Es maravilloso, es mágico escuchar el paranoide y metafísico ritmo de Talking Heads en su Seen and Not Seen; hablar sin pudor a tu coño y lamerlo. Y en una de tus contracciones de placer, detenerme para explicarte las tantas idioteces que he visto y leído, mientras tu respiración es obscenidad pura. Succionaría tu clítoris con profundidad como el ritmo de Visto y no visto con el que los Talking hacen mierda mi piedad y cordura si las tuviera. Y con los labios de tu coño entre mis dientes hambrientos, te diría que a veces sueño con diseccionar un bebé humano para arrancar la repugnante rata que es su génesis profunda y real. Luego, con la picha muy dura y el glande brillante por tanta insania, me metería en ti con unas lágrimas casuales. Te preguntaría con el rabo empapado de tu coño y chapoteando en tu fluido: ¿Si no eres puta cómo me soportas? Y apagaría el cigarrillo en el retrato de mi hijo muerto que está tumbado en la mesilla, mirando al techo con aburrimiento. Observaría con rostro imbécil como escupes mi semen por la raja del coño y rezaría una ave puta maría rascándome el culo. Así visto y no visto, como la puta canción que esponja indoloramente mis sesos. Talking Heads, hace ya rato que han enmudecido espantados por tanta miseria que hay en mis cojones o en mi cerebro. No acabo de distinguir. Si algo te queda de mi leche en tu coño y te deja preñada, no me lo digas, deja que la rata haga su trabajo. ¡Ja! Es un chiste, es tan solo ese sarcasmo de los que no tendríamos que haber nacido jamás. Visto y no visto… Y una mierda, todo es lento hasta la exasperación, nada concluye jamás. Me cago en dios…
Se han formado unas oscuras nubes que han tapado el sol y me he apresurado a salir de casa para pasear bajo su amparo. Cuando me he encontrado con las montañas de frente, el cielo me ha saludado con una brisa de aire sorprendentemente fresco. Le he dado las gracias, alzando levemente la visera de la gorra, entornando los ojos por la caricia. He sentido vergüenza por este acto de frívola ingenuidad y he sonreído sinceramente sin poder evitarlo. Y me he sentido un poco desfallecer por la repentina relajación del cuerpo. No sabía que estuviera tan agotado. Me he sentado en una piedra, porque el placer del aire fresco no consigue aplacar el dolor de caminar; no me quejo, simplemente procuro gestionar un poco el caos del dolor y la frustración. Nada especial, unas palabras escritas en una libreta que me otorgan una importancia que no tengo. Cuando escribo todo el dolor se queda en el papel, infectado por la tinta que calienta mi mano. Es terapia de locos. Se ha oscurecido un poco más el cielo y la brisa se ha convertido en viento, con un sonido suave como las olas del mar sereno. He encendido un cigarrillo, con cada bocanada me entraba aire fresco que daba paz a algo oculto que tengo dentro y que no sabría decir si soy yo o lo que quisiera ser. El cielo me pregunta ¿Está bien así? Le he respondido cerrando los ojos aliviado, he visto desde muy lejos de mí el bolígrafo detenido en el aire, suspendido a unos centímetros del papel. Un acto de inmovilidad mística. Mis manos tan relajadas… No necesitaban nada. Y los ojos seguían perezosamente las continuas reverencias que las agitadas ramas de los árboles hacían al universo. A nadie. No ha aparecido ningún ser humano en quince minutos o tal vez en tres semanas. Estaba tan solo que sentía que era el preciso e íntimo momento de morir; pero no me dolía el corazón. La detonación de un escape de aire de un tren que se acerca me ha sobresaltado de tan aislado que estaba. A veces pasa que pierdes el control y te vas adentro y profundo. Son los momentos por los que vale la pena vivir un poco más. Una mujer ha aparecido paseando un perro y me ha saludado con una sonrisa amable mirando una hoja de mi cuaderno agitándose. Vivir un poco más… Aunque no demasiado, no puedo perder mi angustia; la que me aferra a la tierra con los dedos crispados, enterrados en ella. Pienso que si dejo de sufrir, dejo de existir. Disciplina. Me duele la espalda por culpa de la pierna podrida y maldigo el momento de levantarme. Y el viento me ofrece un ligero empujón inflando mi camisa de frescor. Puedo ver mis propias pestañas cerrando el campo de visión y tomo el control. Podría aparecer el sol de repente e incinerarme rabioso. Hasta siempre, preciosas nubes.
Es mi ademán hostil e irritado tras pedalear una hora a treinta grados centígrados. Siiii… lo sé, nadie me ha obligado. Siento ira por ninguna razón soy así de carismático, joder. Como decía, tras ese ademán hostil, hago girar a cien por hora mi microscópico cerebro para tratar de encontrar una arma más potente y eficaz como alternativa al armamento nuclear. Me refiero a algo que sea más rápido y definitivo, que no dé tiempo a cucarachas, ratas y puercos de dos patas a adaptarse y sobreponerse a la catástrofe. Pero no soy cuántico, solo soy cabrón a secas. Así que fumo y me tiro un pedo despreocupadamente. Con todo mi odio, deseo a la humanidad un feliz y anal sexo en este verano de mierda.
En México usan mucho los diminutivos, sobre todo en gastronomía: carnitas, cochinita, cafecito, tamalito… Estos diminutivos son un eufemismo, porque se trata de platos potentes y generosos. Son muy cordiales, entre familia y con la clientela. Saben hacerte sentir bien en su casa o en su restaurante. Aun así, no os fieis, porque el mesero cuando llegue a la cocina le gritará al cocinero (se piensan que el español no entiende el español, en serio): “Una orden de carnitas para el pinche español”; pero si no lo oyes no importa. En Cataluña se emplean los diminutivos en algunos casos; pero de una forma literal. Su cordialidad esconde cierta tacañería institucional vestida con un halo de exclusividad. Vamos, una pedantería absolutamente injustificada. Si comes en México una orden o ración de “carnitas” (carne de cerdo cocinada con hierbas aromáticas, para ser devorada con cebollitas tiernas, tortillas, rábanos, tomate, chile, surtido de salsas, etc…) a la mitad de plato te sentirás lleno. Seguirás comiendo porque es delicioso y el ambiente tan distendido y familiar que te olvidas de estar en un restaurante. Cuando pagues la cuenta, lo harás a gusto por la calidad de los ingredientes y su elaboración. Y por la generosidad, a pesar de la precariedad económica mexicana. Si en Cataluña eliges en un restaurante más o menos turístico o situado en una zona centro-histórica, un plato como “llonganiçeta” (longanicita), te servirán después de media hora de espera una salchicha cortada asimétricamente de una longitud no superior al dedo corazón de cualquiera de tus manos y con un grosor parecido, aunque siempre un poco inferior. Dejarán caer en un plato enorme y daliniano cuatro gotas bien definidas de una salsa que sabe sorprendentemente a nada y que agradeces que al menos esas gotas estén tibias. Estará adornado el plato con una hojita que habrán recogido al azar en el borde de algún sendero de tractores y en una canastita de mimbre, te servirán una rebanada de pan tostado no superior en longitud a la salchicha. Y no se trata de un plato de “autor”, en absoluto, es absolutamente vulgar. Por esa “llonganiçeta” pagarás nueve veces más que lo que pagas por las deliciosas “carnitas” servidas con cordialidad y sin un ápice de vanidad o superioridad. Que a nadie se le ocurra pedir un plato diminutivo en Cataluña si tiene hambre, porque tiene el noventa por ciento de probabilidades de salir humillado del restaurante, acompañado por la risilla burlona del camarero o dueño del “restauranticito”. A mí me pasó; pero solo una vez. Soy astuto y tengo una buena memoria a pesar de mi edad. Y para no desanimaros demasiado en vuestras vacaciones a la catalana no entraré en detalles; pero si habéis comido churrasco en México o Argentina, no cometáis el error de pedirlo en Cataluña si no lleváis encima un potente microscopio y una tarjeta bancaria liquidada recientemente. Si te sirve de consuelo, tras el timo de la “llonganiçeta” puedes pensar que has colaborado con tu dinero en alguna causa política del oprimido y esclavizado pueblo catalán. Puedes considerarte un héroe, porque por ello has pagado una pasta gansa (un dineral). Heroicidad es un buen postre puestos a mal consolarse. Buen sexo a falta de bon apetit si no comes en México un plato en diminutivo.
Muy romántico yo tras pegarme un tiro de farlopa, salí al bosque e hice un ramillete de flores para mi amada. Ilusionado se lo entregué con un beso. Y ella triste díjome: «Las has arrancado… Ahora están muertas». A lo que respondí: » Pues come mierda, puta». Nunca me había sentido tan desesperada y negramente besado.
Hay cierta indecencia espiritual en la raza humana, sobre todo en la especie urbana: Esa permanente prostitución por obtener las cosas más banales, cosa que se acentúa con la euforia vacacional. Conclusión: Las mamadas de la puta consiguen extraer con eficacia y rapidez la leche junto con la inteligencia y la dignidad si las hubiera.
Según las editoriales sensibleras de algunos periódicos que parecen creerse sus propias mentiras, en un futuro no muy lejano se va a restringir el consumo de carne y algunas verduras suculentas para la sostenibilidad del planeta. Y así, al igual que el marisco, en unos años la carne pasará a formar parte de la dieta de solo los más pudientes y corruptos. Todo parece ir hacia un pienso compuesto con los ingredientes necesarios que las reses humanas necesitan para producir y consumir correctamente dentro de los parámetros establecidos. Si le quitas proteínas cárnicas a los humanos y le añades a su pienso algunos inhibidores hormonales; al igual que los bueyes, se tornarán más dóciles. Y si no necesitan testículos, pues mejor que mejor. Al final, serán sementales seleccionados y elegidos por los gobiernos quienes se la metan por el coño y por el culo a sus esposas; incluso por la boca si les cabe sin romperles los dientes semejante rabo tan bien seleccionado. Hay una peli -Soylent Green o Cuando el destino nos alcance (1973)- en la que usaban a los manifestantes (los metían en camiones de basura con grandes palas, los prensaban y la pasta resultante la procesaban) para hacer galletitas y alimentar a la población hambrienta de las ciudades. Lo más tierno de la peli, era que los ancianos, podían elegir libremente el día de su muerte ante una pantalla imax de una belleza indescriptible. Buena peli, acertadísima visión. Se nota que el LSD daba sus frutos. Debería volver a consumirse de forma habitual.
Tú no puedes saber cuánto te quiero.
Tú ya te tienes, no padeces mi necesidad de ti.
Y si no te tuvieras, serías una lesbiana deseándote.
Tengo millones de formas ingeniosamente indecentes, o simplemente indecentes para expresarte mi amor.
Soy incansable, amor.
Esto solo acabará con la muerte. No es tragedia, amarte es un acto ineludible en caída libre.
CMGH (Corporación Mundial de Granjas Humanas) debería ser el nombre oficial de quien dirige el aparato de control mundial de la población de los núcleos occidentales desarrollados. Lo que ya está funcionando como un mecanismo de absoluta precisión. Gracias a las experiencias fallidas de la Alemania Nazi y el comunismo de la URSS, han conseguido afinar (gracias también a los grandes bancos de datos estadísticos de población que han recopilado las redes sociales) el sistema de control, crianza y domesticación de las reses humanas urbanas. A la Alemania Nazi le falló el dinero, no pudieron seguir alimentando al ejército en una guerra planificada por aquellos oficiales neuro-degenerados que en estos tiempos estarían lobotomizados con drogas en manicomios. La corrupta URSS y su excesivo cupo de vodka en las cartillas de racionamiento de sus “ciudadanos”, acabó hundiendo la industria y la economía. Cuando la URSS se derrumbó, el sesenta por ciento de los “camaradas” productores, eran alcohólicos. El otro porcentaje, fueron exterminados por el soviet supremo o congelados vivos en Siberia. Esos fallos fatales, el económico y el de control de masas, dieron grandes conocimientos sobre los métodos de control de los seres humanos en sus granjas (ciudades). Tan importantes que, pasados setenta años, han conseguido los poderosos (joderosos) tener presencia diaria en la intimidad de los hogares, prostíbulos y escuelas de todos los ciudadanos del mundo occidental. El cigarrillo era una fuerte contramedida contra los deseos de globalizar la estulticia, la incultura y la filosofía del gobierno padre/madre protector. Fumar era un descanso en las largas jornadas laborales llenas de sobreesfuerzos, intoxicaciones y nervios. Demasiado tiempo invertido en fumar era una pérdida constante para el empresario y el gobierno (por lo que a sus funcionarios toca). De hecho, puede uno trabajar libremente aspirando humos de soldaduras, el polvo formado por asbestos de las máquinas de corte radiales y los productos químicos que se usan para la producción y mantenimiento de diversas empresas. Se puede trabajar libremente con grandes pesos que provocarán a la larga serias deformaciones óseas y otras enfermedades degenerativas del esqueleto y la musculatura. O trabajar frente a un monitor hasta que los ojos se sequen y se opaquen en unos años. El momento de fumar un cigarrillo llevaba a la conclusión del obrero o trabajador, de la puta vida de esclavo que llevan los productores de los países industrializados, cobrando una mierda que luego les robarán en hipotecas, impuestos y consumos inducidos. La prohibición del tabaco (el mayor hito en la represión laboral y social), un vicio que lleva a la reflexión sin narcosis y que mantenía una irritante resistencia contra la explotación empresarial, fue de una calculada y acusada repercusión social para que diera vía libre a la siguiente andanada de bombas de control: las bebidas alcohólicas consumidas por grandes grupos de trabajadores, estudiantes y otras agrupaciones esporádicas; programadas en tiempos adecuados al biorritmo de la sociedad urbana industrializada. Para llegar a ello, tuvieron que callar la maldición de las bebidas alcohólicas (accidentes laborales y de tráfico, malos tratos familiares, violaciones, ruina económica, juego, coma, cirrosis, ceguera, impotencia, infertilidad…) y sancionar el consumo de refrescos con impuestos o con campañas publicitarias en nombre de la salud y maldiciendo los niños gordos. Lo hicieron tan bien, que nadie se exclamaba de como las grandes manadas de jóvenes estudiantes se juntaban en espacios definidos y concretos para emborracharse. El mecanismo fue sencillo para que las reses humanas tragaran con el engaño: mirad lo que ha pasado con el tabaco; si os quejáis también castigaremos el consumo de bebidas alcohólicas. Por eso un paquete de seis cervezas, con sus envases incluidos, resulta más barato que una cajetilla de cigarrillos. La narcosis alcohólica legal y controlada (una copa de vino es lo más sano del mundo), ha sido el gran acierto y lo que ha llevado a la sociedad a aceptar el teléfono móvil como un accesorio obligatorio en la cotidianidad del trabajo y la intimidad. Se podría decir que tras todo el proceso de tortura a las libertades individuales, el teléfono móvil ha sido al final, el batallón de fusilamiento. El tiro de gracia. Gracias a los teléfonos se han propagado los grandes virus de distracción en las reses humanas: feminismo radical, fascinación empática hacia los grupos sexuales disfuncionales (homosexuales, lesbianas y transexuales o tránsfugas de genitales), terror ante el cacareado apocalipsis climático, amor por los inmigrantes sin criba alguna (sean lo que sean), tolerancias hacia culturas aberrantes que matan, esclavizan, prostituyen y mutilan a otros seres humanos). Y sobre todo, el “number one” del control logístico y psicológico del rebaño humano: la presencia de los políticos en las redes sociales, como si se tratara de divas y divos del rock. Si a un esclavo o res humana, le proporcionas el espejismo de que puede interactuar con los políticos y otros estamentos de poder (con un mísero “me gusta” o compartiendo), ese individuo asistirá diariamente a los muros de sus amos para enterarse de lo que proclaman y sentirse así uno de ellos. El método del “clic: me gusta/no me gusta/comparto”. Es un burdo engaño para cualquiera con un mínimo de capacidad de análisis. Y como ocurrió con el tabaco y la amenaza de que harían lo mismo con el vino, la cerveza y otros licores; cuando a las reses humanas las extorsionen con impuestos asfixiándolas económicamente para que salven con sus nóminas al planeta, a la homosexualidad, a los inmigrantes y a sus políticos divos en apuros económicos; no podrán quejarse porque ellos habrán contribuido a ello con sus teléfonos de última generación de mierda. Y no acaba aquí la cosa, se prevé que gracias al radicalismo feminista se enciendan odios entre hombres y mujeres, con lo cual la CMGH controlará incluso los hábitos reproductivos (frecuencia y selección) de su ganado. Las demostraciones festivas homosexuales, lésbicas y transexuales tienen un fin: provocar hastío en la población. A la larga se convertirán en ejemplo de lo que no se debe ser. El CMGH tomará el control para que los homos, lesbis y trans, se diferencien muy bien del resto de reses normales y no haya problemas de productividad. En definitiva: feministas rabiosas y otros géneros sexuales ambiguos o difusos, serán carne de gueto rosa o morado. Las festividades son el otro gran virus que inocula fríamente la CMGH, saben tan bien como yo, que el exceso conduce a la distracción, luego al empacho y al vómito. No se puede negar que la CMGH ha creado una genialidad de granja global, usando a su debido tiempo y con estratégica paciencia la tecnología adecuada para decapitar las libertades individuales y erradicar el libre pensamiento y la creación humana. Cuando todos los cerdos miran hacia el mismo lugar, el pastor se puede encender un cigarro tranquilo. Entonces sí… Lo que yo digo tantas veces, vivimos una edad distópica con un decorado de Candy Crush. Y los lerdos que miran sus pantallas electrónicas, no se dan cuenta de las grandes orejeras periféricas que lucen. De cualquier forma, la humanidad ha usurpado el concepto de inteligencia parasitando a los muy pocos genios (humanos defectuosos al fin y al cabo,) que han creado grandes obras y avances científicos). Quiero decir, que el género humano no tiene otra alternativa a ser estabulada: escasea indecentemente la inteligencia. La excelencia solo se encuentra en un individuo creador, todo lo demás son simbiosis y parasitaciones oportunistas de grupos de gente sin capacidades que suelen tardar decenas y decenas de años en conseguir algo. Y bueno, si cae un meteorito apocalíptico será una bendición para los que piensan con cierta lógica y memoria.