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Es buena la ira que embrutece al asfixiado, al extorsionado, al humillado.
La ira es la muestra palpable y rugiente de lo que aún somos: humanos salvajemente libres por pura biología, instinto territorial y supervivencia.
La ira nos hace ajenos a los dogmas y acoraza contra las extorsiones “legales” del estado/dios que no puede combatir en la liga de la ira porque el estado/dios está cimentado en el pensamiento excrementicio: es mezquino y cobarde, avaro y corrupto.
La ira desatada es la mayor expresión de libertad del ser humano: sin control, sin interés, sin razonamientos morales o legales, sin temor a las consecuencias que no importan cuando la humillación y el control llenan todos los minutos de la vida.
La ira es orgánica, electroquímica humana; reside en el cerebro profundo al que ni dios ni el estado pueden llegar para aplacar con embustes que huelen a mierda.
Es un suicidio de valientes, libres. De seres humanos con sus cerebros y genitales intactos, no castrados.
En una civilización cada día más represora e invasora de la intimidad del individuo y corruptora de la biología humana misma, la ira es juez y verdugo. El valor bruto y ancestral de todo ser humano que el estado/dios veja y esclaviza.
Cuando el control te ahoga y se te arrebatan tus más simples placeres para mostrarte quién manda, la bestia emerge porque todo está perdido en tu vida y te han acorralado. Sólo queda la opción de la violencia contras las letales, mierdosas y humillantes leyes y decretos.
Y dices destilando una baba furiosa: “Es mi vida y hago lo que me sale de la polla”.
Es la razón de que las guerras tengan éxito entre los seres humanos estabulados en las grandes granjas de crianza humana o ciudades y por ello, sean largas; por mucho que una manada de cobardes se manifiesten contra ellas.
Nadie frena una guerra a pesar de los miles de muertos.
El estado/dios reconoce la necesidad de la libertad biológica humana: las guerras y su carta libre para cazar y matar entre seres humanos, sin ley ni control, servirán para rebajar el nivel de hostilidad de la población que humilla, miente y esclaviza.
Ante un estado/dios desatado en sus prohibiciones, matar se convierte en un regalo. Y será el estado/dios quien inventará un enemigo inexistente contra el que dirigir la violencia salvaje, la ira, que con su ignorancia y negligencia ha cultivado en el tejido social.
La ira, la violencia sin ley, ni control, ni juicio.
La posibilidad de morir en libertad y por la propia sacrosanta voluntad es una expectativa mayor que el amor por los hijos cuando la ira estalla, harto de comer la misma mierda de pienso en la granja de puercos humanos, las ciudades insanas para la mente y la ilusión. Tóxicas para la naturaleza e idiosincrasia humana.
Lo que traumatiza a los humanos adultos no es la guerra, sino su fin, la paz. Que es el fin de la libertad en la que se ha vivido durante meses o años. Una libertad en la que han matado sin control a amigos y enemigos según su propio criterio, según su propio deseo. Sin que ningún placer les haya sido vedado.
Perder la más salvaje libertad es el origen de la cacareada psicosis de guerra.
Los muertos son trofeos.
La ira es más placentera que el follar.
Sin control, sin el estado/dios subido en lomo sodomizándote un día y otro y otro y otro…
Es algo, la libertad, que cada día importa más. Y cuando empiezas a sentir necesidad de libertad observas los altos genitales del estado/dios sobre tu cabeza y piensas con sabiduría ancestral, que es el enemigo que abatir, la amenaza a tu vida digna. Y ahí está nuestro gran super poder: la ira.
Algo por lo que vale la pena morir y la ira, te empuja a hacerlo sin mentiras, con la sinceridad total que hay en tu sabio pensamiento instintivo.
Porque vivir en vejación no es vivir.
Y muerto, porque te matarán, tus actos quedarán impunes. Los cadáveres no son responsables de aquella ira y sus muertes o agresiones. Y la carne está vacía de ira y vida.
Se mata porque es más fácil que respirar en la asfixia.
No existe nada comparable a la salvaje libertad de la ira y su ausencia de cobardía, por mucho que pontifiquen los lelos que la ira te hace esclavo de ti mismo.
Y una mierda.
Cuanto más te pisan el cuello la ley y el control, más placentero resulta surgir de la naturaleza atávica propia y estallar.
Morir en la ira será un acto lógico y asumido, no importa ya la vida, importa el acto en sí, la respuesta al control, a la asfixia, a la vejación.
¡Oh, la ira!

Las altas nevadas montañas hoy parecen vacas, caballos e incluso orcas recostadas al sol luciendo su pelaje blanco y negro.
Apaciblemente somnolientas.
Y el sol un gato que las lame acicalando sus pelajes.
La locura es buena, es el germen para de la imaginación.
Los cuerdos humanos tienen la más triste vida de la fauna del planeta y hacen de su cordura un vasto manto de grisentería que se extiende a todos los objetos, seres y sus ánimos.
Donde hay vacas, caballos u orcas sólo ven deshielo…
¡Qué vida tan plana y monocromática la de la cordura!
Y entre esos animales pintos tendidos al sol, hay pequeños y grandes cadáveres de seres que murieron y reciben su aliento de paz. Hay una misericordia manifiesta en ello.
Una tierna piedad.
El invierno es la estación más larga para la vida.
Es razonable que las nevadas montañas se relajen en un hermoso alto el hielo.

Foto de Iconoclasta.

Esta cita que define al tren, dada la actual situación de España bajo el régimen Sanchizta Estalinista, viene como anillo al dedo. Al mío y al del narco corrupto gobierno español que se deshace entre victimismos y fariseo martirologio ante cualquier situación que denote su incapacidad, negligencia y dejación.
Y yo que me parto el rabo de risa con semejante coyuntura o más bien componenda del triste estado español y sus “todas y todos” que no aciertan más que a aplaudir en “interiores y exteriores”, en la luz y el apagón o en los trenes cadáver del régimen sanchizta de estas dos últimas semanas, con un encomiable y resignado civismo manso como el Mar Muerto y que es la delicia genital del ayatolá Sánchez I el Arribista; como hoy se ha podido ver y escuchar con su homilía de los beneficios de un apagón (todo son ventajas), las nucleares, el sabotaje, los AVES y el buen talante y civismo ejemplar de “todas y todos” en su congreso de los diputados (de su propiedad).
Mientras tanto “todas y todos”, piensan como antaño con Franco: “Lo único que nos importa es que haya un plato de comida en la mesa”. Los santos inocentes de nuevo…
Basta de cosas patéticas, ahora lo bueno y chachi piruli, la ingeniosa, sarcástica y divertida cita del genial Ambrose; la definición de ferrocarril:

Si los vampiros existieran serían los jerarcas gobernantes de la humanidad (lo de globalidad se lo pasarían por el vampírico culo) y las cosas no serían peor de lo que ahora son.
Nos chuparían la sangre sí; pero sin dolor y sin humillación, de una forma natural y directa.
La otra gran ventaja es que los vampiros no nos darían la matraca paternalista ideológica sectaria con “pedagogías” en formato de homilía u hoja parroquial, para hacer “virtuosa bondad” de los crímenes, dejación, prevaricación y corrupción del gobierno. No estarían emitiendo embustes todos los días a todas horas sin descanso. Los vampiros no necesitan de esas mamadas ni ser amos de medios de comunicación.
Algo que ya mostraba aquella película del 2009 basada en hechos reales: Daybreakers.

El nuevo y normal fascismo estalinista homosexual y clima-sanitario instaurado globalmente en el año 2020 mediante el coronavirus, no quiere que sus reses/contribuyentes/votantes y asalariados coma cosas dulces, que prácticamente ya son placeres exclusivos de la aristocracia política corrupta y multimillonaria.
Por dogma estalinista maricón es un placer innecesario que hace gordas a las reses humanas que explotan en sus establos-ciudades; pero lo que de verdad no quiere en forma alguna el estado fascista-estalinista maricón, es que se alimente el cerebro de sus bestias y tengan más energía. Los jerarcas cleptócratas de estas dictaduras (antes pseudodemocracias) quieren reses átonas, abúlicas e incapaces intelectualmente, para facilitar su pastoreo y explotación.
No se les permite a estas bestias de granja criticar al estado/dios maricón y no deben desarrollar masa muscular para que puedan ser dominadas fácilmente por la policía y el ejército. La incapacidad intelectual llevará a las vacas, cerdos y borregos humanos a abrazar todo dogma que el líder maricón estalinista predique como parábola o decreto.
El veganismo homosexual es uno de los grandes dogmas primordiales del fascismo estalinista maricón.
Un dogma más de un gobierno controlador y tóxico, que de nuevo ese rebaño de reses humanas ha “escogido” mediante el espejismo de su voto; pero con una real deficiencia mental para intuir al líder criminal y desarrollar por él un fanatismo musulmán, que lo llevará a amarlo aunque condene a muerte a sus hijos. Es algo que ha ocurrido hace unos días con Hitler, Mussolini, Stalin, Mao Zedong, Franco, Ceacescu, Fidel Castro, Hugo Chávez, Fulgencio Bautista, Javier Rafael Videla, Bokassa…
Todos ellos y muchos que faltan (los actuales también), fueron y son soportados por sus propios animales de granja votantes/contribuyentes/asalariados.
Sin una masa humana imbécil y de fanatismo musulmán en su líder, jamás los grandes cerdos de la historia pasada y actual hubieran accedido al poder.
Y por ello, el actual estado/dios maricón fascista-estalinista surgido con el coronavirus e instaurado en tantos países consumistas occidentales, ha declarado una guerra contra el azúcar y un absoluto apoyo a las drogas narcóticas de todo tipo como el alcohol.
Tabaco y azúcar u otros productos de consumo no narcóticos y que podrían conducir a la reflexión han sido vetados.
Quienes más obsesión y represión cometen contra su población de reses humanas autóctonas por el azúcar y su “gordura”, son los fascismos regionales nazionalistas (en España) como el catalán, gallego, vasco, valenciano, balear y otros que poco a poco se van uniendo al mismo negocio. En su racista supremacismo quieren presumir de que sus reses son las más perfectas, las que tienen la mejor genética, las más mansas, obedientes con servilismo total.
Y estos fascismos maricones tribales (por su pequeña extensión territorial) han gozado de un gran éxito, sus reses votantes/contribuyentes/asalariadas jalean como fariseos con devoción por sus caciques fascista-estalinistas maricones, clima-sanitarios y contrarios al azúcar y al tabaco que pronto sustituirán por hiel y marihuana.
Una masa humana átona y castrada de capacidad intelectual, no necesita libertad, incluso hablar de ella, la incomoda porque no sabrían que hacer, qué decir o que enseñar a sus hijos en libertad.
El fascismo estalinista maricón quiere idiotas, cobardes y débiles desde su nacimiento hasta su muerte en el centro de explotación (puesto de trabajo) antes de que pueda gozar, por supuesto, de una pensión de jubilación.

Foto de Iconoclasta.

Debería ser ilegal que el ser humano sea demasiado longevo, una buena medida de control climático de la Agenda 2030.
Pero que nadie se crea libre de ser castigado por su longevidad si no es un jerarca del estalinismo homosexual clima-sanitario o un afecto millonario. Con otras palabras o “pedagogía” y decretos, están implementando atajar el problema de los longevos: retrasando la edad de jubilación para que mueran en su puesto de trabajo antes de cobrar la pensión.
Y luego reciclarlos como viejos neumáticos contaminantes.
Pura sostenibilidad… ¿No es precioso el estado del “bienestar”?