Posts etiquetados ‘Amor cabrón’

Hay días en los que quisiera dar las buenas noches a las estrellas y a ti a mi lado.
Sin palabras escritas, con la inmediatez de la proximidad.
Hay días en los que quisiera dar los buenos días al sol, y a ti frente a mí.
Sin tristeza escrita.
Hay días en los que quisiera decir te amo a la vida y a ti entre los brazos.
Sin tinta, con un jadeo en tus labios.
Hay días que quisiera acabar el día con la última palabra en tu oído, en la oscura e íntima horizontalidad de la noche, sin papeles mojados lanzados en el rincón lóbrego de los deseos muertos.
Hay días en los que quisiera dejar escapar la última silaba de mi palabra entre tus labios, en un desfallecer.
Y saber que al día siguiente, en nuestra íntima mañana y tu rostro dorado como la arena al sol, susurrarte el tierno cuento de los dos ángeles que no pudieron ser.
Que dios tenía tantos ángeles a los que dar sus alas, que cuando dos cogidos de la mano llegaron a su presencia, se le había agotado el pegamento.
Y se le escapó un estornudo tan fuerte en aquel instante, que fueron arrastrados por su viento todopoderoso y sus manos se soltaron.
Sintieron un desgarro en el alma como si se hubieran roto las alas que debían tener, cuando sus manos se quedaron vacías.
Y caían infinitamente solos a La Tierra.
Y dios les gritó desde el trono: ¡Tranquilos! ¡Os envío a Gabriel para que os traiga de nuevo desde la tierra! En cuanto acabe el desayuno se pone en marcha. Y recordadle que compre pegamentooooo…
Y hay días que quisiera decirle hola a Gabriel con cierta displicencia, porque los momentos en el cielo son casi vidas en La Tierra. Y tú llegabas con él con cara de niña disgustada; pero se te escapó una risa al verme.
Hay días que quisiera que los cuentos fueran reales y recuperar los momentos perdidos, los que ni siquiera pudimos imaginar. Arrancarte al fin de la mano de Gabriel y tomarte yo.
Decirte sin palabras escritas, que no te sueltes, que si dios estornuda, nos agarramos a su barba y se joda si le duele.
Quisiera no escribir más tonterías. Dejar de escribirle a dios que cuide su resfriado y que Gabriel es negligente y que no hay derecho.
Y así dar los buenos días a tu sonrisa tras la taza de café y desnudarte de las alas.
Que dios mire a otro lado con embarazo.
Quisiera un día dejar la pluma en el cajón y su tinta del color de la melancolía, que ya no sea necesaria; pero miro el reloj y cierro con fuerza la mano que sostiene la pluma, porque es tarde.
Entre dios y Gabriel, escribieron un cuento de tristes sonrisas de ángeles de plomo sin alas y un bote de pegamento vacío.
Hay días que no deseo escribir un final que duele un millón.
Y estiro las palabras para que sin darme cuenta, como si durmiera, el final no sea jamás escrito.
Solo dejar unos puntos suspensivos.
Como un tic sin…

Iconoclasta

She’s a rainbow (Ella es un arcoíris), es una bellísima canción de The Rolling Stones, de 1967. Forma parte del álbum Their Satanics Majesties Request (Sus Satánicas Majestades Solicitan).

He escrito los versos de la letra traducida del inglés y resaltada en negrita, para responder a cada verso en texto normal con la torpeza y la urgencia de mis emociones, de la ternura, del amor que rompe los corazones y los recompone y los pinta y los saca fuera y los mete dentro…

Que los Rolling me perdonen.

Y ella por mi torpeza.

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Ella trae colores a todas partes

está todo tan oscuro, mi amor…

y el cielo me pesa en los hombros

peina su cabello

cada mañana la sueño así a ojos abiertos, y desespero

es como un arcoíris.

solo ella puede dar color a mi sangre

Llegan colores en el aire.

cada vez que aparece, con su mirada…

¡Oh, por todas partes!

en todos los rincones de mi mundo y dimensión

Ella viene con colores

¡Como os espero!

trae colores a todas partes

mi amor hace magia

peina su cabello

y coquetea consigo misma

a veces, con una melancolía hermosa en la mirada.

es como un arcoíris.

es un rayo de amor y deseo

Llegan colores en el aire

y su voz arrasando mi serenidad

¡Oh, por todas partes!

¡Oh, desesperación!

Ella viene con colores

es la fuerza armada de la esperanza

¿La has visto vestida de azul?

la he besado en todos los colores

Ves el cielo enfrente de ti

y crees estar loco de contento

y su rostro es como una vela

plena de mis besos al viento

de un color tan hermoso y pálido

que siento ser cosa sin vida

¿Has visto a una mujer más bella?

es imposible, no hay cosa más hermosa

Ella trae colores a todas partes

no cesa, contagia el mundo de luz y color

peina su cabello

¿sonreirá pensando en mí en algún momento?

por favor…

es como un arcoíris.

es un trallazo de amor que deslumbra

Llegan colores en el aire

y se prenden en mi piel ceniza

¡Oh, por todas partes!

en toda mi carne

Ella viene con colores

soy un dibujo sin colorear sin ella

¿La has visto toda en dorado?

y he sentido mi alma retroceder al corazón mismo

Como una reina en la antigüedad

siempre existió, nací para ella

dispara sus colores a todo alrededor

no tiene piedad con su desmesurada sensualidad

como una puesta de sol

como una diosa

¿Has visto a una mujer más bella?

da terror no ser suficiente para ella

Ella trae color a todas partes

como si fuera fácil

peina su cabello

y cubrirá mi rostro con él en una caricia vertical

es como un arcoíris.

y yo la tierra mojada donde nace

Llegan colores en el aire

qué pasará cuando me pinte de ternura

¡Oh, por todas partes!

Desesperadamente…

Ella viene con colores

viene con mi vida goteando de sus dedos

es como un arcoíris.

y yo una lluvia que cesó ante ella

Llegan colores en el aire

que no tarden, no hay tiempo

¡Oh, por todas partes!

mis ojos están llenos de ella

Ella viene con colores…

y conjura la pálida muerte

Carta

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Iconoclasta

La primavera tendrá mucho trabajo para cubrir lo que el invierno devastó.
El caos que creó.
Necesitará millones de hojas para cubrir la vergüenza de los árboles desnudos.
Pero esa destrucción no obsta para caminar serenamente.
Incluso el ave podría volar, y sin embargo deambula majestuosa.
No hay fronda o color que distraiga o disimule los cables de la humanidad y sus postes de progreso.
Pero tampoco somos delicados. Somos bestias de aquellas del “camina o revienta” por donde sea y como sea.
Yo reviento, el pájaro no, está en mejor forma que yo. Aunque padece un ataque de vanidad aguda. Se exhibe con demasiada prepotencia para mi gusto.
Pájaros…
A pesar de mi cultivado cinismo, sin drama alguno se me escurre un lirismo que se derrama de los ojos a mi mano que lo escribe: los cables tendidos forman un pentagrama vacío.
Una música que nadie escribió.
O murió, como los árboles están aún en coma.
Tal vez el músico simplemente tenía frío y no prestó atención al pentagrama triste y sin música.
Suele pasar que la tristeza y la piedad atacan en cualquier momento, cuando parece que no hay peligro.
Soy yo el pentagrama vacío.
Cielo…
¿Dónde estás amor, para escribir las notas que no son, o no pudieron ser?
No importa el decorado, sea infernal, invernal o primaveral; siempre encuentro un lugar para ti en mi mundo. Una urgencia para que llegues.
Aquí, donde me he dado cuenta de que soy una nota caída, abandonada por su compositor.
Una música que murió sin sonar…
Siempre encuentro una causa para fundir mi pensamiento con el tuyo. Si no existieras ¿qué sería de mí?
Soy tenaz amando, no hay nada que lo impida.
Bueno… Morir es trampa, eso no vale para este caso. Si muero me llevo el punto ganado.
Ven, cielo. Llega a mí y compón la canción olvidada, cuelga las notas precisas en este caos.
No quiero ser desolación, no más.
No quiero ser lo que pisa el ave.
Quiero ser lo que te abraza y tú susurras las notas de la canción que no fue en el pentagrama abandonado.
Por favor…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Secretamente la excita menstruar, la sangre que forma un fango viscoso y cálido en su coño provoca deseos que esconde en un ademán, en un suspiro, en un tono de voz. En un descansar, tal vez, demasiado sensual.
Dice que no; pero los muslos se separan ante mis dedos que hurgan en las bragas y se deslizan despegando la compresa de los labios constreñidos. Y no puede evitar gemir ante la invasión de la mano aliviándola de la asfixiante mordaza en su coño.
La vagina arde y palpita en mi mano anegada de su vida misma.
Temo correrme sin tocarme, sinceramente.
Mis dedos literalmente despojan a la sangre de su dolor. Y suave se adivina emerger un orgasmo sereno y potente. Mis dedos y la ruda textura de la compresa forman un caos ahí abajo que eriza sus pezones.
Me empuja los dedos con los suyos a lo más profundo.
No es fetichismo, no es por la sangre; es el placer per se.
La paranoia del deseo atávico, sin contemplaciones.
No importa dónde, no importa cuándo, no importa cómo.
Importa correrse.
Importa sentir su paroxismo de placer. La sangre amasada y coagulada entre mis dedos y uñas es solo consecuencia, no es devoción.
Si no fuera incrédulo diría que es la comunión de la carne y la sangre.
San Valentín ha tirado baja la flecha.
Y en eso estoy, reparando su mala puntería.
O tal vez perfeccionándola.
Se arquea en el clímax con los dedos ensangrentados aferrando mi pene.
Es el día de los enamorados inescrupulosos…

Iconoclasta

¿Cómo quieres que no te grite si te amo tanto?
Soy tu super amante y mi super pensamiento surge de mí rompiendo la barrera del sonido y tu ropa interior.
Lo siento.
No lo siento, luzco con vanidad mi super erección.
Estás hermosa con el sujetador desgarrado colgando de los hombros.
Con las bragas rotas que dejan desnudo parte del monte de Venus.
Y tu cabello alborotado, como cuando te corres.
Sucede a menudo que, no sé si te escribo o te super follo. Se me pone tan dura que me duele amarte, en el pijo y el corazón.
No puedo evitar esta desesperante y húmeda super dureza cuando te super pienso.
Es orgánico amarte.
¿Cómo evitar lanzarte mi super amor cuando mantienes mi cabeza sujeta entre tus muslos y jadeas y no me permites respirar y solo beberte? ¿Eh?
¿Cómo no gritarte mi pensamiento cuando manejas mi rabo sin cuidado y lo maltratas y te lo comes y te lo metes y haces de mí una cosa?
No puedo evitar la potencia de amarte y enviarte una super ráfaga de deseo.
Soy tu super amante…
Se me escapa un super pensamiento de demanda de piedad cuando tus dedos gotean mi láctea alma que me has extraído, exprimido.
Mis huevos se contraen con espasmos, vacíos entre tus dedos.
Y me conviertes en tu obsceno super trofeo.

Iconoclasta

Pienso en lo que no pude ser y estoy satisfecho, nunca he ansiado ser nada.
Solo observo el mundo a niveles profundos, atómicos.
Nunca me he planteado ser, porque soy. Lo mío es existir.
Sin complicaciones.
He llegado a este instante donde he adquirido ciertos superpoderes para codificar mi pensamiento profundo a la tridimensionalidad en la que habito, con precisión y fluidez. Sin límite ni prejuicio de cómo y con lo que quiera expresarme. Soy absolutamente libre y salvaje haciendo tinta del pensamiento. Y concluyo que soy un cochino sabio que al saberlo todo, no se asombra de nada. Excepto de mí mismo y mi podredumbre mental.
Desconozco los límites concretos a los que aún puede llegar el dolor y la ruindad en los humanos, pero solo es un dato cuantitativo. Sé que, grosso modo, llegará a rangos pornográficos para la cordura, la dignidad y la inteligencia. De hecho, no dejan de batir marcas todos los días. Crecen sin freno.
Lo que me desconcierta es que hay momentos en los que no sé si la amo a frecuencia de alto impacto o es mi reto.
Siempre hay una faceta de mi amada que no conocía. No puedo decir de ella lo que digo del mundo, que lo sé todo.
En las mañanas cuando mira por la ventana hacia el horizonte y me sonríe en silencio, al llevarse la taza de café a la boca, he visto una luz dorada en lo profundo de sus pupilas. Sin que el sol la iluminara aún.
Me fascinan los brillos diamantinos y texturas de su alma, tan extraterrestres y distintos.
Me descoloca e hipnotiza su ser mutable y desconocido.
Y quedo desordenado en sus dimensiones como un muñeco con la cabeza en el culo.
Es girar un diamante y observar la distinta refracción de la luz en cada una de sus innumerables facetas, en cada mujer que descubro en ella.
¿Por qué esa luz en sus ojos?
Y afirmo que las estrellas se refugian del frío cosmos en ella…
No sé si soy amante o discípulo. Quisiera ser solo amante y menos siervo de su multiplicidad.
Comparten todas ella la misma alma, la misma piel que beso y los ojos que absorben la luz, y a mí.
Y yo tan sabio, tan uno.
Tan nada…
Imagina cosas que creía imposible que pudieran ser escritas.
¿De dónde viniste, amor?
Me desconcierta ese nuevo ser que has creado ahora, en el mundo plata que reflejan tus ojos, engastados como gemas en un lugar de belleza imposible, de emociones como embates de agua tibia en las entrañas.
Soy incapaz de vislumbrar tu nuevo mundo, solo lo intuyo en tu presencia; de lo que emanas a tu alrededor. Y me pregunto dónde cabría yo tan carne y tan opaco en tu nueva creación. Y si deberé enamorar de nuevo a esta desconocida.
¿Y si no puedo?
Si tu nuevo ser no me amara, me desintegraría como mis sueños al despertar.
No tendría sentido una existencia sin vosotras, sin ti.
Eres descarada y carnal hasta excitar cada célula de mí. Y en otros momentos eres una ternura que se derrama suave y melancólica hacia el cielo, desobedeciendo a la ley de La Tierra.
No quiero conocerte, quiero descubrirte en cada momento; incluso cuando no existo porque estás atareada cambiando el universo en un extraño orden que no puedo ni quiero entender, solo quiero asombrarme. Fascinarme a tu lado.
¿Cómo puedes hacer eso? Eres de carne y piel, te he follado…
¿Qué has hecho de la vida en ese momento que has llevado el cigarrillo a la boca mirando las nubes?
Me siento tan dimensionalmente extraño en este universo-aura que dimana de ti, que siento ser una creación tuya que no sabe dónde está ni desde cuándo.
De alguna forma, siempre consigo reaccionar y rozar con los labios tu piel y crear un momento sólido y cálido donde afianzarme en tus universos sutiles y etéreos.
No me pierdas, no me dejes fuera de tu creación. Existo, quiero existir en ti, todas tú.
Y no concibo la vida sin ti.
Eres mi asombro y un hambre carnal.
Todos esos cosmos que inventas, están unidos a ti con sutiles hilos de tu alma. Una telaraña incruenta que lleva a cada una de las mujeres que amo.
Soy un amor deslizándose por esas sedas buscando el origen donde se forman, tu alma nuclear y profunda; pero no hay manera. Cuando desbocas la imaginación me desoriento y no encuentro el hilo primigenio, el que surge de ti y se derrama en líquidos sueños a tu alrededor.
He visto en tus ojos una ola romper contra el acantilado y destrozarse en rubís y esmeraldas tiñendo el cielo del color del paraíso.
No lo entiendo. ¿Cómo puedes hacer todo eso y tener tiempo para amarme?
Cuando te digo que os amo, te ríes de lo absurdo.
Y pienso que no recuerdas que tus ojos han contenido un mar sereno hace un segundo. Que algo has cambiado.
Lo que conozco de ti a ciencia cierta es el sabor de tu piel. Tanto besarte, tantas caricias…
Y la forma en la que te llevas las manos al rostro cuando te corres.
Todo lo demás es cambiante, un parque de atracciones, un drama desconsolado, una hoja que revolotea al viento, un sol de vida en tus manos…
Un niño que ríe.
Una niña coqueta que lo besa.
¿Qué has hecho? ¿A qué vienen ahora esos osos panda buceando entre corales de mercurio dorado, que desprenden burbujas haciéndose jirones de dulces almas ?
Mi amante creadora, solo soy una carne inofensiva, no puedo hacer daño.
No me dejes nunca fuera de tus mundos, ten piedad y espera a que muera.

Iconoclasta

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El amor nace entre un hombre y una mujer, entre dos seres.
Un solo ser humano no ama si no es amado; por mucho que grite y sufra. Eso es ambición o deseo o ilusión, depende del momento anímico de ese ser; pero no es amor.
Entiendo el amor como un intercambio de emociones, una complicidad entre dos.
El auto amor no existe, no puedes amar en soledad. Es una perversión imposible ese “amar”.
No todos somos susceptibles de amar. Los hemos de naturaleza solitaria, y eso es tanto como ser anti amor.
Y cuando eliges soledad…
Tú mismo, ya eres mayorcito para saber lo que haces y atenerte a las consecuencias.
Follarse a la puta es la confirmación de la soledad, no hay soledad mayor que la piel extraña que compras.
Te equivocaste, mano.
Así que echas de menos el amor y te torturas lo suficiente para reconocer que siempre hay otra cara de la moneda y a lo hecho pecho.
Está bien, no existe el auto amor; pero es imposible pensar que no la amo.
Sé que no soy coherente con mi soledad; pero me paso la coherencia por el culo.
Luego, en algún momento daré una patada a una solitaria piedra del camino del anti amor; y con una blasfemia pensaré que diga lo que diga mi yo sabio e infalible, la amo. Ser románticamente ridículo, es una de las grandezas de la soledad, principalmente porque no hay nadie que se ría de ti.
E irremediablemente se lo escribiré: te amo.

Iconoclasta

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Nació para ser amada, con la carne y la piel que cubre y protege su pensamiento perfectas. Cálida y sedosa su mirada y sus urgentes labios.
No puedo creer estar amando a una diosa. Solo ocurre en las películas.
Sin embargo, me rebosa agua ácida de los ojos. Se me irritan y el mundo se hace difuso.
Una costura se ha rasgado en el tejido de mi mediocre existencia y ha hecho mierda mis defensas.
Es lógico que plante los pies en el suelo. Podría elevarme hacia ella, por ella.
No puedo permitirme soñar despierto, debo afianzarme a la tierra.
No soy pájaro, cometa o meteorito. Sino una piedra tallada por las presiones telúricas y los volcanes.
A menos que te quede un respiro para la muerte, no importa fracasar y caer.
Y aún no siento ese olor a moho en mis pulmones que deja la muerte cuando está demasiado cerca. Huele como las hojas que se pudren con la escarcha invernal. Las que piso con la firmeza de mi peso y la ingravidez del amor.
Se me desprende la carne de los huesos por su poder de atracción gravitacional.
Amar duele.
Quiero ir, llegar a mi estrella.
Pase lo que pase, cueste lo que cueste.
Soy un asteroide al rojo camino a la desintegración. Mi diosa no lo quiera…
Y antes de seguir con mi letanía de amor y deseo, me aseguro de nuevo que los pies sigan ahí, pegados en la tierra.
Caer duele millones de lamentos luz.
Y el dolor no aporta misericordia ni dignidad a la mística tragedia de amar.
No puedes curarte con aceite hirviendo una quemadura.
Desea a gritos, pero no dejes la tierra, no te separes de ella. Toda una vida llena de grisentería no puede tener un final feliz.
Ni lo sueñes.
Me digo que es un espejismo; pero no resulta y es más doloroso. La vida sin ella duele más.
Solo sé que soy un pensamiento perdido en la muerte gélida y árida del cosmos, un astronauta desecado y congelado sin posibilidad de putrefacción desintegradora.
Soy un trozo de plástico espacial.
Y un viaje incierto a un destino ineludible.
Porque si no amas ¿cómo vives?
Siendo un mierda.
Me fascina cuando se estira desnuda y felina entre las sábanas, ronroneando universos extraños e intensos, hambrienta de ser tomada. Imaginando su piel cubierta por el deseo y el coño palpitando en una ascensión a la cima del placer violento y animal.
Aquí en la tierra fría, mis pies parecen hundirse; fundirse con el calor que produce su tormenta de amor solar.
No puedo dejar de evocar mi semen deslizándose entre lo más prohibido y secreto de sus muslos, un goteo viscoso que se bebe la sábana cálida que la sostiene.
Mis pies en el suelo…
Y me duele el corazón de luchar contra su tirón orbital.
Durante unos minutos permanecemos en silencio. Recuperando el aliento y retornando suave e inevitablemente a la realidad con el corazón pleno y el coño agotado, ahíto de placer. Mi pene decreciendo, escupiendo algún semen residual, humillado silenciosamente ante la diosa.
Con leves jadeos se desvanece la violenta lujuria que nos abandona a un amor relajado y caníbal.
Observo sus pezones aún duros mojados de mis labios.
Es mía, mi diosa…
Y un pie se alza traidoramente. Me apresuro en contraer los dedos en la bota haciendo un puño para dar potencia a la pisada, si eso es posible.
Peso lo que peso…
Es mi desesperación y tortura, un castigo a mi impío amor que detesta y ofende a la humanidad y sus interferencias constantes entre ella y yo.
Soy una triste mitología.
Somos de la misma especie: el amor nos hace feroces, desinhibidamente irracionales.
Pero tengo mis limitaciones, no soy un dios y si dejo la tierra que me mantiene vivo también perderé lo poco que tengo de ella.

Iconoclasta

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No niego la belleza de las pequeñas cosas tiernas que se guardan con veneración en el puño cerrado con pasión; pero ¿sabes qué ocurre, cielo? Que necesito la grandeza de los cielos azules ektachrome, las largas, altas y lejanas cadenas montañosas.
Es que no cabe nada en las miniaturas, son tan pequeñas que apenas entra un lágrima.
Y las pequeñas cosas no se merecen ser aplastadas por un romanticismo enorme que carece de los conocimientos básicos de la hidráulica del amor y otros fluidos.
Imagina esas camisas baratas que venden en los mercadillos a precio de mearse de risa y a pares, tengo que probar tres tallas más de las que me corresponden y el vendedor se coloca un chaleco antibalas para que los botones no lo acribillen mientras me dice: “Te queda perfecta, incluso holgada”. Y yo rojo de asfixia.
Así me siento amándote entre cuatro paredes.
No quiero ser pretencioso, amor. Es porque me desenvuelvo bien en los grandes horizontes, aunque me humillen con su enormidad.
El color de mi piel comparado con el azul, los verdes y los marrones invernales, con la impoluta nieve lejana; casi me hacen cadáver.
Un insecto tísico, descolorido.
No importa.
La razón más importante es que solo la grandeza puede contener mi amor y deseo.
Las hermosas y pequeñas cosas, pobres, no pueden contener lo que te amo, no cabes en ellas.
Necesito todo el espacio que mis ojos abarcan para que mi amor se expanda y te arrolle y te envuelva y te cobije y te susurre, ahora sí, mis pequeñas palabras que se deslizan suavemente por las laderas boscosas y nevadas, por los valles y los ríos.
¡Que todo sea enormidad!
Que mi amor se libere de la compresión de mi corazón y pulmones, que se expanda hasta cubrir tu piel.
Siempre pienso al ver una flor, en la belleza que concentra; pero evocándote concluyo que es poca cosa para contenerte y definirte.
Y créeme, si no tienes un buen espacio para liberar todo el amor, te asfixias por dentro como si la cabeza y el corazón se aplastaran contra sí mismos en una fisión de amor atómico.
Es como ser alérgico y meter las napias en una flor para esnifarla, llevado por el suicida romanticismo.
No. Necesito gritar y que mi voz resuene lejana entre las montañas y digan al oírme: “Ya está el macho en celo de nuevo”. Sí, ya sé que me denigro yo mismo, no sé venderme con elegancia; pero es que no quepo ya ni en mí de tanto que te quiero. Todo se hace pequeño si no hay unos amplios horizontes.
No puedes alimentar a un león con berberechos y salmón ahumado con galletitas saladas.
Ya sé que a veces salgo de los límites del buen gusto literario y me dejo resbalar de culo por la pendiente de la vulgaridad; pero es que estoy hasta los huevos de estar tan comprimido, coño.
Por mucho papel y tinta que use, el amor se me derrama de los límites de las hojas y al no contenerlo, siento que es pérdida y tontas ganas de llorar.
¡Pobre amor derramado sin lugar a donde ir!
Créeme, el amor es un fluido y soy un buen mecánico en hidráulica. Sé lo que digo…
Sé lo que siento, sé lo que duele la presión de una columna de amor por centímetro cuadrado en la piel y en algún lugar dentro de mí.
Hacia el horizonte lanzaré este amor que avanzará a través de los bosques y las altas cimas, por los mares y los ríos, y llegará a ti como una avalancha, un alud de ternuras y pasión. De sueños que no se cumplirán, pero recitaré en tu oído como una plegaria a la esperanza.
Instantes de ilusión…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Iconoclasta