No sé si es chino o china; pero lo de la foto también parece un dragón o no sé qué coño de bicho. Qué miedo, qué boca, qué feroz. La prueba del coronavirus ha sido la cosa más indigna y humillante que han hecho jamás, junto con el uso de un bozal y una vacuna que no vacuna, ni las orientales, ni las occidentales. Los jerarcas chinos son simples criadores de cerdos que nacieron en el lugar y tiempo adecuado. De cualquier forma, el nazismo chino es lo único que mata y no el pobre coronavirus que no encierra a nadie en campos de concentración. Y estoy seguro de que el gobierno chino, tiene preparados enormes hornos crematorios para la solución final a su paranoia genocida de coronavirus 0. Justo lo que quería hacer el gobierno penitenciario español; pero le faltaban soldados y policías para masacrar a tanta gente como hace su adorado gobierno chino.
Los que tienen que ir a trabajar en metro, autobús, tren o avión van a seguir jodiendo su salud con el puto bozal (mascarilla en jerga neonazi). Y además, han delegado en los empresarios el fascismo gubernamental para que sigan jodiendo a los trabajadores decentes que no quieren llevar el símbolo del neonazismo español, el puto bozal ya mentado. Mienten más que hablan.
Es tan fuerte el sentimiento de dependencia de los españoles hacia el Nuevo y Normal Gobierno Penitenciario Fascista Español del Coronavirus y la guerra ruso-ucraniana, que muchos se cagan por la pata abajo con la libertad del uso del bozal (mascarilla en argot nazi). Y es que los españoles necesitan un dictador, con esto de la “libertad” (solo es un apaño), les ocurre como a los animales de granja: los sueltas un poco y no saben qué hacer, ni donde ir. Por ello artículos como éste, para que no dejen su bozal de la cobardía y la mansedumbre. Les dicen a los enfermos contagiados de fascismo que pueden seguir usándolo, que nadie prohíbe ir con el morro cubierto. Lo del “miedo irracional” es tan fácil creerlo como los aplausos irracionales. Hay una nueva generación muy joven de cobardes, preparados y domados para seguir estropeándolo todo a medida que crezcan.
Soy el hijo que no pudo ser abortado, y luego demostró con su maldad y odio ese accidente o error. Si hubiera sido decidida y valiente mi madre, hubieran muerto muchos miles menos; pero una adolescente mediocre y con un cerebro aún más vulgar, sintió el peso de la conciencia insectil humana y desgarré su coño para emerger a esta cochina luz que ese dios maricón creó. Si hubiera sido humano, así me gustaría haber nacido. Y arrancarle los pezones a bocados cuando me diera de mamar. Afortunadamente no soy hijo de mono. No soy un primate como vosotros. Me creó con materia fetal Dios el melifluo maricón, junto con otros diez mil ángeles. Supe corromperme y crear músculos llenos de sangre ponzoñosa, rellené los huesos con tuétano de materia cadáver. Y en toda esa carnalidad pulsante, maloliente y venenosa prendió también la eternidad que Dios concedió a sus ángeles. Desarrollé inmunidad contra la bondad y su dios. Resbalaron sobre mi piel feroz los mandatos y el amor a la humanidad. Creé el infierno donde sufren ángeles y primates reviviendo en un ciclo sin fin el dolor más fuerte que marcó sus existencias. Soy el nº 1 en la lista de Forbes en millones de almas de mi propiedad. Y no todas son malvadas o han cometido pecado mortal. Están en los sótanos de mi oscura y húmeda cueva porque soy rápido cazando las almas que se desprenden de los cadáveres de los primates cuando mueren o cuando los descuartizo. Lo cierto es que las almas son accidentales, son la molesta consecuencia de las matanzas que cometo, que gozo, que necesito realizar. Si no tuvieran vapor o alma, haría exactamente lo mismo con ellos: aterrorizarlos, torturarlos y matarlos. Si el alma pudiera ser asesinada, no existiría el infierno y unas pocas almas idiotas habitarían el paraíso de Dios, el homosexual y pederasta sagrado. Porque masturbarse o ser acariciado por un estúpido y asexuado querubín, es lo mismo que usar primates de cinco años. Odio a los primates porque son creaciones de Dios y son repugnantemente parecidos a él en sus maneras y pensamiento, sobre todo por esto los odio hasta la extinción. Os odio aunque estéis dormidos. Os odio tanto que deseo vuestra resurrección para mataros de nuevo. Para mataros un millón de veces. Hasta que el universo se extinga… La Dama Oscura se acerca caliente, sin un solo vello en su vagina que se muestra por debajo de una falda que no es más que un concepto, una trampa sexual para atraer la atención a su coño. Su raja abierta, dilatada, está brillante de viscosa humedad. Su chocho tiene hambre. Cuando pienso profundamente en mí mismo, entra en celo, se calienta. Hay alguna conexión entre mi maldad y su coño de la que ninguno de los dos podemos escapar. Tengo una teoría: cuando pienso en mí, en mi historia y pasión y mi ansia de aniquilación humana; mi polla se pone dura y actúa como antena de emisión. Y ella recibe las vibraciones de mis cojones y el semen que presiona hacia un glande amoratado, henchido con la sangre que lleva la vida, el veneno o la dureza de la reproducción. Del sexo brutal e impío. Así que separo los muslos, alzo cada pierna sobre los reposabrazos de mi sillón esculpido en roca, una roca que no puede herir el cuero grueso que recubre mi carne. Mi ano se ofrece indefenso ante cualquier agresión, porque si hay algo que soporto, tanto como lo provoco, es el mortificante paroxismo del dolor supremo e íntimo. Aquel al que no llegan manos para consolarlo, tan profundo, tan devastador para la mente. Y le regalo mi polla, para que haga lo que deba, lo que quiera. Y decide atar una cuerda ruda en la base del pene y estrangularlo. Observo fascinado como se congestiona, las venas pulsan a punto de reventar y cuando noto que algo malo ocurrirá, suelta el lazo y la sangre corre de nuevo en tromba hacia el pijo. El glande entra en espasmos y grito con todo mi poder. Las almas crean un coro de terror que inunda la cueva y los crueles desaparecen en la oscuridad, excepto uno. La Dama Oscura se arrodilla y traga hasta sentir náuseas mi falo y escupo mi semen que brota con fuerza inusual inundando su garganta. Parece vomitarlo y por la nariz escupe el semen regando mi pubis. Tose y se ríe… Un cruel, lame su coño, con su rugosa lengua de jabalí monstruoso. Mi Oscura gime de placer y dolor, y escucho excitado el obsceno chapoteo de la lengua en su sexo hirviendo, lacerada la piel… Lo noto en sus espasmos de dolor, son como pequeños orgasmos que erizan sus pezones más allá de lo que la bondad puede soportar. Y no tiene bastante, agarra una de las afiladas navajas del cruel y lo fuerza a meter más profundamente el hocico entre sus muslos. Con la boca llena de mí y dejando escapar el esperma, grita mudamente y se aferra a mis cojones llevándome a otro nuevo nivel de dolor. Desenvaino de entre los omoplatos mi puñal y corto sutilmente la piel de su rostro hasta que una fina de línea de sangre se desborda en pequeños ríos. Y ella responde cayendo a mis pies, gritando un orgasmo entre convulsiones, con el cruel casi asfixiándose en su coño sin dejar de lamer. De repente, cesa todo sonido, todo movimiento. Se incorpora, acerca su boca a la mía y muerde mis labios juguetonamente; pero maldita sea, clava sus uñas en mis piernas alzadas. En las tibias y arrastra… El dolor es inenarrable. Llevo la punta del cuchillo a su nuca embrutecido. Me mira a los ojos desafiante, y decido entrecerrar los míos y desear que no cese. El cruel se ha colocado a un costado del trono de piedra y lame la sangre y el pus de mi daga que gotea sobre su morro. Y se lo clavo en la cerviz, son crueles, no importa si mueren. No importa que todos mueran, excepto ella, mi Dama de alma oscura, de coño profundo, de ano ardiente… Feroz como no he conocido jamás primate alguno. La mataré, lo mato todo; pero aún no. Aún no… Os estaba hablando de almas; pero en este momento incluso de mis piernas brota esperma por las heridas, entre sus uñas. Ella provoca esas cosas. Y las almas me importan tanto como mis crueles: una mierda. A medida que nuestras respiraciones se relajan, pienso en Dios, en clavar mi puñal en sus cojones y cortar hacia arriba, hasta que los huesos de su cráneo sagrado de mierda lo impidan. Es una imagen recurrente, como meter a sus ángeles y arcángeles en un picadora de carne para dar de comer a mis millones de crueles. ¿Los oís? Los ángeles revolotean asustados en el cielo, temen mi pensamiento mismo. Están cantando a coro salmos celestiales para conjurar el Mal, a Mí; piden que jamás suba a ellos. Y Dios mira a otro lado, sin poder prometerles nada.
Aquí en la España profunda, lo que ha ocurrido es que el ignorante/votante medio, se ha colocado el bozal en el hocico a full time y ahora está como un recién nacido (pero con obscenos pelos en los genitales), que hasta un resfriado lo deja K.O. Incluso los obedientes mansos, deberían tener un mínimo de educación de su propia naturaleza. Si es que son más tontos que las piedras. Al igual que la vacuna, los bozales (mascarillas en argot nazi) solo han servido para agilipollar al pueblo y debilitarlo como ratas de laboratorio. El neonazismosocialismo es el virus malo de verdad.
A los españoles se les debería dotar de pistolas para que se ejecuten ellos solitos, y así la nueva y normal Gestapo española se puede tomar unas copas mientras los propios acosados y extorsionados se autoejecutan, les hacen el trabajo. Los españoles son tontos del culo, absolutamente. Más que una isla ibérica energética, cualquiera diría que la península ibérica es el mayor refugio para deficientes mentales del mundo. También pudiera ser que fuera un titular de esos pagados, y bien pagados por el Nuevo y Normal Gobierno Penitenciario Fascista Español del Coronavirus y la Guerra Ruso-Ucraniana, para que el españolito analfabeto, sienta que es lo que debe hacer: arruinarse. Pero lo dudo mucho, simplemente se trata de una tara colectiva de un 64 % de idiotas.
Me aproximo al gran abeto de mi ruta habitual y ya percibo un aviso. Cuando llego a su fronda, mis pulmones se llenan de olor a clorofila y resina tibias. Una esnifada de eufórico bienestar. Y me la pone dura. Es la primavera, la época de las fragancias de mediodía. Cuando llegue el verano será tan fuerte el calor que evaporará los aromas a esta hora. Convertirá el vapor en vapor de vapor… La naturaleza tiene la cualidad de lo superlativo. Doy media vuelta a la bici y vuelvo al abeto y sus enormes ramas. Aspiro hondo zambulléndome en el aroma de la primavera. Es la primera gran bocanada que trago con hambre, ferozmente. Nunca se sabe si podré volver a respirar otra, la muerte no es algo que se pueda obviar frívolamente, ha de entrar en todos tus planes como un azar cualquiera. Jamás se podrá igualar semejante aroma por la industria del perfume. No se puede añadir libertad a un frasco. Ni un cansancio acumulado que provoca un suspiro de alivio. Y mucho menos la sangre a presión que le da un color cereza a mi bálano y pulsa como un corazón más. Otros se deberán conformar para enaltecer su ánimo con la gris y anodina cocaína, por muy blanca que digan que es. Se empolvarán la nariz con grisentería, con más mierda de la misma. Corto y cierro, salgo de la trampa narcótica del árbol y continúo mi camino. Las nubes en un cielo azul saturado, como tranquilas vacas gigantes, llenan los espacios vacíos; moviéndose lentamente, con cierto capricho. Las hay que siguen rumbo norte, otras van hacia el este. Vacas tontas y desorganizadas… Observo a través de la desnuda rama de un árbol el caminar de una nube que la rebasa serenamente, sin prisas. Pierdo con delectación el tiempo… No es que me sobre, es que es mío y hago lo que me sale de la polla con él. Tal vez llueva en algún momento. No hay problema, soy sumergible, no me oxido, no me asusto. Y si alguna vez lloro es por ella; porque pensar en compartir juntos el movimiento del planeta me aboca inevitablemente a una trágica y bella melancolía de no tenerla aquí y ahora. De necesitarla… Los hombres no lloran por miedo, no deberían. Lloro solo por el deseo atávico de poseerla, de metérsela y que ella decida si la amo. Porque más no puedo sentir, más no puedo desearla. Algunos excursionistas asan carne, lo huelo. Tal vez sea hora de comer, lo único que falta para que el día se complete. Lo demás, lo he sentido todo; con esta pasión tranquila y un poco triste, con esta condenada erección, con el cigarrillo cuyo humo difumina mi visión dulcificando un poco el mundo. Pinche abeto, qué buena esnifada…
Hay fabricantes de bolígrafos que se sienten muy orgullosos de practicar un moleteado o rugosidad en la zona de agarre. No tienen ni puta idea, cómo se nota que no usan el bolígrafo más que para pinchar botones ocultos de “reset”. No saben lo que es escribir cada día con un par de cojones. De lo contrario no lo harían, ya que además de no servir la rugosidad para que el bolígrafo no se deslice de los dedos, crea dolor y llagas. Profundas llagas y luego callos de mierda. Se podría decir que alguien les hizo el cráneo rugoso por dentro y por ello se les hubiera dañado el cerebro como mis putos dedos inquietos. Y encima te cobran una pasta por el diseño estúpido y su ocurrencia. Más tontos y nacen de plástico, como un robotito de 0,7 € que venden en los bazares asiáticos con pila incluida.
Porque los niños se parten la caja de reír. Hasta el perro se lo está pasando bomba. Y eso se debe a que la sustancia química es hilarante ¿no? Por eso la foto que ilustra el artículo. O les han espolvoreado coca y se han colocado eufóricos, o han esnifado gas de la risa gracias al dichoso dron. Sea como sea, la prensa del fascismo del coronavirus, va desesperada por tener algo que decir, aunque sea una jocosa mentira. De verdad, es que perro y niños son más felices que mierda en bote. Precioso.