Posts etiquetados ‘desánimo’

No.
Amarte no es amable.
No siento esos deliciosos cosquilleos en ninguna parte de mi puto cuerpo.
Siento unas náuseas que hacen mierda mi ánimo.
Es el vértigo de la distancia. Y el tiempo…
La distancia planetaria insalvable que marca un rumbo jalonado de deseos a años luz.
Del tiempo que se me escapa de los dedos como una medusa. Hiriente…
Vomito porque por cada segundo que pasa estoy más cerca de la tumba y más lejos de ti.
Pienso que si algún dios existiera, sería una puta amargada y usurera, con su entrepierna apestando a mierda. Envidiosa, rabiosa, puerca…
Soy un degenerado que mete las manos en su propio vómito y lo acoge en su pecho como prueba de amor.
Solo así soy capaz de soportar las toxinas del amor, vomitándolo.
Me envenenas haciéndome hombre, mujer.
Amada mía…
Tengo una vida sórdida y un amor trascendental.
Mejor con náuseas que sin ti en algún lugar del universo.
Eres mi vértigo, la que me arranca de la mediocridad y hace que valga la pena vivir en el lado oscuro y sórdido del amor.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

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La vida es una tristeza infinita a la que me he acomodado.
Todo lo malo es infinito hasta que acaba. Soy un genio, coño…
Inagotable, siempre sorprende el dolor; siempre es más fuerte que la última vez.
Y la tristeza desmorona el ánimo como las olas los castillos de arena en la playa.
¿Y si la tristeza y el dolor tienen la función de preservar la alegría y la ilusión?
Porque la alegría y la felicidad continuada, desembocarían en el hastío y la monotonía. Dicen que hace falta la muerte para valorar la vida. Es una estupidez, un corolario de filósofos baratos, de hoja dominical. Solo para fervientes conformistas y mediocres.
Tal vez, mi cerebro busca y crea tristeza y dolor para deslumbrarme y mantenerme vivo con pequeñas dosis de placer y ternura.
Por eso debe ser que la cosa más pequeña, breve y hermosa, en un momento de intenso dolor; me hace creer que vale la pena vivir un poco más. Y me dejo engañar, al fin y al cabo, es mi puto cerebro, ¿a quién le voy a hacer caso si no?
De la misma forma que a ella le digo que un día nos besaremos pensando que jamás llegará ese día, no hay tiempo ni oportunidades para ello.
En medio de la infinita tristeza, esos besos imposibles, han justificado todos los años frustrados. Qué imbécil soy…
La vida es una infinita tristeza y un continuo autoengaño.
Las cosas bellas duran un parpadeo en la infinitesimal escala de la tristeza. Incluso, puede que no existan esas cosas bellas. Son meros espejismos de una mente triste.
Yo… No sé…
Duele otra vez.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta

Hay pocos instantes tan hermosos como estar bajo una lluvia de pequeñas hojas que una brisa dulce arranca de las ya frías ramas de los árboles.
Parecen mariposas que no saben a dónde ir.
Mariposas muertas que provocan con su rumor una tierna musicalidad en el ánimo.
Ligeros cadáveres que huelen a melancolías y añoranzas deliciosas y que el sol convierte en hojuelas de oro flotantes en un acto de natural y humilde prestidigitación. Sin gran alardes.
Es inevitable pensar en el peso de la carne y su olor.
Y me comparo con ellas. Concluyo que soy un extraño en este paraje, demasiado pesado, demasiada carne, demasiado olor de sudor y piel añeja.
A veces, llevado por la retórica y un trágico romanticismo (y cuál no lo es, trágico) digo cansancio; pero no estoy cansado.
Tengo más fuerza y brío de la necesaria.
No es cansancio, es hartazgo.
Y con el hartazgo vibra en frecuencias superpuestas el odio, el rencor y la ira.
Nada cambia en la granja humana por años que pasen, por milenios que han transcurrido.
Mueren algunos y nacen otros tantos que harán y dirán exactamente lo mismo. Los mismos aburrimientos bostezantes y asfixiantes en su aplastante mediocridad.
Deberían aprender de la musicalidad de las hojitas muertas. Tal vez quiera decir que debería morir alguien más. Muchos más.
Entre toda esa horda de mediocres, de siglo en siglo aparece alguien especial y diferente. Y por seres así la humanidad se ha apuntado un tanto de inteligencia, razón y libre albedrío; es una descarada usurpación.
No es por cansancio quedarme mucho tiempo entre la lluvia de hojas muertas. Es por hartazgo, cada día que pasa mi tolerancia hacia la humana mediocridad mengua. Y temo un día decir alguna verdad.
Cuando se dice una verdad, se pierde la oportunidad de reír y ser sarcástico hasta la crueldad.
Cuando proclamas la verdad, cualquiera que sea, quedas desnudo e indefenso ante todos. Y será mejor que tengas un buen y potente rifle en las manos para acribillar a balazos la mediocridad.
No es cansancio.
Solo un asco que mina el humor.
Si me quedara aquí un poco más, me cubrirían las hojas y mi muerte sería hermosa.
Tal vez…
Tal vez cuando esté cansado de verdad me acerque a morir con las pequeñas hojas-mariposa que vuelan sin saber a dónde ir.
Pobres pequeñas… Pronto nos veremos.
Estoy seguro.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.