Cómo odian los franceses al Caudillo Macron 😊😋. Es fascinante 🥲. Y esperanzador, porque unos pocos españoles (el resto no tiene problema alguno con Franco o con el Nazismo Chino-español Poscoronavirus) podrán emigrar de nuevo a Francia cuando el nazi Macron ya no esté, en busca de libertad y/o trabajo de nuevo 🥰.
El cielo cambió en los inicios del 2020. Con el coronavirus o covid perdió el vibrante azul, su saturación. En plena alta montaña, al pie del Pirineo Catalán se hizo lechoso; triste, sucio, tuberculoso. Fue durante los encarcelamientos nazis del coronavirus cuando empezó a marchitarse su color. Incluso temía padecer un principio de cataratas. Mi hijo acostumbrado al cielo sucio de la ciudad de Barcelona, no apreciaba el cambio de matiz. Era angustioso mirar ese azul pálido y enfermo todos los días. Cuando levantaron la prisión para la clase trabajadora y lo pude observar lejos de la ciudad, pensé: “Esto es una mierda de cielo, hijos de puta”. Ha tardado tres años en recuperar su color. En un proceso lento, en los que he podido ver como intentaba ser azul hermoso de nuevo; pero no podía, como si estuviera muy débil. Ahora, puedo decir que vuelve a ser el mismo. Fotografío mucho, no es algo que me pudiera pasar desapercibido. Lo que pienso de ello me lo guardo, porque sería dar demasiada inteligencia a los jerarcas nazis que impusieron la nueva dictadura propagando una enfermedad (covid) que mató más personas por los decretos y acosos criminales de los políticos del resurgir del nazismo, que por su patología. Mi cielo estaba envenenado, contaminado. Rociado con un aerosol blancuzco, con una neblina sucia. Enfermo, tísico. Y desde finales de este invierno, al fin ha surgido su potente azul de nuevo. No hay nada que me haga pensar que es un acto de dios o un accidente climatológico. Soy demasiado viejo para creer en cuentos de hadas y casualidades. Ese cielo enfermo del 2020, de un azul tísico pasará a la historia de mi vida como el cielo nazi del coronavirus. Algo sucio, algo pornográfico hicieron con mi cielo.
Estas cosas solo se dan en las sociedades podridas, de esas que piden matar y quemar a otra gente. El declive de una civilización que ya le ha llegado la hora de morir. Y que lo haga pronto y deje de reproducirse y transmitir su genética mierdosa eternizándola. O matas al cerdo o la peste porcina no desaparece. Al fin y al cabo, los censores y puritanos son cerdos.
Al menos en la dictadura mexicana los enanos se ganan la vida. En la dictadura nazi maricona española fundada en el 2020 con el coronamierda chino o covid, prefieren a los enanos muertos de hambre. Eso sí, con dignidad, para que se les pueda fotografiar triste y piadosamente en sus últimos segundos de vida y adornar los muros de las redes sociales con imágenes de gran impacto de compasiva y emocionada inspiración espiritual. Así que no pueden trabajar, ergo alimentarse. Y mucho menos lucir su arte como sus colegas mexicanos. Y es que en la España nazi maricona, un trans moviendo el culo desnudo y recién operado en su carroza arcoíris, para la chusma adulta e infante no hay espectáculo más fascinante y enriquecedor.
A toda la casta paria o trabajadora: feliz día de la prostitución y esclavitud laboral. Como cada año en esta fecha, los sindicatos harán su catequesis o prédica sobre lo ladrones e hijoputas que son los empresarios. Vosotros haced ver que los creéis y que no son corruptos (los sindicalistas); porque con malos rollos no ganaréis nada y así al menos no os amargan un día que cobrando lo mismo, no tenéis que poner el culo, el coño o la boca. Y ya que estamos, los consejos habituales para todo paria o trabajador a sueldo en los nazismos poscoronavirus, evidentemente enfocados al español penitenciario homosexual clima-sanitario. Si queréis una vida sin conflicto (repito que cobrando lo mismo, mejor sin disgustos), ya es hora de que os matriculéis en el máster Climatología Teológica y sus Beneficios Fiscales para el Estado Español. El asunto de la homosexualidad ya está zanjado, no hay problema. Oficialmente el Estado Español es homosexual y con él, sus ciudadanos y parias o trabajadores. Así que como ya figuráis como maricas o tortilleras, no es necesario que os tatuéis la banderita arcoíris u os coloquéis un pin en la ropa para entrar en la empresa o centro de explotación que os ha contratado. Eso sí, aún hoy día es tema tabú y sagrado: la cartilla de fidelización al Régimen Español Nazi Poscoronavirus debe estar bien cumplimentada. Esto es: sellados los cupones de las quince revacunaciones simbólicas del coronavirus. Así mismo se debe adjuntar el certificado original expedido por vuestro ayuntamiento, comisarías de policía o comandancias militares, del cumplimiento de uso de bozal ininterrumpido de junio del 2020 a marzo del 2022. Los habitantes de la taifas catalana, vasca, valenciana, asturiana, balear y gallega acompañarán también un acta de fe de hechos, conforme un notario certifica el respeto estricto del paria a los toques de queda nocturnos del 2020 al 2022 (solo os costará trescientos euros por el papel empleado, que es cosa climática y los notarios son muy rigurosos con el planeta). Con estos requisitos, además de encontrar un buen trabajo mal pagado, vuestra empresa no os denunciará a la SS Poscoronavirus y os ahorraréis un largo acoso político-policial y humillantes investigaciones para confirmar vuestra fe en el Régimen Español Nazi Poscoronavirus. Aún no es obligatorio; pero si al fichar en el reloj el inicio de la jornada laboral en la empresa, mostráis entre los dientes patitas de insectos y con ello la sana alimentación predicada por el régimen español, os darán gel anal y vaginal para atenuar la irritación laboral. También os servirá para demostrar buen talante ciudadano al acceder a oficinas de hacienda, centros médicos y burocráticos de la seguridad social, juzgados, colegios públicos, privados y carcas; gimnasios bares y restaurantes, papelerías, librerías, bibliotecas, supermercados (afectos al régimen), chinos, etc… Para los estancos no es necesario, los estanqueros son gente maja. Y por último, tened en cuenta que si estáis opositando para el Ministerio Español Nazi Homosexual de Pompas Fúnebres Poscoronavirus y Traslados Preelectorales de Momias o Cecinas; os podrían hacer una pregunta trampa de la gestapo española poscoronavirus para comprobar que estáis libres de disidencia, a la que tenéis que responder que: Marruecos, Venezuela y China son democracias, estados de pleno derecho como lo es la España Penitenciaria Homosexual Clima-sanitaria (sic).
A veces pasa que escribo bajo un árbol o a la vera del río. La mano se paraliza y la tinta no llega al papel. Los otros dedos se aferran al cuaderno porque es más sólido que yo. Una vaharada fresca se ha deslizado por el rostro y lo limpia del cansancio y de lo que lo provoca. Me mezo en el tiempo detenido con los párpados caídos. Una nube de opio en el pensamiento… Y no puedo dejar de pensar que el viento es mi amigo y arrastra lo que pesa porque me quiere. No sabe cómo le agradezco la ayuda, la piedad. Del sudor hace gotas frías de las altas montañas que no seco. Si morir fuera así… Qué urgencia por marchar.
Dicen que hay diversos métodos para tratar la angustia; pero en realidad no se puede tratar o gestionar. Solo puedes distraerte de ella hasta que pase la crisis.
Lo más habitual es el método del alcohol y las drogas; pero yo soy más de cagarme en dios y la puta que los parió a todos.
Y hablar poco, lo mínimo. Volcar mi pensamiento violento en el papel, esculpirlo y que adquiera el poder de las tridimensionalidad.
Se me da bien el silencio, paso horas sin decir ni una sola palabra; como el cazador que debería haber sido, acechando en silencio durante horas en el bosque la posible presa que muchas veces no conseguía y debía entonces recolectar y comer bayas antes de que oscureciera.
La angustia es un trance que nace de tu ignorancia. No sabes lo que te ocurre, no sabes quién te hace daño porque te han educado para creer en el poder de un jerarca y sus dioses. Por tanto ¿qué te hace sentir tan mal si estás protegido en los brazos del poder de los dioses y sus obispos (los políticos lo son, predican su palabra) codiciosos y enfermos de poder? Los que te educaron robándote la infancia para que creyeras en ellos.
Es muy sencillo, el ser humano es un animal triste. Al contrario que el resto de las especies salvajes nace en cautividad y crece para dar su vida al estado y a dios. Toda su existencia está destinada a engordar con oro y dinero a generaciones de poderosos y dioses, sin tiempo a mirar las nubes y si las mira, es porque le han dado un permiso especial para ello.
Como todo animal en una granja o zoo, los humanos se deprimen.
Tu instinto te grita que no naciste para vivir en una granja vertical. Que naciste como animal en el planeta y te tratan como gallina o cerdo en granja.
Eso es la angustia que sientes. El que hayas creído y asumido que alguna ley debe haber en este mundo sobre tu cabeza y que vivir esclavizado es la única forma de vida posible; a pesar de que la historia de esta civilización y sus cimientos no supera los veinte mil años, y el ser humano, la especie más evolucionada de homínidos, dicen que lleva trescientos mil años sobre el planeta.
La angustia es la tristeza instintiva que sientes por esos últimos veinte mil años de generaciones de codiciosos que, por falta de inteligencia y fuerza, eran incapaces de cazar o recolectar. Y comenzaron a parasitar tu esfuerzo, tu vida y tu tiempo. Esos que hace poco más de veinte mil años empezaron a clavarte en el cerebro un orden, una ley, un dios, una policía, un censo y un trabajo sucio a perpetuidad a través de un hechicero que se convertiría en rabino o sacerdote y luego, algunos crearían castas de políticos.
No sabes lo que sientes porque eres ignorante de tu propia especie. Eres un animal que nació para ser libre y lo convirtieron en esclavo. No es tristeza, es la alarma que lanza tu instinto de que esta sociedad o civilización te esclaviza, tu vida como ser vivo, es la más triste del planeta.
No hay falta de espiritualidad alguna, ni de altos valores en ti. Naciste en cautividad y te vendieron a un amo.
No tienes suficiente cultura ni formación propia gracias al oscurantismo del poder para reconocer lo que te ansía, porque tu pensamiento mismo es esclavitud y dependencia. Simplemente has oído que lo llaman angustia, ansiedad, depresión o ataque de pánico. Incluso trastorno bipolar.
Eres un pobre animal en una granja y tu instinto animal se rebela. El leopardo loco que da vueltas en la jaula rugiendo lastimosamente porque te asfixias. Porque no queda nada de tu especie en ti. Nada de lo que sentirse orgulloso cuando te metes con cientos de reses como tú en un vagón o en una carretera hacia tu centro de explotación.
Y la angustia la desencadena esa compleja química que se pone en marcha por orden de tu instinto para avisarte que algo huele mal en tu vida, que no es así como debieras vivir. Es justo la misma angustia o expectación del cazador frente a su presa en atávicos tiempos, la de urgencia, la de apremio.
Una angustia o tristeza existencial que surge periódicamente, y te roerá el ánimo hasta que consigas entender dónde te encuentras, con quién y en qué condiciones. Una enfermedad propia de una sociedad decadente, ya a punto de venirse abajo. Cuanto mayor es el nivel de opresión, más se rebelan los instintos y se impondrá la ley del más fuerte que no teme armas ni prisiones. Morir por morir, mejor eliges tú el cómo y el cuándo. O lo intentas.
El poder de la civilización actual, quiere borrar de sus reses todo rastro de naturaleza humana y ahí radican los problemas: no puedes dar caza a quien te esclaviza porque pervirtieron durante toda tu infancia y adolescencia tu esencia, tienes una orden programada. Debes ser una res ejemplar, mansa, obediente y, ante todo productiva; es difícil romper la programación incrustada durante tantos años.
Si en Filipinas gritan por miedo al calor, todo el planeta grita al mismo tiempo. Como en las películas las vacas sedientas de un rebaño corren en estampida al agua que huelen. Son reses ya globales, en lugar de llevar etiquetadas las orejas, las han dotado de celulares, de teléfonos “inteligentes”.
El problema está que el animal que ha nacido en cautividad, no se adaptará o morirá en libertad. Tal vez eso es algo que sabes; pero gracias al adoctrinamiento recibido en tu infancia, vuelves a la línea de programación: que una vida sin leyes, sin poderosos y sin dioses, no es posible, sería el caos.
Te equivocas, el dogma que te implantaron es mentira. No se produjo ningún caos durante los cientos de miles de años (toda la historia real de la humanidad) en los que el ser humano nacía y vivía libre. Donde evolucionó en inteligencia.
Si eres consciente de ello, de tu naturaleza, pasará pronto la depresión y reconocerás que no es angustia, es simplemente rebeldía. Y entenderás que debes seguir el juego a los granjeros o dioses, porque te matan de hambre o a tiros si no lo haces; reconocer esto es importantísimo para tu salud mental. No tienes otra opción hasta que llegue el momento de reconquistar al ser humano como especie libre.
No te preocupes, cada vez son más los cerdos humanos de granja que no saben porque se deprimen o se sienten acosados por algo, o alguien. La sensación de que algo malo va a pasar no es un don adivinatorio o parapsicológico, es un aviso de lo más recóndito de tu cerebro: estás viviendo una mala vida, indigna.
No vayas a un psicólogo o psiquiatra, ellos se limitan a ajustarte de nuevo adormeciendo tu atávico instinto con meta drogas. Y colocando leyes, sacerdotes y políticos en el aparador principal de tu pensamiento.
Es todo una mierda, lo hicieron mal, te deformaron cuando destruyeron tu infancia y tu juventud en ser amaestrado.
A la fuerza tiene que pesarte. Es normal y lógica esa tristeza, ese ataque de pánico que no lo es. Porque se trata de puro arrebato, rebelión.
Hasta que un día enciendas un cigarrillo asqueado de trabajar para darte un respiro, solo para ti, sin dar explicaciones a nadie y en contra de lo establecido en las normas de la empresa y gobierno. Y en medio de ese humo que aspiras y exhalas pensativamente, puedas ver en una difusa y vaporosa pantalla en lo que te han convertido y en lo que te espera.
Pero tranquilo, puedes distraer la angustia durante el fin de semana: unos litros de ginebra, unos gramos de coca, unos porros de maría, un par de ácidos; una paliza a la parienta y el lunes estarás como nuevo para comenzar tu semana laboral esclava. Olvidado ya lo que pudieras haber razonado en un arrebato de claridad, lo que realmente eres y quienes son ellos, el poder.
Lo verdaderamente deprimente, es que por ti mismo seas incapaz de saber lo que ocurre en tu cabeza. En tu naturaleza.
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El cielo que nos robaron.
No somos lo que debemos.
Porque nos lo prohibieron, emplearon nuestra infancia y juventud en ello.
El recuerdo de tantos años de niñez y juventud bajo el adoctrinamiento de esta sociedad o civilización, nos dejó una cicatriz que huele rancia en el pensamiento, una suciedad que no podemos quitar. Una violación que nunca olvidas.
A unos destruyeron como humanos puros. Otros nos sentimos silenciosamente orgullosos de ser libres y no globalizados o infectados por el pensamiento insectil de un rebaño.
Nuestras certezas viajan invisibles entre las potentes frecuencias de la mediocridad y su uniformidad.
Ambos, los conversos y los libres pensadores, perdimos la infancia y la juventud (nos las robaron) en las escuelas de acondicionamiento a la esclavitud que eran todas: castigos, himnos, leyes, credos, normas, tradiciones, patriotismos, urbanidad (mezquindad de rebaño), sociales (historia amañada) y autoridades: obediencia y respeto.
Pero en la adultez unos nos desprendimos de ese pelaje piojoso con el que pretendieron uniformarnos. Imagino que nacimos con una corteza dura que protegía al cerebro de la doctrina de la esclavitud y la mansedumbre.
Caminamos relajadamente porque no nos preocupa la moralidad del rebaño ni la patria que dicen que tanto hay que amar. No es extraño que despreocupadamente marque con orina mi territorio o como decían en el colegio: “mi patria”.
Nuestro hogar es el planeta; pero si para tranquilidad de los mediocres hemos de gritar “¡Viva mi patria!”, lo hacemos, somos buenos actores, aprendimos cinismo en la escuela para sobrevivir. Y luego escupimos para limpiarnos del veneno de la mezquindad.
Realmente hemos pensado al gritar: “Ni amo ni dios”, sin entusiasmo, porque lo pensamos a un millón de revoluciones por minuto todos los días. Es algo congénito, un acto puramente instintivo como rascarse el culo al despertar.
En lugar de redacciones bobas de montaña y mar y vacaciones y familia y amigos; escribimos y describimos el mundo y lo que contiene de maneras que a nadie gusta, o les hace toser.
Y ahí está nuestro gran triunfo, en ser la minoría incorrupta.
Llevamos las de perder, en las falsas democracias, la mayoría sin cerebro gana.
Nos jodemos.
Nada nuevo bajo el sol.
No es extraño que sintamos esporádicos y breves ataques de una angustia surgida de vivir en un tiempo y lugar que no es nuestro, que no pedimos. Con la fatalidad de haber nacido en una civilización o sociedad esclavista y mezquina que devora al ser humano como individuo y le mete cosas en el culo para que se obsesione con el ano y no con la imaginación que, pudiera ser inadmisible e ilegalmente creadora.
Sabes que las ciudades son criaderos humanos, que el poder hace muchos siglos entendió que cuantas más reses humanas criara en sus tierras, más riquezas ganarían cobrándoles el impuesto por respirar, por vivir en su feudo o país. Se construyeron miles de grandes ciudades verticales.
La religión, la política y la economía, técnicas de pura industria ganadera, tal como el vacuno. Y se crearon razas humanas más mansas y obedientes por simple selección de crianza de forma espontánea.
Y ahora que son tantas las reses estabuladas y cuesta demasiado dinero alimentarlas, matan/sacrifican a las viejas que no rinden y prohíben el pastoreo al aire libre de las activas. Y así siempre encerradas para recaudar/robar el dinero que gastaban en ocio porque no lo necesitan ya. Tienen teléfonos y televisores para ver el mundo aposentadas sobre sus grasas y excrementos. Están aterrorizadas en su ignorancia por la superstición apocalíptica del clima predicada por el poder. Las vacas humanas darían a sus crías en holocausto a sus amos poderosos si así se lo pidieran/decretaran por evitar el apocalipsis que se avecina.
Así, conociendo la historia sin pasión, fríamente (si acaso asco) tranquilizamos al animal que llevamos dentro y está nervioso: “Tranquilo, bestia, desahógate. Ya ves como ha ido la historia, no te agobies, es irreparable. Son unos hijoputas y algunos morirán antes que nosotros, así que disfruta de ello, de lo que puedas; porque no hay tecnología para escapar de este planeta”.
Y mientras la angustia se apacigua y se forja un tonto orgullo, fumamos un relajante cigarrillo que nos llena los pulmones de todo aquello que en la escuela, catequesis y telediarios adoctrinaban que era malo.
Soñamos con cazar, comer y follar salvaje y libremente. Con morir…
Luego, dormiríamos agotados de cara al cielo que nos robaron los adultos cuando éramos niños.
Como debería haber sido, si no hubiéramos tenido tan mala suerte al nacer.
De llevar siempre con vosotros cremita de protección solar factor tres millones o arderéis en el infierno del Nazismo Español Penitenciario Homosexual Sanitario-Climático. Y que si queréis saber si hará mucho calor, debéis coger un pollo y destriparlo para conocer realmente las previsiones de ardor nuclear español para los próximos días en su mollejas. Como aquellos sobrevalorados griegos y romanos clásicos. Sería más veraz que leer las previsiones de la prensa colaboradora con el nazismo poscoronavirus español (con licencia de China, of course).
En la España Nazi Penitenciaria Homosexual Sanitario-climática, no hay espacios públicos. Los patios de un campo de concentración jamás han sido espacios públicos. Ni aquí, ni en China, Marruecos o Venezuela. Por ello, las instituciones de toda España, exhiben sin pudor ni recato su retrógrado fascismo. Los guiris o extranjeros vienen a España como a Alemania acuden los turistas para hacerse selfis en los campos de exterminio nazis. ¡Eseso, eseso, esesostodo, amigos! (Porky Pig).