Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

Esto de los «queer», esos seres humanos que van más allá del hetero y homosexualismo constituyéndose en un «nuevo género sexual raro e inclasificable».
Viene a ser otro eufemismo para explicar a los niños en las escuelas, que por ejemplo, Caperucita Roja era una «queer» por su relación gerontofílica con su abuelita, amenizada con su impudorosa exhibición ante el lobo (sabiendo que era observada sentada en la cara de la anciana). Lo que irremediablemente la llevaba a tener relaciones sado-zoofílicas con el feroz animal en la espesura del bosque. Luego, ya satisfecha por todos los agujeros, camino de su casa sentía deseos de suicidarse mientras masticaba amapolas a boca llena.
(Por esta razón el cuento ha sido momentáneamente censurado en las escuelas hasta que consigan adulterarlo adecuadamente).
O sea, tenía el cerebro hecho mierda y un gran desgaste ano-vaginal. Y cómo no, una profunda crisis existencialista identitaria.
Es la ultra metafísica pokémon-evolución de gays y lesbianas.
Coño, no es fácil ser «queer», pobres…

(Mi fe impía / un credo incorrecto)

Creo en la violencia como resolución de los conflictos y reafirmación de la dignidad.
Creo en la épica del combate cruento.
Creo que sangre con sangre se paga.
Creo en el rencor más que en el amor.
Creo en la única cópula: la de macho y hembra.
Creo en la prostitución como alivio a la lujuria de la soledad y la narcosis.
Creo en la envidia como motor de la sociedad.
Creo en la compraventa de seres humanos con legales facturas y documentos de propiedad.
Creo en la ofensa y la falta de respeto.
Creo en la corrupción de jueces, ministros y sacerdotes.
Creo en la tauromaquia, en toda esa sangre y el dolor de las dos bestias. La violencia, la sangre y el dolor son lo más efectivo contra la disfunción eréctil.
Creo en la mentira, escudo contra la hipocresía; aunque parezcan lo mismo para un observador negligente.
Creo en la voladura de la sociedad con explosivos para la creación de una nueva digna y limpia.
Creo en la obstinada y obscena voluntad de mi rabo erecto ante una mujer hermosa con ropa ajustada. De tetas y culo rotundas.
Creo en mi propia abominación.
No creo en dios; pero amén.

(Credo in malum)

Iconoclasta

Es sencilla y hermosa (una lágrima no es).

Un átomo de tristeza y otro de alegría (payaso no es).

Vive invisible en la punta de los dedos que desean tocarla como un secreto (bichito no es).

Es tan delicada que la luz puede romper (pompa de jabón no es).

Su mamá es una dulce melancolía (un tren que se aleja no es).

¿Qué es?

UNA TERNURA.

Dada mi gran perspicacia fijo que se trata de alguna especialidad culinaria. Llevo ya un tiempo preguntándome que es un “khashoggi”.
¿Un civet? ¿Una menestra? ¿Pollo trinchado? ¿Un pez venenoso como los de los nipones? ¿Una pizza exótica?
Soy un bon vivant inquieto.

En Telegramas de Iconoclasta.

Hay momentos que desciendo suave y desidiosamente por la pendiente de la idiotez. Y mientras mi cerebro se vacía y me siento feto sumergido en imbecilidad; pienso con una estúpida sonrisa: Que os jodan. Para lo que me queda en el convento me cago dentro.
Dios me mira con ojos terribles y yo le pregunto: ¿Y a ti que te pasa?
Y ríome, ríome, ríome, ri… rio… ri…

La hostia puta con la mierda del cuatro de julio, no se puede mirar ni un telediario ni leer un periódico sin que salga el puto 4 de julio.
Como si fuera importante para la chusma que no vive en Establos Unidos.
Hay quien ha nacido para servil y fácilmente disfruta de todas las festividades doquiera que esté. Y hay misántropos que sienten muy poco respeto por la alegría de los idiotas.
Hay que ser tolerantes con la misantropía porque es el contrapeso a la infertilidad intelectual, a la banalidad indiscriminada. O idiocia propiamente dicho.
Un mundo sin misántropos escoraría peligrosamente hacia una evolución indigna. De puta pena.

Es que no gano para disgustos, si no es el orgullo gay, es el cuatro de julio, no se cansan nunca.

Cielo, soy un sistema molecular unido a ti por filamentos cuánticos que enlazan tiempos y distancias subcósmicas. Que a su vez, se distorsionan n veces por milisegundo en campos de fragmentación meta-coronarios de probables infartos espaciales.
Como resultado de estas distorsiones en el protouniverso (y en tu coño profundo), son los encuentros en poliprismas de metafísicas concepciones y configuraciones de amor, tristeza y espera; donde el tejido anímico se desgarra en colapsos de jadeos que detienen el movimiento molecular universal cuando beso tus labios rotundos.
Por alguna razón que no encuentro, besarte paraliza el universo y a mí en tus labios.
He encontrado al fin los enlaces biomoleculares intrincados entre el tejido orgánico que forma el nosotros en cualquier espacio cosmogónico.
He hallado los elementos necesarios con los que cuantificar y explicar lo que te amo. Sé que me entiendes, eres mejor que yo.
Toda esta sabiduría, a pesar de todo, no acaba de definir claramente lo enésimo de amarte.
Explica con precisión, como mi diosa absoluta interfiere en todos mis pensamientos, en todos los tiempos y en todos los cosmos de todos los multimundos probables en que existimos.
Explica con matemática tragedia, el porque los días sin ti me desintegran indolora y tristemente. Se me hacen agua las cosas en el interior de mi cuerpo, amor…
¿Cómo es posible no pensarte, calcularte, explicarte, hallarte en todas las cosas y en las profundas inmensidades? Soy un astrofísico dolorosamente enamorado entre infinitas ecuaciones de tristeza.
Cuando haya demostrado la teoría de nuestro amor, es posible que estemos en algún mundo del límite mismo del universo finito. Y tal vez, allá en la franja de la antimateria, nos fundamos de una vez por todas a un nivel atómico que impida que volvamos a nacer y vivir la angustia insufrible del proceso cuántico, el agotador esfuerzo de encontrarnos entre todos los mundos infinitos que se generan entre nosotros a través de los enlaces que unen los labios en húmedos besos hambrientos.
A veces temo que la ciencia se torna maldición y yo soy un alquimista sin posibilidad alguna contra las feroces fuerzas de la melancolía.

Iconoclasta

Por fin… Lo mejor de la peli es la primera escena. No hay que aguantar todo el ladrillo.
Es una escena definitivamente hermosa. He visto de frente, de culo y de lado mear a mujeres borrachas, putas y ambas cosas; y ninguna lo ha hecho con tanto arte, elegancia y provocadora y cruda sensualidad.
Me pone un montón.
Cine en estado puro, al menos el inicio.
Sin sarcasmos.