Alguien ha golpeado el cielo duramente y llueve sangre que mana de las heridas de las nubes.
Que silenciosas se mueren sin quejarse, como el toro que muere en la plaza sin darse apenas cuenta.
Alguien ha descargado su ira y el cielo se muere. Y todos los seres mueren lentamente abajo.
Hay un manto de coagulación de salvaje y letal belleza.
Y es un descanso, como cuando se apaga la pantalla de un cine que ha pasado una mala película y te duele el culo de estar sentado viendo esa mierda tanto tiempo.
Así que como del cine, salgo a la calle con un cigarro en la boca a ver morir, morir fumando.
Sin miedo, con alivio. Es una espera tranquila, por fin se acaba tanta mísera mediocridad.
Ojalá hubiera tenido yo ese poder un tiempo atrás, cuando podía alzar una pierna para matar lo que fuera, destruirlo todo; para romperle la madre al cielo y a dios si estuviera en él.
Unos años atrás, hubiera muerto menos gente.
Lo no nacido, no puede morir.
Obvio.
No sabía que el cielo sí. Que pudiera sangrar tanto mudamente.
Me parece bien, es un buen final para una mala película.

 

Y una mierda, no me chupo el dedo, veintisiete mil…
Veintisiete mil pedos.
No jodas con la chorrada, una cosa es que sean superdotados por el tamaño de sus genitales; pero por capacidades intelectuales, nein, nada, niente, cero… No creo en brujas, creo en las mujeres que extraen con precisión y profesionalidad lo mejor de mí. Y en agradecimiento, las trato de superdotadas con amor y dejando el dinero encima del tocador.
Si llevas a tu hijo a un buen colegio de pago, con toda probabilidad te dirán que es un superdotado y hay que gastarse una pasta gansa en su educación para que pueda reponer con inteligencia mercancías en las estanterías de los supermercados.
Ahora va a resultar que tenemos miles de genios en potencia y seguramente con una capacidad craneal parecida a los Mars Attack!
Claro que los talentosos y superdotados no reciben la atención educativa, nadie se lo cree.

¿Dónde estoy?
Roto.

¿Dónde estoy?
En un tumor.

¿Dónde estoy?
En un reloj roto.

Pero… ¿dónde estoy?
Donde la sangre huele mal.
Por favor… ¿dónde estoy?
Y ya no es sangre.

No puedo… ¿dónde estoy?
Una vez en los huevos de tu padre.

¿Dónde estoy?
Muerto entre vacas guapas.
¿Dónde estoy?
Ella no lo sabe, solo llora.

¿Dónde estoy?
Triste.

 
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Iconoclasta

Que algo muera con sencillez y rápidamente no quiere decir que haya vivido sencilla y alegremente. Y mucho menos con ética.
Y mucho menos inocentemente.
Hay cabrones que mueren en el acto (afortunadamente) por una bala, por mucha escolta que les rodee y proteja. Y es bueno.
Hay que mantener un moderado optimismo con las muertes de los puercos para llevar una cotidianidad más distendida.
La diferencia entre mis mentiras y las de un político elegido al azar, reside en que las mías son originales, amenas, divertidas y artísticas. No las escucha nadie.
Y eso lo dice todo a mi favor y certifica el gran acierto de mi connatural y relajada misantropía, porque las mentiras de los políticos son un insulto a la inteligencia, a la libertad, la dignidad y el arte.
Ergo, si los políticos son escuchados con atención, sean del bando que sean, por millones y millones de seguidores (solo un idiota escucha a otro con un hilo colgando del belfo inferior); agradezco que ni un solo humano escuche las mías, porque contaminarían la esencia de mi arte.
No quisiera entrar en ese piojoso club.
Conmigo mismo ya tengo suficiente distracción todos los días y no necesito que nadie me escuche. Me masturbo sin ningún problema, sin necesidad de sentirme escuchado.
En esta sociedad de putas correcciones, se subestiman por pura ignorancia y borreguismo inducido, los beneficios de una definitiva y diligente muerte.
Hay que destacar el corporativismo de la raza política, el reflejo de la hipocresía del populacho convertida en caricatura: una vez muerto, fuiste lo mejor de lo mejor. Lo más demócrata y social muerto. Lo más fascista y xenófobo en vida.
El tal McCain, el senador estadounidense que ha muerto (menos mal que van desapareciendo), es ejemplo vivo de mentira política y sentimentalismo hipócrita, tanto que roza la pornografía.
Aún respira el Trump y unos miles más que no deberían, nada es perfecto; pero trato de ser positivo: morirán.
Los políticos son como una familia de endogámicos, que al igual que muchos nacionalistas se creen una élite, una especie de raza superior a las demás; pero comen mierda a puñados, sin masticar. Sonríen con los dientes sucios y una sonrisa entrecortada de deficiente mental.
Cuanto más especial se cree el endogámico, más deficiente es su genética de mierda.

 
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Iconoclasta

 

El amor es para los pobres, hacen de él un tesoro a falta de liquidez monetaria; y también de la paranoica y neurótica fijación por los hijos y su exaltación como seres divinos (sobrevalorados, seamos sinceros).
Musulmanes ricos y millonarios de cualquier ralea tienen otros tesoros en qué pensar.
Prefiero la relajada vida emocional de los millonarios.
La felicidad con dinero se compra.
Y las putas más limpias.
Además cuida la salud mental, es el curalotodo más eficaz.

Imagen  —  Publicado: 31 agosto, 2018 en Chusma, Conclusiones, Histéricas, Humor, Manuscritos, Reflexiones
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En Telegramas de Iconoclasta.

Se puede afirmar taxativamente que las niñas y niños de hoy, son las plañideras de mañana.
Y como son asaz de ellas, faltará un elemento predador que evite que todas esas víctimas gregarias y baladoras, se coman las unas a las otras homosexual, tolerante, llorona y pacíficamente.
La violencia es una característica inseparable y necesaria para la supervivencia de la especie humana.
Las plañideras tienen los días contados.
¿O es que algún idiota ha podido tragarse el cuento jipi de “Haz el amor y no la guerra”? Porque iban de LSD y heroína hasta el culo cuando se revolcaban en mierda en los festivales musicales.

La navaja arranca indoloramente las costras que contienen el pus bajo mi piel.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Y dolorosamente libera el pus que llena los ojos de aquellos que grupalmente observan, lloran y ríen de las mismas cosas en los mismos lugares.
Dolorosamente secciona los tejidos blandos, preferiblemente las lenguas hipócritas que exigen paz a las bestias esclavizadas, tolerancia a los animales estafados y frustrados y una mierdosa piedad para los monstruos de feria que caminan por las calles con sus complejos y sus enfermedades como caparazones.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
La violencia que da temple al filo de una dolorosa navaja, es la que redimirá a los humanos de su servilismo e indolencia por la punzante vía del dolor.
Solo el sangrador filo de acero conseguirá hacer una a cada mujer y uno a cada hombre.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Mi navaja sucia corta los cancerosos filamentos de la endogamia moral y la deforme conciencia colectiva, la que reside en los profundos intestinos excrementicios.
Es un filo asesino que eviscera todo el presente para ser único, sin importar quien ría, sufra, viva o muera en el futuro.
Los hijos que no han nacido no existen y no requieren por tanto, bienestar alguno. Y con toda probabilidad, las madres y padres que podrían ser, no nacerán, o morirán.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Hay una navaja dolorosa que salvará el mundo y os mostrará en una tapa sucia de inodoro, los dos pezones y el prepucio de Jesucristo El Blando. Y las uñas arrancadas de su madre. Cosas, inutilidades…
Un atrezo descorazonador.
Soy el artista sórdido.
Hay una navaja brillante, cuyo filo se desliza indoloro por los labios babosos del coño amado. Y le susurro con lengua goteante, que solo quiero joderla. El filo la adora, la cuida y no la sangra. No será mutilada como los de ahí fuera. La animo a que sonría feliz, indiferente a los gritos que manan junto a la sangre de las gargantas cercenadas de hipócritas y cobardes que miles, forman uno.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Le digo besando el coño, que la única sangre que manará de ella será la sucia y maloliente de su menstruación. La que me hace salivar abundantemente y eriza mi polla.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Es el miedo y la ingenuidad lo que une a miles de tarados. Y la muerte y el dolor que se deslizan silenciosos por el filo, los que darán dignidad y libertad a la razón acorralada.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Si pudiera, si me quedara tiempo antes de morir, con sus muertes los redimiría a si mismos. Solo soy un pequeño dios de baja potencia que sueña con mundos mejores e intensos; que muerde sus puños horrorizado de vivir cada día lo mismo. No hay magia, no hay nada por lo que valga la pena sonreír.
Soy la censura de la censura y la libertad absoluta personificada en la Bestia que soy, la que no pudieron educar, convencer.
La que no ama más tierra que la que orina.
La Bestia que no eligió dónde nacer, solo dónde morir.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Soy una sonrisa amable que en el bolsillo del pantalón, acaricia un filo con un dedo sangrante alojado en el filo indoloro.
Soy el orgulloso despojo de todo lo que habéis rezado, engendrado, abortado y construido.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Una vez fui pulga y muerte negra. Viví brevemente feliz durante la extinción de millones de vidas. Tan iguales a las vuestras…
No hay porque no repetirlo ahora, aquí.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Extender un manto de veneno incoloro en el aire y una mutación en vuestros genitales para que vuestros hijos nazcan muertos.
Muertos, muertos, muertos…
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Y tu coño bendito palpitando mi semen como una tos de un placer asfixiante, respirando por encima de sus cadáveres.
Soy la afilada redención humana, la justicia absoluta.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Soy el filo que levanta una uña y los excrementos derrama patas abajo.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Mis dedos rudos reposan tensos en la hendidura que forman tus muslos para proteger la hendidura obscena.
Esperan ansiosos, con yemas palpitantes el momento de ahogarse, que marcará un estremecimiento de tu vientre.
Tal vez no sean tan rudos, solo ásperos para que tu coño empapado los sienta con justa lujuria.