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En Telegramas de Iconoclasta.

¿Por qué con putas?
Para follarlas y no quererlas.

¿Por qué con putas?
Para no saludarlas.

¿Por qué con putas?
Para no sonreírlas.

¿Por qué con putas?
Para mentirlas.

¿Por qué con putas?
Para que me mientan.

¿Por qué con putas?
Para que no me quieran.

¿Por qué con putas?
Para que me ignoren.

¿Por qué con putas?
Porque solo cuestan dinero.

¿Por qué con putas?
Porque al semen no le importa
gotear sobre la piel que no siente.

¿Por qué con putas?
Porque son solo carne, es sencillo.

¿Por qué con putas?
Para dejarles el dinero entre las piernas.

¿Por qué con putas?
Porque me dicen que la tengo gorda.

¿Por qué con putas?
Porque su coño huele mal y soy bestia.

¿Por qué con putas?
Porque las humillo y me aceptan.

¿Por qué con putas?
Porque las jodo en silencio,
y me conforta.

¿Por qué con putas?
Porque soy macho en celo
y tengo prisa.

¿Por qué con putas?
Porque compartimos decrepitud.

¿Por qué con putas?
Porque se compran y se venden,
son cosas como yo.

¿Por qué con putas?
Porque no importa que mueran.

¿Por qué con putas?
Porque nací viejo y me falta tiempo.

¿Por qué con putas?
Porque sus mentiras no duelen.

¿Por qué con putas?
Porque tengo dinero y
me llaman corazón cuando me chupan la polla.

¿Por qué con putas?
Y ¿por qué no?

¿Por qué con putas?
Porque existen.

 

ic666 firma
Iconoclasta

Es lógico, es lo que debe pasar conociendo a la especie humana: al racismo y supremacía catalana le ha salido su antagonista exacto, la ultraderecha ultraespañola.
La chusma funciona como una canica en un tobogán de juguete: previsible y en la misma dirección.
La envidia es idéntica en todas las regiones del planeta, así que: culo veo, culo quiero, es el criterio de vida universal. Y de estricto cumplimiento por todos los fascistas (todos aquellos patriotas de pocas luces que sacrificarían a su hijo a dios y su amo si así se lo exigieran) sean catalanes, españoles, chinos, vascos, gallegos, valencianos, estadounidenses, mexicanos y batusis.
El cerebro está igual de podrido en todas las reses sea cual sea la cháchara en la que se expresen o comuniquen.
Lo ideal para España y Cataluña es una guerra que, servirá para desfogar a tantos nacionalistas intransigentes. A medida que la peña muere y se pasa hambre y penurias, los ánimos decaen. De tal forma, que se preguntan qué coño está pasando y en lugar de preocuparse por tuits y estados de feisbuc de sus mesías o líderes, se dedicarán a buscar comida y preocuparse de que no les meta un tiro en la cabeza un francotirador. Algo así como en Bosnia, pongamos por caso.
Dos nacionalismos antagonistas, forman un caldo de cultivo ideal para que crezca y madure otro trozo de mierda como Franco y se sienta paladín de la justicia y protector generalísimo de la puta patria. En definitiva, un general muy general.
Eso ya pasó, no es una hipótesis facilona.
Además, las guerras son un mecanismo que mantiene a raya la explosión demográfica planetaria. Hay una conciencia colectiva (como en cualquier enjambre, piara o cardumen) que hace estallar la guerra cuando los idiotas llegan incluso a volar y tapar los rayos del sol, provocando una nueva glaciación.
Las muertes en guerra no son selectivas, la conciencia colectiva crea una aleatoriedad; el único objetivo que tiene la guerra, es eliminar a cantidades suficientes y notorias de individuos.
La guerra tiene que eliminar vidas humanas con rapidez antes de que los recursos planetarias se agoten o lleven a estropear más el planeta.

Claro está, que esto no aplica a políticos, militares y puestos de favor en la administración de un país. Ellos están a salvo de toda mierda que han provocado
Si en una guerra no mueren los suficientes, se crearán más guerras.
La ciencia no ha demostrado que exista semejante conciencia colectiva, cosa que a mí me la pela. No necesito que nadie corrobore o apruebe mi sabiduría, conocimiento y experiencia.
No habrá un buen final, hay demasiada ingenuidad, demasiada inmadurez.
Hombres y mujeres que deberían tener una sólida formación mental, padecen la ingenuidad de un niño de cuatro años.
Es alucinante: nadie cree que en estos tiempos en el que todos disfrutan de su smartphone, su coche y banales deportes, pueda haber una guerra.
Salvo los que la están viviendo, o la vivieron hace pocos años atrás en Europa mismo.
La muerte próxima, la violencia ante las propias narices es la única forma de constatar que jamás puede existir un país maravilloso y justo, donde todos sus habitantes son pitufos felices hermanados y mono-pensantes que, en caso de ver a la pitufina pasear desnuda por las calles, no se la follarían. La respetarían.
Y una mierda.
Creer ciegamente que un político iluminado puede crear un país paradisíaco merece la guerra, porque marca el punto sin retorno a la idiotez de todo un pueblo. El aburrimiento de una vida acomodada y banal que busca magia, y la encuentra en la retórica basura humana que habita el planeta.
Venerar a un político hasta el punto de usar a tus hijos para apoyarlo y encumbrarlo, es la cima de la miseria humana y la decadencia de la dignidad.
Y ya se sabe que todo pueblo consigue el gobierno que se merece.
La guerra es la única forma eficaz de que un pueblo decadente aprenda que un político es por definición, una persona de la que desconfiar. Es irremediable que los haya; pero de soportarlos a creerlos y confiar en los ambiciosos, hay un abismo.
El pensamiento crítico se ha convertido en un excremento viajando cloaca abajo.
Todos, absolutamente todos los políticos, son más de lo mismo: te exigirán sacrificio a cambio de darte mierda.
La guerra es necesaria para elevar el grado de rumiante en el que ha caído un pueblo, a un estado superior donde haya algo de dignidad en los adultos.
De hecho, la paz solo es buena y conlleva progreso tras los primeros treinta años posteriores a una guerra; lo dice la historia.
Tras esos treinta años en los que se consigue alzar de las ruinas y la pobreza un pueblo, llega la inevitable decadencia de nuevo.
Estamos en la época en la que la dignidad pide a gritos una nueva contienda.
Indignidad e ingenuidad, con muerte se pagan. También lo dice la historia.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta

Tengo la sensación de estar mirando un paisaje un tanto lejano y ajeno a mí desde una ventana, con cierta melancolía por desear estar ahí.
Parece un paisaje de cuento…
Y caigo en la cuenta de que estoy ahí, dentro y entre las montañas y el río. Con las caóticas nubes haciendo caricias obscenas a los bosques
Es magnífico.
Es mejor morir aquí que donde me parieron, en la sucia ciudad.
Es importante morir donde debes.
Es importante salir y encontrarse en un cuento durante unos segundos de controlada ingenuidad.

Las horas desfilan hacia un precipicio, y en la caída se hacen guillotinas pequeñitas que cortan trocitos de carne y alma indoloramente.
Las palabras son vendajes vanos contra la lógica hemorragia de tanta pérdida. No dejan ver los gusanos de la putrefacción.
Y así se puede amar y estar podrido.
Son cosas compatibles, está visto.
¿Qué son los años?
Son grandes bloques de piedra que no caben en las calles ni entre los espesos árboles del bosque. Quedan atorados y suspendidos sobre nuestras cabezas entre balcones y copas frondosas, acumulándose unos encima de otros hasta que el peso es suficiente para caer y aplastarte.
Es por ello que los viejos miran al cielo con temor a que llueva.
Que llueva la muerte.
Hay tanta muerte sobre mi cabeza.
¿Qué es la vida?
Es una vertical buscando un espacio tranquilo donde ser horizontal. Es un reloj que cada día está más cansado.
Y un calendario con pocos meses del que un día, no arrancaremos una hoja más.
El tiempo es la máquina de un imprenta que prensa y corta las páginas sin tener en cuenta las anotaciones en los márgenes.
Las anotaciones son gemidos de pena, dolor y frustración.
Y en medio de todos estos malos tiempos, me encuentro un burro comiendo una flor. Es absurdo… Es una absoluta cursilería.
Una bella y divertida cursilería entre tantos malos tiempos.
Y está bien, yo elegí donde morir y gané.
Me enciendo un cigarro con una sonrisa, bajo toda esta muerte que gravita sobre mí.
Fue bueno mientras duró.
Bien… No siempre.
¡Maldito burro! Qué gracia…

 

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

En Telegramas de Iconoclasta.

No falta nada, es todo lo que necesito.
El tabaco está en el bolsillo de la camisa y tú en mi corazón, profunda e inevitablemente clavada en él.

Hoy había en mi territorio un cielo espectacular. Y admirándolo he reflexionado profundamente.
Si alguien muere riendo, irá al infierno por guasón.
Si alguien muere llorando, irá al infierno por patético.
Y el que no haga aspavientos y permanezca sereno, irá al infierno por insensible y borde.
Solo los que puedan pagar una pornográfica cantidad de dinero podrán acceder al cielo, como lo hacen los que quieren dedicarse a la política profesionalmente y han de pagar una buena pasta por unas cientos de miles de firmas que los avalen y poder presentarse como candidatos para alguna mierda.
Por esta razón hay tan pocos en el cielo y son tan hijoputas.
Y está bien que sean escasos, no me gustaría ver un cerdo volando en estos instantes de belleza.

Se escriben reflexiones de lo más ramplonas y aburridas, así como muy buenas y divertidas; sobre el asunto de las mujeres, las feministas y los hombres respecto al asunto de la depilación o rasurado de sobacos, piernas y genitales.
Básicamente me importa una mierda lo que cada cual haga.
Ocurre que como no puedo estar callado, también tengo que decir la mía y como tengo gracia y dominio del lenguaje, entraré a formar parte de la mitología moderna de escritores cerebrales que no se prostituyen por un “me gusta” en las redes “suciales”.
Y por ello digo que mis cojones están limpios, rosados, tiernos y apetecibles porque no tienen un solo vello.
Desde muy pequeño observaba hasta quedar bizco cada naipe de aquella baraja de mujeres desnudas que mi padre guardaba en el cajón de la mesita de noche.
Como me impactó mucho, me preguntaba en mi tierna candidez al ver los sobacos peludos de mi madre, si allí habría también un coño. Mi padre también tenía sobacos peludos; pero como no tenía tetas, carecía de interés alguno para mí.
Luego, con la edad fui subiendo de nivel, sobre todo cuando el puto Franco murió por fin.
Y así la pornografía entró a formar parte de mi vida diaria y cotidiana hasta hoy, en el que felizmente internet regala muy entretenidos videos pornográficos que tienen una utilidad aproximada de veinte, treinta segundos a lo sumo. Una vez he eyaculado, la película porno me aburre hasta el bostezo.
Nunca he tenido conflictos entre masturbarme y follar, da igual el orden.
Y si tenía que ir a trabajar todos los días, ¿qué razón había para que no me la pelara cuantas veces me diera la gana y luego se la metiera a mi santa?
Así que nunca me privo de una buena paja mirando porno lesbiano (es que cuando sale una polla me da asco).
Y como el porno es tan natural en mi quehacer diario y mi pene muy discreto de tamaño, me rasuro los cojones para que la picha parezca más grande.
No hay ninguna cuestión de higiene, es por pura vanidad. Y por otra parte, cuando el semen se desliza calentito por el pubis y los huevos, hay un placer añadido que los que tienen esa araña de pelo afro entre las piernas, desconocen.
Como mi cultura es básicamente pornográfica, adoro los coños rasurados ya que los puedes chupar, lamer, sorber y morder sin que un desagradable vello rizado te provoque una arcada y un vómito.
Además, un coño depilado, hace mi polla también más notoria (que sea efectiva no es consuelo para mí), más grande durante la cúpula. Los vellos restan unos centímetros importantes para mi desmesurada vanidad pornográfica.
Eso es todo lo que me rasuro, no soy un maricón, narcisista o un tonto del culo refinado (o todo junto, que los hay a patadas) que se afeita piernas, brazos, pechos, sobacos y genitales para que sus músculos resalten y se crea que una tía al azar le va a comer el rabo por verlo tan bien depilado.
Si tuvieran algo de cerebro, sabrían que hacer mientras no duermen.
Son tiempos de mierda: mujeres barbudas y bordes, compartiendo espacio con julandrones provincianos sin un solo vello.
A mí, conque la polla luzca bien, me basta. Ya soy suficientemente guapo.
Ya que soy un tanto vergonzoso no aporto una foto de mi pene luciendo en un pubis prístino y diáfano, libre de pelarros. Por otro lado, algún envidioso de mierda censuraría la foto.
Así que dejo aquí como documento gráfico, mi rostro erótico, dulce y trascendente durante el acto masturbatorio o de follar.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Esta araña tigre está viva (a la hora de tomar la foto) porque estaba ahí, monstruosa ella, paranoicamente atareada haciendo un ovillo de seda con una mosca.
Me gusta la naturaleza, incluso puedo llegar a respetarla a pesar de fumar; pero si el bicho hubiera estado cerca de mi pie, luciría aplastada en la suela de mi bota; un irreconocible cadáver.
Hay quien grita, se aleja, se frota la piel como si la tuviera encima y los hay que (idiotas) la cogerían entre sus dedos para lucirla, por esos colores tan bonitos, en una foto que colgarán al instante en alguna red sucial de las dos que hay (no saben que son levemente venenosas, lo suficiente para que la picadura te amargue el día).
Mi reacción natural es pisarlas sin pasión, sin alegría, tristeza u odio.
Es lo que debo hacer dada mi naturaleza hijaputa.
Y si está en su telaraña como ahora y no invade mi territorio, me limito a fotografiarla y luego ignorarla, como si la operan de algún cáncer, me da igual. Y así podrá en un futuro, poner sus huevos (es hembra, las arañas cuando son llamativas y bonitas, son hembras ¿por qué será?).
Ahora resulta que además de ser un asesino impasible de insectos, también soy biólogo. Seguro que a Dios se le pone gorda cuando me observa desde el cielo.