerto desapareceré.
Lo sé de una forma primigenia, como el bebé que busca la teta de su madre al nacer.
La leche de la madre ¿es divina o pagana?
Que cada cual se engañe como mejor le convenga. Seguro que hay dioses para cualquier respuesta.

(Gracias a María María (https://www.facebook.com/mariaeme8?fref=ufi), que con su alegre y relajado paganismo, me inspiró esta reflexión).

El cielo colosal

Me apresuro a subir a un lugar alto cuando colores y contrastes crean un momento en el que pierdo un latido del corazón.
No pienso en que el cielo me aplaste con su silencioso avance.
Ni le reprocho que me ignore.
No tengo miedo, solo sufro frustración.
El corazón se detiene epatado por la grandiosidad de todo.
No quiero estar debajo, quiero estar dentro. Quiero ser arrastrado, no ser un insignificante humano.
Quiero ser una enorme y hermosa cosa que avanza sin sentir, haciendo infinitesimal y anodino todo lo que por debajo de él está.
No sé… Ya no sé si es un puente donde estoy o es el presbiterio del Templo de lo No Humano y Colosal.
Y yo, un ocasional sacerdote rogando que le lleven.

El final